El 25 de Abril Italiano

Escrito por: Simone Corvatta

Eran las 8:00 de la mañana del 25 de abril de 1945 cuando, con la voz de Sandro Pertini, futuro presidente de la República Italiana, el Comité de Liberación Nacional Alta Italia (CLNAI) proclamaba la insurrección general en todos los territorios italianos todavía ocupados por los nazis y las fuerzas fascistas.

«¡Ciudadanos, trabajadores! Huelga general contra la ocupación alemana, contra la guerra fascista, para la salvación de nuestras tierras, de nuestras casas, de nuestros talleres. Igual que a Génova y a Turín, poned a los alemanes frente al dilema: rendirse o morir!»

++ Napolitano, su spese Difesa no a decisioni sommarie ++

Después de veinte años de dictadura fascista, cinco años de guerra y dos de ocupación nazi, Italia volvía a levantar la cabeza y, fuerte por la ayuda de los aliados, siete días después fue al fin totalmente liberada. Los fascistas y los nazis fueron definitivamente derrotados y el pueblo italiano se encontraba frente a un nuevo futuro, había pasado página y se preparaba a entrar en el concierto de la estación democrática.

Todavía hoy, setenta años después, se celebra esta fiesta nacional como una de las más importantes de la historia italiana. Sin embargo, no siempre ha estado exenta de polémicas. Los enemigos de antes, que en aquél entonces tenían bandera y uniforme, se han convertido en el tiempo asumiendo formas que a lo largo de la historia han ido minando el tejido social del pueblo italiano y su memoria democrática. Muchas sombras en la historia del estado italiano han puesto en discusión el significado de liberación y sobre todo de sus conquistas: organizaciones armadas, terrorismo, golpe de estado, represión violenta, pactos estado-mafia, corrupción, tangentopoli… parece que el pueblo italiano aún no ha conseguido ser libre de las miles de formas  de opresión que  terminan ahogando a una democracia.

El 25 abril en Italia es un día de conmemoración para los sacrificios de todos aquellos que, desde las filas de la resistencia lucharon contra el opresor nazi-fascista. No obstante, el significado del día de la liberación que aquellos hombres y mujeres de entonces lograron con sumo esfuerzo, desvanecería si su memoria viniese relegada simplemente a una victoria de un bando sobre otro: de partisanos contra fascistas. Más de una vez a lo largo de los años se ha cuestionado sobre el significado de este día: algunos con aire de suficiencia dicen que basta ya, hay que pasar página y no se puede seguir levantando las banderas de los partisanos como liberadores y héroes de Italia, que ya estamos cansados de los antifascistas y que quizás era mejor antes… otros, al contrario, no se cansan de proclamar que el fascismo ha sido derrotado, que no hay que olvidar quiénes son los vencedores y que como tal tienen que ser tratados.

Tanto tiempo después aún parece que las fracturas que dividieron Italia siguen  allí amenazando como una sombra gris su vocación democrática y su futuro. Si se piensa en esta recurrencia solo como el recuerdo de un acontecimiento, su significado muere allí, y la memoria no aporta ninguna enseñanza.  Por eso el ex presidente Giorgio Napolitano en la celebración de este día, allá por el 2012, resaltaba que había que continuar reviviendo y transmitiendo la Historia, porque no está hecha solo de eventos, sino de hombres que han luchado para la libertad, con un sueño y una esperanza de un futuro mejor. Si fue posible hacer que Italia renaciera fue gracias a la participación de muchos que se acercaron a la política y consideraron lo público como asunto de todos. Y concluía su discurso diciendo que cada uno de nosotros debemos cumplir con nuestra parte, con realismo, conciencia y responsabilidad, porque la salida de la crisis y el progreso de una sociedad se pueden alcanzar solo con una cohesión social que pide la unión de los esfuerzos virtuosos de todos.

El sábado pasado, su sucesor Sergio Mattarella,  en la conmemoración del séptimo vigésimo año de la liberación italiana sigue su mandato, y apelando a los jóvenes afirmó que la democracia es participación, eficacia en las decisiones, cooperación para el bien común. Porque las instituciones solas no consiguen hacerse cargo de todas las necesidades de una democracia, sobre todo en una sociedad global como la nuestra en que todos los espacios de soberanía nacional se reducen. Desde el palco del Teatro Piccolo de Milano, frente a todas las autoridades y exponentes del mundo político, exhortó a las instituciones a levantar la guardia contra toda amenaza a la democracia y llamar como soporte a su labor a los ciudadanos junto con las asociaciones, porque son ellas que constituyen un antídoto de civismo y de solidaridad. Por eso invitó a abrir canales para consentir a los ciudadanos una participación activa y creativa. De hecho, como bien subrayó, la participación de todos es la única forma para extirpar el cáncer de nuestra sociedad tal como las mafias, el terrorismo y la corrupción, y finalmente ganar la verdadera guerra para la democracia.

El 25 abril italiano es un augurio para todos aquellos que no ven tanto en este día una liberación de una ocupación extranjera o la victoria de un bando sobre otro, sino la unión de virtudes en una confrontación democrática que pone a los hombres y a las mujeres como fin último. La fraternidad y solidaridad  frente al fratricidio de dos Italias: aquellas de las ideas y de las convicciones que han llevado a millones de jóvenes a y familias a separarse y a matarse entre sí, en nombre de una bandera o de un principio que no han devuelto ni vida ni prosperidad.

La Ventana da al este: Entrevista a Antón Yeschenko

Entrevista por Pablo Laboreo y Simone Corvatta.
Traducción del inglés por Pablo Laboreo.

 

El pasado miércoles 18 de febrero conocimos a Antón Yeschenko, en Santander. Miembro de AEGEE-Kiev, había venido a España para asistir como delegado al EPM (European Planning Meeting) de AEGEE, un evento temático de 5 días organizado cada año por AEGEE-Europe. En esta ocasión el tema elegido para el encuentro fue la discusión de posibles soluciones ante la creciente desconfianza y falta de comunicación entre los jóvenes de Rusia y los de Europa. No podíamos dejar pasar la oportunidad de hacerle algunas preguntas sobre el conflicto y la situación actual en su país.

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-PABLO: Muchas gracias ante todo Anton por participar en esta entrevista. Por favor, ¿podrías presentarte a nuestros lectores y explicarnos la razón por la que has venido a España?

ANTON: Me llamo Anton Yeschenko y tengo 22 años. Estudio un máster en cibernética, ingeniería de software en la Universidad Nacional Taras Shevchenko, en Kiev, aunque soy originario de Velikiy Kobelyachokm, una pequeña localidad situada a unos 300km al Este de Kiev.   He venido a España para asistir como delegado al encuentro de AEGEE celebrado en Burgos, que este año trata sobre las relaciones entre los jóvenes de la UE y Rusia.

-P: Supongo que el tema de este año tiene un significado especial para ti debido al actual conflicto en tu país.

-A: Bueno, en los últimos años prácticamente cualquier ciudadano ucraniano se ha interesado por este tema u otros relacionados, más aún desde lo que ocurrió en Maidan hace un año y empezaron las tensiones. Personalmente, siempre me ha interesado la historia del desarrollo del lenguaje ucraniano y ruso, y las relaciones entre estos dos países y comunidades desde un punto de vista histórico.

-P: ¿Tienes relación con gente de las zonas de conflicto, el Este de Ucrania?

-A: Mi exnovia, por ejemplo, es de Donetsk y en la universidad 2 o 3 de mis mejores amigos son también de Donetsk y Mariupol, ambas zonas en las que el conflicto armado está teniendo lugar ahora. Hemos tenido conversaciones sobre sus puntos de vista acerca del conflicto y sobre los problemas directos que les trae. Por ejemplo, una de mis compañeras de clase no ha podido ir a casa durante las vacaciones a causa de la guerra.

-P: ¿Dirías que tu relación con estos amigos ha cambiado, de una manera u otra, debido al conflicto?

-A: La gente que conozco de Ucrania del Este apoyan a Ucrania y están en contra de esta guerra, así que nada ha cambiado realmente entre nosotros. Pero por ejemplo mi tío tiene familiares tanto en el Este del país como en Rusia, que apoyan al lado pro-ruso y que antes de que la guerra estallara solían venir todos los años a ver a la familia, pero ahora la relación ha empeorado notablemente. Solo hablan por Skype de vez en cuando y usan un tono muy seco, llegando incluso a discutir y lanzarse acusaciones.

-P: Y en tu opinión, ¿cómo ha llegado Ucrania a esta situación? ¿Cuál es la razón, la causa del conflicto?

-A: Por supuesto no hay una respuesta fácil a esta pregunta y existen muchos factores. La mala situación económica tiene que ver desde luego. Hicieron falta muchos años para que la economía del país se recuperara tras la independencia de la Unión Soviética, pero desde aproximadamente el año 2000 al 2008 nuestro país creció rápidamente y las cosas mejoraron. Después llegó la crisis económica de 2008, que tuvo un impacto muy fuerte en Ucrania, y desde entonces la gente ha debido enfrentarse al desempleo y los problemas financieros. Unido a este delicado escenario, los medios de comunicación han estado caldeando el ambiente desde hace tiempo reforzando la idea en algunas personas de que no somos más que marionetas entre dos fuerzas, utilizadas tanto por la UE como por Rusia en sus disputas por ser un país pobre y fácil de influir.

La crisis en Ucrania comenzó cuando el gobierno ucraniano decidió no firmar un acuerdo con la UE el pasado otoño de 2013. No se trataba de un simple trato comercial, sino que tenía una importante carga política que habría comprometido a Ucrania a acercarse a ciertos valores y principios europeos. Este tratado había traído esperanza a muchos ciudadanos ucranianos, especialmente entre los estudiantes, como primer paso hacia una posible inclusión en la UE.

-A (continúa): Cuando Viktor Yanukovych decidió no firmar el tratado con la UE y en su lugar acercar posturas con Rusia, los estudiantes comenzaron las protestas pero en poco tiempo se les sumó mucha gente. Conforme la revolución iba ganando fuerza aparecieron seguidores de partidos de extrema derecha, que se aprovecharon de la situación y ganaron popularidad con un duro discurso nacionalista. Empezaron a promover actitudes y consignas contra las comunidades rusas del Este de Ucrania, actitudes que no fueron compartidas por la mayoría de la población como quedó demostrado en las elecciones de Mayo de 2014. Pero sí conozco gente e incluso algunos amigos que empezaron a mostrar, por ejemplo, tatuajes con la bandera de estos partidos y vimos cómo estos símbolos empezaron a ser más visibles que antes por las calles.

Yanukovych huyó del país cuando las protestas crecieron y se estableció un nuevo gobierno interino que firmó el acuerdo antes mencionado con la UE. Rusia, por su parte, rechazó reconocer al nuevo gobierno, acusó a la UE y a EEUU de financiar y dirigir un golpe de estado y tomó represalias invadiendo Crimea, lo que señalaba el inicio del conflicto armado.

-P: ¿Cómo se vive la situación en Kiev y el resto del país fuera del área directa de conflicto, en cuanto a las actividades diarias, trabajo, medios de comunicación, etc.?  

-A: En el Oeste y centro de Ucrania el desempleo por ejemplo no ha subido ni bajado sustancialmente debido a la guerra, pero el ejército ha reclutado a mucha gente y la ha enviado a las zonas de combate. Yo mismo conozco mucha gente que ha visto marchar a un hijo o incluso un padre a la guerra y algunos de ellos han muerto, así que en realidad el país completo está involucrado. Por otro lado, en términos económicos hemos visto cómo nuestra moneda, la grivna, ahora vale un tercio de lo que valía. Hace un año un euro (1€) equivalía a doce grivnas (12 ₴), hace un mes equivalía a dieciocho (18 ₴) y hoy un euro equivale a treinta y dos (32 ₴). Debido a las restricciones en el suministro de gas desde Rusia y su correspondiente subida de precio, por ejemplo, nuestra universidad este año ha decidido dar dos meses de vacaciones en invierno en vez de dos semanas y acabar más tarde en verano, para así ahorrar. La economía del país está básicamente al borde del colapso y la gente está tensa y preocupada, por supuesto. Si vosotros oís y habláis aquí de los problemas que tenemos en Ucrania imagina nosotros, es el único tema de conversación. Incluso si en la mayor parte del país no hay combates, todo el mundo ve la televisión y en las noticias locales solo aparecen historias sobre la guerra y gente asesinada, el miedo es el protagonista. Pero la verdad no es contada, no nos llega información sobre lo que pasa realmente porque o bien no se sabe o bien los medios no lo cuentan.

-P: ¿Crees que la ciudadanía ucraniana se siente respaldada por la UE?

-A: Nos sentimos apoyados, pero la sensación general es que la forma en que la UE está tomando parte en el conflicto, es decir imponiendo sanciones económicas a Rusia o como moderador en las negociaciones, no es la más adecuada ni efectiva. Las sanciones son utilizadas por Putin como excusa ante los suyos para justificar los propios problemas económicos de Rusia, en realidad causados por otros factores. Yo no sabría decir qué tipo de apoyos podemos pedir o esperar por parte de la UE pero si no me equivoco, estamos recibiendo grandes cantidades de dinero por vuestra parte [la de la UE] y a pesar de ello cada día que pasa nuestra crisis es más y más profunda a todos los niveles. No parece que la solución vaya a venir por ahí.

-P: ¿Cuál es el enfoque de los medios de comunicación nacionales respecto al apoyo de la UE? Tal y como has comentado, los partidos de extrema derecha ganaron fuerza durante las protestas, ¿puede ser que hayan contribuido los medios a este auge, en tu opinión?

-A: No lo creo. El tema es que hace un año, durante las manifestaciones y protestas, la presencia del partido nacionalista creció mucho pero luego concurrieron a las elecciones de Mayo del 2014 y la gente apenas los apoyó y no consiguieron representación en el parlamento. Puede que la gente se sienta más patriótica ahora, pero evitan los radicalismos.

-P: ¿De dónde podría venir una hipotética solución? ¿Qué podría hacer que el conflicto termine?

-A: Cualquier solución tiene que venir por la vía diplomática. Pero es difícil de imaginar algo parecido con las posturas y políticas actuales del lado ruso.

-P: ¿Y qué crees que va a pasar?

-A: Me da miedo hacer predicciones. Hemos visto cómo la región de Crimea fue ocupada en apenas dos semanas y nadie había pensado antes que algo parecido pudiera ocurrir.

-P: ¿Qué rol debería asumir la sociedad civil en este conflicto? ¿Qué crees que los ciudadanos de Ucrania, Rusia y la UE podrían hacer para ayudar a encontrar una solución?

-A: Pueden ayudar haciendo llegar información real, promoviendo la paz y presionando a los políticos para que alcancen un acuerdo. Algunas encuestas parecen indicar que Putin está ganando mucha popularidad en su país a pesar de la delicada crisis económica que afrontan ahora, y todo por su participación y postura en esta guerra. Pero la gente no es consciente de lo que en realidad están apoyando. Si vieran lo que está ocurriendo, la destrucción y sufrimiento para ambas partes en las zonas de conflicto y en Ucrania entera e hicieran un llamamiento a la paz, la situación entera podría cambiar.

 

¿En qué gasta la Unión Europea? Financiación UE, este gran desconocido…

Escrito por: Simone Corvatta

Muchos acusan Europa de ser una carga inútil para los ciudadanos y que sin ella estaríamos mejor. Sin embargo es imposible no topar en algún lado con su intervención económica tanto que sus subvenciones han entrado de alguna forma en la vida de cada uno de nosotros.   Sólo en 2015, Europa ha gastado 500 mil millones de euro para el desarrollo, la investigación, la cohesión social y las infraestructuras en los estados miembros. Lamentablemente pocos conocen su desarrollo y su historia.

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Cuántas veces, y sobre todo en los últimos tiempos, hemos escuchado que “Europa” es una carga inútil que grava sobre los ciudadanos, reduce la soberanía de sus Estados y limita su desarrollo. Con la crisis que aún está afectando a nuestros países no es difícil indignar la gente con semejante expresión. Pero, ¿es del todo cierta? Porque hay que considerar que durante un tiempo de crisis nacen mitos y leyendas con la misma facilidad que en la edad media, y siempre se busca a los instigadores de la plaga. Pero cuidado, porque con la misma facilidad con que nacen leyendas se queman en las hogueras a brujas presumidas.

Siendo legítimo buscar las causas de los problemas, no nos demoremos sobre lo que se vende fácil y no creamos a quién nos ofrece recetas milagrosas. Muchas veces, para tener un cuadro de la situación más claro, es suficiente darse un paseo para aclarar sus propios pensamientos, sin que nadie, de los que gritan o de los que se nos proponen como nuestros salvadores, nos condicionen el entendimiento y nos estropeen la tarde de ocio.

Pues tanto si decidimos de dar dicho paseo en el centro de nuestra ciudad, como en las periferias o en el campo, es imposible no topar con algún cartel de metal puesto en la fachada de algunos edificios antiguos, pero también modernos, en alguna estructura pública o incluso en la entrada de jardines, parques, senderos, carreteras, puentes etc. Por lo general nos recuerdan cuando ha sido realizada la obra, quién el arquitecto famoso – si hubo –, una breve descripción del lugar – si hace falta –, el símbolo del ayuntamiento o comunidad autónoma a que pertenece y, finalmente, como el código de barras en los productos que compramos y que no le hacemos el más mínimo caso, está un recuadrito azul con adentro un circulo formado por doce estrellitas amarillas. Estamos tan acostumbrado a verlo por todas partes que nunca nos hemos preguntado qué significa exactamente.

Hay que admitir que nadie se preocupó demasiado para enseñárnoslo, y que su significado se remonta a la noches de los tiempos…bueno, tampoco, es suficiente volver hasta hace cincuenta años, más precisamente en 1957. En aquél entonces las cosas eran un poco diferentes, de estos carteles no había ni la sombra, tampoco había quién gritaba contra “Europa”, porque de hecho no había “Europa” .

Sin embargo sí que había una situación bastante peor de la que tenemos nosotros hoy en día. Hace unos años antes los Estados que en aquel año se reunieron en Roma, en lugar de echarse la culpa o insultarse “democráticamente” en un parlamento común como hoy, se tiraban bombas, se aplastaban con tanques y se disparaban nada más verse, incluso si habían sido vecinos o amigos, y todo eso sin preocuparse demasiado si se trataban de niños, viejos o enfermos. Lo que resultó de eso fue un continente entero en escombros y la pérdida de aquel prestigio de que esos Estados soberanos hacían muestra con orgullo a los cuatros vientos.  Pues en Roma, después de París en 1951, tuvieron la posibilidad de mirarse en los ojos otra vez y preguntarse juntos: “¿Y ahora qué hacemos?”.

Por suerte para nosotros, aquél día, los hombres reunidos en Palazzo dei Conservatori en el Campidoglio apostaron por un salida de aquella situación crítica con un crecimiento común, que ponía a lado las antiguas diferencias y se preocupaban de los problemas reales de lo que quedaba de Europa después de la guerra: reconstruirla, y hacerlo juntos para no volver luego a derribarla separados.

Por eso en los artículos 2 y 3 del Tratado de Roma de la CEE, se estipulaba también que tarea fundamental para la Comunidad Europea era aquella de promover un desarrollo armonioso equilibrado y sostenible de las actividades económicas, un elevado nivel de ocupación y de protección social, la mejoría del nivel de calidad de la vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los estados miembros. Como podréis comentar “las charlas valen cero sin respaldo de una acción”. Pues en aquel entonces una de las acciones que nació para conseguir los fines que se fijaron esos señores fue la de poner en común dinero para la creación de un fondo que financiaría obras y proyectos en favor del empleo y de la mejoría de la vida de los ciudadanos reactivando así la gran maquinaria económica de Europa: el Fondo Social Europeo (FSE). De tal manera a partir de 1958 una considerable suma de dinero venía invertida, por aquel entonces la Comunidad Europea, en subvenciones en favor de proyectos que fomentaría el empleo en los estados miembros.

Como cualquiera podría comentar, este fondo es poco cosa con respecto a lo que se necesita, y de hecho actualmente tal fondo cubre sólo un 13,1% del presupuesto de la Unión Europea. Pero claramente esta consideración la hizo alguien más en los años sesenta, tanto que en 1962 se instituía también el Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola (FEOGA) con el objetivo de potenciar la producción y la exportación agrícola y fomentando dicho sector. Actualmente este tipo de financiación hace parte de la Política Agrícola Común (PAC) y cubre el 34% del presupuesto de la Unión Europea.

Pues diréis que esto no llega ni a la mitad del dinero que hemos enviado a “Europa ¿y el resto que la Unión Europa nos quita, como se utiliza? Muy buena observación, tal como quién dice que “financiar sólo el sector agrícola está bien para producir más trigo pero no de solo pan vive el hombre”. Y aquí también alguien nos adelantó en las consideraciones, y en 1972 en París se reunieron todos los jefes de Estado y de gobierno para debatir sobre una política para poder fomentar la cohesión y el desarrollo en una Europa que a poco a poco estaba creciendo y presentaba fuertes desequilibrios regionales. Así en 1975 nació el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER). Este último tiene como objetivo lo de financiar la realización de infraestructuras e inversiones productivas en sectores clave para el empleo y favorecer sobre todo a las empresas en regiones particularmente necesitadas. Este fondo representa actualmente el 33,9% del presupuesto da la UE.

No obstante, y a pesar de todo, Europa para crecer necesitaba claramente más. Así en 1983 se instituyeron los primeros programas de financiación para la investigación y el desarrollo tecnológico, conocido como Programa Marco.  Y este tipo de financiación nació con un carácter distinto respecto a todos los demás: mientras antes para poder acceder a una de estas subvenciones era necesaria la mediación de instituciones nacionales o regionales que gestionaban los fondos, ahora el ciudadano interesado podía empezar a solicitarlos directamente de la Comisión Europea.

Desde entonces los campos de financiación de proyectos se fueron extendiendo a muchos otros sectores como la cultura, la educación, la sanidad, el ambiente, el deporte, la ciudadanía, el turismo, la seguridad, etc., y el presupuesto se renovaba cada cinco años según la respetiva programación que respondía a un estudio sobre los problemas destacados en la UE.

El mundo de la financiación se ha hecho tan complejo y tan ramificado que a partir de 2014 se decidió de agrupar muchos de estos programas de financiación en uno único con el nombre de Programa Horizon 2020 que gestiona el 31% de los fondos concedidos.

Así que, volviendo a nuestro paseo, cada vez que vemos este simbolito de la UE puesto allí de un lado pequeñito y sin molestar, significa que esta “Europa” tan molesta ha puesto el dinero para la realización de la obra que estamos observando.  Y es muy probable que muchos de los festivales en los que participamos, eventos o viajes de estudio de nuestros hermanos, becas de trabajo en el extranjero de nuestros amigos, actividades escolares de nuestros hijos o proyectos empresariales de nuestros padres estén subvencionados por esta Europa tanto incómoda al día de hoy. Y si consideramos que para realizar todo esto la UE emplea sólo el 1% del PIB de todos los estados miembros, imaginémonos que se podría hacer si fuera dotada de un 2% o 3%. ¿Por qué no se hace si es tan buena idea? Bueno, esta es otra historia y cada uno tiene el derecho de preguntárselo a sus políticos nacionales.

El Manifiesto de Ventotene – Prólogo

CONOCIENDO UN POCO A ALTIERO SPINELLI Y SU OBRA

Texto de: Simone Corvatta

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Mientras se va consolidando el mito de Spinelli, se queda por lo general desconocido su pensamiento y no plenamente apreciada su contribución teórica y práctica a la unificación europea. A pesar que no hayan sido muchas las personas que han leído las obras de Spinelli, la historia, por vías subterráneas y en parte misteriosas, le han reconocido el sitio que corresponde a los protagonistas del siglo pasado y en particular de la unificación europea”.[1]

 

Este es el análisis que Lucio Levi, presidente del Movimiento Federalista Europeo en Italia, hace de la figura y del pensamiento de Altiero Spienelli. De hecho, aunque poco se conozca su obra, su nombre viene incluido entre aquellos que cuentan como los padres fundadores de la Unión Europea, tanto que en Bruselas, el mismo palacio del hemiciclo del Parlamento Europeo, con un letrero en la entrada, a él viene dedicado.

 

Para introducirnos en su obra más importante “El Manifiesto de Ventotene” vamos a conocer un poco más su vida y aquellas etapas fundamentales que le convirtieron en uno de los hombres más clarividentes del siglo pasado.

 

Spinelli nació en Roma en 1907 y ya adolescente fue influenciado por las ideas socialistas del padre. En 1924, con diecisiete años, se afilió al Partido Comunista Italiano, y pronto asumió el cargo de secretario juvenil, antes de Italia central luego para Italia norte-occidental. A causa del fascismo con dieciocho años entró en la clandestinidad y en 1927 fue detenido en Milán y condenado por el Tribunal especial a dieciséis años de cárcel.

En total expió diez años de cárcel y ocho de confinamiento: dos en la isla de Ponza y finalmente cuatro en la isla de Ventotene. Es aquí donde, en 1941, redactó con Ernesto Rossi el famoso Manifiesto, cuyo título completo es Para una Europa liberal y unida. Proyecto de un manifiesto.

Este documento es el resultado de una larga reflexión teórica y personal que cambió a sí mismo y a su percepción del mundo, como testimonia su autobiografía “Come ho tentato di diventare saggio” escrito en 1984. Este proceso terminó con sus dimisiones del Partido Comunista, de donde venía expulsado en 1937 cuando aún estaba confinado en la isla de Ponza. El motivo fue, como él mismo declaró, el resultado de un “monólogo con la libertad” empezado al cerrarse las puertas de la cárcel a sus espaldas. De hecho ya se había distanciado de Stalin, de los Procesos de Moscó y del comunismo soviético. Su libertad en la crítica al comunismo le llevó inevitablemente a la expulsión, sin por eso perder el empeño a la lucha contra el fascismo, el capitalismo y el imperialismo mundiales.

Fue el encuentro con Ernesto Rossi que le abrió los ojos sobre una nueva manera de hacer política. Recibió de él una importante lección de método:

 

Una vez aceptados como axiomas ciertos ideales de civilización, […] el deber supremo era para Ernesto Rossi la aplicación de la grande regla del pensamiento iluminista que exigía que cada cosa humana que le apareciera de algún modo no conforme con aquellos ideales, fuera llevada delante del tribunal de la razón; si el juicio hubiera sido de condena, se hubiera tenido que proponer algo mejor para corregirla o sustituirla del todo”[2].

 

Y a partir de ese momento esta forma tan sencilla y eficaz haría limpieza de sus viejos pensamiento y le abriría la mente para la elaboración de nuevas ideas y nuevos métodos. Llegó al punto de renunciar al intento de sustituir el capitalismo con el socialismo, reconociendo en los razonamientos del amigo, los servicios insustituible aportados por la economía de mercado, el vínculo lógico no eliminable entre propiedad pública de todos los medios de producción y despotismo político, la inconsistencia lógica de cada forma de sociedad sindicalista, corporativa o de autogestión, que fueran sustitutiva del mercado. Este método le llevó también a decretar la inconsistencia de la Sociedad de Naciones, basada sobre la relación de entidades nacionales y soberanas, entonces antagónicas, que faltaban de una unión de carácter constitucional. En fin, acercándose al federalismo come la posible solución, decidió de alejarse del federalismo ideológico proudhoniano o mazziniano, y coger como modelo el pensamiento “limpio y preciso” de los federalistas ingleses, donde en sus escritos encontró un método eficaz para analizar la situación en que Europa se estaba derribando, y elaborar perspectivas alternativas[3].

 

El Manifiesto de Ventotene es el resultado de un debate entre Spinelli, Rossi y Colorni, con la participación de Ursula Hirschmann (futura mujer de Spinelli) y otros confinados en la isla y pertenecientes a distintas formación política y nacionalidades, reunidos todos en una mensa federalista en la isla de confino; tal como otras de más grupos políticos allí presentes. El manifiesto fue redactado en 1941 y modificado con la entrada en guerra de la Unión Soviética para tener un cuadro político más actualizado.

El modo con que el manifiesto salió clandestinamente de la isla de confino nunca fue aclarado, quedándose relegado un poco en la leyenda, pero entre 1941 y 1943 de alguna forma el manifiesto empezó a circular entre los ambientes clandestinos de Italia. La primera edición impresa es de 1943 después de la constitución del Movimiento federalista europeo el 27-28 agosto del mismo año en Milán. Sin embargo algunos aspectos tratados sobre la reforma de la sociedad italiana ya resultaban superados y poco convincentes, tanto que el mismo Spinelli quiso reescribirlos de principio. Así que el Manifiesto no fue debatido en las reuniones de Milán y por consecuencia no se convirtió en el manifiesto del MFE[4].

La segunda edición fue publicada clandestinamente en 1944 en Roma cuando la ciudad estaba ocupada por los nazis y Spinelli y Rossi viajaban a Suisa para tomar contacto con los demás federalistas de otros países europeos. Lo que podemos leer hoy nosotros es el resultados de muchas revisiones por los mismos autores y sin falta la más completa.

El fin perseguido por Spinelli con el Manifiesto de Ventotene no era algo de arbitrario, sino correspondía a las necesidades de una fase de la historia y pertenecía a las reales posibilidades de nuestro tiempo. Sin embargo el mensaje federalista no hubo mucha repercusión en principio. De hecho, de los más de ochocientos confinados en la isla de Ventotene sólo 5 adhirieron al federalismo europeo.

Como siempre las nuevas ideas no vienen entendidas a la primera y por eso acogidas con indiferencia y hostilidad. Todos pensaban en la reconstrucción de los viejos Estados nacionales según los principios de los respetivos partidos. La mayoría de los confinados se quedaba demasiado vinculada a los principios del viejo pensamiento político, no dispuesta además en aceptar que hubiera alguien a indicarle la vía para recorrer. La misma acogida recibía en el continente, sobre todo por parte del movimiento antifascista aun vinculado a una perspectiva estadocéntrica y no preparado a atribuir como prioritario el objetivo de la unificación europea respecto a las reformas políticas nacionales.[5]

 

A pesar de esto la obra de Spinelli, Rossi e Colorni se revela extremamente innovadora en el campo de la acción política. En el Manifiesto de Ventotene viene desarrollada una teoría de la acción democrática para unificar un conjunto de estados. Las principales orientaciones son[6]:

a)      La necesidad de actualidad de la Federación Europea;

b)      La prioridad estratégica del objetivo de la Federación europea con respecto a la reforma del Estado nacional;

c)       El desplazamiento del centro de la lucha política desde un plan nacional a uno internacional;

d)      La constitución de una fuerza federalista independiente como vehículo de la batalla para la Federación europea;

e)      La asamblea constituyente europea como medio para construir un poder democrático europeo.

 

La inspiración política de Spinelli se basa sobre una idea central que es la de la actualidad de la Federación europea, un objetivo que se ha convertido en posible a partir de la Segunda guerra mundial. Hoy como nunca se queda la actualidad y la exigencia del cumplimiento de este proceso, y sobre todo, son los federalistas lo que pueden llevarlo a cumplimiento, porque ellos, tal como escribía el mismo Spinelli:

 

Los federalistas quieren formar el núcleo de una clase dirigente progresista, que tenga las capacidades revolucionarias de los comunistas, sin tener sus taras. Sus enemigos son las fuerzas reaccionarias que quieren conservar los privilegios de los estados soberanos, de los egoísmos seccionales, de la riqueza parasitaria, es decir el militarismo imperialista, el desorden económico y la explotación de los débiles[7].

 

A nosotros, federalistas de hoy, nos queda el legado de mantener siempre actual el discurso federalista y trabajar para que no se pierda nunca entre las incrustaciones de la historia.

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[1] Levi Lucio, “Altiero Spinelli, fondatore del movimento per l’unità europea” in Spinelli Altiero – Rossi Ernesto, “Il Manifesto di Ventotene” – Arnoldo Mondadori Editore, Milano 2006; pag. 137-138

[2] Spinelli Alteiro, “Come ho tentato di diventare saggio” – Il Mulino, Bologna 1999; pag. 254

[3] Ibid. pag 307-308

[4] Paolini, E. “Altiero Spinelli. Dalla lotto antifascista alla battaglia per la Federazione europea. 190-1948: documenti e testimonianze” – Il Mulino, Bologna 1996; pag. 329

[5] Levi, Lucio op. Cit. Pag. 155-156

[6] Ibid. pag. 162

[7] Spinelli, Altiero “Politica marxista e politica federalista” in Spinelli Altiero – Rossi Ernesto, “Il Manifesto di Ventotene” – Arnoldo Mondadori Editore, Milano 2006; pag. 133-134

 

Carta a El País

El pasado 9 de diciembre, El País publicó un artículo de opinión muy interesante: «El Salto Adelante de Europa» que trata, desde una perspectiva pro-europeísta, de la situación actual de Europa subrayando la necesidad de un nuevo empuje hacia un futuro más próspero. Una de las perspectivas resaltada es el muy esperado plan Junker, muy parecido a la propuesta de ICE «New Deal 4 Europe» promocionada por JEF y UEF.

Por lo tanto desde ENF hemos considerado oportuno escribirle una carta de aprecio para cómo ha sido tratado el argumento y para dar a conocer el muy parecido ICE, que necesita de todo el apoyo y el compromiso de cualquier ciudadano que crea en una Europa más próspera y a medida de cada uno.

Crecer juntos

Aquí llevamos integralmente la carta enviada:

«Estimado/a redactor/a,

 Tras la lectura del artículo de opinión “El salto adelante de Europa”, no he podido sino escribirle para expresar mi aprecio y agradecimiento al publicar un artículo sobre Europa que no fuese en clave pesimista o acusadora. Así, en muchos titulares de la prensa actual nos encontramos solo con argumentos de este tipo, de fácil calado en la opinión pública, que no dejan espacio para ese “gran ideal” que Europa representa. Un valioso instrumento o una oportunidad de crecimiento para todos los ciudadanos que forman parte de la Unión Europea.

 Quizás era necesaria la intervención de Papa Francisco en Estrasburgo  para despejar un poco la “impresión de cansancio y envejecimiento” y poner en marcha aquella energía presente en las citadas épocas pasadas, cuando Francia y Alemania eran el motor fecundo de Europa y cuando eran los grandes ideales los que movían a gobiernos y gobernantes (y no al revés, como parece suceder en la actualidad).

 Como cita en el artículo Jean-Marie Colombani, no muchos recuerdan o quieren conocer todas las obras que las instituciones europeas han realizado o financiado a lo largo del tiempo. Y todo esto sin citar a todos aquellos ciudadanos, procedentes de los más variados sectores económicos (la salud, el ambiente, la cultura, la administración pública, etc.), que se han beneficiado directa o indirectamente de ellos.

 Por supuesto que no es oro todo lo que procede de Bruselas, pero ésta es una señal que Europa no está muerta, que aún tiene mucho que ofrecernos y sobre todo que se puede hacer mucho por y para ella, es decir, por y para nosotros.

 A pesar de todas las sombras que esconde el pasado como Primer Ministro del presidente de la Comisión Jean-Claude Juncker,  con su plan de inversión de 300.000 millones de euros que presentará en el programa de trabajo a los diputados y al Consejo Europeo el próximo martes 16 de diciembre ha revitalizado ese espíritu europeísta que tanto se echa en falta. En un momento de crisis como éste, (y no sólo económica), tal plan no es necesario, sino indispensable para retomar el rumbo hacia el crecimiento y el progreso y para recuperar aquella credibilidad y confianzas perdidas. Sin embargo, la labor de reactivar y reanimar la Unión Europea es tarea de todos, no sólo de los políticos de Bruselas, sino todos los ciudadanos que con su presión sobre la opinión pública puede obligar a sus gobiernos a moverse hacia esta dirección.

 Por eso desde asociaciones europeas como JEF España (Jóvenes Europeístas Federalistas) y UEF España (Unión de Europeístas Federalistas) y mediante la recogida de firmas en la Iniciativa Ciudadana Europea, otro instrumento precioso para la democracia en mano de los ciudadanos, se presentan propuestas del mismo rumbo que el plan Juncker.

 New Deal 4 Europe es la Iniciativa Ciudadana Europea promocionada por JEF y UEF, una propuesta de programa de inversión para la producción y la financiación de bienes públicos europeos en temas de energías renovables, investigación e innovación, redes de infraestructuras, agricultura ecológica, preservación del medio ambiente, patrimonio cultural, etc. mediante el establecimiento de un fondo europeo de solidaridad para la creación de nuevos empleos, sobre todo para los jóvenes. Este programa se financiaría mediante un aumento de los recursos propios de la UE a través de una tasa que grave sobre las transacciones financieras, una sobre las emisiones de CO2 y la creación de bonos proyecto, aportando al mismo tiempo una contribución a los problemas relativos respectivamente a las especulaciones financieras, a la contaminación del medio ambiente y a la estabilidad económica de los países miembros.

Hacer de un lugar en el que todo el mundo quiera vivir y nadie se sienta excluido no es tarea imposible, sino un acto de voluntad y compromiso por parte de todos, por eso considero fundamental e imprescindible que la contribución de la prensa en noticias sobre estos temas verse hacia este rumbo.

Simone Corvatta Nerla: redactor jefe de “El Nuevo Federalista”.

 

Los retos de Lady PESC

Autor: Paolo Acunzo, Salvatore Sinagra

Traducción: Simone Corvatta

Título Original: Le Sfide di Lady PESC

Federica Mogherini ha sido designada Alto Representante de la Política Exterior de la Unión Europea, obteniendo un reconocimiento importante gracias al resultado conseguido por el PD en las europeas y a su posición en el PSE (Partido Socialdemócrata Europeo). Pero su tarea será ardua, a causa de un embrutecimiento del contexto internacional,  de los poderes que tiene y de aquellos de los que carece.

Muchos esperaban que la caída del muro de Berlín y el colapso del URSS fuesen el preludio de una época de paz y prosperidad, pero desde  1989 la situación se ha venido abajo. Todo nos viene bien hoy menos que la nostalgia de la Guerra Fría, mas es necesario darse cuenta que el mundo es evidentemente más inestable que hace veinticinco años: el número de conflictos ha crecido notablemente y se han multiplicado las formas de violencia; han proliferado los Estados que han quebrado; se ha hecho siempre más evidente que a las guerras entre Estados se ha sumado las amenazas internacionales del terrorismo, del contrabando, del tráfico de armas y de seres humanos. Con el fin del Comunismo la primera gran privatización ha afectado a la guerra.  Poco a poco se ha comprendido que los Estados Unidos en solitario no son capaces de garantizar la paz, y en muchos casos Occidente se ha encontrado en grandes dificultades sin entender muy bien cual posición tomar. ¿A quién hay que apoyar en Egipto? ¿Al partido islámico que no se sabe muy bien cuán conservador fuese o a los militares? ¿Y en Ucrania? ¿A los nacionalistas rusos o a un amplio frente que incluye también fascistas? ¿Y en Siria? ¿Al dictador que hace una matanza con su pueblo o a los islamistas y a los contrabandistas?

Nunca antes las relaciones con(tra) la Rusia de Putin y con los  Estados Unidos de Obama han tenido tal influencia  sobre la designación de los componentes de la nueva Comisión. Es la primera vez que EEUU reconoce su incapacidad, que un mundo monopolar no es posible, y que la contribución de una UE políticamente relevante podría ser significativa en el nuevo mundo multipolar.

Si en Estados Unidos coordinar la diplomacia se ha convertido en una pesadilla, en Europa las cosas está yendo aún peor. Desde el principio de los años noventa, con las guerras en la antigua Yugoslavia, se han manifestado claramente los límites de la vieja Europa a la hora de relacionarse en un mundo que ya no era bipolar. Así, en los peores momentos , bajo la presión de Bush hijo por ejemplo, nos hemos dividido sobre decisiones importantes, como la de invadir o no Irak; en los momentos de bonanza, cuando Clinton y Obama no han pedido flanqueadores a los europeos, sino un aliado valioso,  nosotros, los europeos,que  hubiéramos tenido la posibilidad de crecer, nos hemos visto incapaces de hablar con una sola voz. Todavía son demasiado los que piensan que es mucho más conveniente aceptar una relación subordinada a Washington más que tener una política europea. ¿El resultado de esta estrategia? Desde Gaza y Donetsk, pasando por Damasco y Mosul, tenemos la guerra a un paso de nuestra casa. El próximo año celebramos setenta años de paz dentro de los confines de la UE, sería bonito que lo hiciéramos preguntándonos cuales serían los riesgos de tolerar la guerra apenas fuera de los confines de la misma UE.

De nuevo los  Estados Unidos nos piden una vez más cumplir con nuestro cometido, dado que en este precario sistema geopolítico no es más suficiente alguien que aplique la doctrina Bush u Obama, sino una contraparte en grado de dar aquella estabilidad en las relaciones internacionales que la escalada de una Globalización salvaje ha hecho siempre más improbable.

Incluso después del tratado de Lisboa, también después de la fusión del cargo de alto representante y comisario de los asuntos exteriores, la política exterior de Bruselas sigue caracterizada por grandes contradicciones, y la madre de todas las contradicciones es el intento de crear una política europea exterior sin pedir a los Estados de renunciar a su derecho de veto en la elaboración de las decisiones comunes. Es como si en un equipo de fútbol todos los jugadores se fueran al ataque en la búsqueda del gol personal, sin pensar en el resultado del equipo. Solo con la abolición del derecho de veto podrá nacer una verdadera política exterior común europea, pero aún queda mucho por hacer para lograr semejante resultado.

Federica Mogherini tendrá que escribir casi de la nada una política exterior, que tendrá que ir mucho más allá de la dicotomía americanismo/antiamericanismo y lamentablemente encontrará enormes obstáculos mucho más antes de salir de los confines de la UE: tendrá que hacer entender a los británicos y a algún vecino de los rusos que la OTAN ya no es suficiente, tendrá que hacer entender a los franceses que tampoco París tiene una política exterior y que no basta con liberar Tumbuctù para celebrar el resurgimiento de la África Francesa, y deberá hacer entender a los alemanes que la política comercial no es un subrogado de la política exterior. Finalmente tendrá que trabajar para que la política exterior de la UE esté coordenada con las demás, desde la comercial hasta la de inmigración, porque como ha recientemente recordado Draghi, políticas de signos opuestos pueden neutralizarse mutuamente y no obtener ningún efecto, incluso siendo técnicamente buenas. Tal coordinación difícilmente podrá ser eficaz si las prerrogativas de las relaciones exteriores de la Comisión se encontraran desparramadas entre muchas carteras, y Lady PESC tuviera que limitarse a “juntar las piezas fabricadas” por diferentes comisarios. De hecho, en este caso, Lady PSEC tendrá no sólo que buscar una síntesis entre los intereses nacionales, sino limitar las pretensiones de muchos otros comisarios.

Claramente una política exterior común tendrá que mirar a realizar la Europa potencia civil esbozada por Mario Telò en el libro homónimo. La necesidad de un ejército europeo no es por tanto hija del deseo de crear una superpotencia militar, sino de la necesidad de optimizar la eficacia estratégica de la defensa europea y recortar los gastos de la “no Europa”, de la defensa común. La vía diplomática será entonces fundamental para encontrar una solución en el medio entre una Europa neutral “che si fa i fattisuoi” (que se deja llevar)  y una Europa que replica, incluso de manera autónoma, a las políticas neoconservadoras de la administración Bush. Para cambiar realmente Europa hay que empezar por su política exterior. Sólo con un sistema nuevo de relaciones internacionales donde la UE pueda jugar de manera autónoma un papel de protagonista será posible aportar una contribución de pacificación que el actual (des)orden mundial tiene necesidad urgente.

Considerando que hoy en día no existe una política exterior europea, no nos queda otra que esperar que Lady PESC agote su mandato por completo, consiguiendo  recuperar el tiempo perdido con la salida en falso del pasado, logrando arrancarla cuanto antes. Entonces, le deseamos un buen trabajo a Federica Mogherini, pero sobre todos nosotros, ciudadanos del mundo.

El peligro de la secesión o del independentismo: Un paso atrás

Por: Simone Corvatta

 

El problema de la secesión o de la independencia no solo afecta quién ha decidido independizarse, sino a todo el conjunto de ciudadanos, incluso de pueblos, que a este grupo independentista o secesionista esté vinculado de una u otra forma. Si la entidad estatal nació con el objetivo de unificar toda una serie de fuerzas individualistas e independientes bajo el Derecho, que con sus intereses generaba una anarquía política y cuyo medio reconocido para imponer sus pretensiones era la fuerza, la disgregación de esta entidad se convierte en un atentado a la seguridad y al crecimiento de la colectividad. En un mundo que galopa cada vez más hacia la Globalización, las fuerzas disgregadoras son generadoras de nuevos competidores y, por consecuencia, reducen la efectividad a la hora de enfrentarse a los grandes retos globales que la Historia nos propone. La respuesta a la disgregación es la unión; una unión de estados bajo una estructura con objeto de garantizar todas las instancias de sus ciudadanos, incluso los secesionistas o independentistas.

En el siglo XVI, los pueblos de Europa, agotados por las sangrientas guerras dinásticas y de religión, deciden de poner fin a una concepción milenaria de administrar la vida basada en la fuerza arbitraria y el sentimiento religioso. Nace otra forma de concebir el espacio y la entidad pública. En 1651 Thomas Hobbes define esta nueva forma en su obra maestra “El Leviatán”:

«Autorizo y transfiero a este hombre o asamblea de hombres mí derecho de gobernarme a mí mismo, con la condición de que vosotros transferiréis a él vuestro derecho, y autorizaréis todos sus actos de la misma manera. Hecho esto, la multitud así unida en una persona se denomina ESTADO, en latín, CIVITAS»[1].

Pasarán muchos años antes de que este concepto moderno pudiese perfeccionarse y asegurar a cada uno de sus ciudadanos unas condiciones de justicia e igualdad a las que estamos acostumbrados en la Europa de hoy en día. Cien años después, en 1762, Jean-Jacques Rousseau escribió en su obra “El contrato social: o los principios del derecho político” que para poder garantizar estos derechos y asegurar la protección a sus ciudadanos debemos:

«Encontrar una forma de asociación capaz de defender y proteger con toda la fuerza común la persona y bienes de cada uno de los asociados, pero de modo que cada uno de éstos, uniéndose a todos, sólo obedezca a sí mismo, y quede tan libre como antes…

Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; recibiendo también a cada miembro como parte indivisible del todo»[2].

El Estado empieza a evolucionar, la Historia nos lleva entonces a las dos grandes Revoluciones, la americana y  la francesa. Bajo  este contexto internacional nace por primera vez el concepto de Nación tal como lo conocemos. La Nación es un invento europeo, una palabra revolucionaria que introduce en su connotación el concepto de Patria. A partir de este momento Europa empieza organizar sus relaciones, antes interiores y luego exteriores, sobre el principio nacional que genera también el concepto de raza y el de la historia “gloriosa” de cada pueblo, de sus orígenes y de sus mitos.

Las Naciones se miran como antagonistas, depositaria cada una de una historia y de un orgullo patrio que tiene que prevalecer sobre los demás. Europa como entidad geopolítica se queda al margen de este contexto, y viene considerada por lo tanto solo como un escenario donde estos nuevos protagonistas, los Estados-Nación, se encuentran o chocan y se relacionan entre sí[3].

Los pueblos europeos aceptan el nuevo modelo y pronto lo exportarán al resto del mundo. La Nación se convierte en la gran protagonista de nuestra historia más reciente. Ella es la garante de la paz, de la justicia, de la prosperidad económica y de un modelo social y cultural, adentro de sus confines, administrado por un gobierno elegido y que represente cada uno de sus ciudadanos. La Nación se convierte en la expresión popular del concepto de Estado – entidad única que se hace cargo de garantizar los derechos y las aspiraciones de los individuos que la forman. Para lograr este objetivo hace uso de todo el poder que el mismo pueblo le otorga mediante elección democrática, enfrentándose a las amenazas internas como a las del exterior. Pero ninguno de estos derechos pueden ser ejercido o garantizado si antes no se cumple con la más alta obligación hacia la humanidad: el derecho a la vida. Sólo después es posible garantizar los otros derechos fundamentales como la libertad y la igualdad.

Sin embargo para cumplir con el derecho a la vida es imprescindible crear una situación en que cada enfrentamiento venga reglamentado por el derecho y no por la fuerza. Es decir, hay que crear las condiciones para superar la anarquía internacional, consecuencia de la división del mundo en Estados soberanos e independientes. De hecho, cuanto más es elevado el número de sujetos en competencia entre sí, más alto es el riesgo de hostilidad de una o de otra forma. Como consecuencia, el más típico de los medios para garantizar la máxima cohesión del Estado en actitud defensiva y en visión de un enfrentamiento con otros Estados, rasgo inequívoco del nacionalismo, con todas sus consecuencias[4]. Por tales razones, un grupo perteneciente a un Estado, pretendiendo la secesión o la independencia de él, se revela una amenaza no sólo para el mismo sino para el equilibrio internacional.

La disgregación de la compaginación estatal reduce la capacidad de un Estado de cumplir con el rol pacificador, y  consecuencia de esto, le pone en la condición de no poder garantizar más los derechos de sus ciudadanos  –  fundamentos del contrato social por el cual él Estado mismo existe. Esto le llevaría tanto a una pérdida de seguridad en el exterior, debida a la reducción de territorios y recursos, como a una menor  credibilidad frente al concierto internacional en que se halla inmerso; alentándole incluso a posibles acciones de revancha. Pero el factor más importante no es otro que cuando un estado que se independiza de otro no hace sino crear un nuevo competidor en el cuadro internacional, aumentando la tensión nacionalista y complicando las relaciones entre grupos existentes[5].

La secesión, aunque justificada y aprobada a nivel institucional, es un acto de individualismo, circunscripto en el tiempo y en el espacio, de un grupo o un sector dentro de la entera compaginación estatal. Y como tal,  es movido por intereses sectoriales que no miran al bien de la colectividad. De hecho, con la secesión se viene abajo la estructura principal que garantiza el derecho fundamental del hombre, el derecho a la vida, en cuanto la separación genera siempre tensiones y motivos de enfrentamientos, exponiendo además a este riesgo no sólo al viejo Estado del que quieren independizarse sino a los mismos ciudadanos del nuevo Estado que quieren crear.

En un contexto mundial donde los medios y las comunicaciones hacen que los derechos se conviertan cada vez más en derechos cosmopolitas, el destino individual de los ciudadanos entra en la responsabilidad de todos hacia todos. Un grupo que crispa el equilibrio internacional en un Estado democrático de Derecho amenaza a la seguridad de todos. Por eso es menester encontrar una forma de defensa a estos riesgos que vaya más allá de los Estados existentes.

Para concluir, nada mejor que las palabras de Nicoletta Mosconi cuando afirma las garantías necesarias para lograr este fin:

«…solo cuando una única constitución abrazará todos los pueblos de la Tierra en una unión voluntaria y cuando una estructura federal, la Federación mundial, hará efectiva la división de los poderes entre distintos niveles de gobierno, donde cada individuo o grupo tendrá la posibilidad de encontrar una defensa equilibrada para sus propias instancias»[6]


[3]LuciénFebvre: “Europa Génesis de una civilización” – Crítica, Barcelona 2001; pag. 188-221

[4]Mosconi, Nicoletta: “Il diritto di secessione” in “Il Federalista” Anno XXXVII, 1995, Nº 1; pag. 40

[5]Mosconi, Nicoletta: Ibidem

[6] Mosconi, Nicoletta: Ibidem

¿Peligro eludido u ocasión perdida?

Autor: Stefano Rossi

Traducción: Simone Corvatta

Título original: Scampato pericolo o occasione persa?

Urnas cerradas, el NO ha ganado. Escocia se queda en Gran Bretaña. El referéndum popular que podía significar la independencia en realidad ha aclarado que la mayoría de los residentes en Escocia prefiere quedarse bajo el ala protectora del Reino Unido más que aventurarse hacia una gradual secesión. La campaña electoral ha sido muy intensa en Escocia, pero no se puede negar que haya apasionado a todo el continente.

Bruselas puede soltar un suspiro de alivio, pero en Europa son muchos los decepcionados por el resultado. La gran manifestación  en Barcelona de hace unos días había otorgado un empuje a la hipótesis independentista como opción real para salir del estancamiento que se ha creado en el cuadro europeo. Los otros movimiento independentistas en Italia, España, Bélgica y Reino Unido habían puesto muchas esperanzas en el resultado escocés, pero no es probable que se paren ahora. Todo lo contrario, la gasolina de que nutren los movimientos independentistas es exactamente la negación de la independencia en nombre de la unidad de la nación, entonces van a salir doblemente reforzados ante este acontecimiento.

La primera gran victoria implícita obtenida en Escocia, a pesar del resultado, ha sido demostrar que la secesión se puede pedir, y puede traducirse en una instancia institucional: no es cosa de terroristas o de minorías reprimidas. En los otros Estados europeos la situación jurídica constitucional es diferente, y en muchos de ellos un referéndum como este sería totalmente anticonstitucional, pero eso no quita que el mensaje haya sido enviado fuerte y claramente: la independencia es una opción institucional realista.

La segunda victoria implícita del SI ha sido el plano de fuerte devolution sobre la que Cameron se ha empeñado y que llevará Escocia a un nivel de autonomía mayor respeto a aquello – ya muy significativo – alcanzado con el Scotland Act de 1998. El cual representa, en todos los sentidos, otro paso hacia la descentralización del poder político en Gran Bretaña.

El referéndum escocés no ha de ser visto como un accidente de carretera – tal como propugnaban la City y el mundo de las finanzas – sino como una síntoma de una perdida estructural de legitimación de los Estados nacionales. Las fuerzas disgregadoras cogen más fuerza siempre  y maduran políticamente alejándose del extremismo (el propósito vasco de lucha armada ha fracasado) y minando la base del dogma del Estado como único medio para ejercer la soberanía popular. No hay de qué estar aliviados, si se pensaba que una victoria del NO hubiera apagado por completo las instancias disgregadoras de la soberanía estatal. No debemos ilusionarnos.

Si Europa no hace suyo definitivamente el proyecto político, sustrayendo soberanía a los Estados nacionales y permitiendo en un cuadro federal la difusión del poder político en múltiples niveles, se arriesga a la implosión. Las estructuras estatales son rígidas bajo este punto de vista y se fatigan en absorber los empujones centrífugos: más dejan drenar soberanía hacia abajo, menos se arriesgan al gestionar las diversas autonomías. Solo una Europa federal, que nazca en nombre de la unidad en la diversidad puede representar el cumplimiento (desde arriba) de la superación de los Estados nacionales del ochocientos. Y permitiría, al mismo tiempo, salvar Europa, porque, y esto también los independentistas lo saben, si todas las regiones de Europa se fueran cada una por su cuenta, sería una catástrofe.

Tiempo de reflexiones

por Simone Corvatta

El otro día leyendo en “Il Corriere della Sera” una entrevista a Farage sobre una posible alianza con el M5S de Beppe Grillo en Italia, me llamó mucho la atención las respuestas que el líder de Ukip dió al periodista Emanuele Buzzi.  Más que preocuparse por una posible unión entre los dos grupos en favor de una política que, desde el punto de vista federalista sería definida como euroescéptica por defecto (según el artículo “Apuntes sobre el euroescepticismo” de Miguel García Barea), ofrece un motivo de reflexión sobre la obra de los europeístas y en el caso más específico de los eurofederalistas.

Farage, en esta brillante entrevista, toca en particular dos puntos que dan lugar a perplejidades e interrogantes para quién siente la obra de construcción de los Estados Unidos de Europa como una idea que va más allá de resoluciones institucionales y de asuntos económicos. Claramente estos dos aspectos no pueden ser descuidados, pero seguramente hay también otros que no son de menor importancia y que el líder de Ukip trata dando una estocada al espíritu federalista.

 Cuando Buzzi pregunta qué pasaría si el M5S se juntara con los Verdes, Farage contesta perentorio que sería un desastre para ellos, porque desde una  los años 80  que eran euroescépticos y antimilitaristas, han pasado a ser una mezcla rara de fanáticos federalistas europeos que responden a una línea de voto que no quieren. Y aquí tenemos la primera estocada del líder Ukip al federalismo. Independientemente del posible acuerdo del M5S con los Verdes, el tema es que el federalismo es considerado como «una mezcla rara de fanáticos». Claramente la acusación procede por un partido y un contexto nacional que siempre ha sido contraria a una unión política de Europa, pero de aquí a considerar fanáticos a los militantes del Federalismo subyace un problema de fondo que sin duda alguna tiene sus raíces en las típicas y muy conocidas fórmulas del populismo. Pero por ahora no nos pararemos en este detalle cuya consideración retomaremos más adelante.

La segunda estocada de Farage, más indirecta y a su vez más dolorosa, es la  que viene desarrollada a lo largo de varias de sus respuestas: la primera, respondiendo a la pregunta sobre cómo piensa mantener la unidad con M5S en temas en que los dos partidos son discrepantes, él empieza con un ¡Viva la diferencia! Afirmando de amar las diversidad que es la verdadera riqueza de Europa, y sigue enumerando algunas; en la segunda, cuándo Buzzi pregunta cuál es la verdadera esencia del anti-europeísmo, Farage contesta que ellos no son anti-europeos, porque ellos, los euroescépticos son en realidad los verdaderos europeos, puesto que defienden las diversidades de Europa y las distintas voluntades de sus gentes.

 A este punto es menester reflexionar sobre las palabras de Farage, no tanto por el significado que tienen sobre su línea política y de alianza, sino como provocación a todos aquellos que hasta ahora han militado entre las filas de los que creen en una Europa  de verdad, animándolos a una autoanálisis y concienciación.

La acusación a los federalistas de ser unos fanáticos es sin duda alguna una descalificación por desconocimiento o, en el peor de los casos, porque a la opinión pública general, aquella que responde a los medios de comunicación actuales – convencionales como prensa y televisión, y no convencionales como internet y los social-net – no les llega nada más que el mensaje estructural de los federalistas y no el de contenido del federalismo. Es decir, al “grande público” desde la platea del federalismo le llega sólo – cuando le llega – el apoyo a esta u otra política de la Unión Europea con la defensa y el fortalecimiento de la estructura institucional que la legitima, mientras que la esencia del federalismo, lo que significa y que es lo que cree y quiere de verdad, queda tan escondida que de cara al público sólo parece una fuerza más en apoyo a un sistema político-social y económico averiado que la mayoría de la gente, afectada por su mala gestión, condena. Las palabras del líder del UKIP no hacen sino que poner en evidencia un problema que el federalismo tiene a la hora de presentarse fuera del círculo que podríamos definir de “euroconocedores” – los que militando en una línea pro Europa Unida, conocen y reconocen las varias fuerzas que a este fin dedican su acción y las respectivas modalidades.

Por lo tanto, mientras que por un lado no es posible considerar fanáticos los federalistas teniendo en cuenta su línea europea de crítica, que procede del método analítico heredado por Ernesto Rossi – donde una vez aceptados los axiomas de determinados ideales de civilización, el deber supremo es, según la regla del pensamiento iluminista: llevar delante del tribunal supremo de la razón toda cosa humana que pareciera conforme a estos ideales y, se el juicio resultara de condena, proponer otra cosa mejor para corregirla o sustituirla – por el otro es fácil caer en la tentación de agarrarse a una idea y llevarla adelante sin el ejercicio de análisis y de juicio requerido por el tribunal del sentido común. Aquí el error de evitar de tratar ciertos temas europeos, muy queridos por partidos o movimientos euroescépticos o antieuropeos, que los utilizan como caballo de batalla para sus campañas; como por ejemplo el del nacionalismo y de las identidades. Los federalistas condenan el populismo de estas fuerzas políticas, pero desde una perspectiva puramente funcional al proyecto de unificación europea. Sin embargo las necesidades del tiempo actual piden que se hable de estos temas . Aunque es sabido que el nacionalismo y sus diferencias son elementos peligrosos a la hora de hacer política, como en cada época histórica en que las dificultades han cegado al sentido común, una cantidad creciente de personas sin darse cuenta se descubre a creer en ellas y a apoyarlas hasta las extremas consecuencias. Por lo tanto la labor de los federalistas es abrir la caja de su patrimonio intelectual para sacar las pruebas tangibles para la pública condena de un modo de pensar no sólo peligroso, sino anacrónico y retrasado.

Cuando Farage declama ¡Viva la diversidad! No está diciendo nada nuevo para un federalista. Cuando dice que ellos son los verdaderos europeos porque defienden la riqueza de esta diversidad no desvela toda la realidad, porque ellos, los euroescépticos, no han sido ni los primeros en promulgarlas ni los únicos a querer defenderlas actualmente. La valoración y defensa de las diversidades de Europa residen en el pensamiento de los padres fundadores pero también en aquello de grandes federalistas como Salvador De Madariaga que con su “Bosquejo de Europa” pinta magistralmente la esencia y la riqueza de estas, o de uno de sus precursores como Carlo Cattaneo en 1848.   

Por lo tanto cada provocación que procede de los escaños euroescépticos y antieuropeístas es una oportunidad preciosa para el Movimiento Federalista para interrogarse y redescubrir los valores originales de su pensamiento, mirar a las motivaciones que animaron el proyecto de los Estados Unidos de Europa y renovarse para mantener viva su propuesta. Porque si se deja que Europa se exprese solo a través de las instituciones que la representan, el resultado de las últimas elecciones han sido un verdadero fracaso, y Europa misma arriesga sucumbir bajo sus consecuencias. Pero si se elige presentarla como la suma de las diversidades y las sinergias de las voluntades más iluminadas, entonces el proyecto de los Estados Unidos de Europa va por el buen camino, y el resultado de las elecciones se quedará sólo como una de las formas democráticas de seguir, de verdad, unidos en la diversidad.