FELIZ SEMANA EUROPEA

Escrito por: Iñigo Cruz

Artículo publicado originalmente en La grieta el 13 de Mayo de 2015

 

¡Estamos de fiesta! Como si de la Semana Santa se tratase, hace un par de semanas vino cargada de toda una romería de eventos y aniversarios cruciales para Europa, unidos de manera única e indivisible, y sobre los que habitualmente pesa un profundo desconocimiento u olvido. Permítanme que les distraiga del fragor electoral local español y les hable un poco de lo que significaron las efemérides de esta semana: armisticio de la II Guerra Mundial, firma del Tratado de Londres y el Día de Europa, para todos nosotros.

Retrocediendo en el tiempo, volvemos a finales de abril de 1945: las tropas aliadas avanzan liberando Europa  y el que fuera el poderoso Tercer Reich alemán se derrumba a ojos vista. Adolf Hitler se suicida en su guarida de Berlín un 30 de abril y, pocos días después, Alemania firma la rendición incondicional, el 8 de mayo de 1945 (70 años nos contemplan desde entonces) con los aliados occidentales, y el 9 de mayo con los orientales (Rusia). Hasta aquí la parte más conocida, aunque sea por los desfiles en la Plaza Roja que salen en las noticias cada 9 de mayo.

El fin de la guerra trajo consigo el inicio de nuevos intentos por unir un continente que se encontraba en una situación lamentable tras ser el origen y epicentro de dos conflictos mundiales en treinta años, manteniéndose a flote gracias a la ayuda americana (Plan Marshall a la cabeza). En esta tesitura, se abrió en Europa un baile de proyectos unificadores de diversa índole, desde lo puramente económico, a algo más político, así como variaciones en los estados participantes de cada proyecto. Los resultados también fueron variados, así que, para no dispersarnos, nos centraremos en los que a la postre acabaron siendo más relevantes y genuinamente europeos.

Un 5 mayo de 1949, tres años después de aquel discurso de Winston Churchill en la Universidad de Zúrich, en el que reclamó “unos Estados Unidos de Europa y la creación de un Consejo Europeo”, se firmaba el Tratado de Londres (al que se adhirieron Bélgica, Dinamarca, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Suecia y Reino Unido) y con él nacía lo que se conoce como Consejo de Europa. En su gestación, todo un parto, se enfrentaron dos formas de afrontar la realidad y la solución a los problemas europeos: mientras los centroeuropeos apostaban por el compromiso y la asunción de obligaciones a través de un tratado; los periféricos, con Reino Unido a la cabeza  (lo de los Estados Unidos de Europa era más nominal que otra cosa), apostaban por un foro de diálogo y negociación sin compromiso alguno.

lagrietaonline_Feliz-Semana-Europea_foto-2-181x300Finalmente, la postura periférica se impuso −e incluso cumplió el deseo revanchista de excluir a Alemania en un primer momento− y las esperanzas depositadas en el Consejo de Europa como solución a los problemas europeos se vieron  truncadas. Sin embargo, el Consejo de Europa aportó cosas interesantes a Europa, ya que acabó dando lugar al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, y en 1955 inventó una bandera (el autor se inspiró en la imagen de la virgen de la catedral de Estrasburgo)  e instituyó un himno (la Introducción a la 9ª de Beethoven, o Himno de la alegría) para Europa. Símbolos que en 1986 tuvieron a bien apropiarse las Comunidades Europeas con gran éxito, y, tal es así que el Consejo de Europa se tuvo que inventar otra bandera…

 

Entre aquellos que quedaron defraudados por el fracaso del Tratado de Londres, estaba un francés que tomó muy buena nota. Se llamaba Jean Monnet y exactamente un año (y cuatro días) más tarde  iba a lanzar una iniciativa que cambiaría la historia de Europa. Con el apoyo de Robert Schuman, ministro de Exteriores de Francia, diseñó un plan: una Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), con la que buscaba afianzar la paz europea, integrando a Alemania (en vez de aislarla, como proponía la mayoría) y controlando los dos recursos clave para la guerra en aquel momento (carbón y acero), apoyar su reconstrucción y, de paso, lidiar con el problema de producción y desajustes de mercado entre los productores de ambos materiales.

Todo esto quedó explicado en una declaración de tres páginas (el primer borrador fueron 25)  que leyó Robert Schuman un 9 de mayo de 1950 en el Salón del Reloj en el Ministerio de Asuntos Exteriores francés. No por casualidad, cinco años después de la rendición de Alemania,  se le tendía la mano y se recordaba que “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”.  La CECA reunió a Alemania, Francia, Bélgica, Luxemburgo, Holanda e Italia (lideradas por grandes hombres como Konrad Adenauer, Alcide de Gasperi o Henry Spaak, dispuestos a apostar todo su capital político en el proyecto). Si alguno echa de menos a los británicos, que no se preocupe: aprendida la lección del Tratado de Londres, al Reino Unido se le invitó a salir cuando quedó claro que no pensaba comprometerse lo más mínimo en este proyecto.

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Desde entonces, el 9 de mayo fue la fecha elegida para conmemorar el nacimiento de las Comunidades Europeas y, posteriormente, la Unión Europea. Y puede que incluso, si Dios quiere (literalmente) se convierta en un futuro en la festividad de San Robert Schuman, pues su condición de devoto católico de profundos y coherentes valores cristianos  ha llevado a  solicitar su beatificación.

No obstante, este no sería el último proyecto nacido al calor de un mayo primaveral. En mayo de 1952, el Tratado de la Comunidad Europea de Defensa (CED) se firmaba por los mismos países que habían firmado la CECA, con el propósito de crear una verdadera Comunidad de Defensa, con recursos, mandos y soldados comunes e independientes, todo ello en plena Guerra Fría y sin tutela norteamericana. Calcule el lector el nivel de la apuesta…

¿Dónde fue a parar esto? Pues quiso la Historia que Francia, unos meses más tarde, con una IV Republica inmanejable y su Asamblea Nacional controlada por los diputados gaullistas, se arrepintiera de haber firmado el Tratado, rechazando su ratificación (paso necesario para que el Tratado tenga verdadero valor), quedando esa Comunidad Europea de la Defensa como la gran asignatura pendiente en Europa, y así hasta el día de hoy, 65 años después (ejemplo donde los europeos no somos los más aplicados de la clase).

Así que si tienen un rato, les invito a que echen la vista atrás y brinden por esa idea que nació hace 65 años entre las cenizas humeantes de lo que era Europa, que tomó forma de discurso en la voz de Robert Schuman, para reconciliar enemigos y garantizar un futuro común. Una idea, convertida en proyecto, fruto de un proceso de ensayo y error, en cuyo  camino quedaron el Consejo de Europa o la CED, hasta convertirse en la Unión Europea que hoy conocemos Este proyecto, lejos de darlo por concluido,  es algo vivo, en construcción permanente (algunos dirán crisis, de lo que hablaremos en detalle otro día) que nos ha permitido avanzar hasta cotas difícilmente imaginables hace 65 años, ¿recuerdan la peseta o el marco alemán?¿las colas en las fronteras? ¿el dinero que costaba viajar un fin de semana a cualquier parte? ¿o si existía el Erasmus? Y en clave local ¿el dinero que ha recibido nuestros campos o nuestras infraestructuras? pero al que aún le quedan muchas semanas europeas que celebrar hasta darla por conseguida y poder decir que nunca más habrá guerra entre nosotros.

No unimos países, unimos personas, Erasmus- 2ª parte

(Continuación del artículo anterior..)

Pero aún tenemos que aclarar esa referencia a un fermento, a una unión de los hombres de la que hablaba Monnet, algo que también indicábamos no es una meta fácil. Vemos cómo en los últimos años varias han sido las iniciativas para crear una verdadera unidad europea, desde el euro, más allá de su vertiente económica, al malogrado proyecto de constitución europea , pero entre todas ellas una brilla hoy día con luz propia : Erasmus. Siete simples letras  que abren las puertas a la creación de la  verdadera Europa como una sola unidad.

En este momento, a alguno de los presentes le puede surgir la duda que mencionábamos al principio ¿Por qué el Erasmus entre todos los programa de intercambio de estudiantes? ¿Por qué no puede ser cualquier otro? Cierto ¿ Qué es lo que le convierte en algo tan especial al Erasmus?

 

keep-calm-and-enjoy-erasmus-8El Programa Erasmus es un caso singular, ha  ido creciendo, evolucionando y mutando hasta ser el programa de intercambio por excelencia. Para demostrar esto no quiero aburrirles con estadísticas, así que me referiré al día a día de nuestra vidas y les propongo hacer un experimento: si salimos fuera de la sala y  preguntamos a cualquier profesor o estudiante  por los programas de intercambio en el marco europeo, salvo que nos topemos con el coordinador de los mismos, con seguridad nos darán  un nombre por encima de todos. Erasmus. ¿Quién no ha utilizado la expresión “Esto es como el Erasmus pero se diferencia en…” para hablar de otros programa de intercambio? Miremos la prensa: hará 2 semanas que apareció un titular sobre un proyecto de creación  del “Erasmus para iberoamérica” y así otros muchos ejemplos. Está claro que dentro del Programa Erasmus hay una fuerza interna que lo impulsa, no puede ser una casualidad.

 

Otro aspecto importante es que la fuerza que impulsa al Erasmus no acaba de ser entendida por las mismas autoridades que los que la pusieron en marcha ya que no llegan a imaginar en su totalidad en qué consiste la experiencia de ser un estudiante en el extranjero bajo el signo Erasmus. Recientemente, con motivos de la celebración del 20 aniversario de Erasmus en el seno de la comisión, su  presidente (José Manuel Durao Barroso)  declaraba que «Erasmus se ha convertido en algo más que un programa educativo… ,se ha convertido en un fenómeno social y cultural. Es un ejemplo excelente de lo que la coordinación europea puede lograr en el ámbito de la educación,» pero ¿Sólo en el ámbito de la educación? Indudablemente el Presidente Barroso tienen razón aunque desde mi humilde punto de vista se queda corto, no llega a vislumbrar el alcance de esta  experiencia.

 

Desde que se creó el programa Erasmus, la Comisión ha realizado un gran trabajo para evaluar, analizar y cuantificar el Erasmus y sus beneficios… ante todo en su variante económica, y mientras tanto  sólo se dejaba margen a un detalle personal, pero tremendamente significativo  y era la pregunta de ¿Qué había supuesto el Erasmus para el estudiante? A lo cual más del 80% de los participantes, en cada edición del estudio, respondía exactamente lo mismo: “su Erasmus les había abierto la mente”

 

Interesante coincidencia que demuestra que aquellos que han vivido el Erasmus saben que hay experiencias, sentimientos, pensamientos que no pueden reflejarse sobre el papel, por muchas encuestas e informes que publique la comisión, por mucho esfuerzo que se ponga por parte de las miembros de las instituciones , o incluso nuestros padres y hermanos, solo un Erasmus sabe lo que siente un Erasmus y lo más importante, lo que ha vivido.

direccionesNo obstante, esto no ha de verse como algo negativo, como si solo los que hayan sido Erasmus pudieran pertenecer a un club exclusivo, peculiarmente exclusivo añadiría, ya que cuenta con más de 2 millones de socios y va camino de los 3. El Erasmus es una experiencia que transciende al estudiante y lo introduce en una nueva esfera, uno ya no es madrileño ,catalán o andaluz, no es francés, sueco o español, nos damos cuenta que somos EUROPEOS  y que lo que nos une es mucho más que aquello que nos separa. Una vez más, nos encontramos la clarividencia de Jean Monnet cuando nos dejó escrito “Haced Trabajar a los hombres juntos, mostrarles que mas allá de su divergencias o por encima de sus fronteras tienen un interés común.” A fin de cuentas  ¿No es ese el efecto del Erasmus?

Pero seguimos sin ver por qué es el Erasmus y no es otro programa el que consiguen este efecto. Y aquí voy a buscar otra vez ayuda en mi bagaje personal, dentro de esta experiencia vital en la  que se enmarca la labor de las jóvenes estudiantes europeos, quienes agrupados en una miríada de asociaciones de nombres o siglas más o menos pronunciables mantienen un ideal común, resumido en una palabra:  Europa.

Desde mi experiencia, puedo hablar en particular de una de ellas, la Erasmus Student Network o ESN, en la cual gozosamente he colaborado durante varios años, con la que realicé grandes proyectos y hoy con gente y ánimos renovados sigue al pie del cañón ayudando a los Erasmus día a día.

 

esn logoProbablemente su rasgo principal y más característico sea su origen, la  Erasmus Student Network nació en respuesta a una necesidad, la que indicaron un grupo de  los  3000 pioneros del programa ante la comisión, cuando al ser invitados para hablar de su experiencia, allá por 1989, estos coincidieron en indicar, dentro del buen resultado del programa, el mal trago que supuso llegar a la universidad de destino, la sensación inicial de desamparo antes de adaptarse a una cultura y un sistema de vida en algunos casos diametralmente opuestos  a los suyos. Esto era algo que iba más allá de las capacidades de la universidades de acogida. Así que aquel grupo consideró que la única opción era que los antiguos Erasmus ayudasen a los nuevos ayudando a otros Erasmus.

 

Desde entonces, ESN no ha dejado de crecer hasta alcanzar 33 países y casi 250 secciones por todo Europa, ayudando a los Erasmus que llegan a conocer e integrarse en la cultura de su país de acogida y, al mismo tiempo, ampliando su margen de acción hasta convertirse en uno de los movimientos europeos que más apoya la creación de un Espacio Europeo de Enseñanza y todo aquello que fomente la movilidad estudiantil .

 

Ahora bien, ¿Quién mejor que una organización de antiguos Erasmus para entender e intentar definir aquello que lo  hace único? En la búsqueda de este santo grial , hará ya 4 años en la reunión anual en Helsinki, fue cuando  se acuñó un palabra para describir el espíritu Erasmus, lo que se bautizó como el Pallomeri Spirit o simplemente Pallomeri.

 

Pero esta palabra no fue casual, fue tomada prestada del finlandés y su  significado real era “Piscina de bolas de plástico”. Muchos pensarán que no es más que una chiquillada o producto de un exceso de alguna bebida  alcohólica europea, tal vez, pero sin quererlo, la gente de ESN habían  encontrado lo que hace especial al Erasmus y es que en esta palabra  se encierra de un modo simple la razón de su grandeza..

logo_pallomeri Imaginemos que tenemos una pelotita de plástico, con ella podemos jugar un rato,  pero no tardaremos en cansarnos y obviamente con una pelotita nunca podremos  llegar a completar nuestro Pallomeri. Sin embargo, si tenemos una gran cantidad de pelotitas de colores tendremos nuestro Pallomeri y con él una experiencia inolvidable. Esa es la clave.  Cada  estudiante es como una pelotita, no importa dónde lo sitúes, en la UCM, en la Sorbona o en el Politécnico de Helsinki, sólo no es nada. Agrupemos ahora ese estudiante con otros en su misma condición y provenientes de toda Europa, jóvenes con miedos, ideas y deseos comunes (como muchos de los que estáis aquí)  es decir, de todos los colores, y metámoslos en un mismo recipiente llamado Programa Erasmus. Solo así tendremos nuestro Pallomeri, en definitiva, sólo así alcanzaremos  la magia del Erasmus.

La experiencia Erasmus no la hace grande ni su beca, ni su aprendizaje académico como tal, eso se puede conseguir en otros programas, lo que la convierte en algo inolvidable es la gente que la compone, esa es la gran verdad y mérito. Sois vosotros, los Erasmus quienes dais la grandeza a este genial invento, da igual que se llame Erasmus, Séneca, Leonardo, Sócrates, o David Beckam  etc….  Muchos de los aquí presentes pensáis que el Erasmus que llega ahora a su fin no habría sido igual en otro sitio, tenéis razón, pero también  habría sido una experiencia única con otras gentes y otras circunstancias. La realidad es que sois los estudiantes quienes  hacéis realidad el sueño Erasmus, el programa por si solo no vale nada, es un mero vehículo para que los europeos encuentren a otros europeos.

Una verdadera Europa unida  no se hará a golpe de medidas económicas, sino a golpe de sentimientos y experiencias comunes y, hasta el momento, el programa Erasmus ha sido y seguramente seguirá siendo ese vehículo. Hace 60 años, las primeras comunidades europeas se unieron por temor a la guerra, una guerra que sufrieron todos por igual. Tal vez haya llegado el momento de que la fuerza que una a Europa sea el amor hacia ella, un amor que nace y crece a partir de la experiencia Erasmus..

 

No quisiera acabar mi intervención sin recordar una vez más las palabras de Jean monnet cuando hablaba de “La gran revolución europea de nuestra época, la revolución que viene a reemplazar las rivalidades nacionales por una unión de pueblos en la libertad y la diversidad, la revolución que permitirá un nuevo renacimiento de nuestra civilización, esta revolución a comenzado con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero”

Tenía razón, pero han pasado 6 décadas desde entonces  y la unión debe hacer frente a nuevos retos, siendo probablemente el más importante entre ellos:  la necesidad de reimpulsar el espíritu que la hizo posible, Europa necesita una nueva revolución.

Creo firmemente que esa nueva revolución se acerca, lenta pero inexorable y se llama  Erasmus. En 1950 bastaron un puñado de hombres con un mismo sentimiento, con un mismo ideal,  para sentar las bases de lo que hoy es la unión europea. Y yo me pregunto si un puñado hizo todo eso ¿Qué no podrán hacer 3 millones de personas con un mismo sentimiento? Sólo el tiempo lo dirá

 

¡Muchas gracias y Pallomeri a todos!

 

Íñigo Cruz Martínez – expresidente de ESN-UCM, miembro de ESN-Alumni, colaborador de JEF y UEF.

No unimos países, unimos personas, Erasmus- 1ª parte

Por : Íñigo Cruz

Originalmente, el presente artículo fue escrito hace unos años para celebrar el aniversario del programa Erasmus, desde entonces, el programa ha ganado mayor presencia en la realidad europea,  en forma de Erasmus +, pero su contenido no ha perdido ni un ápice de su validez  y de ahí su publicación.

 

Nos encontramos hoy en un marco singular para celebrar el 20 aniversario del Programa Erasmus. La Complutense e, a día de hoy, la universidad que más Erasmus recibe y envía de Europa y, dentro de ella, la facultad de CC. Políticas donde hoy nos encontramos. Esta facultad es una de sus principales componentes, lo que añade un sabor especial a la celebración auspiciada por la Cátedra Jean Monnet.

La verdad es que cuando me invitaron a participar en este evento para hablar de la experiencia Erasmus acepté sin pensar y claro, nada mas colgar el teléfono me asaltaron las dudas: “vale, tengo que hablar del programa Erasmus, todos creemos saber qué es, pero ¿De verdad es un instrumento que integra a Europa?¿No estaremos yendo un poco lejos? ¿Por qué es tan especial?¿Qué convierte al Eramus en lo que es?”

 

Estas preguntas me hicieron reflexionar y me embarqué en una pequeña búsqueda, tanto a través de la historia, como de mi propia experiencia como becario Erasmus y después ayudando a los estudiantes Erasmus de esta universidad. Finalmente, creo tener la respuesta y mi intención aquí hoy es compartirla con todos ustedes..

Permítanme ahora hacer un pequeño viaje al pasado, para ello, nos bastará la herramienta Erasmus por excelencia, es decir, Holbein-erasmusInternet. Tras teclear las palabras adecuadas, nuestra búsqueda nos lleva hasta un tal Erasmo de Rótterdam, quien como todos saben ,pero mucha gente olvida, ha dado nombre al programa que hoy nos trae aquí. Pero no voy a recordar todos los méritos de uno de los mayores pensadores europeos, para el cual las fronteras y los países no existieron ( Labor meritoria la de recorrer Europa  cuando todavía no se había inventado los vuelos de bajo coste-low cost, ni siquiera el Inter.-rail) tan solo quiero recordar una frase suya que llamo poderosamente mi atención  :“Para el hombre dichoso todos los países son su patria.

 

 

Interesante, aunque  no bastaba para resolver mis dudas, así que seguí navegando hasta toparme con la biografía de un mozalbete francés, consumado viajero, quien recién comenzado siglo XX, y a la temprana edad de 16 años su padre lo envía a estudiar a Inglaterra. Antes de partir, su padre le ofreció  un  consejo :

“No importan los libros, nadie puede pensar por ti, mira por la ventana, habla a la gente”.

                     

 Según parece y cuenta la historia, aquel mozalbete  escuchó y aprovechó el consejo, se llamaba Jean Monnet y, varías décadas después, destacaría como uno de los padres fundadores de la Comunidad Europea. Avancemos unos años más, pongamos hasta un 9 de mayo de 1950, en París, y recordemos algunas de las  palabras que Jean Monnet dejó escritas en su discurso para Robert Schuman:

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 “De este modo se llevará a cabo la fusión de intereses indispensables para la creación de una comunidad económica y se introducirá el fermento de una comunidad más profunda entre países que durante tanto tiempo se han enfrentado en divisiones sangrientas »

 

 

Ese fermento al que hace alusión ¿Qué era exactamente?¿ Era solo carbón y acero?…¿Pudo estar pensando en algo llamado Erasmus? Esta duda me asalta con más fuerza cuando leo que 2 años más tarde Monnet declaró respecto al proyecto de comunidades europeas lo siguiente:

“nosotros no unimos países, unimos personas”

 

Pero cómo pensaba hacerlo ¿Estaba pensando unirlas  a golpes de acero y carbón? Sinceramente lo dudo, pero desde luego no era algo sencillo lo que proponía.

 

Nuevamente, otro salto en el tiempo: 1987. ¿En qué pensaban los miembros de la comisión cuando establecieron un programa de intercambio bajo el nombre de “Erasmus”? Sin duda buscaban nuevas herramientas para una mayor integración europea , pero realmente ¿Sabían lo que estaban creando?¿Eran capaces de vislumbrar en qué se convertiría el programa Erasmus? Con la ventaja de tener la perspectiva del tiempo de mi parte, creo que no. Hasta aquí hemos visto el esquema teórico  y es aquí donde palabras y sentimientos se separan, hemos de empezar a hablar de algo que no se puede describir fácilmente y que por espacio de 20 años no ha dejado de propagarse: la experiencia Erasmus.

 

Aalto-University-to-Lead-International-Lloyds-Register-Foundation-Research-Centre-of-ExcellenceMe van a permitir ahora que personalice el relato y vayamos a un  pasado más reciente  para salir de la neblina de la historia y entrar en la cruda realidad en la que un joven como muchos, en este caso un servidor, le  anunciaron que le habían dado un Erasmus a Finlandia, en concreto a la universidad Técnica de Helsinki, Tecnillinen korkeakulu para los amigos (Aalto University ahora). Por fin podría disfrutar de eso que tanto había oído hablar,  el mítico Erasmus.. ¿Sería verdad que era pura fiesta? …¡No! Era mucho más que eso

 

 

El Erasmus es una extraña aventura. Cuando uno recibe la beca siente miedo, vértigo, ante la experiencia que se avecina. Antes de solicitarla, todos hemos oído hablar de la beca Erasmus  y nos hemos forjado mil ideas de cómo será. A su vez, los pensamientos más comunes antes de emprender el viaje son: ¿Cómo pago yo esto?¿Seguro me divertiré tanto como mi vecino, primo, hermano, etc..? y en algunos casos ¿ Qué asignaturas me convalidarán? En mi caso se añadía otra de vital importancia ¿Haría mucho frío en Finlandia?.

Y cuando subimos al avión, como si fuera una montaña rusa,  lo único que se nos pasa por la mente es “¡Socorro! Quiero bajar, pero si yo en realidad no me quiero ir!” tan distinto de lo que diremos al final de nuestra beca “¿Ya se acabó? Pero, ¡si yo no quiero volver!”

 Dicen que los estudiantes cuando regresamos tenemos la cabeza llena de pájaros;  en mi caso, y sé que no soy el único, no fueron pájaros, fueron estrellas amarillas flotando en un fondo azul lo que tenía en la cabeza (y aún siguen ahí dentro). Y fue en ese momento cuando empecé a vislumbrar el secreto del Erasmus. Mi Erasmus había discurrido como un sueño,  fueron 9 meses que pasaron en 9 segundos, pero en los que viví  la experiencia de 9 años. Comprendí  el secreto que encierra el Erasmus, algo que solo se comprende al final la experiencia, del sueño  Erasmus,  y es que aquellos que van de Erasmus nunca vuelven. Vuelve otra persona distinta.

 

Tras este maravilloso sueño, uno ha dejado de ser Español, Checo, Inglés o Chipriota, acaba de nacer un ciudadano europeo. Efectivamente, Erasmo tenía razón. “Para el hombre dichoso todos los países son su patria”. Cuando uno ha sido Erasmus no  hay país donde uno no se sienta cómodo o frontera imposible de cruzar. Igualmente el consejo que Jean Monnet recibió de su padre tomaba forma, en ningún libro te explican, ni podrán explicar jamás, lo que puede suponer el Erasmus en tu desarrollo personal. La física o la política que uno aprende allí fuera es la misma que puede aprender aquí, pero la experiencia ,¡no de conocer!, sino de  vivir y sentir en otro país, otra cultura y otra gente, ni en el mejor de los masters puede darte.

Continuará….