Estado Islámico: el Terror del Califato de Al-Baghdadi (I)

Por: Álvaro Ibáñez Fagoaga

El  autoproclamado Estado Islámico se ha hecho con el control de parte del territorio iraquí y sirio. La organización terrorista, secesión de Al-Quaeda, pretende seguir expandiéndose hasta  instaurar un Califato que se extienda hasta la Península Ibérica. Al igual que sucediera en la Segunda Guerra Mundial, se prevee necesaria una alianza de civilizaciones para hacer frente al enemigo común. 

Abu Bakr Al Baghdadi, autoproclamado califa del EI

La fulgurante escalada que las tropas de Abu Bakr Al-Baghdadi, autoproclamado Califa del EI, han realizado en territorio sirio-iraquí  ha puesto en jaque a todo el panorama geopolítico de Oriente Medio. Con unos macabros métodos que escandalizan hasta al propio líder de Al-Quaeda, sus más de 30.000 combatientes fuertemente armados amenazan con sembrar el terror y el caos desde las lejanas fronteras de Pakistán hasta los Balcanes e incluso la Península Ibérica. O por lo menos éstos son sus objetivos, dado que las ambiciones que presenta esta relativamente nueva agrupación terrorista han ido materializándose con una velocidad alarmante en estos últimos meses, tanto que incluso comienzan a amenazar gravemente el territorio turco con el implacable asedio bajo el que está sometida la fronteriza ciudad de Kobane, a la que se le empieza a conocer ya como «la Stalingrado Kurda» del siglo XXI. Pero primero se debe analizar correctamente el germen de la organización que tanto preocupa ahora al panorama internacional.

Estado islámico de Irak y Estado Islámico de Irak y el Levante : Los precursores del «Califato».

Muchos se preguntan ahora cómo Occidente ha permitido que la situación haya llegado a tal punto. Se cuestionan  también cómo ha sido posible que, con la magnitud y el peligro de la organización, apenas nadie estuviese al corriente de ella hasta la captura relámpago de Mosul por parte de sus milicias. De pronto, una organización que hasta ahora nos había sido desconocida se había echo con el poder de la segunda ciudad más importante de Irak.Pero se ha de admitir que la creación de semejante organización no ha sido flor de un día, y que ha habido un largo proceso de gestación que ha posibilitado que este «califato» se haya podido extender de una manera tan fulgurante por importantes zonas de Irak y Siria.

En 2004, y con la coyuntura geopolítica de la invasión de Irak, Osama Bin-Laden ordenó a uno de sus hombres de confianza en la zona, Abu Musab Al-Zarqaui, la creación de una filial de Al-Quaeda en territorio iraquí. Así, con la creación del aún joven “Estado Islámico de Irak”, se comenzó a gestar la organización que ahora lidera con mano de hierro el «Califa Abu Bakr». Bajo el férreo control de Al-Zarqaui, la organización comenzó a perpetrar un gran número de atentados, entre los que se encuentran aquellos tristemente célebres que tuvieron lugar en tres hoteles jordanos o el macabro atentado a la sede de la ONU en Irak en 2003 conocido como «La tragedia de Bagdad». Las cruentas actuaciones del líder jordano propiciaron también que el gobierno norteamericano lo situase como el «tercer hombre más peligroso del mundo», sólo por detrás de Bin-Laden y de su lugarteniente y actual líder de Al-Quaeda Imán Al-Zawahiri, ascendiendo la prima por su captura de 11 a 25 millones de dólares.

De pronto, los ataques coordinados con coches bombas comenzaron a convertirse en una marca de la casa del Estado Islámico de Irak, erosionando por completo la coexistencia pacífica dentro del territorio iraquí. Además, y no contento con esto, Al Zarqaui declaró en 2005 la «guerra total» a los chiíes de Irak. En aquel momento, el ojo del huracán se posó sobre sus hombros, y en pocos meses EE.UU afirmó haber acabado con la vida del líder del Estado Islámico de Irak en una incursión aérea en las inmediaciones de la ciudad de Baquba, situada a 65km de Bagdad. Sin embargo, el daño ya estaba más que hecho, y en los siguientes años el azote de la guerra sectaria entre chiíes y suníes asoló el territorio de Irak con una violencia inusitada. En este periodo, y a pesar de la muerte de su máximo líder Al-Zarqaui, la organización adquirió un peso fundamental en la conocida insurgencia iraquí. Y a pesar de la reducción de la escalada de violencia a partir de 2009, y con la llegada al poder de la organización de Rashid Al-Baghdadi, la penetración que logró en las diferentes capas sociales iraquíes avecinaba que el terror ejercido por la agrupación no había hecho más que comenzar.

Pero fue con la llegada al poder de Ibrahim Alí Al-Baghdadi en 2010 cuando la organización comenzó a dotarse de la capacidad logística y militar de la que goza en estos días el Estado Islámico. Demostrando una gran habilidad en el terreno político y militar, Al-Baghdadi logró rodearse de varios de los mejores generales del extinto ejército iraquí de Sadam Hussein, y con el pretexto de la guerra civil siria, transformó el nombre de la organización en 2013 a «Estado Islámico de Irak y el Levante», evidenciando ya la participación directa de la organización en el conflicto. Esta participación se vio favorecida gracias al hecho de que la filial de Al-Quaeda en Siria, Al-Nusra, estaba y esta liderada por Abu-Muhammad Al-Golani, reconocido amigo de Al-Baghdadi. A partir de este momento, muchos de los combatientes sirios que antaño logró atraer el difunto Al-Zarqaui a territorio iraquí regresaron a suelo sirio para combatir a las tropas del gobierno de Bachar Al-Assad. En aquellos momentos, el Estado Islámico de Irak y el Levante seguía formando teóricamente parte de Al-Quaeda, pero en la práctica se mostraba ya evidentemente que la organización gozaba de una más que considerable autonomía.

Foto: rtve.es
Territorios del EI

El principio del fin de la condición de vasallaje que el «Estado Islámico de Irak y el Levante» poseía con Al-Quaeda comenzó a evidenciarse cuando en Abril de 2013 Al-Baghdadi afirmó en un comunicado que Al-Nusra era ahora su filial en territorio sirio. En aquel momento una ligera confusión se adueñó en todas estas agrupaciones terroristas debido al hecho de que Al-Nusra no podía ser a la vez la filial de Al-Quaeda y del Estado Islámico de Irak y el Levante. La confusión se zanjó cuando el propio Al-Golani afirmó que su lealtad seguía perteneciendo de una manera indiscutible a Al-Quaeda, y que las afirmaciones de su colega Al-Baghdadi no debían tomarse en serio. Fue en este instante cuando la frialdad de las relaciones entre las diferentes filiales de Al-Quaeda y las milicias de Al-Baghdadi se hizo más que evidente. Incluso se llegó a dar la pintoresca situación de que combatientes de Al-Nusra y el Estado Islámico luchasen uno frente al otro por el control de Deir Al-Zur, provincia norteña de Irak. Sin embargo, pronto Al-Nusra abandonó la lucha contra sus colegas iraquíes y anunció que mostraba  «su arrepentimiento» al haber comenzado una lucha contra sus compañeros de armas. Aún y todo, y a pesar de la vuelta a la «normalidad» entre estas dos agrupaciones, resultó del todo evidente que el Estado Islámico ya no gozaba del beneplácito del que gozaba hasta ahora de Imán Al-Zawahiri, actual líder de Al-Quaeda.

En este contexto, y con la llegada del 2014, Al-Baghdadi ha evidenciado  un  brillante ingenio con la operación que le ha otorgado la gran fama  que goza en la actualidad; agrupando a un considerable numero de sus combatientes, lanzó una sorpresiva y espectacular operación militar en todo el norte de Irak que desembocó en la ya conocida toma de Mosul por parte de sus milicias. Y no contento con esto, su avance siguió inexorablemente hacia el sur, hace apenas unos días un combate alcanzó las inmediaciones de un aeropuerto a las afueras de Bagdad, y el delegado provincial de la zona afirmó que “si no se secunda una operación terrestre, la próxima batalla será en las puertas de Bagdad”. A partir de aquel frenético ataque, Al-Baghdadi alteró de nuevo el nombre de su organización a un más simple Estado Islámico, y no satisfecho con eso, proclamó que todos los territorios bajo su poder formaban parte de un nuevo «Califato» que aspiraba a recuperar todos los territorios de los que antaño gozó el mundo musulmán. Autoproclamándose  «Gran Califa» y exigiendo la absoluta sumisión de todo el mundo musulmán a su persona, Al-Baghdadi alteró su nombre a «Abu Bakhr» haciendo una clara alusión al  Califa ortodoxo que gobernó el Imperio Musulmán durante parte del siglo VII y que además fue suegro del propio Mahoma. Con esta nueva estrategia, el «Abu Bakhr» del siglo XXI aspira a reconstruir los grandes estados musulmanes que antaño gobernaron la práctica totalidad de Oriente Próximo, el norte de África, los Balcanes e incluso la Península Ibérica.

Aliados y enemigos del Estado Islámico.

Tras estos frenéticos cambios acontecidos en Oriente Medio, la respuesta de los organismos estadounidenses fue rápida y contundente, y en palabras de su secretario de Estado John Kerry  afirmaron que “no permitirán que el cáncer del EI se extienda a otros países” haciendo un llamamiento a la puesta en marcha de una “ coalición global que diese soporte a las operaciones militares” . Y en este aspecto, la respuesta estadounidense se ha materializado en una ayuda logística total hacia los kurdos, quienes por ahora son los únicos que hacen frente en el campo de batalla a las huestes del Estado Islámico. Además, rápidamente orquestaron todo tipo de ataques aéreos contra objetivos de la Yihad tanto en Siria como en Irak, a los que prontamente se unieron tanto Inglaterra como Francia.

En el seno de la Unión Europea, una renovación burocrática esta ralentizando parcialmente la respuesta  conjunta de los 28. Catherin Ashton, quien actualmente ocupa la cartera de asuntos exteriores de la Unión Europea, pronto cederá el cargo a la italiana Federica Mogherini, por lo que la reacción desde el máximo organismo aún espera  veredicto. Sin embargo, los ministerios de Exteriores de varios países europeos no han tardado en posicionarse . En una conferencia internacional celebrada en París, el ministro de asuntos exteriores francés Laurent Fabius afirmó que “Todos los participantes consideraban que era necesario hacer desaparecer al Estado Islámico”. La conferencia en la que participaron una treintena de países y en la que se encontraban cinco de los altos comisionados del consejo de seguridad permanente de la ONU fue un mensaje claro de toda la comunidad internacional y de la administración francesa en particular hacia la organización. Por otro lado, su homólogo británico William Hague pedía “unidad política” en unas declaraciones que protagonizó hace varios meses en el mismo Irak, pero tras su reciente comunicado de renuncia para encargarse de la presidencia de la Cámara Baja británica, el  mítico puesto máximo del “Foreign Office” sigue vacante.

Federica Mogherini, José Manuel García Margallo y Lauren Fabius, cuerpo diplomático de la UE.

Para algunos resulta más que evidente que para que la respuesta de los 28 sea clara y contundente, se debería de equipar a una serie de fuerzas militares conjuntas para tener la capacidad de responder de una forma unitaria y rápida frente a estos conflictos. Sin embargo,  la vigorosa y clara respuesta repudiando al Estado Islámico que los diferentes portavoces de asuntos exteriores de cada país han proclamado a lo largo de la Unión han puesto en evidencia que los resortes diplomáticos comunitarios siguen correctamente engrasados. Aún y todo, la situación de Kobane resulta insostenible y sólo con una gestión rápida y eficaz se podrá evitar que un nuevo Stalingrado sea gestado, aunque esta vez sea en territorio sirio.

Por otro lado, y entrando en las esferas del mundo musulmán, el panorama dista mucho de ser claro y unitario. Los kurdos son los únicos que actualmente combaten sobre el terreno a las huestes yihadistas: azuzados por las atrocidades cometidas por las milicias de Al-Baghdadi, toda la congregación kurda distribuida por Turquía,Siria e Irak se ha volcado totalmente en la guerra contra el terror del Estado Islámico. Sin embargo, la desigualdad de fuerzas entre ambos bandos es atroz, y la desesperación comienza a calar hondamente en la mente de los propios kurdos. Incluso se ha llegado a documentar la construcción de un “tanque casero” para hacer frente a las banderas negras del Estado Islámico. Afirman también que los ataques aéreos que efectúan contra sus huestes no valdrán de nada si no vienen apoyados por una contribución de tropas terrestres.

milicianos kurdos enfrentándose al EI en territorio sirio.

Entrando dentro del territorio actualmente en conflicto, Al-Assad, el presidente sirio, ha visto una nueva oportunidad de redención con la llegada del Estado Islámico. EE.UU y la coalición bombardean desde hace semanas multitud de posiciones yihadistas dentro del territorio sirio, y a pesar de afirmar indignados que los ataques se efectúan si el consentimiento del gobierno, la situación dista mucho de lo que hace un año se planteaba. En aquellos momentos, EE.UU condenaba a Bachar Al-Assad como uno de los personajes más deplorables de la política actual, e incluso amenazó con un bombardeo masivo de las posiciones militares gubernamentales. Muchos afirman ahora que sólo la decidida presión que ejerció Rusia logró que aquellas amenazas no terminaran por materializarse, pero es un hecho que el derrocamiento del gobierno sirio ya no forma parte de las altas prioridades de Occidente.

 Más difícil de calificar es la posición turca en el conflicto. Se ha documentado que Turquía accede a habilitar el paso a los milicianos del Estado Islámico, pero sin embargo impide que sus homólogos kurdos atraviesen la frontera. La única explicación coherente al respecto es que Turquía sigue viendo en los kurdos una amenaza más real para sus intereses que la  representada por el Estado Islámico. Este hecho se reafirma debido a que kurdos y turcos mantienen un intenso conflicto político que se extiende a lo largo de varios siglos y de difícil solución a corto plazo. Es cierto que el gobierno turco ha terminado por acceder a que las flotas aéreas englobadas en la coalición puedan aparcar sus naves en las instalaciones de su territorio, pero también es un hecho incontestable que, en el contexto de la batalla por la ciudad de Kobane, las fuerzas armadas turcas perpetraron un intenso bombardeo contra las tropas Kurdas y no contra las del Estado Islámico. Sólo la evidencia de que la toma de Kobane por el Estado Islámico le proporcionará una volátil frontera para adentrarse en territorio turco está haciendo cambiar su postura. A pesar de todo, la excesiva ambigüedad con la que el gobierno de Erdogan esta respondiendo al conflicto sigue preocupando a gran parte del panorama internacional.

El reinado del Terror.

Pero investigando dentro de la vida cotidiana de las poblaciones controladas por el Estado Islámico es donde se encuentra el panorama más desolador. “Daesh”, como se le conoce coloquialmente a la organización, ha instaurado un reinado del terror que eclipsa a grandes genocidas de otros tiempos. Las crucifixiones se han convertido en una macabra costumbre en sus filas, e incluso se ha llegado a aplicar a un joven acusado de “no respetar el Ramadán”. El intenso fanatismo con el que aplican su particular comprensión del Islam parece no tener límite. Las ejecuciones públicas y los fusilamientos son también asunto predilecto de los yihadistas de Al-Baghdadi, sin ir más lejos, tras la toma de Mosul, más de 1.500 iraquíes fueron ejecutados masivamente a manos de sus tropas. Al-Baghdadi avanza implacable en su amedrantamiento de la población civil. Incluso se ha llegado a colocar una pantalla gigante en la que se muestran estas y otras ejecuciones, evidenciando hasta dónde están dispuestos los combatientes del Estado Islámico a llegar para lograr sus objetivos. Algunos entendidos en la materia han llegado a afirmar que ni siquiera en la propia Ley Islámica, que tanto se empeñan en predicar, están aprobadas las ejecuciones masivas, pero el caso es que esto parece importarles poco a sus tropas.

Las crucifixiones se han convertido en una práctica habitual en los territorios del EI.

Así pues, la situación de Oriente Medio roza el más auténtico colapso, y sólo una rápida e implacable respuesta podrá subsanar en la medida de lo posible la tétrica situación. Un nuevo Stalingrado al estilo kurdo se está gestando en Kobane, el reinado del terror que la nueva “espada del Islam” esta extendiendo parece no tener límite y la respuesta occidental sigue siendo excesivamente tibia al respecto. Frente a esto, los milicianos yihadistas aprovechan cada minuto. Saben que la guerra será larga y ardua, y que a cada minuto que pasa sus conquistas serán más lentas y costosas, por lo que no están perdiendo un instante en hacerse todo lo fuertes que la situación les permite. Es el momento de que la diplomacia actúe antes de que sea demasiado tarde. “Las tropas yihadistas apenas se encuentran a 20 minutos en coche de Bagdad” recordaba un gobernador civil iraquí, y debemos ocuparnos de que tanto Kobane como Bagdad jamás caigan en manos del inmisericorde Estado Islámico. Kobane representa la oportunidad de extender la guerra y el terror a las puertas de Europa, mientras que Bagdad representa el último resquicio de resistencia que mantiene el sur de Irak mínimamente cohesionado. Si estas dos ciudades caen, la guerra puede alargarse durante años, y eso es algo que bajo ningún concepto podemos permitir.

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