La UEE, una unión económica de estados en dificultades

De Juuso Järviniemi

Título original: EEU – economic union of currently struggling states

Traducido por Alistair Spearing Ortiz

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La Unión Económica Euroasiática (UEE) nació oficialmente el 1 de enero y actualmente se compone de Rusia, Bielorrusia, Kazajistán y Armenia, que se adhirió el día después de su creación. Kirguistán, que ya era miembro de la Unión Aduanera Euroasiática (UAE) subsumida en la nueva comunidad, tiene previsto entrar en la UEE este mismo año, aunque su adhesión ya se ha pospuesto un par de veces.

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El principio básico de la UEE se asemeja a la vertiente económica de la Unión Europea y consiste en armonizar las regulaciones comerciales y facilitar los flujos de trabajadores, bienes y servicios. De momento, la UEE no prevé avanzar hacia integración política fuera del ámbito comercial.

Los medios occidentales han señalado varias veces que Rusia representa la mayor parte de la población y el producto interior bruto de la UEE. Las ambiciones expansionistas de Vladímir Putin han despertado sospechas de que la Unión Económica Euroasiática, a menudo conocida simplemente como Unión Euroasiática, podría acabar convirtiéndose en la reencarnación de la Unión Soviética. Una mayor integración política impulsaría el proyecto en esa dirección. Según Eurasia Review, la idea de un Parlamento Euroasiático vino del presidente de la Duma rusa, pero Bielorrusia y Kazajistán, cuyo líder Nursultán Nazarbáyev (el padre del concepto de la Unión Euroasiática) deseaba una unión puramente económica, se han mostrado reacios a aceptarla.

La recesión en la que está sumida Rusia ha afectado la UEE, como no podía ser de otro modo. Incluso sin integración económica, los estados miembros de la Unión dependen en buena medida de Rusia. Bielorrusia, el que más ha sufrido debido al desplome del rublo, ha visto cómo sus  tipos de interés oscilaban a lo loco y sus ciudadanos se apresuraban a cambiar la divisa local por divisas extranjeras, pero Kazajistán, Armenia y Kirguistán tampoco se han librado de las consecuencias. Tal como explica Business Insider, toda esta región está en dificultades —un comienzo poco auspicioso para la Unión.

La Unión Euroasiática ha sido acusada de practicar el proteccionismo al aplicar tasas de aduana en sus fronteras externas. Estos aranceles hacen que sea más lucrativo comerciar con otros miembros de la Unión, pero dificultan el comercio con terceras partes, tal como señala la revista Foreign Policy. Esta política ha sido motivo de críticas al considerarse que sirve para amarrar los estados miembros más pequeños en la órbita rusa, lo que es cierto pero no sorprendente, ya que se trata de un acuerdo internacional. Según el Astana Times, una encuesta llevada a cabo por el Banco Euroasiático de Desarrollo con 14.000 participantes de 11 países de la Comunidad de Estados Independientes en 2013 encontró que entre un 65% y un 73% de los ciudadanos de los tres miembros fundadores estaba a favor de la Unión, así que parece que el público no se oponía a la integración, al menos antes de que las circunstancias cambiaran recientemente.

Hay varias fuentes occidentales que dudan mucho del potencial de la Unión Euroasiática, mientras que los medios rusos, como era de esperar, se muestran optimistas sobre sus beneficios económicos. Facilitar el comercio con Rusia no parece mala idea para los estados que tienen Moscú como principal socio comercial. La pregunta es más bien si tiene sentido estrechar los lazos con una Rusia sumida en crisis económica y dirigida por un presidente con hambre de más poder. En cualquier caso, la unión fundada oficialmente en 2015 no tiene ni leyes comunes ni una moneda única. Aunque en Kazajistán y Bielorrusia hay gente que se ha preocupado por la soberanía, la Unión Euroasiática en su forma actual no es una gran amenaza en este sentido. Según Foreign Policy, el defecto que ha obstaculizado el progreso económico dentro de la Unión es la política de aduanas externas, que ya existía en la UAE.

La adhesión de Ucrania a la UEE, un proyecto ruso que aparentemente fracasó tras el acuerdo de asociación de Kíev con la Unión Europea, habría aportado un contrapeso a la posición dominante de Moscú en la Unión. Ucrania no es la única exrepública soviética que se ha negado a formar parte de la UEE, pero un estado de 45 millones de habitantes habría incrementado sustancialmente la proyección internacional del proyecto euroasiático. Desafortunadamente para Vladímir Putin, la UEE se quedará sin la «joya de la corona». Parece que el proyecto ruso no alcanzará la dimensión que se esperaba, es decir, la adhesión de nuevos miembros. Además de todo esto, también se ha puesto en duda el compromiso político de los estados miembros (actualmente bastante débil debido a los desacuerdos respecto a las restricciones comerciales impuestas a Occidente) y la capacidad de los estados miembros, especialmente Kirguistán, de cumplir los acuerdos —mal augurio para la Unión recién nacida.

Los países de la Unión Euroasiática van a tener un principio de 2015 complicado en términos económicos, pero no es culpa de la Unión. Vistas las acciones que Rusia ha emprendido recientemente y el berenjenal económico en el que se encuentra, es comprensible que los estados miembros más pequeños de la UEE estén preocupados, pero cada nuevo paso hacia una mayor integración deberá darse por separado. Este es el factor principal, ya que en las circunstancias actuales parece difícil que el proyecto pueda avanzar a la siguiente casilla.