Paz armada en el Donbass – 1ª Entrada

Esrito por: Álvaro Ibañez Fagoaga

No son pocos los que aún se preguntan cómo el conflicto ucraniano ha podido llegar hasta donde ha llegado. De dónde salen estos prorrusos y por qué apenas hemos oído hablar de ellos hasta ahora. Y cómo puede ser que un país que considerábamos tranquilo pueda encontrarse ahora envuelto en semejante guerra fratricida. Pues aunque se considere esta guerra entre rusos y ucranios, estos no dejan de ser por ello primos-hermanos.

Guerra de ucrania

Historia de un conflicto

La historia de la nación rusa está íntimamente ligada a la de Ucrania. El Rus de Kiev, primer estado fuerte y consolidado del Este de Europa, asentó en el siglo X lo que fue uno de los más poderosos del momento, en el cual se integraban tanto la Rusia europea como Bielorrusia y Ucrania. El génesis de estos tres estados reside aquí. Sin embargo, los conflictos entre ucranianos y rusos no han dejado de extenderse desde entonces. Destacan entre estos el continuo intento de “rusificación” de Ucrania perpetrado por los Zares o la brutal hambruna a la que fue sometida durante la era estalinista. Momentos que sin duda siguen grabados en el imaginario colectivo de las gentes de Ucrania como unos de los periodos más negros de su historia. Sin embargo, y a pesar de todo, no podemos negar que la historia es la que es. Además de esto, y aquí reside en parte el origen de este conflicto, Stalin otorgó la cuenca del río Donets a los ucranianos en la década de los 20 del siglo pasado. La cuenca del Donets, conocida hoy como el Donbass, es donde se ubican las Repúblicas Populares de Donietsk y Lugansk, creándose desde entonces una paradójica situación: Estos dos Óblasts (provincias) se constituyeron desde entonces como parte del estado ucraniano a pesar de caracterizarse como regiones de mayoría de habla rusa.

Además de esto, en las elecciones presidenciales de 2011 el voto del Este de Ucrania en favor de Yanukovich fue masivo. Víktor Yanukovich, que también fue gobernador del Óblast de Donetsk de 1997 a 2002 y Primer Ministro de 2002 a 2004, escenificaba ya desde hacía tiempo la inclinación prorrusa del Este de Ucrania en su Partido de las Regiones. Este fue el hombre que huyó de la presidencia de Ucrania durante las protestas del Euromaidán. Yanukovich, que representaba mejor que nadie la división política y lingüística del país, también fue quien terminó de enemistar a las dos realidades ucranianas tras su presurosa huida. Tras esconderse en Rusia, el Este de Ucrania amenazó con sublevarse,  y las elecciones presidenciales de 2014, en las que amplias regiones del Este no ejercieron su derecho al voto en un claro símbolo de oposición a la presión del Euromaidán, terminaron de cristalizar la sublevación que desembocó en el conflicto actual.

Llantos de sangre en el Donbass

A partir de entonces, la escalada de violencia no cesó de aumentar hasta consolidarse como un verdadero conflicto armado. Tras los acuerdos fallidos de Ginebra, el gobierno ucranio secundó una ofensiva total para recuperar Slaviansk, Kramatorsk y Mariúpol a principios de Mayo de 2014. Se preveía una reconquista relativamente fácil, pero hicieron falta casi 3 meses y multitud de hombres y pertrechos para llevarla a cabo. Una ofensiva dura por parte del gobierno, en la que no faltaron durísimos ataques artilleros, ofensivas repletas de carros blindados o apabullantes ataques aéreos indiscriminados incluso frente a zonas urbanas. A su vez, Lugansk y Donetsk secundaron sus propios referéndums populares en los que el voto favorable a la independencia frente a Ucrania superó el 90%. Donetsk incluso solicitó la adhesión a Rusia, pero ésta se mostró cautelosa, por lo tanto las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk declararon la creación del Estado de Novorossia el 24 de Mayo de 2014.

Tras la toma de estas 3 ciudades (Slaviansk, Kramatorsk y Mariúpol), el nuevo objetivo se centró en el Aeropuerto Internacional de Donetsk y sus alrededores, donde el gobierno ucranio aún mantenía una cierta presencia militar. Durante los meses de Agosto y Septiembre, el aeropuerto, Debáltsevo y el cerro de Saur Mogila se convirtieron en los nuevos frentes de batalla. Sin embargo, las anteriores conquistas del gobierno ucraniano se convirtieron en efímeras, transitorias y extremadamente costosas en vidas y material. El cerro de Saur Mogila, situado entre la ciudad de Donetsk y la frontera rusa, representaba el enclave perfecto para controlar la ciudad y sus alrededores. Sin embargo, esta vez fueron los prorrusos quienes se alzaron con una victoria de una enorme importancia simbólica. El cerro de Saur Mogila, escenario de violentos combates durante la Segunda Guerra Mundial, recordaba con un monumento destrozado durante estos combates la victoria de la patria rusa frente al fascismo, al cual ahora intentan personificar los prorrusos con el gobierno ucranio. Por otro lado, el intenso bombardeo del Aeropuerto Internacional de Donetsk sólo sirvió para una efímera reconquista parcial que volvió a desaparecer rápidamente. Pero fue en Debáltsevo donde el ejército ucraniano sufrió su derrota más severa. Debáltsevo, potente nudo ferroviario absolutamente vital para las comunicaciones en el Donbass, había sido cercado por las tropas prorrusas. En Kiev, saltaron todas las alarmas: más de 5.000 soldados habían quedado encerrados en una bolsa, y en una clara omisión a Minsk II, ambos contendientes se enfrascaron en una de las batallas más duras que hasta ahora se habían dado en el conflicto. Sin embargo, esta vez la victoria no vino de lado de las fuerzas gubernamentales. La primera batalla en la que las milicias populares de Donetsk y Lugansk actuaban de manera conjunta se convirtió en una notable victoria para sus repúblicas. Más de 300 bajas fueron contabilizadas entre las tropas ucranias, y otras muchas tuvieron que abandonar apresuradamente la ciudad para evitar un desastre mucho mayor. Así pues, el intento de cortar las comunicaciones entre Donetsk y Lugansk había fracasado, y el intento de hostigar a Donetsk por el flanco por el cerro de Saur Mogila se había mostrado también infructuoso.

Así las cosas, ni uno ni otro parece tener la capacidad suficiente como para derrotar a su “enemigo”. Es cierto que en estos últimos combates el avance prorruso ha sido notable, pero resulta imposible imaginarles reconquistando  Kramatorsk o Mariúpol. Su moral es altísima, pero no así su arsenal bélico. Las milicias de Donetsk y Lugansk están dispuestas a luchar hasta el último hombre, pero su arsenal les limita enormemente en las operaciones ofensivas. Por otro lado, la situación al otro lado del frente no podría ser más diferente. Es evidente que el ejército ucraniano posee una apabullante superioridad logística y ofensiva, pero sus hombres, reclutados en su mayoría de una manera forzosa, no están dispuestos a entregar sus vidas por un pedazo de tierra que apenas les importa. Poseen más tanques y aviones, pero saben también que se enfrentarán frente a hombres más que dispuestos a morir por su causa, cosa que ellos no pueden afirmar.

 

 

2ª Entrada —–>

Otros artículos relacionados:

Putin: el cisne negro de la diplomacia europea

La Ventana da al este: Entrevista a Antón Yeschenko