El futuro de Eurasia: ¿integración económica o una segunda Guerra Fría?

De Petar Petrov (traducido por Alistair Spearing)

«Es como cuando llevas mucho tiempo saliendo con una chica. Ya has conocido a los padres, habéis pasado un fin de semana con las familias y ahora queréis comprometeros… El proceso de integración eurasiática ha sido sumamente lento, pero está avanzando.» Este apunte de Pável Andréyev, editor de la cadena estatal Rosiya Segodnya, podría explicar por qué se ha tardado tanto en dar impulso a la Unión Eurasiática.

Putin

A medio camino entre la libertad económica y la sovietización

La Unión Eurasiática, vista a menudo como la materialización de la nostalgia de Vladímir Putin por la antigua Unión Soviética, ha sido prácticamente ignorada por el Oeste. De hecho, fue al margen de una cumbre de la Unión Eurasiática celebrada en Minsk, la capital de Bielorrusia, que Putin se reunió con el presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, en agosto de este año. El predecesor de este último, Víktor Yanukóvich, es un firme defensor de que Ucrania participara en este proyecto, convicción que lo llevó a rechazar un acuerdo con la Unión Europea, hecho que desató las protestas del pasado invierno en Kiev.

Además de Bielorrusia y Kazajistán, el Kremlin espera que Kirguizistán se una a la Comunidad. Hace poco, el presidente de Armenia, Serzh Sargsián, manifestó su deseo de entrar a formar parte de ella. Al presidente ucraniano, en cambio, tan solo se le ha concedido la condición de observador.

Las autoridades rusas no se privan de destacar el potencial de la Unión. Según ellos, los acuerdos comerciales podrían abarcar todos los sectores económicos, desde la maquinaria pesada bielorrusa hasta el buey kazajo. Les gusta también subrayar que los intercambios en el seno de la Unión Eurasiática han crecido un 30% desde 2011. Aun así, Dmitri Trenin plantea dudas sobre los beneficios económicos de la expansión. Según él, los intercambios comerciales tan solo han crecido un 1,5% al año desde el acelerón inicial debido a la supresión de barreras comerciales a principios de 2011. Sin embargo, el ministro de Comercio de la Unión, Andréi Slepnev, no cree que sea suficiente para revitalizar la economía rusa.

Con tanto pesimismo, más de uno se pregunta para qué sirve Unión Eurasiática. El antiguo ministro de Asuntos Exteriores de Armenia, Aleksandr Arzumanián, cree que Rusia quiere dominar los estados miembros pequeños en un intento de resucitar la Unión Soviética. Slepnev discute esta interpretación e insiste que Rusia no ejerce ningún control sobre los demás estados, hecho confirmado por el veto conjunto de Bielorrusia y Kazajistán a la tentativa rusa de bloquear importaciones libres de aranceles de Ucrania en junio. Es más, Rusia se vio obligada a retirar su propuesta de crear un Parlamento Eurasiático después de que Kazajistán manifestara su oposición. Según Konstantín Sonin, catedrático de la Escuela Superior de Economía de Moscú, se espera que los beneficios económicos de la integración recaigan en los miembros pequeños, particularmente en forma de descuentos en la energía suministrada por productores rusos como Gazprom y Rosneft. Sonin explica que estos incentivos son necesarios para que países como Bielorrusia sigan el ejemplo de Ucrania en el pasado invierno y se acerquen a la UE.

Vista la falta de beneficios económicos para Moscú, la ambición de Putin de impulsar la integración eurasiática parece, por lo menos, sorprendente. Algunos analistas dicen que Rusia no quiere establecer su presencia en países como Ucrania y Armenia para controlarlos, sino simplemente para que no caigan en la órbita occidental. Mirando los relojes del vestíbulo de la Unión Eurasiática en Moscú, da la impresión de que «a Rusia le importa más aparentar poder que tener poder real. Rusia continuará promoviendo su proyecto predilecto porque ve cualquier ganancia para el Oeste como una pérdida para sí misma» (“A brief primer on Vladimir Putin’s Eurasian dream”. The Economist, 23 agosto 2014). Sea cual sea el objetivo real de Putin, un bloque comercial eurasiático tendría una influencia considerable. Actualmente, los tres países que componen la Unión Aduanera Eurasiática constituyen un mercado de unos 165 millones de personas y un PIB total de 2,3 billones de dólares, con Kirguizistán y Armenia en la sala de espera.

Éxito político, fracaso económico

El «éxito» que la Comunidad Eurasiática ha anunciado a bombo y platillo no ha bastado para seducir otros países de la región. Azerbaiyán y Moldavia, tentados por la posibilidad de adherirse a la Unión Europea, están valorando cuidadosamente el proyecto de Moscú, al igual que repúblicas centroasiáticas como Uzbekistán, Turkmenistán y Tayikistán. Por otro lado, el conflicto bélico que enfrentó a Georgia y Rusia en 2008 y el movimiento Euromaidán de Ucrania probablemente mantendrán estas antiguas repúblicas soviéticas fuera de cualquier unión encabezada por Moscú.

Algunos analistas creen que el Kremlin no lograría convencer a algunos de estos países aunque ejerciera una enorme presión sobre ellos. Otros han cuestionado el valor de que Rusia se asocie económica y políticamente con una dictadura de bajo atractivo económico como es Bielorrusia. De hecho, incluso hay dudas sobre si los rusos estarán satisfechos con todo lo que conlleva una Unión Eurasiática inspirada en la UE, incluyendo las corrientes migratorias.

«El proyecto eurasiático es un espejismo de un archipiélago postsoviético en el que los líderes autoritarios se usan los unos a los otros para mantenerse en el poder», escribió recientemente Líliya Shevtsova, autora de Putin’s Russia («La Rusia de Putin»). El economista Anders Åslund fue todavía más lejos al describir el proyecto del presidente Putin como «un agujero neoimperialista» en el que Rusia se estaba enterrando «cada vez a más profundidad».

¿La venganza del orden postsoviético?

Los planes rusos para la futura Unión Eurasiática están rodeados de misterio. ¿Se trata de poner a prueba la influencia occidental con un esquema multipolar? ¿De crear una unión económica para estimular la integración y cooperación? ¿O de resucitar la URSS en versión «moderna» y globalizada aprovechando que la UE está perdiendo potencia económica e influencia política?