La Revolución Podemos

Escrito por: Gaëtan Trillat

Tñitulo original: La Révolution Podemos

Traducido por: Miguel García Barea

Con apenas un año de existencia, Podemos ha revolucionado la escena política española. El pasado mes de mayo recogió casi el 8% de los votos en las elecciones europeas, con un total de  1,2 millones de votantes. A finales de agosto, una encuesta sobre las elecciones generales en 2015 lo colocó tercero detrás de los dos grandes partidos, el PP (Partido Popular) y el PSOE (Partido Socialista). A menos de un año de las elecciones que marcarán el final del mandato de Mariano Rajoy, en el poder desde 2011, Podemos encabeza  actualmente las encuestas con un 27% de los votos y parece haber alcanzado su objetivo: sacudir «la casta”, es decir, a la élite político-económica  conformada  por la Troika, los bancos y los partidos políticos.

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Si  en gran parte de Europa fueron partidos de extrema derecha quienes se subieron a la ola del euroescepticismo a consecuencia de la crisis económica, en España la respuesta más solida y contundente  contra la clase política es de extrema izquierda. El origen de Podemos se remonta a mayo de 2011, cuando el movimiento 15M de la Puerta del Sol (los autodenominados  Indignados, equivalente español a Ocuppy Wall Street)  había revolucionado el país.  Desde este movimiento anti-austeridad se veían  sin aliento: ni querían ni podían formar parte del sistema político clásico, que había decepcionado a un 65% de españoles, quienes en una encuesta habían mostrado su simpatía por los Indignados.

Hace menos de un año, el diario digital Público (de tendencia izquierdista) sacó a la luz un manifiesto cuyo objetivo era «convertir la indignación en el cambio político», firmado por una treintena de intelectuales. El texto, que en su momento pasó desapercibido, pidió la creación de una lista electoral europea común incorporando las ideas generadas por el movimiento 15M. Poco después nació Podemos, con Pablo Iglesias a la cabeza.

Este profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, de tan solo 36 años y apodado «El Coletas»(por su imagen) es una caricatura de la Izquierda Política: nació en el barrio obrero de Vallecas, en las afueras de Madrid, en el seno de una familia republicana, militó en la Juventud Comunista y posteriormente pasó por diversos movimientos antiglobalización. Y  pasó a formar parte de la Opinión Pública gracias a su participación en diversas tertulias políticas televisivas, en especial por aquellas que dirige: Fort Apache (Hispan TV) y Ta Tuerka (online, actualmente en la web del diario Público). Con su dominio de la retórica y de los medios de comunicación, Pablo Iglesias se ha convertido en el hombre más popular de la política española actual.

La ciudadanía contra la «casta»

Podemos pone el acento en los temas que son especialmente relevantes en la España gobernada por Mariano Rajoy: en primer lugar, su programa económico seduce a aquellos que han sufrido las consecuencias de los planes de austeridad. El gobierno español indigna a sus ciudadanos cuando les habla de «la salida de la crisis», mientras que hoy en día un español de cada cuatro está por debajo del umbral de la pobreza y uno de cada cinco en paro (de entre ellos, un 10% son menores de 25 años ). Al mismo tiempo, Iglesias y sus allegados han propuesto, entre otras medidas, la creación de una renta básica de alrededor de 500 euros para todos los ciudadanos (la llamada Renta Básica Universal), cambiar la edad de jubilación a los 60, la jornada laboral 35 horas semanales o el aumento del salario mínimo (€ 645 en la actualidad).

Pero la economía no es el factor decisivo en el crecimiento y la consolidación de Podemos, quienes presentan un programa de izquierda radical clásico, comparable al de Izquierda Unida, el «Front de Gauche» español, que existe desde hace décadas y en los últimos años no ha superado el 6% de los votos.

Lo que hace más atractivo al partido Podemos es la lucha contra la corrupción del “régimen 1978″, heredero de la Transición posfranquista y que es objeto de un rechazo muy acusado. En España, el nivel de corrupción política casi haría pasar a Francia como un país modélico: más de dos mil casos están actualmente bajo investigación judicial con un coste estimado de 40 millones de euros al año por el Estado. Incluso la sacrosanta monarquía se ve afectada por el fenómeno, mientras que los partidos políticos están completamente desacreditados: los españoles le atribuyen una nota de 2 sobre 10 según una encuesta reciente sobre la confianza en la política.

Podemos no solo critica la situación existente, sino que desea iniciar una “revolución democrática” real. El partido tiene una estructura original integrada por los «círculos», una red de asambleas locales o regionales (cultura, deporte, energía, deuda soberana, etc.) distribuidos por todo el País. Este sistema de círculos busca promover la idea de una democracia participativa y parte de su éxito se debe a la retórica. Como ha explicado varias veces el politólogo Íñigo Errejón, se trata de la abolición de la tradicional división izquierda-derecha para resaltar otra división que aúna a «la democracia contra la oligarquía o incluso a la ciudadanía contra la casta». Un enfoque populista y reclamado como tal.

 

Con un programa de izquierdas más que asumido, más con una estrategia alternativa a la división tradicional, nos encontramos con un cóctel que parece funcionar y que en Francia ha inspirado Jean-Luc Mélenchon, que en los últimos meses no se define más como “de Izquierdas» sino “del pueblo».

¿Hacia una deriva presidencialista?

De la misma manera que en Francia se acusa a Mélenchon de ser omnipresente y omnipotente dentro de su partido, cada vez más voces se alzan contra el método Iglesias: de hecho, en la conferencia de noviembre, Iglesias fue confirmado como jefe del partido con más del 88% de los votos. Su concepción «vertical» del partido se consideró una traición a los ideales originales para algunos activistas de Izquierda Anticapitalista (partido asociado con Podemos).

El proyecto de Iglesias respalda la creación de un puesto de Secretario General, junto con un consejo de coordinación integrado por doce personas nombradas por él, y resta importancia a los círculos. La cabeza de Jorge Lago partido siquiera reconoce: «No podemos trabajar de la manera que queremos, porque estamos en un sistema político jerárquico. Debemos hacer malabares para compatibilizar la realidad con el deseo de otra sociedad posible».

Podemos ilustra la conocida paradoja de una parte de la izquierda radical universal, confrontada por unos principios democráticos sólidos por un lado, y la admiración a un líder carismático por otro. Pero estructurándose como un partido político clásico maximizan sus opciones de triunfar en las próximas elecciones generales, que es lo único que interesa a Iglesias y los suyos. Sirva como prueba de que ahora se les tome en serio que el “Pierre Gattaz español”, Juan Rosell, ha pedido recientemente una gran coalición PP-PSOE para frenar su ascenso. Un deseo también formulado por el que fuera Presidente del Gobierno español, Felipe González (1982-1996)el pasado mes de mayo.