Manifiesto «Hacia una Unión Federal»

MANIFIESTO FEDERALISTA

 

 

Adoptado por el Congreso de UEF, Berlín, 16-17 de Noviembre de 2013

Enmendado por el Comité Federal de UEF, Bruselas, 13 de Diciembre de 2014

 

MANIFIESTO UEF

 

Hacia una Unión Federal

 

 

Europa atraviesa un período de turbulencias e incertidumbre. La larga crisis financiera, que ha llevado al estancamiento económico, al desempleo y a la fragmentación política, ha puesto de manifiesto no solamente los fallos en el diseño de la Unión Económica y Monetaria y la debilidad de las instituciones europeas, sino también la falta de compromiso con la integración europea por parte de los Estados de la UE. Como resultado, la Unión Europea ha perdido la confianza de muchos ciudadanos. La crisis en las regiones limítrofes con la Unión Europea, de Ucrania hasta Oriente Próximo, incrementa la presión para que progrese la integración europea en los ámbitos de política exterior, seguridad y defensa.

Si la Unión Europea quiere sobrevivir en los próximos años, debe perseguir los caminos de la paz social, la prosperidad y la unidad política a través de un gobierno democrático. Una Europa federal con fuertes instituciones democráticas es la única manera de responder a este desafío. Europa no estará unida si no es democrática. Y no será democrática si no es una federación.

El proceso de construcción de una auténtica Europa federal puede empezar hoy con la Eurozona y los Estados genuinamente comprometidos a unirse al euro. Nuestros decisores políticos tienen la responsabilidad de dar los pasos necesarios para solucionar los problemas, poner las cosas en orden y reconstruir la confianza.

Urgimos pues a los partidos políticos, a los Miembros del Parlamento Europeo elegido en 2014 y a la nueva Comisión Europea, a abordar la construcción de una unión federal como un objetivo central de su actividad. Y urgimos al Parlamento Europeo a desarrollar sus propuestas sobre la estructura de la unión federal al lado de representantes de los parlamentos nacionales.

 

 

Hacer frente a la crisis

 

Los federalistas creemos que sólo una mayor integración fiscal sacará a Europa de la crisis y desarrollará el potencial económico y democrático de Europa. Esta nueva política tiene que configurarse en torno a Estados cuya moneda es o será próximamente el euro.

A nivel nacional, la disciplina fiscal debe acompañarse de reformas económicas. Tanto a nivel europeo como nacional, debe alcanzarse un mejor equilibrio entre consolidación fiscal e inversión en crecimiento y empleo: la unión fiscal no es viable sin justicia social. Combatir el desempleo juvenil debe ser la prioridad.

Es evidente que los planes de recuperación estrictamente nacionales han sido en su gran mayoría ineficaces. Únicamente creando instrumentos y recursos para las políticas europeas económicas, industriales y energéticas, podremos impulsar el comercio y la competitividad, estimular la investigación y la educación, crear redes transeuropeas y completar el mercado único de servicios.

UEF celebra la legislación ya vigente, que asegurará la responsabilidad presupuestaria a nivel nacional y europeo. Ahora urgimos a la Eurozona a avanzar rápidamente para afrontar la carga de la deuda que está destruyendo las oportunidades para demasiados ciudadanos europeos. Necesitamos formas adecuadas de

 

imposición europea y nuevas formas de instrumentos de deuda para una política europea proactiva en lo social y lo económico. Necesitamos reemplazar la condicionalidad ad hoc por políticas y medidas democráticamente legitimadas, incluyendo estabilizadores automáticos, que promuevan la solidaridad y el crecimiento en una economía social de mercado en Europa si se logran las condiciones y reglas de estabilidad fiscal y cambios estructurales.

Estos pasos requieren la transformación de la Eurozona en una verdadera unión política. Y aquellos Estados que no se hayan incorporado aún al euro, y tengan la intención de hacerlo, deben vincularse tanto como sea posible a este proceso de integración profunda.

 

 

Modificación del Tratado

 

El Tratado de Lisboa está siendo forzado hasta un punto crítico bajo la presión de la gestión de crisis. Su revisión es inevitable para que la Unión venza las dificultades presentes.

Por ello, hacemos un llamamiento para que dé comienzo cuanto antes una Convención constitucional. La Convención estará compuesta por Miembros del Parlamento Europeo, diputados nacionales, la Comisión y los gobiernos nacionales. Pero tiene que llegar a los medios, los partidos políticos, la sociedad civil y la opinión pública, de manera directa y efectiva. Su mandato debe incluir la tarea de explicar y justificar las decisiones que tome.

La agenda de la Convención deberá ser abierta, y al mismo tiempo estar diseñada por una estrategia política coherente basada en la refundación y la renovación de la Unión Europea en torno a una vanguardia federal. Su labor será preparar una nueva ley fundamental que provea un acuerdo duradero sobre el sistema de gobernanza de la Unión, así como un juicio más claro sobre lo que vendrá en el futuro.

El nuevo Tratado deberá aumentar la capacidad de la Unión para actuar en el interior y el exterior. Ha de ser un marco constitucional fuerte en el que gobernantes y legisladores tengan el poder de tomar decisiones coherentes y eficientes sobre la orientación de las políticas. Los Estados miembros deberán respetar los valores y los principios de su Unión, y la UE deberá estar alerta y reaccionar con eficacia cuando los cambios de las constituciones nacionales se desvíen de ellos.

Es necesaria una auténtica política común de inmigración y asilo para hacer realidad la zona de libertad, seguridad y justicia de la UE. Las responsabilidades del control de las fronteras externas de la Unión deben ser dignamente compartidas, y los Derechos Humanos de los migrantes plenamente respetados. Los derechos consulares de la ciudadanía de la Unión deberían ser reforzados, e impulsadas las oficinas consulares de la UE. Los ciudadanos de la UE residentes en otros Estados de la Unión deberían poder votar en todas las elecciones en su lugar de residencia. El alcance de la Iniciativa Ciudadana Europea debería ampliarse y hacerse más accesible su aplicación.

La Unión Europea no será el actor global que aspira a ser a menos que los Estados adopten un compromiso político más serio para desarrollar políticas comunes en el ámbito exterior, de seguridad y defensa. En este momento, Europa está fracasando no sólo a la hora de defender sus propios valores e intereses, sino también de realizar su potencial como fuerza del bien en los asuntos mundiales. Los ciudadanos europeos están firmemente comprometidos con la paz.

Para alcanzar estos objetivos, la revisión del Tratado no debe dudar en ajustar las competencias y aumentar los poderes de las instituciones Europeas donde sea necesario.

 

 

Gobierno federal

 

El principal rasgo novedoso de la ley fundamental deberá ser la instalación de un gobierno federal, con una Secretaría del Tesoro poderosa, para la unión fiscal y económica. La Eurozona debe tener su propia capacidad fiscal, competente para contribuir a la estabilización macroeconómica. El presupuesto de la UE

 

debería ser financiado con auténticos recursos propios y autónomos (como tasas sobre las emisiones de carbono o las transacciones financieras), los cuales, al alejarse del sistema actual de contribuciones nacionales directas, permitirán al centro federal sustraerse de la parálisis de la justa compensación.

El nuevo Tratado deberá posibilitar la mutualización progresiva de al menos una parte de la deuda soberana en el interior de la Eurozona, sujeta a estricta condicionalidad. Debería levantar la prohibición de finaciación del déficit, asegurando al tiempo que la deuda federal esté sujeta a límites comparables a los impuestos a los Estados. Además, las actuales reglas de unanimidad para las decisiones sobre los recursos propios y el marco financiero plurianual deberán ser modificadas.

 

 

Una democracia mejor

 

UEF cree que la Unión Europea sólo sobrevivirá y prosperará ampliando la democracia europea: actuamos para reforzar el espacio público europeo, con ciudadanos plenamente comprometidos en todas las etapas del proceso constitucional.

Deberíamos transferir a la Comisión Europea la mayor parte de los poderes ejecutivos residuales que ahora detenta el Consejo, al menos en el ámbito económico y fiscal, convirtiendo a la Comisión en un gobierno reconocible y responsable. El tamaño de la Comisión debe reducirse, siendo sus miembros nominados por el Presidente electo y elegidos por el Parlamento Europeo. La nueva estructura de la Comisión propuesta por el Sr. Juncker, con el nombramiento de siete Vicepresidentes, y la creación de equipos de proyectos, son un buen paso en esta dirección.

Las dos cámaras legislativas del Parlamento Europeo y el Consejo deberían situarse en pie de igualdad. La composición del Parlamento debería estar determinada por reglas lógicas, transparentes y comprensibles, sobre la base de la población de los Estados, respetando el principio de proporcionalidad decreciente. Para construir partidos políticos europeos reales y realzar la dimensión europea de las políticas, un número de Miembros del Parlamento Europeo debería ser elegido en una circuscripción paneuropea, con listas transnacionales. El Parlamento debe adquirir el derecho a autorizar las modificaciones de los Tratados y el ingreso de nuevos Estados.

Las restricciones al alcance de la jurisdicción del Tribunal de Justicia deberían eliminarse, y facilitarse el acceso al Tribunal para los particulares.

 

 

Una mayor legitimidad

 

Se necesitan procedimientos flexibles y democráticos para las futuras enmiendas de los Tratados, que deberían entrar en vigor bien tras ser ratificadas por una mayoría cualificada de Estados y de Miembros del Parlamento Europeo, o bien aprobadas en un referéndum pan-UE por una mayoría de Estados y ciudadanos. Tales cambios pondrían a la UE al nivel de otras organizaciones federales o internacionales.

Los Estados de la UE no pueden ser forzados contra su voluntad a dar los pasos federales que aquí proponemos. Al mismo tiempo, no puede permitirse a estos Estados una posibilidad ilimitada de tomar cuanto quieran de la UE y desechar el resto. Aceptar más opciones de exclusión voluntaria y derogaciones a la carta podría fracturar la cohesión del acervo comunitario. El free riding significa desintegración.

Proponemos, por ello, crear una nueva categoría de miembros, a la que puedan optar los Estados que elijan no unirse a la unión federal. Su participación institucional estaría necesariamente limitada. Se requeriría una lealtad continuada a los valores de la Unión, pero el compromiso político con los objetivos y las políticas de la Unión sería reducido. Esta nueva forma de membresía asociada sería también una mejora del actual Espacio Económico Europeo, y estaría abierta a todos los demás países europeos.

En caso de que actualizar la Unión Europea conforme a estas líneas se demostrase imposible para todos los Estados Miembros, urgimos a la creación de una asamblea constituyente, que reúna a los miembros de

 

los parlamentos nacionales y del Parlamento Europeo para establecer una constitución de acuerdo con estas orientaciones. Cada parlamento estaría invitado a participar en un nuevo comienzo para Europa; pero la asamblea debería poder empezar su tarea aun cuando no todos se hayan decidido a tomar parte en este proyecto.

 

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Para lograr estos objetivos, UEF acoge un amplio debate público sobre “Una ley fundamental de la Unión Europea”, definido por el Grupo Spinelli de Miembros del Parlamento Europeo.

Nos comprometemos a promover la causa de la unión federal europea por el interés de un mundo más pacífico y próspero.

La Unión de Federalistas Europeos encomienda este manifiesto a los partidos políticos, los Miembros del Parlamento Europeo y la nueva Comisión Europea.