Manifiesto de Ventotene – 7ª Entrada

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III- OBLIGACIONES DE DESPUÉS DE LA GUERRA: REFORMA DE LA SOCIEDAD.

 

Una Europa libre y unida es premisa necesaria para el fortalecimiento de la civilización moderna, de la cual la era totalitaria representó una interrupción. El final de esta era, hará retomar inmediatamente de pleno el proceso histórico contra la desigualdad y los privilegios sociales. Todas las viejas instituciones conservadoras que impedían la actuación de las fuerzas progresistas serán colapsadas o estarán en vías de serlo; y su crisis deberá ser explotada con valentía y decisión.

 

La revolución europea, para responder a nuestras exigencias deberá ser socialista, esto significa que deberá proponerse la emancipación de la clase trabajadora y la obtención para ésta de condiciones de vida más humanas. La orientación para tomar disposiciones en dicha dirección, no puede ser únicamente un principio puramente doctrinario, según el cual la propiedad privada de los medios materiales de producción debe ser abolida y tolerada sólo de forma provisional cuando no sea posible otra alternativa. La estatalización general de la economía fue la primera forma utópica en la que las clases trabajadoras representaron su liberación del yugo capitalista; pero una vez realizada en pleno, no lleva a los resultados soñados, sino a la constitución de un régimen en el que toda la población está al servicio de la clase restringida de los gestores burócratas de la economía.

 

El principio verdaderamente fundamental del socialismo es aquel según el cual las fuerzas económicas no deben dominar a los hombres; sino ser sometidas, guiadas y controladas por éstos del modo más racional posible hasta que las grandes masas dejen de ser las víctimas. Las gigantescas fuerzas del progreso que broten de los intereses individuales no deben ser extinguidas por la rutina, para luego encontrarse a continuación frente al indisoluble problema de tener que resucitar el espíritu de iniciativa, mediante las diferencias salariales y con otras medidas del estilo; ya que, en cambio, esas fuerzas deben ser exaltadas y extendidas, ofreciendo una mayor oportunidad de desarrollo y empleo, al mismo tiempo que se perfeccionan y consolidan los cimientos que las encaminen hacia objetivos de mayor ventaja para la colectividad.

 

La propiedad privada debe ser abolida, limitada, corregida, pero de forma observada y distinta caso por caso, y no dogmáticamente de acuerdo con una ideología. Esta directiva se inserta en el proceso de formación de una vida económica europea liberada de las pesadillas del militarismo o burocratismo nacional. La solución racional debe tomar el puesto de la irracional, incluso en la conciencia de los trabajadores. En un intento de describir con mayor detalle el contenido de esta directiva, y advirtiendo que la conveniencia y modalidad de cada punto programático deberá ser juzgados en relación con el presupuesto ya indispensable de la unidad europea, destacaré a continuación los siguientes puntos:

 

 

a) No se puede dejar a las empresas que, desarrollando una actividad necesariamente monopolista, estén en condiciones de explotar a las masas de consumidores, como por ejemplo hacen las eléctricas o las metalúrgicas. Estas corporaciones existen por razones de interés colectivo, pero que para administrarse necesitan de clientes protectores, de subsidios, de favores etc. Estas empresas, por la grandeza de los capitales invertidos y el número de trabajadores ocupados, o por la importancia del sector que dominan, pueden llegar a chantajear a los órganos del Estado, imponiendo la política para ellos más ventajosa (ej.: industrias mineras, grandes institutos bancarios, grandes armamentos). Este es el campo en el que deberán proceder sin duda las nacionalizaciones en una escala vastísima, sin prestar atención a los derechos adquiridos.

 

b) Los que tuvieron en el pasado el derecho de sucesión, permitieron acumular unas riquezas en manos de unos pocos privilegiados que convendrá redistribuir de modo igualitario durante una crisis revolucionaria; para así eliminar las clases parasitarias y para dar a los trabajadores los instrumentos de producción que necesitan, así como mejorar las condiciones económicas y hacerles alcanzar una mayor independencia de vida. Pensamos que una reforma agraria haría que, pasando la tierra a quién la cultiva, aumentaría enormemente el número de propietarios, extendiendo la propiedad a los trabajadores en sectores no estatalizados con gestiones de cooperativas, acciones etc.

 

c) Los jóvenes deben ser asistidos con las herramientas necesarias para reducir al mínimo las distancias entre las posiciones de partida en la lucha por la vida. En particular, la enseñanza pública deberá dar a los alumnos las posibilidades efectivas de proseguir los estudios desde los cursos obligatorios hasta los superiores, no sólo a los ricos; y deberá preparar a los estudiantes de cada rama de los distintos oficios y de las diversas actividades liberales y científicas en un número de individuos correspondiente a la demanda del mercado, de modo que las remuneraciones medias resulten equiparables en todas las categorías profesionales, sea cual sea la divergencia entre las remuneraciones en el interior de cada categoría y dependiendo de las capacidades individuales.

 

d) La potencialidad casi sin límite de la producción en masa de géneros de primera necesidad con la técnica moderna, permite asegurar a todos con un costo social relativamente pequeño; la comida, el alojamiento y el vestido, con el mínimo de comodidad necesaria para conservar el sentido de la dignidad humana. La solidaridad hacia aquellos que sucumbieron ante la lucha económica, no deberá por ello manifestarse en forma de caridad humillante y generadora de los mismos males que vanamente intenta remediar, sino que se deben tomar medidas serias que garanticen un estándar de vida decente para todos, incondicionalmente, sin reducir el estímulo al trabajo y al ahorro. De este modo ninguno sería forzado por la miseria a aceptar contratos de trabajo injustos.

 

 

e) La liberación de las clases trabajadoras sólo puede tener lugar llevando a cabo las condiciones anteriormente expuestas; sin dejarlas caer en poder de la política económica de los sindicatos nacionalistas, que transportan al ámbito obrero los métodos característicos del gran capital. Los trabajadores deben de ser libres de elegir a sus propios representantes para tratar colectivamente las condiciones en que están dispuestos a trabajar, y el Estado deberá poner los medios jurídicos para garantizar el cumplimientos de los convenios acordados; así todas las tendencias monopolistas podrán ser eficazmente combatidas una vez que se hayan realizado las transformaciones sociales.

 

Estos son los cambios necesarios para crear en torno al nuevo orden europeo,  un amplio estrato de ciudadanos interesados en su mantenimiento, y para dar a la vida política a una consolidada impronta de libertad, impregnada de un fuerte sentido de solidaridad social. Sobre estas bases, las libertades políticas podrán realmente tener un contenido concreto, y no sólo formal, en cuanto a que la masa de ciudadanos tendrá una independencia y conocimiento suficiente para ejercitar un continuo y eficaz control sobre la clase gobernante.

 

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