Europa y su vacío en los medios

Por: Miguel García Barea

Resultados al margen, las últimas elecciones han puesto de manifiesto una preocupante realidad: la inexistencia de un opinión pública europea, que trae consigo el  desconocimiento general de los asuntos del continente.

Imaginemos que se celebran las elecciones municipales de nuestro pueblo o ciudad. A menos que tenga un tamaño muy reducido, nuestro municipio se organizara en distintos barrios, cada uno con un colegio electoral propio. Evidentemente, no todos los barrios tendrán la misma población, ni el mismo tipo de electorado a nivel socioeconómico. A nadie debería extrañarle que los resultados de las votaciones en un barrio obrero o en el ensanche fuesen distintos a los de, por ejemplo,  el casco antiguo o el centro administrativo y de negocios. Hasta ahí todo normal. Ahora bien, imaginemos que la semana siguiente de las elecciones, en las tertulias del bar, en la radio y periódicos locales, en las plazas y los parques, en la oficina, las escuelas y universidades y  en definitiva en todos los lugares donde se genera e intercambia opinión pública se siguiesen analizando y comentando los resultados del barrio, propio o ajeno, sin saber muy bien aún quien será el nuevo alcalde de la ciudad ni sus concejales. Bienvenidos a Europa, amigos.

Las recientes elecciones europeas han recibido una cobertura mediática considerable. No era para menos. No obstante, debemos ser críticos con las informaciones y noticias recibidas. Con su fiabilidad, sí, pero sobre todo con su enfoque. Es evidente que falta una perspectiva global europea a la hora de abordar los temas relacionados con el Parlamento, la Comisión o el devenir de la UE. No solo entre la ciudadanía o entre la clase política, sino también en los medios de comunicación, un hecho mucho más preocupante ya que su acción condicionará  nuestra percepción del mundo que nos rodea, puede que de manera definitiva.  Y qué menos que exigirle a los periodistas, analistas y demás comunicadores esa profesionalidad de la que algunos presumen ostentosos.

En España, los medios han puesto el acento en la caída del bipartidismo y el auge de otras fuerzas emergentes, como la formación Podemos, liderada por Pablo Iglesias. En Francia, las portadas se dedicaron al triunfo del ultraderechista Frente Nacional, debido en gran parte a una enorme abstención. La misma línea se siguió en Reino Unido, con la victoria del también euroescéptico UKIP de Nigel Farage. En Italia, por ejemplo, se ha comentado el triunfo del progresista Renzi, que ha ido de la mano de una consolidación del populista Beppe Grillo y de la caída del partido de Berlusconi. Estos son solo algunos ejemplos de los apuntes de prensa en ciertos países. Informar, analizar y con el tiempo, explicar las causas de los resultados electorales de cada Estado no solo es recomendable, sino necesario. Pero no nos podemos quedar ahí. El siguiente paso, y la asignatura pendiente de la mayoría  de los distintos medios de comunicación del continente, ya sean grandes o pequeños, es la creación de una opinión pública europea.

Los distintos acontecimientos que tienen lugar en nuestra ciudad, ya sea una obra de alcantarillado o asfaltado en una calle, la apertura de una biblioteca o centro comercial  o el aumento de la inseguridad o la delincuencia en alguno de sus barrios influyen  en nuestro día a día. Por eso mismo nos interesan. Del mismo modo, lo que suceda en cualquiera de los 28 países miembros no debiera dejarnos indiferentes. Así, la posibilidad de que en la Eurocámara pueda formarse un grupo euroescéptico extremista y radical, integrado por neonazis como los griegos Amanecer Dorado, es un riesgo potencial para toda la ciudadanía de la Unión, y un asunto por el que se debería emplear mucha más tinta y papel que, entre otras cosas,en la vida privada de Pablo Iglesias o las  continuas reacciones de Miguel Arias Cañete o Elena Valenciano.  Desentenderse de lo que pasa en el resto del continente no ayudará a solucionar sus problemas,  que en primera o última instancia son también los nuestros. Solo espero que con el tiempo, los políticos, los medios de comunicación y nosotros, la ciudadanía, nos demos cuenta de ello.