Soluciones Alternativas a la Crisis del Euro

Escrito por: Paul Hahnenkamp

Título Original: Alternative solutions to the euro crisis

Traducido por: Julia Cartagena

La crisis del euro está poniendo en tensión el proyecto europeo. Además de la recesión económica y la caída en picado del precio de las acciones, la frágil estructura de la Unión ha sido revelada. La solidaridad entre las sociedades europeas se ha roto.

8e4c773f283928d98d2c455ca4b3cce9

Los políticos y los expertos están intentando convencernos de que lo peor ha pasado. Nuestra moneda común ha sido debilitada de algún modo, aunque ha sido posible salvarla. Las medidas de austeridad han conseguido su objetivo. Sin embargo, para muchos países del sur que comparten el euro, esto solo significaba una cosa: ahorrar.

Ahorrar en servicios sociales, inversión en infraestructuras o en innovación. SYRIZA está actualmente en el gobierno griego y en España el partido PODEMOS está ganando peso en la opinión pública. Han dado en el blanco con sus crÍticas. La austeridad no tiene nada que ver con la economía social de mercado, que la Unión dice aprobar en sus tratados. La solidaridad está desapareciendo de la sociedad.

Desde hace ya cierto tiempo, las medidas de austeridad son un tema que genera mucho debate, no solo desde un punto de vista político sino también económico. Estudios sobre el efecto de un alto nivel de deuda sobre la situación económica, como el muy citado de Reinhart y Rogoff han sido refutados. Incluso el FMI admitió a finales de 2014 que las medidas de austeridad no iban a contribuir a un crecimiento económico sostenible. Pese a eso hasta ahora no ha sido posible demostrar correlación empírica entre la deuda pública y un crecimiento económico bajo.

La inversión pública es una medida necesaria para relanzar el crecimiento económico. Sin embargo, no me gustaría profundizar en los detalles sobre la importancia de la ayuda estatal para la economía, sino que voy a presentar algunas observaciones sobre la estructura de la Unión Europea que he observado tomando el ejemplo de las medidas de austeridad.

Por un lado, la crisis del euro muestra problemas estructurales. Las medidas de austeridad o su crítica son únicamente respuestas a la actual crisis que, entre otras cosas, tiene sus raíces en el propio “proyecto euro”. La significatividad de la unión monetaria sin unión económica ya fue analizada al introducir el euro. La incapacidad para armonizar la política económica de los estados miembros muestra una debilidad estructural a raíz de la crisis del euro. Los tratados de la Unión solo le dan competencias de coordinación en este ámbito.

También debemos considerar, en relación con este tema, una política fiscal común, impuesta de una manera leve. El derecho de recaudar impuestos es un principio básico del estado soberano. Puede parecer una utopía que la Unión llegue a recaudar impuestos. No obstante, puede valer la pena considerar algunas soluciones para una política fiscal común como la tasa sobre las transacciones financieras. Esta medida sería además un buen recordatorio para el sector financiero de que, según la Comisión Europea, la unión ha invertido en dicho sector 4600 billones de euros. Además, una tasa europea común en dicho sector parece ser una solución razonable para prevenir shocks en los mercados debidos a los diferentes tipos de interés en el mercado de la Unión.

También está claro que estas medidas económicas estructurales tienen un denominador común, que es la consolidación interna de la Unión Europea y el hecho de darles más competencias a las instituciones de la Unión. Por un lado es difícil llevarlo a cabo políticamente porque los partidos nacionales y nacionalistas crean el miedo de que todas las decisiones se tomen en Bruselas. Por otro lado, sin embargo, una mayor consolidación de la UE no puede y no debe hacerse sin reformas democráticas. El déficit democrático identificado en las instituciones es fácilmente rectificable. Por ejemplo el Consejo podría convertirse en una “casa de los Estados miembros” que decide con un proceso democrático, y sus procedimientos y decisiones podrían llevarse a cabo con mayor transparencia. El verdadero problema tiene más que ver con la ausencia de una sociedad civil europea crítica.

Los medios de comunicación, que muchas veces son descritos como el cuarto pilar de los tres pilares del estado, no tienen un rol definido en el contexto europeo. Por supuesto, hay muchos canales de comunicación críticos e independientes que tratan temas europeos con gran detalle. Pero a menudo dichos temas quedan limitados a un tratamiento a nivel nacional. Esos análisis siguen patrones nacionales y analizan las consecuencias a nivel nacional. La creación de una sociedad civil europea no puede hacerse desde “arriba” con algunas directivas. Esta es una tarea que corresponde a los medios de comunicación nacionales, a las instituciones civiles y a los propios ciudadanos.

Los problemas que se tratan en la lejana Bruselas a veces son ajenos a los medios nacionales y no afectan a los ciudadanos directamente. Estos se interesan más bien por temas relacionados con su entorno inmediato. Pese a ello, los debates europeos no deben dejarse solo a las élites. Mientras los principales partidos del Parlamento Europeo y de la Comisión Europea dan la bienvenida a las medidas de austeridad o tratan de maquillarlas para que parezcan menos malas, hay muy poca información crítica al respecto.

Hay mucha audiencia y mucho potencial para una cobertura de noticias verdaderamente europea. Algunos hashtags se expanden por toda la unión en cuestión de horas, como el ejemplo reciente de #jesuischarlie. La crisis del euro fue el tema principal de todos los medios europeos durante varios meses. Como hemos mencionado anteriormente, también puso al descubierto el problema de los patrones nacionales y las rivalidades. Los griegos han sido descritos como “buitres de la quiebra” e incluso como vagos mientras que los medios griegos han sacado metáforas nazis para dar rienda suelta a su desagrado con el liderazgo político que han tomado los países del norte, especialmente Alemania.

Desde mi punto de vista, la ley electoral del parlamento europeo es una gran oportunidad para nosotros de varias maneras. Actualmente los candidatos se presentan a sus votantes en su respectivo país y organizan casi exclusivamente campañas electorales nacionales. Si los ciudadanos pudieran votar a candidatos de otros países todos ellos incluirían automáticamente temas europeos en sus programas. Los medios de comunicación también seguirían esta tendencia. Martin Schultz aprovechó esta oportunidad en las últimas elecciones. Tenía temas europeos en su agenda y los aprovechó para hacer un “tour” por toda Europa. Debido a esto su imagen era más convincente que la del resto de partidos. Al final solo pudo ser votado en Alemania, pero sus apariciones en público y su objetivo de ser elegido presidente del parlamento europeo convencieron probablemente a votantes de otros países de apoyar a los socialdemócratas. También estuvo presente en todos los medios europeos.

La crisis del euro ha demostrado claramente las debilidades estructurales de la unión monetaria. También ha demostrado que el proyecto de la Unión Europea va a ser continuado por las sociedades nacionales. Aunque ahora la consolidación de la UE parezca razonable desde una perspectiva económica o administrativa, solo podremos empezar cuando las sociedades nacionales estén listas para representar intereses europeos a nivel europeo y en el marco del proyecto europeo. El lema europeo “Unidos en la diversidad” es continuamente reiterado por las más altas instituciones europeas. Para que el proyecto europeo funcione correctamente, tiene que ser reconocido y puesto en práctica por la mayoría de los ciudadanos europeos.