Erasmus; ¿un año sabático?

por Miguel García Barea

La decisión del ministro Wert de recortar el presupuesto destinado a las becas Erasmus ha generado un amplio rechazo entre los beneficiarios pasados, presentes y futuros del programa, en vigor desde 1987. Las dificultades iniciales y sus múltiples beneficios a medio y largo plazo contrastan  con los argumentos de los que defienden esta medida.

La noche del 29 de Octubre de 2013 se armó un gran revuelo en las redes sociales. Según el último documento BOE, firmado por el ministro de educación español, José Ignacio Wert, la beca Erasmus iba a dejar de estar financiada por el Ministerio de Educación este curso ya comenzado, recortando así una vez más el presupuesto en materia educativa. Una medida inesperada que sorprendió a propios y extraños; a unos por su caracter repentino y retroactivo, a otros por atacar a un programa que en los últimos 20 años ha permitido a varios estudiantes de todo el contitente ampliar sus conocimientos culturales e idiomáticos y de esta forma estar mejor armados frente a un cada vez más exigente mercado laboral. Una acción euroescéptica que entra en contradicción con la imperante necesidad de migrar para para encontrar un puesto de trabajo decente ante la actual falta de oportunidades en España. La reacción no se hizo esperar: en cuestión de horas se creó la plataforma Salvemos Erasmus , miles de firmas fueron recogidas contra esta medida a través de change.org y diversas movilizaciones fueron convocadas en las principales capitales europeas, una publicidad no muy efectiva para lanzar la marca España en el extranjero.

Fuente: EL diario vasco
Movilización de Erasmus españoles en Bruselas

Bien por la presión popular, bien por la de la Comisión Europea o por la del Partido Popular y otros miembros del gobierno como afirma la versión oficial, lo cierto es que el ministro rectificó: se anulaba el caracter retroactivo a esta medida, y no se reduciría el nº de becados pero si su estadía. A partir del curso que viene está previsto que se mantengan las plazas, pero que éstas sean ocupadas por 2 estudiantes, repartiendose en un semestre cada uno. Un mal menor, desde luego, aunque no deja de ser un retroceso, una constante en los últimos años.

España es, al mismo tiempo, el país que más estudiantes recibe y aporta al programa (se estima que alrededor de 40.000 estudiantes en ambos casos) Además, en muchas ocasiones cursar un año fuera implica no seguir el plan de estudios de la universidad de origen durante el periodo en cuestión. Tal vez amparándose en estos hechos, así como en el rumor de que «solo aquellos que prefieren perder un año académico haciendo turismo en el extranjero son los que se benefician del programa» fueron las razones que movieron a Wert a tomar esta decicisión. Pero, ¿ hasta qué punto un rumor ha de condicionar los presupuestos del Estado? Y sobre todo, qué tiene de cierto ese rumor?

«Desde luego la limitacion del numero de becas y el hacerlas mas estrictas no hará sino disminuir el numero de personas interesadas en el Erasmus. Actualmente no cualquier estudiante puede perdir a sus padres una estancia en el extranjero, si a esta limitación económica sumamos mas limitaciones burocráticas o educativas (como nivel minimo de lengua) e incluyendo la propia lentitud del sistema, el acceso será casi prohibitivo. Es cierto que existe un porcentaje de personas que enfocan el Erasmus como vacaciones, gente que se aprovecha del sistema, pero eso no se «cura» reduciendo el numero de becas, sino exigiendo unos minimos, por ejemplo la obligatoriedad de ir con todas las materias aprobadas. Eso puede ser una via.» opina Iosu Barragán, estudiante de Arqueología que disfruta de su estancia en la Universidad de la Sapienza, en Roma.

Poco se habla de la diferencia entre el nivel de vida entre los distintos países. En España, la cuantía de la beca es inferior a la de la mayoría de los otros países, también lo son salarios y precios, una situación que supone una clara desventaja a los estudiantes españoles pero que suele favorecer a los que vienen a nuestro país. Tampoco suelen tenerse en cuenta otros problemas, de talante burocráctico-administrativo, a los que tienen que enfrentarse los estudiantes en el extranjero, como llevar a cabo la convalidación de sus asignaturas, afrontar sus examenes y proyectos en un idioma distinto al suyo y todo lo relacionado con el alojamiento, el banco o la cesta de la compra. El primer mes es muy duro. vine con la idea de que en la universidad sería todo muy fácil y que los de Relaciones Internacionales estarían para ayudarnos, en mi caso no ha sido así: estuve 3 semanas para entender cómo iban las asignaturas en la universidad y cuando parecía que lo entendía entonces había que cuadrar los horarios, hablar con los profesores, ver si los créditos cuadraban para poder convalidar con las asignaturas de España…. […]la verdad que me pregunté muchas veces por qué había venido de Erasmus. Por otra parte esta todo el tema de banco, teléfono francés, trámites para la residencia…son cosas que yo, por ejemplo, algunas no las había hecho ni en España» relata Marta Martínez, estudiante de Filología Francesa que eligió venir a la universidad Lille 3, en el Norte de Francia, decisión que hoy celebra pese a las dificultades inciales.

La gran mayoría de los beneficiarios-pasados y presentes- del programa Erasmus insisten a pesar de todo, en su defensa. «Lo peor, la primera semana. Agobio, sin piso, en una estancia en hotel, que se nos acababa sin tener un piso marcado… Fue una semana caótica y muy agobiante. Lo mejor, sin duda, el resto. Desde la compañia y el vivir con los compañeros, los viajes, vivir una experiencia fuera… Todo ha sido algo, francamente de provecho. El Erasmus y el estar en el etranjero te aporta muchas cosas, buenas y a todos niveles. Te «despierta», te hace ser mas independiente, más autónomo y madurar en muchos niveles. A nivel academico te hace ver otras perspectivas que pueden ser diferentes de tu universidad de origen. Aprendes otra cultura, otra lengua y haces contactos que se pueden aprovechar de muchas y buenas formas» afirma Iosu. «Antes de venir yo creía conocer España de sobra, pero qué va.¡Fui a Galicia, y resultó ser una región de la que no sabía nada en absoluto! ¡ Conocí a mucha gente, descubrí una lengua y una cultura propias, un acento particular y una gastronomía qué me eran totalmente desconocidas! Aunque padecí el clima (la famosa lluvia gallega) descubrí una tierra verde y magnífica, ¡y con playas excelentes! […]Con respecto al plano académico,tengo la intención de redactar mi memoria (proyecto final de carrera) sobre el período de la guerra civil española, un trabajo que no sería capaz de realizar sin conocer la lengua, puesto que la mayoría de las fuentes, en castellano e inglés, quedarían fuera de mi alcance. « nos cuenta Melissa Camara, alumna francesa y futura historiadora que cursó dos semestres en la Universidad de Coruña durante el pasado año académico.

De izquierda a derecha: Marta Martínez, Melissa Camara y Iosu Barragán
De izquierda a derecha: Marta Martínez, Melissa Camara y Iosu Barragán

Por otra parte, la estancia Erasmus ha servido para no solo complementar, sino también paliar varias de las carencias de nuestro sistema educativo, empezando por el déficit de idiomas. Al acabar la etapa escolar la gran mayoría de estudiantes son incapaces de expresarse con fluidez en cualquiera de las 2 lenguas extranjeras obligatorias que han cursado, y para muchos de ellos esta experencia en el extranjero ha supuesto la única forma posible de llevar a cabo una inmersión lingüística al margen del sector privado. «Hasta que no vine aquí no supe lo que era la vida cotidiana en francés, el verdadero idioma lo aprendes cuando llegas aquí, cuando vas al supermercado y ves todos los productos en francés, cuando tienes que hacer una reclamación y la tienes que hacer en francés, cuando te llega una carta y está escrita en francés, cuando tienes que pedir cualquier cosa o llamar por teléfono lo tienes que hacer en francés y podría decir muchísimas cosas más… por mucho que estudies el idioma en España, hasta que no llegas al país nativo no las aprendes. También me gustaría mencionar que aquí tienes la oportunidad de conocer y hacer amistades con personas nativas, lo que conlleva aprender el idioma de la calle, el idioma que de verdad se habla» nos confirma Marta. «¡ Vine hasta allá para mejorar mi español, y así fue porque todas las clases estaban en ese idioma. ¡Aunque también hablé mucho inglés! Y de forma extraña también mejoré mi propia lengua, dando cursos de francés a niños españoles. Pero más importante de esta experiencia son los encuentros con la gente, que me abrieron la mente en torno a «la noción de Europa» pues conocí a mucha gente de varios de sus países, que ahora son muy buenos amigos míos» en palabras de Melissa. Testimonios como el suyo evidencian que, a pesar de estereotipos y habladurías, los jóvenes europeos tienen en común mucho más de lo que se piensa, ya sean problemas, inquietudes, objetivos personales o la visión ante la realidad que les ha tocado vivir.

Por si no fuera suficiente, aparte del enriquecimiento cultural y comunicativo que supone el aprendizaje de otra lengua, el Erasmus otorga una clara ventaja competitiva a la hora de encontrar empleo. Se considera un plus, un elemento diferenciador en el Currículum Vitae que garantiza la capacidad de adaptarse al extranjero y una mayor disponibilidad frente a la opción de trabajar fuera de España, ha declarado Nuria Esparza, directora de Adecco Profesional, a la web finanzas.com. Una realidad, la de la movilidad entre países, muy a tener en cuenta ante la cada vez mayor proyección internacional de las distintas empresas.

Pero no todo son malas noticias. Los recortes que ha sufrido el programa Erasmus por parte del ejecutivo español contrasta claramente con la política europea y la creación del Programa Erasmus Plus(Erasmus+), que pretende ampliar la difusión y el alcance de todos los programas de intercambio europeos en los distintos niveles educativos, con un propósito incial de beneficiar a un 20% de los estudiantes de la Unión Europea. Este programa también sería pionero en fomentar la movilidad internacional entre los deportistas. Una inciativa mucho más acorde a la realidad laboral, económica, social y cultural de la Europa contemporánea. Porque, como bien afirmó hace poco Alessio Pissàno en un reciente artículo para Il Fatto Quotidiano : «Un período pasado al extranjero mejora no sólo la vida de los estudiantes sobre el plano académico y profesional; también el aprendizaje de las lenguas, de las competencias interculturales,su autonomía y conocimiento de sí mismos. Esta experiencia les permite a los estudiantes qué quiere decir ser verdaderos ciudadanos europeos.[…]Partir solamente como italianos( o solamente españoles en nuestro caso) y no regresar siendo un poco más europeos sería desde luego un pecado».