Europa para un futuro próspero y federal

Artículo traducido por Jorge Tanarro Colodrón
El artículo original está disponible aquí, en la web del Grupo Spinelli.

Por Andrew Duff – Le Monde des lecteurs 04/01/2013

En respuesta a la crónica «Et pourtant, elle bouge!» (Le Monde, 20/12/2012) de Arnaud Leparmentier, Andrew Duff, eurodiputado, presidente de la Unión de Federalistas Europeos (UEF) y portavoz del grupo ALDE en el Parlamento Europeo para asuntos constitucionales, ofrece algunas reflexiones en vocación federal sobre el papel de Europa de cara a un futuro cercano.

Siempre nos equivocamos por tener razón demasiado pronto… no importa.

Siempre nos equivocamos por tener razón demasiado pronto. No tomamos la cita prestada de Galileo, sino de Edgar Faure, antiguo Presidente del Consejo – a pesar de que la hubiera sostenido también seguro el primero. Además, con nuestra modestia habitual, decimos sin miedo que también la sostenemos hoy los federalistas europeos.

No, no pedíamos al Consejo Europeo de diciembre una «gran noche federal» y sin embargo, sí, el Consejo Europeo decepcionó. ¿Qué pasó entonces el 14 de diciembre en Bruselas? Los Jefes de Estado y de Gobierno se reunieron para una foto de familia, y el Consejo adoptó las conclusiones que oficialmente  establecen, por tercera vez consecutiva, un acuerdo acerca de la necesidad de una unión bancaria. Nada nuevo realmente, ya que los Consejos de junio y octubre lo habían hecho antes, y el Parlamento Europeo también… en 2010, pero en aquel momento nuestros dirigentes hicieron oídos sordos.

Pero no nos perdamos en la caricatura. La unión bancaria está en camino, por fortuna, las negociaciones con el Parlamento Europeo van a poder comenzar.

Lo que podemos criticar con todo derecho es que los Jefes de Estado y de Gobierno se han regalado dos años de reposo intelectual en lo referente al futuro democrático de Europa. Los federalistas no demandaban que el debate institucional sobre este futuro tuviera lugar «inmediatamente, ahora.» No. Sin embargo, lo que pedimos es que, tal como había prometido la canciller Angela Merkel en septiembre, el Consejo de diciembre se comprometiese a iniciar un proceso constitucional para Europa ante la necesidad de una Convención en primavera de 2015 para la revisión de los tratados. ¿Por qué?

Porque hace falta recuperar la confianza. La confianza de los mercados, eso de lo que tratan nuestros líderes sin éxito, ya que siguen creciendo las tasas de interés de los préstamos para Portugal, Italia y Grecia. Y también y sobre todo, la de los ciudadanos – el simple hecho de que tenemos que sentarnos a escribir para defender a Europa demuestra la desconfianza de los ciudadanos. Si el Consejo hubiera incluido entre sus conclusiones, la promesa de una revisión de los Tratados y la apertura de una convención en 2015, entonces habría sido posible.

En primer lugar, los mercados financieros verían que cuando hablamos de unión bancaria, de disciplina fiscal, de reducción del déficit, de solidaridad y de herramientas para el crecimiento, estamos siendo serios y decididos ya que estaríamos listos para embarcarnos en el delicado y peligroso ejercicio de revisión de los tratados. Con una Convención se acabaría el tiempo de soluciones rápidas, a corto plazo, nos apuntaríamos al largo plazo. En segundo lugar, los ciudadanos se habrían expresado, y por tanto, comprometerse a la apertura de los tratados en 2015, después de las elecciones europeas de 2014, sería dar a los redactores del tratado resultante el mandato popular que tanto se echó de menos en la llamada primera Convención, que dio a luz al proyecto fallido de Constitución Europea.

Las elecciones europeas son víctimas del desencanto de los ciudadanos porque, ante sus ojos, no cuentan realmente ya que los partidos nacionales tradicionales cuya esfera de influencia es nacional por definición, no las saben aprovechar y promover. No dan lugar a ninguna mayoría, ni indican una dirección para Europa que un líder haya promovido durante una campaña electoral. Y este último punto es crucial. ¿Quién debería ser el responsable? ¿Qué propuesta es la mejor? ¡Votemos y veamos! Estos son los fundamentos de la democracia.

Vincular las elecciones europeas a la elección del futuro Presidente de la Comisión como indica el Tratado de Lisboa y vincular estas elecciones con el futuro de Europa promoviendo una Convención Constitucional, sería convertir este momento de democracia europea en un éxito.

¿Entienden esto los Jefes de Estado y de Gobierno? Nos atrevemos a creerlo. ¿Están dispuestos a ver cómo se recortan sus poderes? De esto estamos menos convencidos, ya que una unión patituerta proporciona la coartada perfecta para cuando todo vaya mal y además atreverse a practicar la democracia europea, es arriesgarse a que los ciudadanos europeos le cojan el gusto.

¿Se impone Europa contra el pueblo? Se impone, eso es seguro, porque en una economía globalizada y en un mundo en reajuste, es la escala de acción adecuada y los europeos lo saben. François Hollande que tiene todos los resortes del poder en la mano (la Asamblea, el Senado, las regiones y una oposición hecha trizas) no puede imponerse a Mittal, para evitar que el número de desempleados siga creciendo o para dar un futuro a la industria francesa ¿Sorprendente? En realidad no. Después de esta presidencia con las manos libres, para los que todavía creen que el Estado-Nación es el nivel de intervención adecuado, el despertar va a ser duro. Así que, o involucramos a los ciudadanos en el proceso o les dejamos en la cuneta con la esperanza de que la economía se recupere por si sola, ya que algunos creen que la crisis ha terminado.

Involucrar a los ciudadanos significa aceptar que el debate sobre el futuro de Europa se haga público mediante una Convención abierta y no permanezca cerrado en un cónclave del Consejo Europeo, pero también que este debate se lleve a cabo por los líderes europeos que sean elegidos de entre los candidatos propuestos por los partidos políticos europeos, esos animales desconocidos por infrautilizados y que son el eslabón perdido del sistema actual.

¿Qué introduciríamos nosotros en los tratados? Esencialmente, un gobierno responsable para el euro, y ya no más «gobernanza» de la zona euro, suave y escurridizo término que se utiliza un poco por debilidad y mucho por pereza cuando no se sabe muy bien quién hace qué y por qué. Un gobierno económico europeo es esencialmente un ministro de finanzas del euro a la cabeza de un Tesoro europeo encargado de la gestión de la deuda europea, un verdadero responsable del euro a nivel político para que el Banco Central Europeo (BCE) tenga un interlocutor, para que los ciudadanos tengan a alguien a quien recurrir y para que Europa y su moneda tengan un futuro por fin asegurado.

Jean Monnet y Robert Schuman en 1951 con su Declaración, Altiero Spinelli con su proyecto de Tratado en 1984, todos vieron un porvenir federal y próspero para Europa. Y, poco a poco, Europa se federaliza por vocación, tal vez, por necesidad, sobre todo. Así que siempre nos equivocamos por tener razón demasiado pronto, una pena, nosotros continuaremos. Esperamos que los europeos del mañana, los frutos de la democracia post-nacional, nos mirarán, mirarán a sus antepasados preguntándose «¿pero cómo no pudieron ver lo obvio frente a sus propias narices?». Galileo, si nos escuchas, Europa y sus federalistas están de todo corazón contigo.