Paz armada en el Donbass – 2ª Entrada

Guerra de ucrania

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Movimiento armado miliciano: El triunfo de la ultraderecha

Otro de los asuntos que más controversia está suscitando es la aparición de nutridos grupos de voluntarios en suelo ucranio. Estas milicias, que en su mayoría engrosan las filas prorrusas, pretenden emular a nuestras conocidas Brigadas Internacionales. Sin embargo, nada podría resultar más paradójico que esta comparación: la inmensa mayoría de estos voluntarios se enmarcan dentro de grupos ultranacionalistas, ya sean proucranios o prorrusos. Los cosacos del Don y del Kubán, por ejemplo, son el grupo más voluminoso entre los voluntarios separatistas, destacables además por su exacerbado ultranacionalismo eslavo. Por otro lado, también son nutridas las tropas pertenecientes a las agrupaciones paramilitares Movimiento Imperial Ruso o Unidad Nacional Rusa, fervientes ultrahortodoxos que incluso llevan consigo iconografía Zarista. Más negro es el panorama revelado por los voluntarios Chetniks serbios, ultranacionalistas, monárquicos y tristemente famosos por sus nutridos crímenes de guerra perpetrados en las Guerras Yugoslavas de los años 90. Con todo esto, y a pesar del esfuerzo de los integrantes de la Guardia Roja del Donbass, las evidencias no dejan de demostrar que las características de estos milicianos, en su mayoría ultrahortodoxos, fervientes nacionalistas eslavos e incluso monárquicos hacen difícilmente asequible su comparación con las Brigadas Internacionales.

Por otro lado, los integrantes de las milicias gubernamentales presentan una estructura netamente neofascista. El grupo paramilitar Sector Derecho es el principal actor dentro de este escenario. A este colectivo, que se le acusa el perpetrar la quema del edificio de Odessa en el que más de 40 civiles prorrusos murieron terriblemente calcinados, se le trata con una especial connivencia cerca del Donbass. Además de esto, el partido político Svoboda, que posee las carteras de vicepresidencia y del ministerio del interior, afirmó en lo referente a la polémica matanza de Odessa la afirmación  “que los demonios se quemen en el infierno”, escenificando su postura ante el conflicto. A este partido también se le acusa de financiar cualquier tipo de agrupación militar con tal de que esta luche frente a los prorrusos, entre las que destaca el Batallón de Azov, abiertamente declarado fascista y neonazi al igual que el anteriormente citado Sector Derecho.

Así pues, ambos bandos se encuentran inmersos en una vertiginosa y arriesgada espiral en la que cada vez más milicias luchan abiertamente en sus bandos. Unas milicias que realmente luchan por sus propias ideas, y que en última instancia sólo rinden cuentas ante sí mismos. El riesgo que ambos contendientes asumen aceptando a estos hombres aumenta cada día. Sin ir más lejos, muchas de estas milicias no han aceptado ninguna de las treguas pactadas, y es previsible que tampoco las acepten en el futuro. Ucranianos y prorrusos no parecen darse cuenta de que existe un riesgo cada vez mayor de que la consecución o la distensión de este conflicto cada vez esté más lejos de sus manos.

De los Acuerdos de Ginebra a Minsk II: el triunfo de la diplomacia europea.

Sin embargo, un pequeño rayo de esperanza ha conseguido colarse en medio del conflicto ucranio gracias al acuerdo de Minsk II. Un acuerdo que necesitará de posteriores remodelaciones y rediscusiones, pero que sin duda puede ser el primer punto sobre el que poder construir una base sólida para la resolución del conflicto. Los acuerdos firmados el 11 y el 12 de Febrero de 2015 en Minsk II parecen haber mitigado en parte el sangrante conflicto del Donbass. Por fin, un acuerdo comienza a reducir las escaladas de violencia. Atrás quedaron ya aquellos acuerdos de Ginebra o Minsk I. Sin embargo, han tenido que repetirse dos fracasos diplomáticos consecutivos hasta llegar a este punto. En Ginebra, el error fue deducir que un acuerdo con Rusia llevaría implícito un acuerdo con las Repúblicas de Donetsk y Lugansk, y pronto se vio que el Donbass no era una simple extensión de Rusia. Los líderes separatistas, indignados, afirmaron que la paz debía de negociarse con ellos, y no con Putin.  Afirmaron también que no reconocían esos acuerdos, y con ello, los acuerdos de Ginebra de Abril de 2014 quedaron en papel mojado.

Más complejas fueron las conversaciones del Protocolo de Minsk efectuadas entre el 5 y el 6 de Septiembre de 2014. Esta vez, los representantes de Donetsk (Alexánder Zajárchenko) y Lugansk (Ígor Plótnitski) fueron invitados, pero no ocurrió lo mismo con las delegaciones europea y americana, que sin embargo si habían estado presentes durante los acuerdos de Ginebra. Apenas habían transcurrido dos días desde la Cumbre de Newport de la OTAN en la que se había aprobado la creación de una Fuerza de Intervención Inmediata constituida por 5.000 hombres y con sede en Polonia, por lo que difícilmente podían estar los aires más caldeados. Es cierto que la tregua se firmó, pero en apenas unos días estalló la segunda batalla por el Aeropuerto Internacional de Donetsk, y a pesar de que los comunicados oficiales negaban la continuidad del conflicto, en Octubre se escenificó lo evidente y ambas partes admitieron que la tregua estaba rota mientras tanto los combates cuerpo a cuerpo se sucedían en el aeropuerto y la marina ucraniana minaba el mar de Azov. Una vez más, un conato de tregua había precedido a un recrudecimiento atroz del conflicto.

Tras estas negociaciones infructuosas, se decidió formar un nuevo grupo de negociaciones en lo que se definiría como Minsk II. Estas negociaciones, efectuadas durante el 11 de Febrero de 2015, reunieron tanto a los máximos representantes de Donetsk y Lugansk como a los principales actores en el plano internacional: Poroshenko, actual presidente de Ucrania, Putin, Merkel y Hollande. Todo ello supervisado además por la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa). Las negociaciones, que superaron las 16 horas de extensión, fueron calificadas por el ministro de exteriores alemán Frank-Walter Steinmeier como “muy difíciles”, mientras que Hollande afirmaba que esta era la “última oportunidad para la resolución del conflicto”. Por otro lado, resulta significativa tanto la ausencia de EEUU como las palabras del ministro de exteriores ruso Serguei Lavrov, que afirmaba que esta vez “había buenas razones para el optimismo”. Aunque visto lo visto, resulta evidente que no todo depende de Rusia, ni mucho menos. Así pues, en estas nuevas negociaciones, las primeras que la UE tomaba en serio, los compromisos acordados parecen haber sido tomados con mucha más seriedad que en anteriores ocasiones. Y en parte, esto es resultado de las palabras que Mogherini, máxima representante de relaciones exteriores de la UE, ha lanzado a Poroshenko. Según Mogherini, y en lo referente a la entrada a la UE de Ucrania, afirmó que “La prioridad era la resolución de sus problemas internos”, en una clara alusión de que lo principal ahora son las negociaciones de paz. Poroshenko ensalza una bandera proeuropea que cada vez es vista con mayor escepticismo desde Europa. Evidentemente, la UE está dispuesta a aliarse con Ucrania, pero no a cualquier precio. En cuanto a las disposiciones de Minsk II, se firmó un alto el fuego, la retirada de la artillería pesada, la delimitación de 50km de “tierra de nadie” para evitar conflictos y el envío de una ayuda humanitaria que el Donbass necesita con urgencia. Y aunque todo esto no se haya cumplido a raja tabla, sí es cierto que es la primera vez que se ve una intención por ambas partes de mitigar aunque sea en parte el conflicto. Por primera vez, la UE se inmiscuye seriamente en estas negociaciones de paz, y estas se han revelado también por primera vez como unas negociaciones útiles, demostrando una vez más que la UE sigue teniendo capacidad diplomática para la resolución de todo tipo de conflictos.

 

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