El Manifiesto de Ventotene – 2ª Entrada

manifesto

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2) Se reconoció el derecho de todos los ciudadanos a participar en la formación de la voluntad del Estado; esta voluntad debería ser la síntesis de las exigencias económicas e ideológicas de toda clase social libremente expresadas. Semejante organización política permitió corregir, o al menos atenuar, muchas de las más estridentes injusticias heredadas de regímenes pasados. Además la libertad de prensa y de asociación, y la progresiva extensión del sufragio, hicieron más difícil la defensa de los viejos privilegios, manteniendo el sistema representativo.

Las clases pobres poco a poco aprendieron a servirse de éstos instrumentos para conquistar los derechos adquiridos por las clases adineradas: Los impuestos sociales sobre las rentas y patrimonios, los impuestos progresivos sobre las mayores fortunas, la exención de rentas mínimas y de los bienes de primera necesidad, la gratuidad de la escuela pública, el aumento en gastos de asistencia y seguridad social, la reforma agraria, el control de las fábricas etc. Amenazaban a las clases privilegiadas en sus fortificadas ciudadelas.

 

Incluso las clases privilegiadas, que consintieron la igualdad de derechos políticos, no pudieron aceptar el hecho de que clases desheredadas tomaran ventaja para intentar conseguir una igualdad de hecho, que habría dado a tales derechos un contenido concreto de libertad efectiva. Al finalizar la Primera Guerra Mundial la amenaza fue muy grave, siendo natural que dichas clases apoyaran y aprobaran calurosamente la instalación de dictaduras que quitaban las armas legales a sus adversarios.

 

Por otra parte, la formación de gigantescos complejos industriales, grupos bancarios y sindicatos que presionaban al gobierno para obtener la política que más apropiadamente respondía a sus intereses, amenazaba con disolver el Estado mismo en pequeñas baronías económicas que lucharían duramente entre sí. Los instrumentos democráticos liberales perdieron su prestigio, por ser las armas que usaron estos grupos para explotar del mejor modo posible a toda la colectividad; de modo que se difundió la convicción de que sólo un estado totalitario que aboliera las libertades populares, podría de alguna manera resolver los conflictos de intereses que las instituciones políticas existentes no lograban controlar.

 

Además los regímenes totalitarios consolidaron su imposición entre las distintas clases sociales en los puntos ya nombrados e impidieron, mediante el control policiaco, toda libertad ciudadana. Además, mediante la violenta eliminación de toda disidencia, consiguieron eliminar toda posibilidad legal de una ulterior corrección del estado de cosas vigentes. Así se aseguró la existencia de la clase enteramente parasitaria de terratenientes, quienes contribuyeron a la productividad social únicamente con el valor de sus títulos; de las clases monopolistas y las sociedades que explotan a los consumidores y volatilizaban el dinero de los pequeños inversores; de los plutócratas que, escondidos entre bastidores, manipulaban a los políticos para dirigir toda la maquinaria del Estado para su exclusivo beneficio, bajo la apariencia de la persecución de los más altos intereses nacionales. Las colosales fortunas de unos pocos se preservaron, así como también la miseria de las grandes masas, excluidas del goce de los frutos de la cultura moderna. Se pasó, en líneas generales, a un régimen económico en el cuál las reservas materiales y la fuerza de trabajo, que debían ser aplicadas para la satisfacción de las necesidades fundamentales de los seres humanos, pasaron a ser utilizadas para la satisfacción de los deseos más fútiles de aquellos capaces de pagar los precios más altos; un régimen económico en el que, con el derecho de sucesión, la potencia del dinero se perpetua en la misma clase, transformándose en un privilegio sin ninguna correspondencia con el valor social de los servicios prestados; y las posibilidades de los proletarios se quedan reducidas a sobrevivir, teniendo que aceptar la explotación por parte de los que les ofrecen cualquier tipo de trabajo.

 

Para mantener a la clase trabajadora inmovilizada y subyugada, los sindicatos fueron transformados de libres organizaciones de lucha, dirigidas por individuos que gozaban de la confianza de los asociados, en órganos de vigilancia policial bajo la dirección de empleados elegidos por el grupo gobernante y responsable sólo ante ellos. Cualquier corrección hecha en este régimen económico, es siempre dictada por las exigencias del militarismo, que se unieron a las ambiciones reaccionarias de las clases privilegiadas para hacer surgir y consolidar los estados totalitarios.

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