Paz armada en el Donbass – 2ª Entrada

Guerra de ucrania

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Movimiento armado miliciano: El triunfo de la ultraderecha

Otro de los asuntos que más controversia está suscitando es la aparición de nutridos grupos de voluntarios en suelo ucranio. Estas milicias, que en su mayoría engrosan las filas prorrusas, pretenden emular a nuestras conocidas Brigadas Internacionales. Sin embargo, nada podría resultar más paradójico que esta comparación: la inmensa mayoría de estos voluntarios se enmarcan dentro de grupos ultranacionalistas, ya sean proucranios o prorrusos. Los cosacos del Don y del Kubán, por ejemplo, son el grupo más voluminoso entre los voluntarios separatistas, destacables además por su exacerbado ultranacionalismo eslavo. Por otro lado, también son nutridas las tropas pertenecientes a las agrupaciones paramilitares Movimiento Imperial Ruso o Unidad Nacional Rusa, fervientes ultrahortodoxos que incluso llevan consigo iconografía Zarista. Más negro es el panorama revelado por los voluntarios Chetniks serbios, ultranacionalistas, monárquicos y tristemente famosos por sus nutridos crímenes de guerra perpetrados en las Guerras Yugoslavas de los años 90. Con todo esto, y a pesar del esfuerzo de los integrantes de la Guardia Roja del Donbass, las evidencias no dejan de demostrar que las características de estos milicianos, en su mayoría ultrahortodoxos, fervientes nacionalistas eslavos e incluso monárquicos hacen difícilmente asequible su comparación con las Brigadas Internacionales.

Por otro lado, los integrantes de las milicias gubernamentales presentan una estructura netamente neofascista. El grupo paramilitar Sector Derecho es el principal actor dentro de este escenario. A este colectivo, que se le acusa el perpetrar la quema del edificio de Odessa en el que más de 40 civiles prorrusos murieron terriblemente calcinados, se le trata con una especial connivencia cerca del Donbass. Además de esto, el partido político Svoboda, que posee las carteras de vicepresidencia y del ministerio del interior, afirmó en lo referente a la polémica matanza de Odessa la afirmación  “que los demonios se quemen en el infierno”, escenificando su postura ante el conflicto. A este partido también se le acusa de financiar cualquier tipo de agrupación militar con tal de que esta luche frente a los prorrusos, entre las que destaca el Batallón de Azov, abiertamente declarado fascista y neonazi al igual que el anteriormente citado Sector Derecho.

Así pues, ambos bandos se encuentran inmersos en una vertiginosa y arriesgada espiral en la que cada vez más milicias luchan abiertamente en sus bandos. Unas milicias que realmente luchan por sus propias ideas, y que en última instancia sólo rinden cuentas ante sí mismos. El riesgo que ambos contendientes asumen aceptando a estos hombres aumenta cada día. Sin ir más lejos, muchas de estas milicias no han aceptado ninguna de las treguas pactadas, y es previsible que tampoco las acepten en el futuro. Ucranianos y prorrusos no parecen darse cuenta de que existe un riesgo cada vez mayor de que la consecución o la distensión de este conflicto cada vez esté más lejos de sus manos.

De los Acuerdos de Ginebra a Minsk II: el triunfo de la diplomacia europea.

Sin embargo, un pequeño rayo de esperanza ha conseguido colarse en medio del conflicto ucranio gracias al acuerdo de Minsk II. Un acuerdo que necesitará de posteriores remodelaciones y rediscusiones, pero que sin duda puede ser el primer punto sobre el que poder construir una base sólida para la resolución del conflicto. Los acuerdos firmados el 11 y el 12 de Febrero de 2015 en Minsk II parecen haber mitigado en parte el sangrante conflicto del Donbass. Por fin, un acuerdo comienza a reducir las escaladas de violencia. Atrás quedaron ya aquellos acuerdos de Ginebra o Minsk I. Sin embargo, han tenido que repetirse dos fracasos diplomáticos consecutivos hasta llegar a este punto. En Ginebra, el error fue deducir que un acuerdo con Rusia llevaría implícito un acuerdo con las Repúblicas de Donetsk y Lugansk, y pronto se vio que el Donbass no era una simple extensión de Rusia. Los líderes separatistas, indignados, afirmaron que la paz debía de negociarse con ellos, y no con Putin.  Afirmaron también que no reconocían esos acuerdos, y con ello, los acuerdos de Ginebra de Abril de 2014 quedaron en papel mojado.

Más complejas fueron las conversaciones del Protocolo de Minsk efectuadas entre el 5 y el 6 de Septiembre de 2014. Esta vez, los representantes de Donetsk (Alexánder Zajárchenko) y Lugansk (Ígor Plótnitski) fueron invitados, pero no ocurrió lo mismo con las delegaciones europea y americana, que sin embargo si habían estado presentes durante los acuerdos de Ginebra. Apenas habían transcurrido dos días desde la Cumbre de Newport de la OTAN en la que se había aprobado la creación de una Fuerza de Intervención Inmediata constituida por 5.000 hombres y con sede en Polonia, por lo que difícilmente podían estar los aires más caldeados. Es cierto que la tregua se firmó, pero en apenas unos días estalló la segunda batalla por el Aeropuerto Internacional de Donetsk, y a pesar de que los comunicados oficiales negaban la continuidad del conflicto, en Octubre se escenificó lo evidente y ambas partes admitieron que la tregua estaba rota mientras tanto los combates cuerpo a cuerpo se sucedían en el aeropuerto y la marina ucraniana minaba el mar de Azov. Una vez más, un conato de tregua había precedido a un recrudecimiento atroz del conflicto.

Tras estas negociaciones infructuosas, se decidió formar un nuevo grupo de negociaciones en lo que se definiría como Minsk II. Estas negociaciones, efectuadas durante el 11 de Febrero de 2015, reunieron tanto a los máximos representantes de Donetsk y Lugansk como a los principales actores en el plano internacional: Poroshenko, actual presidente de Ucrania, Putin, Merkel y Hollande. Todo ello supervisado además por la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa). Las negociaciones, que superaron las 16 horas de extensión, fueron calificadas por el ministro de exteriores alemán Frank-Walter Steinmeier como “muy difíciles”, mientras que Hollande afirmaba que esta era la “última oportunidad para la resolución del conflicto”. Por otro lado, resulta significativa tanto la ausencia de EEUU como las palabras del ministro de exteriores ruso Serguei Lavrov, que afirmaba que esta vez “había buenas razones para el optimismo”. Aunque visto lo visto, resulta evidente que no todo depende de Rusia, ni mucho menos. Así pues, en estas nuevas negociaciones, las primeras que la UE tomaba en serio, los compromisos acordados parecen haber sido tomados con mucha más seriedad que en anteriores ocasiones. Y en parte, esto es resultado de las palabras que Mogherini, máxima representante de relaciones exteriores de la UE, ha lanzado a Poroshenko. Según Mogherini, y en lo referente a la entrada a la UE de Ucrania, afirmó que “La prioridad era la resolución de sus problemas internos”, en una clara alusión de que lo principal ahora son las negociaciones de paz. Poroshenko ensalza una bandera proeuropea que cada vez es vista con mayor escepticismo desde Europa. Evidentemente, la UE está dispuesta a aliarse con Ucrania, pero no a cualquier precio. En cuanto a las disposiciones de Minsk II, se firmó un alto el fuego, la retirada de la artillería pesada, la delimitación de 50km de “tierra de nadie” para evitar conflictos y el envío de una ayuda humanitaria que el Donbass necesita con urgencia. Y aunque todo esto no se haya cumplido a raja tabla, sí es cierto que es la primera vez que se ve una intención por ambas partes de mitigar aunque sea en parte el conflicto. Por primera vez, la UE se inmiscuye seriamente en estas negociaciones de paz, y estas se han revelado también por primera vez como unas negociaciones útiles, demostrando una vez más que la UE sigue teniendo capacidad diplomática para la resolución de todo tipo de conflictos.

 

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Paz armada en el Donbass – 1ª Entrada

Esrito por: Álvaro Ibañez Fagoaga

No son pocos los que aún se preguntan cómo el conflicto ucraniano ha podido llegar hasta donde ha llegado. De dónde salen estos prorrusos y por qué apenas hemos oído hablar de ellos hasta ahora. Y cómo puede ser que un país que considerábamos tranquilo pueda encontrarse ahora envuelto en semejante guerra fratricida. Pues aunque se considere esta guerra entre rusos y ucranios, estos no dejan de ser por ello primos-hermanos.

Guerra de ucrania

Historia de un conflicto

La historia de la nación rusa está íntimamente ligada a la de Ucrania. El Rus de Kiev, primer estado fuerte y consolidado del Este de Europa, asentó en el siglo X lo que fue uno de los más poderosos del momento, en el cual se integraban tanto la Rusia europea como Bielorrusia y Ucrania. El génesis de estos tres estados reside aquí. Sin embargo, los conflictos entre ucranianos y rusos no han dejado de extenderse desde entonces. Destacan entre estos el continuo intento de “rusificación” de Ucrania perpetrado por los Zares o la brutal hambruna a la que fue sometida durante la era estalinista. Momentos que sin duda siguen grabados en el imaginario colectivo de las gentes de Ucrania como unos de los periodos más negros de su historia. Sin embargo, y a pesar de todo, no podemos negar que la historia es la que es. Además de esto, y aquí reside en parte el origen de este conflicto, Stalin otorgó la cuenca del río Donets a los ucranianos en la década de los 20 del siglo pasado. La cuenca del Donets, conocida hoy como el Donbass, es donde se ubican las Repúblicas Populares de Donietsk y Lugansk, creándose desde entonces una paradójica situación: Estos dos Óblasts (provincias) se constituyeron desde entonces como parte del estado ucraniano a pesar de caracterizarse como regiones de mayoría de habla rusa.

Además de esto, en las elecciones presidenciales de 2011 el voto del Este de Ucrania en favor de Yanukovich fue masivo. Víktor Yanukovich, que también fue gobernador del Óblast de Donetsk de 1997 a 2002 y Primer Ministro de 2002 a 2004, escenificaba ya desde hacía tiempo la inclinación prorrusa del Este de Ucrania en su Partido de las Regiones. Este fue el hombre que huyó de la presidencia de Ucrania durante las protestas del Euromaidán. Yanukovich, que representaba mejor que nadie la división política y lingüística del país, también fue quien terminó de enemistar a las dos realidades ucranianas tras su presurosa huida. Tras esconderse en Rusia, el Este de Ucrania amenazó con sublevarse,  y las elecciones presidenciales de 2014, en las que amplias regiones del Este no ejercieron su derecho al voto en un claro símbolo de oposición a la presión del Euromaidán, terminaron de cristalizar la sublevación que desembocó en el conflicto actual.

Llantos de sangre en el Donbass

A partir de entonces, la escalada de violencia no cesó de aumentar hasta consolidarse como un verdadero conflicto armado. Tras los acuerdos fallidos de Ginebra, el gobierno ucranio secundó una ofensiva total para recuperar Slaviansk, Kramatorsk y Mariúpol a principios de Mayo de 2014. Se preveía una reconquista relativamente fácil, pero hicieron falta casi 3 meses y multitud de hombres y pertrechos para llevarla a cabo. Una ofensiva dura por parte del gobierno, en la que no faltaron durísimos ataques artilleros, ofensivas repletas de carros blindados o apabullantes ataques aéreos indiscriminados incluso frente a zonas urbanas. A su vez, Lugansk y Donetsk secundaron sus propios referéndums populares en los que el voto favorable a la independencia frente a Ucrania superó el 90%. Donetsk incluso solicitó la adhesión a Rusia, pero ésta se mostró cautelosa, por lo tanto las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk declararon la creación del Estado de Novorossia el 24 de Mayo de 2014.

Tras la toma de estas 3 ciudades (Slaviansk, Kramatorsk y Mariúpol), el nuevo objetivo se centró en el Aeropuerto Internacional de Donetsk y sus alrededores, donde el gobierno ucranio aún mantenía una cierta presencia militar. Durante los meses de Agosto y Septiembre, el aeropuerto, Debáltsevo y el cerro de Saur Mogila se convirtieron en los nuevos frentes de batalla. Sin embargo, las anteriores conquistas del gobierno ucraniano se convirtieron en efímeras, transitorias y extremadamente costosas en vidas y material. El cerro de Saur Mogila, situado entre la ciudad de Donetsk y la frontera rusa, representaba el enclave perfecto para controlar la ciudad y sus alrededores. Sin embargo, esta vez fueron los prorrusos quienes se alzaron con una victoria de una enorme importancia simbólica. El cerro de Saur Mogila, escenario de violentos combates durante la Segunda Guerra Mundial, recordaba con un monumento destrozado durante estos combates la victoria de la patria rusa frente al fascismo, al cual ahora intentan personificar los prorrusos con el gobierno ucranio. Por otro lado, el intenso bombardeo del Aeropuerto Internacional de Donetsk sólo sirvió para una efímera reconquista parcial que volvió a desaparecer rápidamente. Pero fue en Debáltsevo donde el ejército ucraniano sufrió su derrota más severa. Debáltsevo, potente nudo ferroviario absolutamente vital para las comunicaciones en el Donbass, había sido cercado por las tropas prorrusas. En Kiev, saltaron todas las alarmas: más de 5.000 soldados habían quedado encerrados en una bolsa, y en una clara omisión a Minsk II, ambos contendientes se enfrascaron en una de las batallas más duras que hasta ahora se habían dado en el conflicto. Sin embargo, esta vez la victoria no vino de lado de las fuerzas gubernamentales. La primera batalla en la que las milicias populares de Donetsk y Lugansk actuaban de manera conjunta se convirtió en una notable victoria para sus repúblicas. Más de 300 bajas fueron contabilizadas entre las tropas ucranias, y otras muchas tuvieron que abandonar apresuradamente la ciudad para evitar un desastre mucho mayor. Así pues, el intento de cortar las comunicaciones entre Donetsk y Lugansk había fracasado, y el intento de hostigar a Donetsk por el flanco por el cerro de Saur Mogila se había mostrado también infructuoso.

Así las cosas, ni uno ni otro parece tener la capacidad suficiente como para derrotar a su “enemigo”. Es cierto que en estos últimos combates el avance prorruso ha sido notable, pero resulta imposible imaginarles reconquistando  Kramatorsk o Mariúpol. Su moral es altísima, pero no así su arsenal bélico. Las milicias de Donetsk y Lugansk están dispuestas a luchar hasta el último hombre, pero su arsenal les limita enormemente en las operaciones ofensivas. Por otro lado, la situación al otro lado del frente no podría ser más diferente. Es evidente que el ejército ucraniano posee una apabullante superioridad logística y ofensiva, pero sus hombres, reclutados en su mayoría de una manera forzosa, no están dispuestos a entregar sus vidas por un pedazo de tierra que apenas les importa. Poseen más tanques y aviones, pero saben también que se enfrentarán frente a hombres más que dispuestos a morir por su causa, cosa que ellos no pueden afirmar.

 

 

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Navidad de 1914: 100 años de un rayo de esperanza

Escrito por: Álvaro Ibañez Fagoaga

 

Este artículo no es un artículo cualquiera. Desde El Nuevo Federalista pensamos en su momento que sería idóneo escribir un artículo relacionado con las fechas Navideñas. Un artículo que intentase sacar algo en claro dentro de estos momentos tan difíciles. Porque siempre es ardua tarea buscar el optimismo entre las dificultades. Crisis económica, Ébola, euroescepticismo, Charlie Hebdo, Estado Islámico… conceptos como estos aparecen día si y día también entre nuestras conversaciones. Y es precisamente por eso, porque las tragedias no cesan de aparecer, por lo que vemos realmente necesario hacer un artículo como este. Porque desde El Nuevo Federalista, nunca permitiremos que el optimismo camine en soledad.

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100 años se cumplen ya de la injustamente desconocida Tregua de Navidad. Eran tiempos de sangre y dolor, en los que la cruenta Primera Guerra Mundial había llegado para quedarse. Los tiempos en los que la juventud de Europa sangraba y moría en los campos. Tiempos de dolor y sufrimiento. Sin embargo, también fueron tiempos de humanidad y festejo. En aquellas Navidades de hace justamente un siglo, Europa demostró que, incluso en el fragor del combate más implacable, el hombre era capaz de vencer a la muerte, de confraternizar, de ser lo que verdaderamente es, un ser humano. En medio del conflicto que pasó a la historia por la brutalidad y la insensatez de la guerra total, un hecho insólito, inesperado y espontáneo aconteció una de las mayores victorias de la historia de la humanidad. Un triunfo que no dependió de los generales ni de sus armas, sino de la propia condición humana.

Apenas unos meses antes, el terrorífico potencial de la maquinaria bélica europea había comenzado a mostrarse en su rostro más crudo. La era de las ametralladoras, los aviones, y las trincheras había comenzado. La ingenuidad o el desconocimiento inicial hizo creer a las masas que la guerra terminaría pronto, y que, con un poco de suerte, incluso volverían a casa por Navidad. Nadie esperaba una guerra larga y sangrante, y todos estaban absolutamente convencidos de que su bando sería claramente el vencedor. Sin embargo, nada estuvo más lejos de la realidad. Alemania, obsesionada por la guerra en dos frentes, fue la primera en actuar. El conocido como plan Schlieffen aspiraba conquistar París y forzar la rendición francesa en apenas unos meses. Sólo así podrían hacer frente después al imponente ejército ruso. Inicialmente, y pese a la obstinada resistencia belga, los alemanes avanzaban inmisericordemente hacia París. Pronto, el descalabro francés parecía inminente, pero un desesperado contraataque galo a las orillas del Marne consiguió frenar la apabullante envestida germana. París quedaba aún a unos cuantos kilómetros, y la ventaja de la movilidad y la sorpresa se había desvanecido. Aquella guerra, que se avecinaba efímera y transitoria, comenzaba a adquirir cuerpo.

Poco a poco, la tropa comenzó a percatarse de que aquel conflicto llevaría mucho más tiempo del que había alcanzado a imaginar. Las trincheras se extendieron desde el Mar del Norte hasta Suiza, superándose los 1000km de extensión. Millones de hombres se adentraron entonces en aquel infernal mundo subterráneo, en el que incluso asomar la cabeza podía suponer la más segura de las muertes. Aquella “excursión del 14” había terminado por convertirse en un conflicto con empate técnico, en el que sólo una larga y cruenta contienda podría desatascar el atolladero. En aquel preciso momento, se hizo evidente que esta guerra necesitaba de novedosas e innovadoras motivaciones. los soldados necesitaban nuevos alicientes para poder soportar aquella crueldad sin igual. Este fue el momento de la propaganda. La nación debía ser motivada, y los folletos haciendo alusión a explícitas violaciones o a macabras matanzas por parte del enemigo fueron tan sólo una parte de todo el arsenal propagandístico del que se hizo uso durante la guerra. Se debía hacer calar en lo mas hondo de los corazones el miedo y el odio más irracional. Aquello debía ser el motor de esta nueva guerra, en la que todo sentimiento o límite preestablecido parecía desvanecerse a cada día que pasaba.

En este contexto se llegó al mes de Diciembre de 1914. La guerra efímera, desvanecida. El avance, estancado. Y las muertes, pulverizando cualquier marca hasta entonces conocida. La desesperanza comenzaba a calar en lo más hondo de ambos bandos. La Navidad se acercaba cada día más, así como se distanciaba la motivación por el combate. La soldadesca de ambos contendientes comenzó a pensar que no podían ser tan diferentes de aquel contra el que se enfrentaban. Su enemigo también sufría el hambre y el frío, sufría por la muerte de sus compañeros, y, sobretodo, sufría enormemente por pasar las Navidades en aquella fría e inhóspita llanura. Una llanura con olor a muerte y desolación, en la que la estampa navideña brillaba por su ausencia.

Este panorama fue el reinante en aquella Navidad de 1914. Los mandos británicos, sabedores del escaso ímpetu combativo de sus tropas, prohibieron la ingesta de cualquier bebida alcohólica. Sin embargo, no fue así en el bando alemán. Pronto, los británicos se percataron de que un ruido cada vez mayor se acercaba proveniente de las trincheras alemanas. Los alemanes cantaban, y cantaban Noche de Paz. Aquello marcó profundamente a sus antagonistas británicos. Puede que no entendiesen la letra, pero el ritmo era idéntico en todos los países. No sabían exactamente que es lo que decían, pero bastaba con entender lo que ya entendían en ese momento. Y fue aquí donde comenzó el milagro. De pronto, los británicos comenzaron a cantar también Noche de Paz. Y a pesar de que se cantase en diferentes idiomas, el ritmo era el mismo. En el frente de Ypres, Bélgica, británicos y alemanes cantaban conjuntamente aquella canción navideña. Se constató en ambos bandos que nadie quería ya luchar, que esta guerra estaba acabando con cualquier rastro de humanidad. “Esto debía terminar”, pensaban muchos de los soldados , y debía terminar en aquel preciso momento.

Al día siguiente, los británicos asomaron tímidamente sus cabezas por encima de las trincheras. Aquella insensatez solía costarle la cabeza al incauto que lo intentase. Sin embargo, no fueron disparos, sino amigables saludos, lo que recibieron desde el otro lado. Para sorpresa de los británicos, los alemanes ondeaban ostensiblemente sus brazos desde sus trincheras. Espontáneamente, y desoyendo claramente las órdenes de sus mandos, la tropa decidió que aquel día era un día de festejo, un día de confraternización con el enemigo, un día para recordar en los anales de la historia. La soldadesca de ambos bandos se alzó en aquel instante y comenzó a andar hacia la aterradora tierra de nadie. Británicos y alemanes se juntaron en medio de estas tierras, y sin mediar apenas palabra, los apretones de manos y los abrazos se fueron multiplicando. Nadie entendía bien que estaba sucediendo, pero una cosa quedaba ya del todo clara, el día de Navidad de 1914 no habría combates en el frente occidental. Aún y todo, el panorama era absolutamente aterrador. Los combates se habían alargado durante semanas, y en ningún momento se dio pie a poder recoger a los cientos y cientos de muertos que asolaban estas tierras. Sus antiguos compañeros, hinchados y destrozados, se arremolinaban caóticamente por todo el frente. Y fue aquí donde el milagro se amplió más si cabe. Unos y otros comenzaron a dar conjuntamente sepultura a sus muertos. Los británicos, rendían honores a los alemanes caídos. Y los alemanes, hacían lo propio con sus homólogos británicos. Incluso los oficiales comenzaron a empaparse de este peculiar ambiente navideño. El tabaco, la comida, e incluso los cascos comenzaron a intercambiarse. Tal fue la confianza creada, que incluso algunos alemanes prometían dar el casco sólo tras el desfile que tendrían al día siguiente. Y así fue. Porque en Ypres, donde inicialmente se dio esta Tregua de Navidad, esta no se circunscribió tan sólo al propio día 25, sino que llegó a alargarse varios días más. Días de paz en tiempos de guerra, en los que incluso se llegaron a jugar partidos de fútbol.

Fueron tiempos de una Europa verdaderamente valiente. De unos soldados que, a sabiendas de que la confraternización con el enemigo podía llevarles a un tribunal militar, decidieron apostar por la humanidad y la comprensión. Hombres que formaron parte de esa Europa que, cuando es valiente, es capaz de mostrarnos la mejor cara de la humanidad, pero que cuando es cobarde, también es capaz de lo peor. Vivimos ahora en una Europa obsesionada por la idea de todo lo que ha sido, pero que ciertamente parece que ya no es. Una Europa que fue el faro social y cultural del mundo, pero que ve como lentamente estos faros se escapan o disgregan. Nos mostramos cada vez más escépticos respecto a nosotros mismos. Cuando esto no es más que un absoluto error. Y son ejemplos como estos los que deben hacernos recuperar la confianza. El ver que, incluso en la guerra más desoladora que jamás había conocido Europa, la condición humana se negó por un momento a seguir vertiendo sangre. Que ni siquiera con la brutal propaganda se consiguió eliminar del hombre el último rastro de humanidad. Ver que, incluso en momentos de guerra, de sangre y de sufrimiento, Europa era capaz de perdonar, de comprender, y de, en definitiva, demostrar realmente que nuestro faro aún no se había apagado. Aquel día, el ser humano en su conjunto había vencido, y ante eso, no existía ninguna discusión.

 

Estado Islámico: el Terror del Califato de Al-Baghdadi (I)

Por: Álvaro Ibáñez Fagoaga

El  autoproclamado Estado Islámico se ha hecho con el control de parte del territorio iraquí y sirio. La organización terrorista, secesión de Al-Quaeda, pretende seguir expandiéndose hasta  instaurar un Califato que se extienda hasta la Península Ibérica. Al igual que sucediera en la Segunda Guerra Mundial, se prevee necesaria una alianza de civilizaciones para hacer frente al enemigo común. 

Abu Bakr Al Baghdadi, autoproclamado califa del EI

La fulgurante escalada que las tropas de Abu Bakr Al-Baghdadi, autoproclamado Califa del EI, han realizado en territorio sirio-iraquí  ha puesto en jaque a todo el panorama geopolítico de Oriente Medio. Con unos macabros métodos que escandalizan hasta al propio líder de Al-Quaeda, sus más de 30.000 combatientes fuertemente armados amenazan con sembrar el terror y el caos desde las lejanas fronteras de Pakistán hasta los Balcanes e incluso la Península Ibérica. O por lo menos éstos son sus objetivos, dado que las ambiciones que presenta esta relativamente nueva agrupación terrorista han ido materializándose con una velocidad alarmante en estos últimos meses, tanto que incluso comienzan a amenazar gravemente el territorio turco con el implacable asedio bajo el que está sometida la fronteriza ciudad de Kobane, a la que se le empieza a conocer ya como «la Stalingrado Kurda» del siglo XXI. Pero primero se debe analizar correctamente el germen de la organización que tanto preocupa ahora al panorama internacional.

Estado islámico de Irak y Estado Islámico de Irak y el Levante : Los precursores del «Califato».

Muchos se preguntan ahora cómo Occidente ha permitido que la situación haya llegado a tal punto. Se cuestionan  también cómo ha sido posible que, con la magnitud y el peligro de la organización, apenas nadie estuviese al corriente de ella hasta la captura relámpago de Mosul por parte de sus milicias. De pronto, una organización que hasta ahora nos había sido desconocida se había echo con el poder de la segunda ciudad más importante de Irak.Pero se ha de admitir que la creación de semejante organización no ha sido flor de un día, y que ha habido un largo proceso de gestación que ha posibilitado que este «califato» se haya podido extender de una manera tan fulgurante por importantes zonas de Irak y Siria.

En 2004, y con la coyuntura geopolítica de la invasión de Irak, Osama Bin-Laden ordenó a uno de sus hombres de confianza en la zona, Abu Musab Al-Zarqaui, la creación de una filial de Al-Quaeda en territorio iraquí. Así, con la creación del aún joven “Estado Islámico de Irak”, se comenzó a gestar la organización que ahora lidera con mano de hierro el «Califa Abu Bakr». Bajo el férreo control de Al-Zarqaui, la organización comenzó a perpetrar un gran número de atentados, entre los que se encuentran aquellos tristemente célebres que tuvieron lugar en tres hoteles jordanos o el macabro atentado a la sede de la ONU en Irak en 2003 conocido como «La tragedia de Bagdad». Las cruentas actuaciones del líder jordano propiciaron también que el gobierno norteamericano lo situase como el «tercer hombre más peligroso del mundo», sólo por detrás de Bin-Laden y de su lugarteniente y actual líder de Al-Quaeda Imán Al-Zawahiri, ascendiendo la prima por su captura de 11 a 25 millones de dólares.

De pronto, los ataques coordinados con coches bombas comenzaron a convertirse en una marca de la casa del Estado Islámico de Irak, erosionando por completo la coexistencia pacífica dentro del territorio iraquí. Además, y no contento con esto, Al Zarqaui declaró en 2005 la «guerra total» a los chiíes de Irak. En aquel momento, el ojo del huracán se posó sobre sus hombros, y en pocos meses EE.UU afirmó haber acabado con la vida del líder del Estado Islámico de Irak en una incursión aérea en las inmediaciones de la ciudad de Baquba, situada a 65km de Bagdad. Sin embargo, el daño ya estaba más que hecho, y en los siguientes años el azote de la guerra sectaria entre chiíes y suníes asoló el territorio de Irak con una violencia inusitada. En este periodo, y a pesar de la muerte de su máximo líder Al-Zarqaui, la organización adquirió un peso fundamental en la conocida insurgencia iraquí. Y a pesar de la reducción de la escalada de violencia a partir de 2009, y con la llegada al poder de la organización de Rashid Al-Baghdadi, la penetración que logró en las diferentes capas sociales iraquíes avecinaba que el terror ejercido por la agrupación no había hecho más que comenzar.

Pero fue con la llegada al poder de Ibrahim Alí Al-Baghdadi en 2010 cuando la organización comenzó a dotarse de la capacidad logística y militar de la que goza en estos días el Estado Islámico. Demostrando una gran habilidad en el terreno político y militar, Al-Baghdadi logró rodearse de varios de los mejores generales del extinto ejército iraquí de Sadam Hussein, y con el pretexto de la guerra civil siria, transformó el nombre de la organización en 2013 a «Estado Islámico de Irak y el Levante», evidenciando ya la participación directa de la organización en el conflicto. Esta participación se vio favorecida gracias al hecho de que la filial de Al-Quaeda en Siria, Al-Nusra, estaba y esta liderada por Abu-Muhammad Al-Golani, reconocido amigo de Al-Baghdadi. A partir de este momento, muchos de los combatientes sirios que antaño logró atraer el difunto Al-Zarqaui a territorio iraquí regresaron a suelo sirio para combatir a las tropas del gobierno de Bachar Al-Assad. En aquellos momentos, el Estado Islámico de Irak y el Levante seguía formando teóricamente parte de Al-Quaeda, pero en la práctica se mostraba ya evidentemente que la organización gozaba de una más que considerable autonomía.

Foto: rtve.es
Territorios del EI

El principio del fin de la condición de vasallaje que el «Estado Islámico de Irak y el Levante» poseía con Al-Quaeda comenzó a evidenciarse cuando en Abril de 2013 Al-Baghdadi afirmó en un comunicado que Al-Nusra era ahora su filial en territorio sirio. En aquel momento una ligera confusión se adueñó en todas estas agrupaciones terroristas debido al hecho de que Al-Nusra no podía ser a la vez la filial de Al-Quaeda y del Estado Islámico de Irak y el Levante. La confusión se zanjó cuando el propio Al-Golani afirmó que su lealtad seguía perteneciendo de una manera indiscutible a Al-Quaeda, y que las afirmaciones de su colega Al-Baghdadi no debían tomarse en serio. Fue en este instante cuando la frialdad de las relaciones entre las diferentes filiales de Al-Quaeda y las milicias de Al-Baghdadi se hizo más que evidente. Incluso se llegó a dar la pintoresca situación de que combatientes de Al-Nusra y el Estado Islámico luchasen uno frente al otro por el control de Deir Al-Zur, provincia norteña de Irak. Sin embargo, pronto Al-Nusra abandonó la lucha contra sus colegas iraquíes y anunció que mostraba  «su arrepentimiento» al haber comenzado una lucha contra sus compañeros de armas. Aún y todo, y a pesar de la vuelta a la «normalidad» entre estas dos agrupaciones, resultó del todo evidente que el Estado Islámico ya no gozaba del beneplácito del que gozaba hasta ahora de Imán Al-Zawahiri, actual líder de Al-Quaeda.

En este contexto, y con la llegada del 2014, Al-Baghdadi ha evidenciado  un  brillante ingenio con la operación que le ha otorgado la gran fama  que goza en la actualidad; agrupando a un considerable numero de sus combatientes, lanzó una sorpresiva y espectacular operación militar en todo el norte de Irak que desembocó en la ya conocida toma de Mosul por parte de sus milicias. Y no contento con esto, su avance siguió inexorablemente hacia el sur, hace apenas unos días un combate alcanzó las inmediaciones de un aeropuerto a las afueras de Bagdad, y el delegado provincial de la zona afirmó que “si no se secunda una operación terrestre, la próxima batalla será en las puertas de Bagdad”. A partir de aquel frenético ataque, Al-Baghdadi alteró de nuevo el nombre de su organización a un más simple Estado Islámico, y no satisfecho con eso, proclamó que todos los territorios bajo su poder formaban parte de un nuevo «Califato» que aspiraba a recuperar todos los territorios de los que antaño gozó el mundo musulmán. Autoproclamándose  «Gran Califa» y exigiendo la absoluta sumisión de todo el mundo musulmán a su persona, Al-Baghdadi alteró su nombre a «Abu Bakhr» haciendo una clara alusión al  Califa ortodoxo que gobernó el Imperio Musulmán durante parte del siglo VII y que además fue suegro del propio Mahoma. Con esta nueva estrategia, el «Abu Bakhr» del siglo XXI aspira a reconstruir los grandes estados musulmanes que antaño gobernaron la práctica totalidad de Oriente Próximo, el norte de África, los Balcanes e incluso la Península Ibérica.

Aliados y enemigos del Estado Islámico.

Tras estos frenéticos cambios acontecidos en Oriente Medio, la respuesta de los organismos estadounidenses fue rápida y contundente, y en palabras de su secretario de Estado John Kerry  afirmaron que “no permitirán que el cáncer del EI se extienda a otros países” haciendo un llamamiento a la puesta en marcha de una “ coalición global que diese soporte a las operaciones militares” . Y en este aspecto, la respuesta estadounidense se ha materializado en una ayuda logística total hacia los kurdos, quienes por ahora son los únicos que hacen frente en el campo de batalla a las huestes del Estado Islámico. Además, rápidamente orquestaron todo tipo de ataques aéreos contra objetivos de la Yihad tanto en Siria como en Irak, a los que prontamente se unieron tanto Inglaterra como Francia.

En el seno de la Unión Europea, una renovación burocrática esta ralentizando parcialmente la respuesta  conjunta de los 28. Catherin Ashton, quien actualmente ocupa la cartera de asuntos exteriores de la Unión Europea, pronto cederá el cargo a la italiana Federica Mogherini, por lo que la reacción desde el máximo organismo aún espera  veredicto. Sin embargo, los ministerios de Exteriores de varios países europeos no han tardado en posicionarse . En una conferencia internacional celebrada en París, el ministro de asuntos exteriores francés Laurent Fabius afirmó que “Todos los participantes consideraban que era necesario hacer desaparecer al Estado Islámico”. La conferencia en la que participaron una treintena de países y en la que se encontraban cinco de los altos comisionados del consejo de seguridad permanente de la ONU fue un mensaje claro de toda la comunidad internacional y de la administración francesa en particular hacia la organización. Por otro lado, su homólogo británico William Hague pedía “unidad política” en unas declaraciones que protagonizó hace varios meses en el mismo Irak, pero tras su reciente comunicado de renuncia para encargarse de la presidencia de la Cámara Baja británica, el  mítico puesto máximo del “Foreign Office” sigue vacante.

Federica Mogherini, José Manuel García Margallo y Lauren Fabius, cuerpo diplomático de la UE.

Para algunos resulta más que evidente que para que la respuesta de los 28 sea clara y contundente, se debería de equipar a una serie de fuerzas militares conjuntas para tener la capacidad de responder de una forma unitaria y rápida frente a estos conflictos. Sin embargo,  la vigorosa y clara respuesta repudiando al Estado Islámico que los diferentes portavoces de asuntos exteriores de cada país han proclamado a lo largo de la Unión han puesto en evidencia que los resortes diplomáticos comunitarios siguen correctamente engrasados. Aún y todo, la situación de Kobane resulta insostenible y sólo con una gestión rápida y eficaz se podrá evitar que un nuevo Stalingrado sea gestado, aunque esta vez sea en territorio sirio.

Por otro lado, y entrando en las esferas del mundo musulmán, el panorama dista mucho de ser claro y unitario. Los kurdos son los únicos que actualmente combaten sobre el terreno a las huestes yihadistas: azuzados por las atrocidades cometidas por las milicias de Al-Baghdadi, toda la congregación kurda distribuida por Turquía,Siria e Irak se ha volcado totalmente en la guerra contra el terror del Estado Islámico. Sin embargo, la desigualdad de fuerzas entre ambos bandos es atroz, y la desesperación comienza a calar hondamente en la mente de los propios kurdos. Incluso se ha llegado a documentar la construcción de un “tanque casero” para hacer frente a las banderas negras del Estado Islámico. Afirman también que los ataques aéreos que efectúan contra sus huestes no valdrán de nada si no vienen apoyados por una contribución de tropas terrestres.

milicianos kurdos enfrentándose al EI en territorio sirio.

Entrando dentro del territorio actualmente en conflicto, Al-Assad, el presidente sirio, ha visto una nueva oportunidad de redención con la llegada del Estado Islámico. EE.UU y la coalición bombardean desde hace semanas multitud de posiciones yihadistas dentro del territorio sirio, y a pesar de afirmar indignados que los ataques se efectúan si el consentimiento del gobierno, la situación dista mucho de lo que hace un año se planteaba. En aquellos momentos, EE.UU condenaba a Bachar Al-Assad como uno de los personajes más deplorables de la política actual, e incluso amenazó con un bombardeo masivo de las posiciones militares gubernamentales. Muchos afirman ahora que sólo la decidida presión que ejerció Rusia logró que aquellas amenazas no terminaran por materializarse, pero es un hecho que el derrocamiento del gobierno sirio ya no forma parte de las altas prioridades de Occidente.

 Más difícil de calificar es la posición turca en el conflicto. Se ha documentado que Turquía accede a habilitar el paso a los milicianos del Estado Islámico, pero sin embargo impide que sus homólogos kurdos atraviesen la frontera. La única explicación coherente al respecto es que Turquía sigue viendo en los kurdos una amenaza más real para sus intereses que la  representada por el Estado Islámico. Este hecho se reafirma debido a que kurdos y turcos mantienen un intenso conflicto político que se extiende a lo largo de varios siglos y de difícil solución a corto plazo. Es cierto que el gobierno turco ha terminado por acceder a que las flotas aéreas englobadas en la coalición puedan aparcar sus naves en las instalaciones de su territorio, pero también es un hecho incontestable que, en el contexto de la batalla por la ciudad de Kobane, las fuerzas armadas turcas perpetraron un intenso bombardeo contra las tropas Kurdas y no contra las del Estado Islámico. Sólo la evidencia de que la toma de Kobane por el Estado Islámico le proporcionará una volátil frontera para adentrarse en territorio turco está haciendo cambiar su postura. A pesar de todo, la excesiva ambigüedad con la que el gobierno de Erdogan esta respondiendo al conflicto sigue preocupando a gran parte del panorama internacional.

El reinado del Terror.

Pero investigando dentro de la vida cotidiana de las poblaciones controladas por el Estado Islámico es donde se encuentra el panorama más desolador. “Daesh”, como se le conoce coloquialmente a la organización, ha instaurado un reinado del terror que eclipsa a grandes genocidas de otros tiempos. Las crucifixiones se han convertido en una macabra costumbre en sus filas, e incluso se ha llegado a aplicar a un joven acusado de “no respetar el Ramadán”. El intenso fanatismo con el que aplican su particular comprensión del Islam parece no tener límite. Las ejecuciones públicas y los fusilamientos son también asunto predilecto de los yihadistas de Al-Baghdadi, sin ir más lejos, tras la toma de Mosul, más de 1.500 iraquíes fueron ejecutados masivamente a manos de sus tropas. Al-Baghdadi avanza implacable en su amedrantamiento de la población civil. Incluso se ha llegado a colocar una pantalla gigante en la que se muestran estas y otras ejecuciones, evidenciando hasta dónde están dispuestos los combatientes del Estado Islámico a llegar para lograr sus objetivos. Algunos entendidos en la materia han llegado a afirmar que ni siquiera en la propia Ley Islámica, que tanto se empeñan en predicar, están aprobadas las ejecuciones masivas, pero el caso es que esto parece importarles poco a sus tropas.

Las crucifixiones se han convertido en una práctica habitual en los territorios del EI.

Así pues, la situación de Oriente Medio roza el más auténtico colapso, y sólo una rápida e implacable respuesta podrá subsanar en la medida de lo posible la tétrica situación. Un nuevo Stalingrado al estilo kurdo se está gestando en Kobane, el reinado del terror que la nueva “espada del Islam” esta extendiendo parece no tener límite y la respuesta occidental sigue siendo excesivamente tibia al respecto. Frente a esto, los milicianos yihadistas aprovechan cada minuto. Saben que la guerra será larga y ardua, y que a cada minuto que pasa sus conquistas serán más lentas y costosas, por lo que no están perdiendo un instante en hacerse todo lo fuertes que la situación les permite. Es el momento de que la diplomacia actúe antes de que sea demasiado tarde. “Las tropas yihadistas apenas se encuentran a 20 minutos en coche de Bagdad” recordaba un gobernador civil iraquí, y debemos ocuparnos de que tanto Kobane como Bagdad jamás caigan en manos del inmisericorde Estado Islámico. Kobane representa la oportunidad de extender la guerra y el terror a las puertas de Europa, mientras que Bagdad representa el último resquicio de resistencia que mantiene el sur de Irak mínimamente cohesionado. Si estas dos ciudades caen, la guerra puede alargarse durante años, y eso es algo que bajo ningún concepto podemos permitir.

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Putin: el cisne negro de la diplomacia europea

Por: Álvaro Ibáñez Fagoaga

La tensión en Europa del Este aumenta cada día. La guerra civil ucraniana no solo esta dejando huellas en su propio suelo, sino que continuos los batacazos diplomáticos han desdibujado la idea concebida tanto de la Europa oriental como de la comunitaria.  La Unión Europea y la Federación Rusa han comenzado a entrecruzar sanciones económicas, un panorama que en el contexto internacional resulta poco alentador.

Nadie cabía esperar hace apenas un año que la nueva estrategia diplomática abordada por Putin tras el giro de los acontecimientos acaecidos en suelo ucraniano lograría generar tal impacto en la sociedad europea. Emulando al término económico del «cisne negro», el nuevo rol diplomático tomado por Rusia está cambiando drásticamente las relaciones políticas y diplomáticas de Rusia y Europa Oriental con la Unión Europea.

Putin, haciendo alarde de un maquiavélico ingenio diplomático, ha logrado utilizar el turbulento conflicto ucraniano tanto para reforzar su presencia en Europa del Este como para volver a  su anterior política, una más que evidente postura agresiva y de confrontación. Con el pretexto de una Ucrania partida en dos, la Rusia de Putin pretende recuperar el poderío y la influencia diplomática que desde la caída del bloque soviético prácticamente no ha cesado de mermar hasta nuestros días.

Tras el golpe de estado perpetrado por los hombres del Euromaidán, Putin y todas sus delegaciones diplomáticas presionaron enormemente para que aquellas zonas que se sintiesen descontentas con el golpe se rebelasen frente a lo que consideraba un intolerable atropello. En apenas unos meses, Crimea, la emblemática región en la que turcos, rusos e incluso británicos disputaron largas y cruentas guerras, volvió una vez más a manos rusas. El sentimiento de proximidad cultural con Rusia era más que evidente, y el derrocamiento del presidente prorruso unido a la habilidad diplomática de Putin logro otorgar a Rusia de una manera pacífica lo que durante siglos de cruentas guerras apenas habían logrado mantener.

Pese a todo, el asunto no quedó resuelto tras este altercado:  otras regiones con una similar proximidad identitaria rusa en el este de Ucrania proclamaron su independencia del poder central ucraniano en lo que ellos consideraron como las «Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk » con una clara intención de imitar a la anterior región de Crimea. Pronto, las milicias prorrusas comenzaron a proliferar en todo aquel territorio, y en menos de lo que la comunidad internacional logró darse cuenta, varias de las más importantes bases militares del este ucraniano pasaron a estar del lado de estas tres repúblicas. Los tanques y el armamento pesado que poseían pasaron a engrosar parte de un «ejército popular» que contó a partir de entonces con un imponente arsenal bélico. Sin embargo, estas milicias comenzaron a ondear las antiguas banderas de la Unión Soviética, y el abierto apoyo que Rusia mostró en los inicios de la confrontación en el Este menguó de una manera súbita y palpable. Putin fue consciente de que en ningún caso podría apoyar a unas milicias abanderadas con el antiguo estandarte soviético, el negro recuerdo que aquel país dejó en el subconsciente colectivo fue enorme, y es consciente de que su intento de ascenso en el panorama internacional se vería totalmente sacrificado si se enlazase la nueva política rusa con la tradicional injerencia soviética que tanto odio despertó en el imaginario colectivo. Así pues, Putin se desentendió completamente de la ilusión de las «repúblicas autónomas» del Este de Ucrania de formar parte del Estado Ruso. Sin embargo, todo el colectivo diplomático sabe que para una resolución verdaderamente fructífera del conflicto será totalmente indispensable el contar con el apoyo y la cooperación de la federación rusa, y que a pesar de su aparente neutralidad, su colaboración será a la larga totalmente necesaria.

Las verdaderas causas del conflicto.

Pero si analizamos el conflicto desde su inicio, veremos que semejante turbación  bélica tuvo su chispa en una negación del gobierno de Victor Yanukovich a firmar un acuerdo comercial con la Unión Europea debido a que su homólogo ruso consideraba aquel tratado como una traición a la tradicional amistad comercial que caracterizaba a los 2 países del este. A partir de entonces, las amenazas de sanciones comerciales recíprocas entre la Unión Europea y Rusia comenzaron a acrecentarse a la par que las tensiones militares sufrían una escalada ya prácticamente insalvable en suelo ucranio.

Y en lo referente a la aplicación de sanciones económicas, esta política  ha terminado por revelarse muy poco fructífera para los intereses europeos. Y es que la inicial connivencia con el movimiento antigubernamental del Euromaidán ha terminado por mostrarnos la cara menos afable de la olvidada Federación Rusa. Tras las iniciales sanciones tanto por parte de la UE como de los EE.UU a diversos magnates de la industria rusa, Putin respondió con una restricción comercial de todos los productos agrícolas europeos en suelo ruso, e incluso llegó a amenazar a la Comunidad Europea con una restricción del gas ruso del que la UE mantiene una especial dependencia. La estrategia comercial y diplomática europea ha resultado escasamente fructífera debido a la aparente negación de la evidencia de que es harto preferible una situación de normalidad en el trato económico tanto con Ucrania como con la Federación Rusa  a una mejora de las relaciones comerciales con el gobierno ucranio a cambio de un claro distanciamiento económico con Rusia. Resulta desconcertante apreciar que la diplomacia europea ha parecido obviar el hecho de que la dependencia energética de la Unión con Rusia nos impide mantener una relación de hostilidad comercial de igual a igual. Aún y todo, España propuso una ampliación de los gaseoductos que tradicionalmente nutrían de gas argelino al país ibérico, y así poder ampliar el suministro a países como Francia o incluso Alemania, pero lamentablemente aquel asunto ha parecido quedarse en agua de borrajas. Algunos afirman ahora que con el mandato del español Miguel Arias Cañete como encargado de asuntos energéticos de la UE esta última vía podría otorgarle una nueva oportunidad al proyecto del gas argelino, pero aún es pronto para confirmarlo. En ocasiones como ésta se echa en falta una mayor determinación de los delegados diplomáticos europeos para atajar de una manera rápida y eficaz sus conflictos de especial importancia.

¿Hacia un nuevo modelo energético?

Así pues, el Cisne Negro que Putin encarna en estos tiempos para los intereses de la Unión Europea podría hacernos ver nuevas posibilidades para el panorama tanto político como económico. La compra de gas a un país como Argelia podría otorgarnos una mayor laxitud en las reglas del juego de los recursos energéticos.  Su poderío político y económico apenas llega a rozar al que ostenta Rusia en estos momentos, y siguiendo este razonamiento se podría afirmar que en ningún caso Argelia podría ocasionarnos las tribulaciones que la Federación Rusa está ocasionando en estos momentos a toda la Comunidad Europea.

 Por otro lado, la apuesta por una política energética orientada hacia las energías renovables generadas en territorio europeo podría rebajar de una vez por todas la dependencia energética de la que tradicionalmente jamás ha podido librarse la UE y que nos impide tener la libertad de acción que otras grandes potencias como la propia Federación Rusa, EE.UU o China ejercen sin miedo a posibles restricciones energéticas. Resulta un asunto que a primera vista podría no parecer de una importancia tan capital, pero que visto en perspectiva podría incluso afirmarse que si la Unión Europea llegara a autoabastecerse en materia de energía prácticamente no acusaría de ninguna dependencia económica de ningún tipo ni de ningún otro país.

En toda Europa se afirma que vivimos  tiempos de cambio y de transición, y que los cambios acaecidos tras estos procesos de crisis tanto económica como política conformarán la Unión Europea que nos deparará en el futuro, futuro en el que se prevé una inminente crisis de oferta energética que la Comunidad Europea debería saber solucionar con el único futuro seguro y convincente: Las energías renovables.

Tierra Santa: Juego de Poderes en Israel

Por: Álvaro Ibáñez Fagoaga

 

La Primavera árabe, así como los recientes acontecimientos en Irán e Irak, han afectado directamente al viejo conflicto de Tierra Santa entre israelíes y palestinos. La UE y el resto de la comunidad internacional asiste expectante a una partida de ajedrez de resultado incierto, pero donde cada movimiento es devastador.

Benjamín Netanyahu, actual presidente de Israel, transmitió hace unos días un mensaje claro a toda la comunidad internacional: El asesinato de los 4 jóvenes israelíes no quedaría impune, y el sentimiento de derrota que harían calar en el pueblo palestino sería más contundente que nunca.

Benjamin Netanyahu, Presidente de Israel (fuente: BBC UK)

Netanyahu hace uso de su poder en un momento crítico para todo Oriente Medio. La amenaza suní del ELIL sobre Siria e Irak a puesto en jaque tanto a los gobiernos de Damasco y Bagdad como al de la próxima Teherán, todos ellos países bajo la órbita chií. Irán, la superpotencia de Oriente Medio, ya no mira con los ojos que miraba en el pasado a las organizaciones terroristas de carácter sunita. Y es en este contexto donde Netanyahu ha visto a Hamás más desguarecida que nunca. Irán, que a pesar de ser chií, siempre apoyó la causa palestina, está ahora inmiscuida en una gran guerra que amenaza con llegar a sus fronteras. Por otra parte, los tradicionales aliados de Hamás han encontrado una nueva agrupación suní en la que desembolsar de manera más rentable sus fortunas: el ELIL. El grupo armado que aterroriza a los propios miembros de Al-Quaeda y que se hizo famoso por su fulgurante toma de Mosul, es ahora la organización sobre la cual los grandes magnates árabes han posado sus ojos.

Con la irrupción de este nuevo grupo armado, la política de aliados de Hamás a cambiado radicalmente: los viejos socios escondidos dentro de la Liga Árabe han puesto sus esperanzas, y por consiguiente también sus “subvenciones”, al servicio de la nueva agrupación terrorista. Mientras, el país de los ayatolás mira con lupa hacia el conflicto iraquí, en el cual ve grandes probabilidades de terminar implicado. Además, las relaciones entre Hamás y el gobierno iraní ya comenzaron a enfriarse dentro del contexto de la guerra en Siria, donde Hamás no sólo se negó a ir de la mano de Hezbolá y Teherán a favor de Bachar Al-Asad, sino que además presto ayuda abiertamente al bando rebelde. Por si esto fuera poco, el caos reinante en Egipto, tradicional aliado de Hamás, evidencian que no esta en posición de prestarle la ayuda que le prestó en el pasado. Los túneles que tradicionalmente atravesaban todo tipo de armas y municiones entre Gaza y Egipto están en sus horas más bajas, el férreo control del nuevo dictador egipcio Al-Sisi ha descabezado a gran parte del entramado político de corte islámico que poco o nada tenía que ver con los juegos de naipes de las agrupaciones terroristas en los túneles que unen Gaza con el país egipcio, pero finalmente también ha terminado por mellar en ese aspecto. La férrea disciplina del nuevo dictador retoma el control sobre asuntos que debilitan sensiblemente las vías de suministros de Hamas, algo que Israel, por supuesto, conoce a la perfección.

 

Frente a estos nuevos y frenéticos cambios geopolíticos que se están aconteciendo a lo largo y ancho de Oriente Medio la comunidad europea sigue sumida en el silencio. Israel, Palestina, Siria e Irak se sumen en la guerra y el caos, y la posición a tomar frente a todos estos conflictos dista mucho de ser clara. Todo Oriente Medio amenaza con caer bajo el manto del yihadismo, y ante todos estos acontecimientos Occidente se siente maniatado, no puede permitirse dejar de lado a Israel, su único y verdadero aliado en la zona a pesar de las circunstancias.

Por razones de este tipo Occidente calla ante las atrocidades israelís en territorio palestino. Israel representa el único “oasis” en Oriente Medio en el que el estado de corte occidental ha triunfado, y es el ultimo y gran bastión que el bloque de los países desarrollados tiene en Oriente Medio para poder controlar los crecientes impulsos yihadistas frente a los que Occidente sigue padeciendo un terror que roza lo patológico. Netanyahu conoce perfectamente este pavor frente a la amenaza terrorista, y aprovecha como nadie esa baza para poner de su lado a gran parte de la comunidad internacional.

Incluso el máximo organismo encargado del conflicto árabe-israelí conocido como El Cuarteto responde con esta ambigua solución de un alto en fuego sin mirar causas ni consecuencias del conflicto. La organización supranacional nacida de los acuerdos de Madrid de 2002 para mediar por fin de una manera contundente y sensata en el interminable conflicto árabe-israelí vuelve a escudarse en pobres ilusiones y a entrar en una dinámica de ambigüedad que incluso llega a contradecir su auténtico propósito. Tan solo Catherin Ashton, presidenta de la diplomacia europea y representante de la misma en El Cuarteto, dio una nota disidente en una referencia a las enormes dificultades que los niños están soportando en lugares como Siria, Irak o Palestina. Ante lo cual, Netanyahu respondió indignado que no podían ser comparables las masacres de Al-Asad con lo que el denominaba como una “operación qurúrjica” en la que justificaba la muerte de niños con el argumento de que estos estaban siendo utilizados como escudos humanos por los comandos terroristas. Mientras, los demás representantes de El Cuarteto, integrados por las Naciones Unidas, Estados Unidos y Rusia, prosiguen por un lado con la tradicional declaración de que el alto el fuego debe de ser inminente y por otro con el total apoyo a la operación militar de Israel. El propio máximo representante de El Cuarteto y enviado especial en el conflicto Tony Blair secunda esta cómoda diplomacia internacional  con Israel que indirectamente le permite continuar con su particular guerra contra el terrorismo.

Catherine Ashton, representante de la UE para asuntos exteriores

Así pues, Hamás esta sola en una guerra en la que ni sus tradicionales aliados ni la comunidad internacional saben cómo reaccionar con exactitud, y en la que los máximos organismos de control internacional siguen atenazados por la idea de que, frente a una amenaza de corte terrorista, toda acción militar resulta en parte justificada. Ante lo cual Netanyahu no duda ni un instante: éste es el momento preciso de actuar contra Hamás, cueste lo que cueste.