Ocho mitos revisados sobre Europa

Por: Miguel García Barea

La integración europea está cada vez más en boca de todos. El aumento de su popularidad puede, sin embargo, dar lugar a malentendidos y al desarrollo de falsos mitos propagados en torno a las instituciones y a la política de la UE. En este artículo intentaremos matizar algunas afirmaciones que los medios de comunicación y la gente de a pie mantienen acerca de Europa. Sin olvidar,no obstante, que en todos los mitos hay una búsqueda de verdad y que estos pueden ser asumidos como tal si nadie lo remedia.

Mito: «En Europa manda Merkel».

Realidad: Esta afirmación suele ir completada de los complementos «desde Bruselas» y «de forma autocrática». Veamos, de entre todas las instituciones políticas de la Unión Europea (Parlamento, Comisión, Consejo Europeo y Consejo de la UE) Angela Merkel no preside NINGUNA. En Europa, los que se encargan de partir el bacalao son los señores Juncker, Durao Barroso, Van Rompuy y de forma provisional, Matteo Renzi, responsables de cada una de las anteriores instituciones. Distinto es que por presidir el país más poderoso y formar parte del partido más votado en la UE, la señora canciller ejerza una mayor influencia de la que debiera (y de la que los europeos desearíamos) pero esto es consecuencia de la desigualdad entre países miembros, de la mentalidad nacionalista aún imperante en la mayoría de ellos y de unas instituciones que poco a poco van adquiriendo competencias pero que aún se encuentran sometidas a los gobiernos estatales. Creédme, en una UE con instituciones eficientes, el rol de Merkel sería mucho menor al actual. No olvidemos que el sueño de los Estados Unidos de Europa se acuñó para evitar que un país dominará al resto del continente. Los problemas de Europa se resolverían en este caso, con más Europa y menos Alemania (o cualquiera que sea el Estado más poderoso del momento).

 

Mito «Abandonar la zona Euro y  la Unión Europea permitiría a los Estados salir con mayor rapidez de la crisis y recuperar plenamente su soberanía e influencia internacional».

Realidad: Si bien es cierto que ante muchas de las crisis anteriores los gobiernos nacionales solían devaluar la propia moneda para limitar las importaciones y favorecer las exportaciones (medida imposible hoy en día con el Euro) también lo es que el contexto económico y político eran muy distintos al actual. Como bien indica en su libro Alasdair Blair en su libro The European Union, la Unión Europea ejerce una enorme influencia internacional a nivel económico y político, y si uno de sus miembros rompiera relaciones de manera unilateral se vería sometido a esa misma influencia, pero sin capacidad alguna para influir en sus políticas, es decir, se convertiría en una colonia «de facto» de la UE, como lo fueron los países del Tercer Mundo tras la descolonización de sus respectivas metrópolis. Además, no debemos olvidar que a día de hoy Europa sigue siendo dependiente del exterior en materia energética, así que sin una moneda fuerte, el barril de petroleo sería mucho más caro para cada país a nivel individual, por no hablar a cuanto se dispararía la deuda contraída por cada estado miembro si las tradujésemos en francos, liras o pesetas…Por si fuera poco, romper con la Unión supondría renunciar a millones de euros de subvenciones en agricultura, industria y cultura, entre otras cosas, y dificultaría la circulación por los distintos países del continente. Y a nivel geopolítico, en un mundo que tiende a un orden multipolar, renunciar a la UE supondría estar a merced de otro «gigante»( Rusia, China o EEUU). No sé vosotros, pero personalmente,  a pesar de todas las imperfecciones, prefiero quedarme en Europa.

Mito: «Europa es demasiado GRANDE y DIVERSA para que todos los estados miembros puedan llegar a alcanzar acuerdos y políticas comunes».

Realidad: La superficie conjunta de los 28 países miembros de la Unión Europea es de 4.324.782 km², en un ranking estaría superada por Rusia, China, Canadá, EEUU, Brasil y Australia. Sin embargo, estados como Somalia en África, Haití en Centroamérica, Irak en Asia y (salvando las enormes distancias) Bélgica en Europa, todos con extensión menor a la de sus vecinos, presentan por distintas razones una mayor inestabilidad política. Respecto a la población, la UE cuenta con poco más de 500 millones de ciudadanos, superada por tan solo 2 países de economía emergente, que forman parte de las llamadas BRICS, como son India y China. Por tanto, queda de manifiesto que la superficie y/o la población total de un estado no es proporcional a su gobernabilidad, ésta dependerá de muchos más factores como su historia reciente, su sistema político o el reparto de la riqueza entre su población.

Con respecto al tema de la diversidad, el mismo lema de la UE no solo la contempla, sino que la reafirma (su lema es»Unidos en la diversidad»). Y es que desde una óptica federalista, la diversidad no se percibe como un obstáculo para aplicar políticas comunes, sino más bien debiera ser el motor para alcanzar acuerdos que no serían posibles bajo ninguna otra fórmula (una anexión imperial, una unión nacionalista o estrictamente mercantil por ejemplo). El Federalismo Europeo no pretende ningún tipo de estandarización cultural, sino el refuerzo de cada una de los Estados (con sus respectivas culturas y economías) que forman parte de Europa en un marco de cooperación. La Historia enseña que son las relaciones de competencia y rivalidad las principales causantes del Imperialismo y sus consiguientes guerras, no las de solidaridad y cooperación. En el mundo de hoy, la diversidad es un hecho, no una opción. De nosotros depende sacar partido de ella en un marco común europeo, o por el contrario demonizarla al aplicar ideologías del pasado para acabar encerrándonos en unas fronteras que siempre han mutado con el transcurso del tiempo.

Mito: «La Unión Europea es ultraliberal».

Realidad: Crítica compartida por ambos extremos del espectro político que defienden la totalidad de la planificación económica a manos del Estado. Conviene preguntarse qué entendemos por liberalismo. Si se refiere al marco de las libertades individuales, como la de expresión o circulación, la UE (en su conjunto, y varios de sus estados por separado) encabeza el ranking mundial. Si lo entendemos a nivel económico, bien es cierto que se establece una mayor libertad de mercado entre los Estados miembros, mas también existe un cierto proteccionismo con respecto a los mercados exteriores a la Unión. La finalidad de combinar ambas políticas no es otra que el desarrollo de la economía de cada Estado miembro. Por otra parte, la protección social, así como el gasto en Sanidad, Educación y Cultura, suele ser mucho mayor en los Estados de la UE (tanto en cantidad como en procentaje del PIB) que en el resto del mundo. La Unión Europea no es el paraíso anarcocapitalista del libre mercado con el que sueñan los teóricos del Libertarismo, una corriente que, dicho sea de paso, no es muy popular fuera del mundo anglosajón, tampoco en la Europa continental. Las recientes elecciones han puesto de manifiesto la diversidad de corrientes ideológicas, tanto en política como en economía, que existen en Europa (de hecho, en el Parlamento Europeo hay 7 grupos parlamentarios distintos, una pluralidad que no se da en la mayoría de sus miembros por separado). Asociar un conjunto de instituciones a una sola corriente de pensamiento o ideología, más aún en un marco de democracia, es un error que cualquier persona con un juicio crítico, al margen de sus opiniones, no debería nunca permitirse.

Distintos grupos políticos que conforman el Parlamento Europeo actual.

Mito: «La Unión Europea es la nueva Unión Soviética».

Realidad: ¿Pero no habíamos quedado que era un ente ultraliberal? En cualquier caso, esta otra afirmación es igual de rebatible. Si bien es cierto que en ambos casos hablamos de instituciones supraestatales y plurinacionales, podemos encontrar diferencias respecto a sus orígenes, la relación entre sus componentes o su organización política y económica.

En primer lugar, cabe mencionar que ningún país fue obligado a unirse a la UE, todos han entrado por los beneficios que aporta, incluyendo países del área ex-soviética. Nada de esto ocurrió con los países miembros del Bloque soviético, donde fueron ocupados y forzados a entrar, sin posibilidad de salida hasta el colapso de la URSS.

La UE goza además de un equilibrio de poderes entre las instituciones, en el que el Consejo representa a los gobiernos de los países, el Parlamento a los ciudadanos y la Comisión al gobierno central. Sin un acuerdo entre los 3  no pueden salir adelante nuevas leyes o los presupuestos de la UE. En la Unión soviética Moscú ordenaba y los estados satélites debían acatar las órdenes. De todos los países comunistas europeos, solo Yugoslavia consiguió una política más autónoma con respecto a Rusia.

Y en el plano económico, la UE establece un mercado donde hay 4 libertades que garantizan la igualdad de oportunidades para todos (países, empresas y ciudadanos). En la URSS, el sistema económico interno obligaba a los países satélites a comerciar con Rusia (al margen de la citada excepción de Yugoslavia), con ventajas efectivas para el gobierno del Kremlin, además de comprarla todos los productos que esta produjese, sin oportunidad de libre competencia entre ellos para obtener bienes de mayor calidad o mejor precio.

Mito: «Europa y la UE se encuentran en clara decadencia, por lo que deben buscar en el exterior nuevos modelos de referencia «.

Realidad: Cada sistema tiene fallos, y todos podemos aprender y beneficiarnos mutuamente (anda que no le vendría bien a Occidente aprender a tratar a la naturaleza como ciertas tribus de África, América u Oceanía). Desde EEUU hasta Venezuela, pasando por Brasil, Canadá, Uruguay, Suiza o Sudáfrica, varios países se han idealizado recientemente con respecto a Europa. Mas lo cierto es que la UE, a pesar de la reciente crisis le haya golpeado fuerte, sigue encabezando el ránking del PIB nominal y el del IDH (Indice de Desarrollo Humano). En nuestro continuo afán de perfeccionamiento y mejora no debemos olvidar lo que hemos conseguido hasta ahora, pues podríamos echarlo todo a perder.

Tal vez, en lugar de compararse continuamente con el exterior, debiéramos preguntarnos qué tiene Europa que aportar al resto del mundo, y buscar también modelos de referencia internos, como las políticas de gestión cultural de Francia, el modelo federal (y a la vez racional y pragmático) del estado alemán, o la apuesta por las energías renovables de los países nórdicos. Supone una gran contradicción buscar una mayor cooperación económica y política entre Estados y ser incapaces de observar y aprender unos de otros aquello que pudiera resultar beneficioso para todos. Una mayor atención a los asuntos del continente también puede ayudarnos a cooperar para evitar que fenómenos como el racismo, el populismo, la demagogia o el antieuropeísmo se propaguen por el continente y destruyan varios siglos de cultura y civilización comunes.

Mito: «Los ciudadanos de la UE (gobernantes y gobernados) no se sienten europeos».

Realidad: Toda generalización lleva implícita una falta de respeto a las siempre respetables minorías. En cualquier caso, si nos atenemos a las encuestas, esta afirmación tampoco es cierta, al menos en España,  pues una opinión favorable a la UE y cierta conciencia común Europea siguen ganando la partida a un euroescepticismo que, a nuestro pesar, se va abriendo paso.

Bien es cierto que el europeísmo varía entre países (no en todos hay un UKIP o un FN que gocen de un respaldo considerable) pero sobre todo entre generaciones; los jóvenes que han tenido la suerte de vivir en un continente más estable y sin guerras, así como de poder viajar y moverse sin restricciones y que gracias a ello suelen hablar varios idiomas, están mucho más «europeízados» que sus padres y abuelos.

Y además, por mucho que los distintos tipos de nacionalistas se empeñen en defender lo contrario, en el tema de las identidades no hay por qué elegir solo una. Y nuestras vivencias pueden cambiarla, o mejor dicho, ampliarla. Una persona seguramente esté influida, pero nunca estará determinada, por el lugar en el que le ha tocado nacer o por la lengua que le enseñaron sus padres. Tan cierto como que uno tiene derecho a cambiar su lugar de residencia o a aprender varios idiomas a lo largo de su vida. Estos pilares, el aprendizaje y la movilidad sin fronteras, no son otra cosa que 2 de los principios fundamentales del Federalismo Europeo.

Mito: «Europa es aburrida».

Realidad: De entre todas las frases analizadas, esta es sin duda el mayor disparate. Una cosa es la información que se encuentra en los principales medios, que básicamente trata de las cumbres y reuniones de señores con chaqueta y corbata en las que no se sabe muy bien de qué hablan,  y otra muy distinta es la vida en Europa. En cuánto a ocio y calidad de vida, Europa es referente mundial, gracias a sus derechos y libertades garantizados en cada uno de sus estados miembros  (sanidad, educación, libertad de prensa y expresión, vacaciones pagadas…) pero también a la mentalidad, que en el exterior se percibe como «no tan focalizada en el trabajo y en la seguridad, sino en vivir bien».

Por otra parte, la oferta de ocio y cultura, en líneas generales, es también abundante, y no excesivamente cara. Los festivales estivales de música (comunes en varias zonas de manera simultánea), los grandes eventos deportivos o la posibilidad de viajar con total libertad entre países (gracias a al tratado de Schegen) cada vez a un precio más económico son buena prueba de ello. Sobra mencionar el enriquecimiento personal que aporta el practicar cada una de esas actividades.

Personalmente, cuando recuerdo mis distintos viajes a lo largo y ancho de Europa y mi experiencia Erasmus, y alguien afirma sin tapujos lo «aburrido» que le resulta el viejo continente, tales palabras me producen un efecto semejante a un discurso que me intentase convencer de lo tolerantes que fueron el Ku-Klux Klan o la Inquisición. Y aceptando la verdad parcial de esta crítica, desde El Nuevo Federalista y las distintas secciones de JEF-España, seguiremos intentando mostrar a la UE y a Europa desde otra perspectiva, mucho más dinámica, divertida, plural y accesible al ciudadano. No dude en visitar nuestras nuevas secciones de la revista o en informarse de todos nuestros eventos y actividades.

UEFA-Champions League, el acontecimiento deportivo anual con más audiencia del planeta.

En cualquier caso, recordemos que los mitos corren el riesgo de volverse dogmas en el subconsciente popular, y que como bien dijo Einstein, cuesta mucho más destruir un prejuicio que el núcleo de un átomo. Acercar Europa a los ciudadanos, o por el contrario volverla un ente distante, sujeto de múltiples difamaciones, no depende sino de los que a día de hoy formamos parte de ella. Idéntico planteamiento al que se enfrentaron, medio siglo atrás, los padres fundadores de la Comunidad Económica Europea. Y aunque solo sea por el bienestar no solo de nosotros, sino de las generaciones venideras, merece la pena escoger la primera opción.