¿Peligro eludido u ocasión perdida?

Autor: Stefano Rossi

Traducción: Simone Corvatta

Título original: Scampato pericolo o occasione persa?

Urnas cerradas, el NO ha ganado. Escocia se queda en Gran Bretaña. El referéndum popular que podía significar la independencia en realidad ha aclarado que la mayoría de los residentes en Escocia prefiere quedarse bajo el ala protectora del Reino Unido más que aventurarse hacia una gradual secesión. La campaña electoral ha sido muy intensa en Escocia, pero no se puede negar que haya apasionado a todo el continente.

Bruselas puede soltar un suspiro de alivio, pero en Europa son muchos los decepcionados por el resultado. La gran manifestación  en Barcelona de hace unos días había otorgado un empuje a la hipótesis independentista como opción real para salir del estancamiento que se ha creado en el cuadro europeo. Los otros movimiento independentistas en Italia, España, Bélgica y Reino Unido habían puesto muchas esperanzas en el resultado escocés, pero no es probable que se paren ahora. Todo lo contrario, la gasolina de que nutren los movimientos independentistas es exactamente la negación de la independencia en nombre de la unidad de la nación, entonces van a salir doblemente reforzados ante este acontecimiento.

La primera gran victoria implícita obtenida en Escocia, a pesar del resultado, ha sido demostrar que la secesión se puede pedir, y puede traducirse en una instancia institucional: no es cosa de terroristas o de minorías reprimidas. En los otros Estados europeos la situación jurídica constitucional es diferente, y en muchos de ellos un referéndum como este sería totalmente anticonstitucional, pero eso no quita que el mensaje haya sido enviado fuerte y claramente: la independencia es una opción institucional realista.

La segunda victoria implícita del SI ha sido el plano de fuerte devolution sobre la que Cameron se ha empeñado y que llevará Escocia a un nivel de autonomía mayor respeto a aquello – ya muy significativo – alcanzado con el Scotland Act de 1998. El cual representa, en todos los sentidos, otro paso hacia la descentralización del poder político en Gran Bretaña.

El referéndum escocés no ha de ser visto como un accidente de carretera – tal como propugnaban la City y el mundo de las finanzas – sino como una síntoma de una perdida estructural de legitimación de los Estados nacionales. Las fuerzas disgregadoras cogen más fuerza siempre  y maduran políticamente alejándose del extremismo (el propósito vasco de lucha armada ha fracasado) y minando la base del dogma del Estado como único medio para ejercer la soberanía popular. No hay de qué estar aliviados, si se pensaba que una victoria del NO hubiera apagado por completo las instancias disgregadoras de la soberanía estatal. No debemos ilusionarnos.

Si Europa no hace suyo definitivamente el proyecto político, sustrayendo soberanía a los Estados nacionales y permitiendo en un cuadro federal la difusión del poder político en múltiples niveles, se arriesga a la implosión. Las estructuras estatales son rígidas bajo este punto de vista y se fatigan en absorber los empujones centrífugos: más dejan drenar soberanía hacia abajo, menos se arriesgan al gestionar las diversas autonomías. Solo una Europa federal, que nazca en nombre de la unidad en la diversidad puede representar el cumplimiento (desde arriba) de la superación de los Estados nacionales del ochocientos. Y permitiría, al mismo tiempo, salvar Europa, porque, y esto también los independentistas lo saben, si todas las regiones de Europa se fueran cada una por su cuenta, sería una catástrofe.