Apuntes sobre el euroescepticismo.

Por: Miguel García Barea

El Euroescepticismo es un movimiento relativamente reciente, amplio y heterogéneo, tanto en sus causas como en el fondo y en las formas. Saber reconocerlo es fundamental para hacernos una idea del espectro político europeo.

En todas las ciencias, naturales o sociales, nos encontramos con el principio de acción-reacción. A cada innovación le corresponderá siempre un movimiento de oposición. En política no podía ser menos, y ante un fenómeno como la Construcción Europea ha surgido el llamado euroescepticismo. ¿Qué quiere decir este término? ¿ Es homogéneo o admite matices?¿Puede ser racional y/o razonable? En este artículo vamos a intentar dilucidar las distintas formas de oposición a la Unión Europea, sus principios, objetivos y figuras reseñables, así como las distintas formas de combatirlo a largo plazo, con unas elecciones europeas en el horizonte y una persistente crisis económica como telón de fondo.

Dudas, ignorancia, extremismos. 

El primer grupo que nos encontramos se trata de los que hacen honor a su nombre. Los escépticos (aquellos que dudan o desconfían) de la idea de Europa, de su construcción o de la actual gestión de la Unión Europea. Se trata del grupo más heterógeneo, ya que agrupan distintas tendencias del espectro político,  de izquierda y derecha. Es también llamado euroescépticismo moderado (en sentido estricto son los más escépticos) o altereuropeísmo.  Aunque se trate de una forma de oposición al proyecto de integración supranacional europeo no podemos obviar que no cierran la puerta a Europa, ni le acusan  de todos los males que padecemos, diferencia esencial frente a otros grupos euroescépticos que veremos a continuación. Para ilustrar esta corriente, señalaremos la obra Europa, una grán ilusión, de Tony Judt, un ensayo de amena lectura en el que el autor explica las dificultades a las que, en su opinión, se verá enfrentada la política de la Unión en los próximos años, mostrando así sus dudas ante el proyecto común de integración y cohesión política, no por indeseable sino por irrealizable.

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Tony Judt (1948-2010) escritor e historiador británico.

Otro sector, mayoritario seguramente, es el de los euroescépticos por ignorancia o falta de datos. Podríamos llamarlo euroescepticismo por defecto. Europa es percibida como un ente lejano y distante, que poco o nada tiene que ver con nosotros; su única misión es mandar a los que mandan, los cuales, dicho sea de paso, tampoco gozan de buena reputación. A riesgo de parecer clasista, me atrevería a decir que esta corriente cuenta con mayores adeptos entre las masas, no muy instruidas ni cosmopolitas(muchas veces porque no han tenido la oportunidad de serlo) y que no obstante representan a la mayoría de la población de países como el nuestro. La idea de Europa queda reducida a las noticias reflejadas en los medios de comunicación, y en tiempos de crisis se dedica más tiempo a hablar de la Troika o de Angela Merkel que a las PACs, la creación del programa Erasmus Plus o de los padres fundadores de la UE y los principios que defendían. Es inevitable. Lo que no lo es es que se propague la ignorancia, causa principal de otros males mayores. Ante una masa de euroescépticos por desconocimiento es lógico que surja la figura del populista demagogo, estilo Beppe Grillo con su Movimiento Cinco Estrellas, que ha embaucado a buena parte de los italianos limitándose a decir aquello que la gente quiere oír.

Mención aparte merecen los euroescépticos radicales o antieuropeos. La amenaza más peligrosa, encarnada en toda esa amalgama de partidos de extrema derecha que  se van extendiendo en Europa y que defienden la salida inmediata de la UE y del Euro de sus respectivos países. Resulta esencial distinguirlos de los otros  euroescépticos, dado que tergiversando sus argumentos tienden a ganar apoyos entre todo tipo de público, en especial de  aquellos más descontentos y castigados por la crisis económica. Eso sí, para lograr unos objetivos para nada de cohesión ni relacionados con el bien común ni los intereses del conjunto de la población.  Su retórica suele ir cargada de odio y violencia que, maquillados con una buena retórica, se perciben como energía y esperanza ante el futuro, ya que el presente, según ellos, no puede ser peor. A pesar de sus contradicciones internas(sobre todo a nivel teórico) podemos percibir una serie de rasgos comunes como el nacionalismo excluyente, la dialéctica Ellos-Nosotros (dos mundos irreconciliables de verdugos y víctimas), el rechazo a posicionarse en el espectro político distanciándose de las fuerzas tradicionales, la criminalización de colectivos como los inmigrantes, la oposición a la Globalización, etc,etc. Se trata de un movimiento reaccionario y activo a la vez, representado por figuras como Marine Le Pen(Francia), Nigel Farage (Reino Unido) , Geert Wilders (Holanda) o más en el extremo, los griegos de tendencia neonazi Amanecer Dorado.

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Marine Le Pen(izq), Nigel Farage y Geert Wilders

¿Cómo combatirlo?

Con respecto al euroescépticismo moderado, he decir que no me parece un mal a erradicar, sino que es inevitable e incluso necesario si queremos construir una Europa basada en la pluralidad, el diálogo y la democracia. Hablando se entiende la gente, y solo de la contraposición entre tésis y antítesis puede surgir una buena síntesis.  No hemos de tener miedo a dialogar sobre Europa ni a matizar nuestros postulados si, dado el caso, estuvieran equivocados, mucho menos con aquellos que están dispuestos a conversar y a rectificar los suyos. El remedio, en este caso, pasa por el debate y el libre intercambio de ideas.

En cuanto al euroescepticismo por defecto, no cabe otra respuesta que la divulgación; dar a conocer la historia de la UE y todo lo bueno que ha hecho por sus ciudadanos, así la cultura y tradiciones de los distintos pueblos de Europa, la promoción del ideario europeo de integración y de la no violencia mediante campañas publictarias o proyectos socioculturales de carácter público. Lavar la imagen de Europa, en definitiva. Iniciativas como Europa en la escuela, que promueve la enseñanza de las cuestiones europeas en la enseñanza primaria o secundaria, obtendrían sin duda muy buenos resultados a largo plazo. Es importante también aprovechar el enorme potencial comunicativo de las redes sociales, todo un mundo por explorar. En un mundo globalizado como el actual hemos de utilizar sus mecanismos de divulgación y expresión si queremos  llegar a toda la gente.

Finalmente, frente al antieuropeísmo, la solución no será otra que la militancia en pro de una Europa más unida y la autodefensa frente a sus  insultos y ataques gratuitos. Hay que desmontar sus falacias, pero sin imitar las formas, más bien ofreciendo datos y argumentos racionales que contrasten con sus consignas panfletarias emitidas a todo volumen para así ocultar su carencia de contenido. Si ellos no tienen reparos en aplicar los términos Fascismo o Colonialismo erronea e indistintamente para referirse a cualquiera que piense diferente, deberían no menos que ser contestados.  Habría que explicarles quiénes y qué circunstancias causaron las distintas guerras que asolaron Europa hasta 1945, y por qué no  hemos vivido conflictos de similares características desde entonces. O qué institución recibió el premio Nobel de la Paz en 2012 (pista: no fue el FN ni el UKIP). Porque como dice el refrán, dime de lo que presumes y te diré de aquello que careces.

Hacia la Europa que queremos

Ningún proyecto político es sencillo ni está exento de dificultades internas  y externas. Éstas serán más y mayores cuanto mayor sea la envergadura del proyecto. La Europa que queremos construir ha de ser al mismo tiempo democrática, igualitaria, federal,  liberal y social. Los asuntos relacionados con la cultura y el medioambiente, en contra de la tendencia actual imperante, no deberán ser considerados de segundo orden. Y el respeto a las minorías debería estar en todo momento garantizado, superando de una vez por todas una de las mayores deficiencias que trajeron consigo los Estado-Nación modernos.  Tantos buenos principios a la vez dificultan su puesta en práctica. Pero si por imponer alguno dejamos de lado los demás, Europa estaría traicionándose a sí misma. Un fallo que no nos podemos permitir, aunque solo sea para no dar la razón a los euroescépticos.

Unión Europea Nobel de la Paz