El Manifiesto de Ventotene – 5ª Entrada

 

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Entre las diversas tendencias proletarias, seguidoras de la política clasista y del ideal colectivista, los comunistas reconocieron la dificultad de obtener un seguimiento de fuerzas suficientes para vencer, y por ello – a diferencia de los otros partidos – se transformaron en un movimiento rígidamente disciplinado que explota el mito ruso para organizar a los trabajadores, pero de quienes no aceptan sus derechos y a quienes utilizan en las más variadas maniobras.

 

Este comportamiento hace en una crisis revolucionaria más eficientes a los comunistas que a los demócratas; pero entonces tratarán de diferenciarse lo máximo posible las clases trabajadoras de otras fuerzas revolucionarias – predicando que su «verdadera» revolución está todavía por llegar – por lo cual constituirán, en estos momentos decisivos, un elemento sectario con absoluta dependencia de los estados comunistas ya establecidos, que repetidamente los utilizarán para la consecución de su política internacional; impidiéndoles hacer una política con un mínimo de coherencia. Tendrán la necesidad de esconderse detrás de un Karoly, de un Blum, de un Negrín para luego terminar yendo fácilmente a la ruina junto con estos fantoches; ya que el poder se puede conseguir mediante la astucia pero no se puede mantener sino con la capacidad de responder en modo orgánico y vital a las necesidades de la sociedad moderna.

 

Si la lucha quedara mañana limitada a los límites de los países europeos, resultaría muy difícil escapar a las viejas incertidumbres de los antiguos Estados nacionales; ya que sus elites ya tienen planificada meticulosamente la economía de su país y su única incertidumbre sería decidir a qué clase social deberían entregar el control del gobierno. Entonces el frente de las fuerzas progresistas sería fácilmente hecho añicos entre las risas de las y elites económicas. Con la mayor probabilidad, serían los reaccionarios los que sacarían mayor provecho ello.

 

Un verdadero movimiento revolucionario deberá surgir de los que supieron criticar las viejas manifestaciones políticas; sabiendo colaborar con todas las fuerzas democráticas que contribuyan a la disgregación del totalitarismo, pero sin dejarse alterar por la praxis política de ninguna de ellas.

 

Las fuerzas reaccionarias tienen hombres y mandos hábiles y educados para dirigir, que se batirán enfurecidamente por conservar su supremacía. Éstas, en los momentos claves, sabrán camuflarse en fuerzas amantes de la libertad, de la paz, del bienestar general y de los más pobres. Ya en el pasado vimos como los reaccionarios se ocultaron detrás de movimientos populares, convirtiéndose en la fuerza más peligrosa con la que enfrentarse.

 

Aquellos que querrán conseguir la restauración de los estados nacionales, influirán sobre el sentimiento popular más difundido, el más ofendido por los recientes acontecimientos y el más usualmente utilizado para propósitos reaccionarios: El sentimiento patriótico. De este modo pueden también esperar confundir las ideas de sus adversarios más fácilmente, dado que las masas populares tienen como única experiencia política adquirida, la desarrollada dentro del ámbito nacional, y es por esto bastante más fácil de controlar a sus dirigentes más miopes en la tarea de la reconstrucción de los países desolados por la guerra. Incluso estos nuevos Estados nacionales podrían ser en apariencia ampliamente demócratas y socialistas; pero el retorno de los reaccionarios al poder sería sólo cuestión de tiempo: Pronto resurgirían los celos entre países y cada Estado contaría de nuevo con las armas para satisfacer sus propias exigencias nacionales. En un breve período de tiempo convertirían a los pueblo en ejércitos: Los generales volverían a mandar, los monopolistas a aprovecharse de la autarquía, los cuerpos burocráticos a vanagloriarse y los clérigos a mantener dóciles a las masas. Todas las conquistas sociales de los primeros momentos se marchitarían frente a la necesidad de prepararse para una futura guerra.

 

 

El problema que en un primer lugar debe ser resuelto, ya que fallando este cualquier otro progreso sería sólo algo superfluo, sería la definitiva abolición de las divisiones de Europa en Estados nacionales soberanos. El colapso de la mayor parte de los países del continente bajo el opresor alemán, estableció la suerte de los pueblos europeos, ya que, o acabaron bajo el dominio hitleriano o todos juntos entrarán, con la caída de este, en un cambio revolucionario que no se encontrará dentro de las sólidas estructuras estatales. Los espíritus están ahora mucho mejor dispuestos que en el pasado para una reorganización federal de Europa; la dura experiencia de los últimos decenios abrirán los ojos, incluso a aquellos que no quieran ver, y hará madurar muchas circunstancias favorables a nuestro ideal.

 

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Manifiesto «Hacia una Unión Federal»

MANIFIESTO FEDERALISTA

 

 

Adoptado por el Congreso de UEF, Berlín, 16-17 de Noviembre de 2013

Enmendado por el Comité Federal de UEF, Bruselas, 13 de Diciembre de 2014

 

MANIFIESTO UEF

 

Hacia una Unión Federal

 

 

Europa atraviesa un período de turbulencias e incertidumbre. La larga crisis financiera, que ha llevado al estancamiento económico, al desempleo y a la fragmentación política, ha puesto de manifiesto no solamente los fallos en el diseño de la Unión Económica y Monetaria y la debilidad de las instituciones europeas, sino también la falta de compromiso con la integración europea por parte de los Estados de la UE. Como resultado, la Unión Europea ha perdido la confianza de muchos ciudadanos. La crisis en las regiones limítrofes con la Unión Europea, de Ucrania hasta Oriente Próximo, incrementa la presión para que progrese la integración europea en los ámbitos de política exterior, seguridad y defensa.

Si la Unión Europea quiere sobrevivir en los próximos años, debe perseguir los caminos de la paz social, la prosperidad y la unidad política a través de un gobierno democrático. Una Europa federal con fuertes instituciones democráticas es la única manera de responder a este desafío. Europa no estará unida si no es democrática. Y no será democrática si no es una federación.

El proceso de construcción de una auténtica Europa federal puede empezar hoy con la Eurozona y los Estados genuinamente comprometidos a unirse al euro. Nuestros decisores políticos tienen la responsabilidad de dar los pasos necesarios para solucionar los problemas, poner las cosas en orden y reconstruir la confianza.

Urgimos pues a los partidos políticos, a los Miembros del Parlamento Europeo elegido en 2014 y a la nueva Comisión Europea, a abordar la construcción de una unión federal como un objetivo central de su actividad. Y urgimos al Parlamento Europeo a desarrollar sus propuestas sobre la estructura de la unión federal al lado de representantes de los parlamentos nacionales.

 

 

Hacer frente a la crisis

 

Los federalistas creemos que sólo una mayor integración fiscal sacará a Europa de la crisis y desarrollará el potencial económico y democrático de Europa. Esta nueva política tiene que configurarse en torno a Estados cuya moneda es o será próximamente el euro.

A nivel nacional, la disciplina fiscal debe acompañarse de reformas económicas. Tanto a nivel europeo como nacional, debe alcanzarse un mejor equilibrio entre consolidación fiscal e inversión en crecimiento y empleo: la unión fiscal no es viable sin justicia social. Combatir el desempleo juvenil debe ser la prioridad.

Es evidente que los planes de recuperación estrictamente nacionales han sido en su gran mayoría ineficaces. Únicamente creando instrumentos y recursos para las políticas europeas económicas, industriales y energéticas, podremos impulsar el comercio y la competitividad, estimular la investigación y la educación, crear redes transeuropeas y completar el mercado único de servicios.

UEF celebra la legislación ya vigente, que asegurará la responsabilidad presupuestaria a nivel nacional y europeo. Ahora urgimos a la Eurozona a avanzar rápidamente para afrontar la carga de la deuda que está destruyendo las oportunidades para demasiados ciudadanos europeos. Necesitamos formas adecuadas de

 

imposición europea y nuevas formas de instrumentos de deuda para una política europea proactiva en lo social y lo económico. Necesitamos reemplazar la condicionalidad ad hoc por políticas y medidas democráticamente legitimadas, incluyendo estabilizadores automáticos, que promuevan la solidaridad y el crecimiento en una economía social de mercado en Europa si se logran las condiciones y reglas de estabilidad fiscal y cambios estructurales.

Estos pasos requieren la transformación de la Eurozona en una verdadera unión política. Y aquellos Estados que no se hayan incorporado aún al euro, y tengan la intención de hacerlo, deben vincularse tanto como sea posible a este proceso de integración profunda.

 

 

Modificación del Tratado

 

El Tratado de Lisboa está siendo forzado hasta un punto crítico bajo la presión de la gestión de crisis. Su revisión es inevitable para que la Unión venza las dificultades presentes.

Por ello, hacemos un llamamiento para que dé comienzo cuanto antes una Convención constitucional. La Convención estará compuesta por Miembros del Parlamento Europeo, diputados nacionales, la Comisión y los gobiernos nacionales. Pero tiene que llegar a los medios, los partidos políticos, la sociedad civil y la opinión pública, de manera directa y efectiva. Su mandato debe incluir la tarea de explicar y justificar las decisiones que tome.

La agenda de la Convención deberá ser abierta, y al mismo tiempo estar diseñada por una estrategia política coherente basada en la refundación y la renovación de la Unión Europea en torno a una vanguardia federal. Su labor será preparar una nueva ley fundamental que provea un acuerdo duradero sobre el sistema de gobernanza de la Unión, así como un juicio más claro sobre lo que vendrá en el futuro.

El nuevo Tratado deberá aumentar la capacidad de la Unión para actuar en el interior y el exterior. Ha de ser un marco constitucional fuerte en el que gobernantes y legisladores tengan el poder de tomar decisiones coherentes y eficientes sobre la orientación de las políticas. Los Estados miembros deberán respetar los valores y los principios de su Unión, y la UE deberá estar alerta y reaccionar con eficacia cuando los cambios de las constituciones nacionales se desvíen de ellos.

Es necesaria una auténtica política común de inmigración y asilo para hacer realidad la zona de libertad, seguridad y justicia de la UE. Las responsabilidades del control de las fronteras externas de la Unión deben ser dignamente compartidas, y los Derechos Humanos de los migrantes plenamente respetados. Los derechos consulares de la ciudadanía de la Unión deberían ser reforzados, e impulsadas las oficinas consulares de la UE. Los ciudadanos de la UE residentes en otros Estados de la Unión deberían poder votar en todas las elecciones en su lugar de residencia. El alcance de la Iniciativa Ciudadana Europea debería ampliarse y hacerse más accesible su aplicación.

La Unión Europea no será el actor global que aspira a ser a menos que los Estados adopten un compromiso político más serio para desarrollar políticas comunes en el ámbito exterior, de seguridad y defensa. En este momento, Europa está fracasando no sólo a la hora de defender sus propios valores e intereses, sino también de realizar su potencial como fuerza del bien en los asuntos mundiales. Los ciudadanos europeos están firmemente comprometidos con la paz.

Para alcanzar estos objetivos, la revisión del Tratado no debe dudar en ajustar las competencias y aumentar los poderes de las instituciones Europeas donde sea necesario.

 

 

Gobierno federal

 

El principal rasgo novedoso de la ley fundamental deberá ser la instalación de un gobierno federal, con una Secretaría del Tesoro poderosa, para la unión fiscal y económica. La Eurozona debe tener su propia capacidad fiscal, competente para contribuir a la estabilización macroeconómica. El presupuesto de la UE

 

debería ser financiado con auténticos recursos propios y autónomos (como tasas sobre las emisiones de carbono o las transacciones financieras), los cuales, al alejarse del sistema actual de contribuciones nacionales directas, permitirán al centro federal sustraerse de la parálisis de la justa compensación.

El nuevo Tratado deberá posibilitar la mutualización progresiva de al menos una parte de la deuda soberana en el interior de la Eurozona, sujeta a estricta condicionalidad. Debería levantar la prohibición de finaciación del déficit, asegurando al tiempo que la deuda federal esté sujeta a límites comparables a los impuestos a los Estados. Además, las actuales reglas de unanimidad para las decisiones sobre los recursos propios y el marco financiero plurianual deberán ser modificadas.

 

 

Una democracia mejor

 

UEF cree que la Unión Europea sólo sobrevivirá y prosperará ampliando la democracia europea: actuamos para reforzar el espacio público europeo, con ciudadanos plenamente comprometidos en todas las etapas del proceso constitucional.

Deberíamos transferir a la Comisión Europea la mayor parte de los poderes ejecutivos residuales que ahora detenta el Consejo, al menos en el ámbito económico y fiscal, convirtiendo a la Comisión en un gobierno reconocible y responsable. El tamaño de la Comisión debe reducirse, siendo sus miembros nominados por el Presidente electo y elegidos por el Parlamento Europeo. La nueva estructura de la Comisión propuesta por el Sr. Juncker, con el nombramiento de siete Vicepresidentes, y la creación de equipos de proyectos, son un buen paso en esta dirección.

Las dos cámaras legislativas del Parlamento Europeo y el Consejo deberían situarse en pie de igualdad. La composición del Parlamento debería estar determinada por reglas lógicas, transparentes y comprensibles, sobre la base de la población de los Estados, respetando el principio de proporcionalidad decreciente. Para construir partidos políticos europeos reales y realzar la dimensión europea de las políticas, un número de Miembros del Parlamento Europeo debería ser elegido en una circuscripción paneuropea, con listas transnacionales. El Parlamento debe adquirir el derecho a autorizar las modificaciones de los Tratados y el ingreso de nuevos Estados.

Las restricciones al alcance de la jurisdicción del Tribunal de Justicia deberían eliminarse, y facilitarse el acceso al Tribunal para los particulares.

 

 

Una mayor legitimidad

 

Se necesitan procedimientos flexibles y democráticos para las futuras enmiendas de los Tratados, que deberían entrar en vigor bien tras ser ratificadas por una mayoría cualificada de Estados y de Miembros del Parlamento Europeo, o bien aprobadas en un referéndum pan-UE por una mayoría de Estados y ciudadanos. Tales cambios pondrían a la UE al nivel de otras organizaciones federales o internacionales.

Los Estados de la UE no pueden ser forzados contra su voluntad a dar los pasos federales que aquí proponemos. Al mismo tiempo, no puede permitirse a estos Estados una posibilidad ilimitada de tomar cuanto quieran de la UE y desechar el resto. Aceptar más opciones de exclusión voluntaria y derogaciones a la carta podría fracturar la cohesión del acervo comunitario. El free riding significa desintegración.

Proponemos, por ello, crear una nueva categoría de miembros, a la que puedan optar los Estados que elijan no unirse a la unión federal. Su participación institucional estaría necesariamente limitada. Se requeriría una lealtad continuada a los valores de la Unión, pero el compromiso político con los objetivos y las políticas de la Unión sería reducido. Esta nueva forma de membresía asociada sería también una mejora del actual Espacio Económico Europeo, y estaría abierta a todos los demás países europeos.

En caso de que actualizar la Unión Europea conforme a estas líneas se demostrase imposible para todos los Estados Miembros, urgimos a la creación de una asamblea constituyente, que reúna a los miembros de

 

los parlamentos nacionales y del Parlamento Europeo para establecer una constitución de acuerdo con estas orientaciones. Cada parlamento estaría invitado a participar en un nuevo comienzo para Europa; pero la asamblea debería poder empezar su tarea aun cuando no todos se hayan decidido a tomar parte en este proyecto.

 

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Para lograr estos objetivos, UEF acoge un amplio debate público sobre “Una ley fundamental de la Unión Europea”, definido por el Grupo Spinelli de Miembros del Parlamento Europeo.

Nos comprometemos a promover la causa de la unión federal europea por el interés de un mundo más pacífico y próspero.

La Unión de Federalistas Europeos encomienda este manifiesto a los partidos políticos, los Miembros del Parlamento Europeo y la nueva Comisión Europea.

La Unión de la energía comienza en los Pirineos

Escrito por: Adriano Bajolle

Título original: L’Union de l’énergie commence sous les Pyrénées

Traducido por: Miguel García Barea

 

Después de ocho años de trabajo, la nueva línea de alta tensión que une España a Francia fue inaugurada el viernes por los primeros ministros Manuel Valls y Mariano Raroy. Con una capacidad de 2.000 MW, que duplicará la capacidad de interconexión entre los dos países. Un paso importante en el camino hacia la Unión Europea de la Energía.

 energia pirineos

 

La línea de todos los superlativos

Nos encontramos frente a la culminación de un viejo proyecto entre Francia y España. Lanzado oficialmente en 2008, pero ideado hace más de veinte años, la interconexión eléctrica entre Baixas, en los Pirineos y Santa Llogaia se inauguró el pasado viernes, 20 de febrero, y entrará en servicio el próximo junio.

Su extensión de más de 65 kilómetros representa toda una hazaña tecnológica. Con una producción récord de 2.000 MW DC, es la mayor línea subterránea con ese nivel de potencia. El proyecto también establece récord en cuanto al coste de la inversión: 700 millones de euros. Ese es el precio a pagar para no deformar los paisajes pirenaicos con torres de alta tensión.

Europa decidió financiar el proyecto como parte del plan de relanzamiento y estimulación económica de 2008. La UE ha aportado una subvención de € 225 millones y el préstamo del Banco Europeo de Inversiones fue de 350 millones. Se trata, por tanto, de una decisión de inversión inteligente, que promueve la seguridad energética y la transición hacia las energías renovables.

Un proyecto importante para la Unión Europea de la energía.

Si bien la Comisión Europea debería anunciar sus propósitos para relanzar la Unión Europea de la Energía, la finalización de este proyecto representa el primer paso de un deseable camino a seguir. También se inscribe dentro de la voluntad de la Comisión Europea de modificar a un 15% la tasa de interconexión de las diferentes redes nacionales, es decir, que cada país esté capacitado para poner el 15% de la energía producida al servicio del resto de los estados miembros de la UE.

El nivel de malla de las redes europeas es, de hecho, su seña de solidez. Cuanto más numerosas sean las interconexiones  menor será el riesgo de fracaso así como la dependencia energética del exterior. Dada la tensa situación con Rusia, el principal proveedor de gas natural y petróleo a Europa, se trata de un tema crucial. La línea resuelve un problema concreto a España, relativamente aislada a nivel eléctrico, ya que depende de Francia para el acceso a la red europea, y que hasta ahora sólo disponían de tres interconexiones sustanciales.

La nueva línea es sobre todo un paso firme en el camino de la transición energética. La producción de energías renovables es, en efecto, dependiente de las condiciones exteriores, como la fuerza del viento o la intensidad de los rayos de sol. En consecuencia, los niveles de producción fluctúan más a menudo que aquellos de la energía nuclear o de origen fósil.

Son necesarios varios días para exportar los excedentes de producción y otros tantos para importar los superávits provenientes de los Estados miembros. Reforzar la interconexión entre Francia y España era incluso más importante que la combinación energética de dos países muy complementarios.

Los excedentes españoles en energía solar y eólica podrán dirigirse al mercado europeo, mientras Francia seguirá liderando la exportación  de energía nuclearla cual  producen a bajo precio.  Una complementariedad reforzada por el hecho de que los picos de consumo (la hora en la que más energía se gasta) no coinciden en los dos países (a las 19 h. en Francia y a las 21 h. en España). Un aperitivo que, como suele suceder, tiene siempre mayores implicaciones de las que solemos creer.

El Manifiesto de Ventotene – 4ª Entrada

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II – LAS OBLIGACIONES DE DESPUÉS DE LA GUERRA – LA UNIDAD EUROPEA

 

La derrota de Alemania no llevaría automáticamente al reordenamiento de Europa según nuestro ideal de civilización.

Durante el breve e intenso período de crisis general posterior (durante el cual los gobiernos y las masas populares esperarán ansiosamente nuevos mensajes ardientes, susceptibles de ser modelados de nuevo, capaces de dar la bienvenida a las directrices de auténticos internacionalistas) las clases que fueron privilegiadas durante los antiguos sistemas nacionales, buscarán clandestinamente o mediante la violencia, el extinguir la oleada de sentimientos y pasiones europeístas, y se darán ostentadamente a reconstruir los viejos organismo estatales. Siendo probable, que algunos dirigentes ingleses, quizás de acuerdo con los americanos, intenten empujar las cosas en esa dirección para retomar la política de equilibrio de poderes en interés de sus respectivos imperios.

 

Las fuerzas conservadoras son los dirigentes de las instituciones fundamentales de los estados-nación como: Los cuadros superiores de las fuerzas armadas, las monarquías, los capitalistas monopolistas, las altas jerarquías eclesiásticas, así como la innumerable multitud de gente que dependen de ellos o que están cegados por el poder tradicional; los cuáles sólo pueden asegurar sus rentas parasitarias en una sociedad conservadora estable. Todas estas fuerzas reaccionarias ya están sintiendo que desde hoy su sistema se viene abajo y por ello intentan salvarse; ya que este colapso les privaría de golpe de todas las garantías que tuvieron hasta entonces y les expondría al ataque de fuerzas progresistas.

 

 

La situación revolucionaria: viejas y nuevas corrientes

 

La caída de los regímenes nacionales significará sentimentalmente, para pueblos enteros, la llegada de la «libertad»; desapareciendo toda clase de censura, reinando auténticamente la verdadera libertad de palabra y de asociación y significando el triunfo de las verdaderas tendencias democráticas. Dichas tendencias tienen innumerables matices, que van desde un liberalismo muy conservador hasta el socialismo y la anarquía. Todos ellos creerán en la «generación espontánea» de los acontecimientos y de las instituciones y en la bondad absoluta de los impulsos que vienen de la base, sin querer forzar la «historia», al «pueblo» o al «proletariado», esperando el fin de las dictaduras como la natural restitución al pueblo de sus imprescindibles derechos de autodeterminación. El sueño más alto de estos nuevos demócratas será una asamblea constitucional elegida por el más amplio sufragio y con escrupuloso respeto a los derechos de los electores, quienes deberán decidir la nueva constitución que desean: Si el pueblo es inmaduro, puede que la constitución resultante sea mala, pero ésta se podrá corregir mediante un debate constante.

Los nuevos demócratas no niegan por principio la violencia; pero la quieren únicamente cuando la mayoría piense que es indispensable, esto es propiamente, cuando supone únicamente un superfluo punto que añadir a la «i». Son por ello dirigentes adecuados para épocas en las que el pueblo entero está de acuerdo con las instituciones, las cuales sólo serán retocadas en aspectos relativamente secundarios. Sin embargo en épocas revolucionarias, en las que las instituciones no deben ser administradas sino creadas, la praxis democrática fracasa estrepitosamente. La compasiva impotencia de los defensores de los regímenes nacionales en los golpes de estado ruso, alemán, o español son tres de los más recientes ejemplos. En tales situaciones, una vez caído el viejo aparato estatal junto con sus leyes y administración, empiezan inmediatamente a surgir, semejantes a la vieja legalidad o despreciándola, un gran número de asambleas y representaciones populares en las que convergen y se agitan todas las fuerzas sociales progresistas. En estos momentos es cuando la población tiene algunas necesidades fundamentales que satisfacer, pero no sabe qué quiere o qué hacer. Miles de campanas sonarán en los oídos de la gente que en millones de mentes no son capaces de orientarse disgregándose en muchas tendencias que lucharán entre sí.

 

Ese será el momento en que se debe tener la máxima decisión y audacia; ya que los defensores del régimen nacional se sentirán extraviados sin tener tras de sí un espontáneo consenso popular, sino sólo un turbio alboroto de pasiones. Ellos pensarán que su deber será controlar dicho consenso y se presentarán como predicadores exhortativos, allí dónde se necesitan líderes para guiar a los ciudadanos, sabiendo dónde llegar. Se perderán las ocasiones favorables a la consolidación de un nuevo régimen, buscando hacer funcionar inmediatamente órganos que necesitan una larga preparación y que sólo sirven para períodos de relativa tranquilidad, dando así las armas a sus adversarios que más tarde les servirán para rebelarse; los cuáles representarán en suma, en sus miles de tendencias, no ya a la voluntad de renovación, sino las confusas veleidades reinantes en todas las mentes que movilizándose preparan el terreno propicio para el desarrollo de una resistencia. La metodología política nacional será entonces un peso muerto en esta crisis revolucionaria.

 

A medida que los defensores del régimen pierdan su credibilidad como defensores de la libertad, debido a sus polémicas conclusiones y la carencia de un programa de medidas sociales y de una política seria, provocarán que las políticas pre-totalitarias sean inevitablemente reconstruidas y que la lucha vuelva a desencadenarse según los viejos esquemas de la oposición de clases.

 

  El principio según el cual la lucha de clases es el fin al que se reducen todos los problemas políticos, constituyó la directiva fundamental, especialmente para los trabajadores de las fábricas, y favoreció la consistencia de su política hasta el punto en que sus ideas fundamentales ya no se cuestionaban. Esta línea ideológica llega a ser un instrumento para aislar al proletariado, cuando sin embargo se impone la necesidad de transformar toda organización social. Los trabajadores, educados en un sistema clasista, no ven más allá de sus reivindicaciones como clase, sin preocuparse de como conectarlos con los intereses de las demás clases, es decir; aspiran a una dictadura unilateral del proletariado para realizar así la utópica colectivización de todos los medios de producción, indicada por la propaganda secular como el remedio de todos sus males. Esta política en realidad no llega a hacer mella en ningún otro estrato social, excepto en el de los trabajadores, privando al resto de las fuerzas progresistas de su apoyo o dejándola en manos de una resistencia hábilmente organizada para destruir al movimiento proletario.

 

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La Revolución Podemos

Escrito por: Gaëtan Trillat

Tñitulo original: La Révolution Podemos

Traducido por: Miguel García Barea

Con apenas un año de existencia, Podemos ha revolucionado la escena política española. El pasado mes de mayo recogió casi el 8% de los votos en las elecciones europeas, con un total de  1,2 millones de votantes. A finales de agosto, una encuesta sobre las elecciones generales en 2015 lo colocó tercero detrás de los dos grandes partidos, el PP (Partido Popular) y el PSOE (Partido Socialista). A menos de un año de las elecciones que marcarán el final del mandato de Mariano Rajoy, en el poder desde 2011, Podemos encabeza  actualmente las encuestas con un 27% de los votos y parece haber alcanzado su objetivo: sacudir «la casta”, es decir, a la élite político-económica  conformada  por la Troika, los bancos y los partidos políticos.

revolución podemos

Si  en gran parte de Europa fueron partidos de extrema derecha quienes se subieron a la ola del euroescepticismo a consecuencia de la crisis económica, en España la respuesta más solida y contundente  contra la clase política es de extrema izquierda. El origen de Podemos se remonta a mayo de 2011, cuando el movimiento 15M de la Puerta del Sol (los autodenominados  Indignados, equivalente español a Ocuppy Wall Street)  había revolucionado el país.  Desde este movimiento anti-austeridad se veían  sin aliento: ni querían ni podían formar parte del sistema político clásico, que había decepcionado a un 65% de españoles, quienes en una encuesta habían mostrado su simpatía por los Indignados.

Hace menos de un año, el diario digital Público (de tendencia izquierdista) sacó a la luz un manifiesto cuyo objetivo era «convertir la indignación en el cambio político», firmado por una treintena de intelectuales. El texto, que en su momento pasó desapercibido, pidió la creación de una lista electoral europea común incorporando las ideas generadas por el movimiento 15M. Poco después nació Podemos, con Pablo Iglesias a la cabeza.

Este profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, de tan solo 36 años y apodado «El Coletas»(por su imagen) es una caricatura de la Izquierda Política: nació en el barrio obrero de Vallecas, en las afueras de Madrid, en el seno de una familia republicana, militó en la Juventud Comunista y posteriormente pasó por diversos movimientos antiglobalización. Y  pasó a formar parte de la Opinión Pública gracias a su participación en diversas tertulias políticas televisivas, en especial por aquellas que dirige: Fort Apache (Hispan TV) y Ta Tuerka (online, actualmente en la web del diario Público). Con su dominio de la retórica y de los medios de comunicación, Pablo Iglesias se ha convertido en el hombre más popular de la política española actual.

La ciudadanía contra la «casta»

Podemos pone el acento en los temas que son especialmente relevantes en la España gobernada por Mariano Rajoy: en primer lugar, su programa económico seduce a aquellos que han sufrido las consecuencias de los planes de austeridad. El gobierno español indigna a sus ciudadanos cuando les habla de «la salida de la crisis», mientras que hoy en día un español de cada cuatro está por debajo del umbral de la pobreza y uno de cada cinco en paro (de entre ellos, un 10% son menores de 25 años ). Al mismo tiempo, Iglesias y sus allegados han propuesto, entre otras medidas, la creación de una renta básica de alrededor de 500 euros para todos los ciudadanos (la llamada Renta Básica Universal), cambiar la edad de jubilación a los 60, la jornada laboral 35 horas semanales o el aumento del salario mínimo (€ 645 en la actualidad).

Pero la economía no es el factor decisivo en el crecimiento y la consolidación de Podemos, quienes presentan un programa de izquierda radical clásico, comparable al de Izquierda Unida, el «Front de Gauche» español, que existe desde hace décadas y en los últimos años no ha superado el 6% de los votos.

Lo que hace más atractivo al partido Podemos es la lucha contra la corrupción del “régimen 1978″, heredero de la Transición posfranquista y que es objeto de un rechazo muy acusado. En España, el nivel de corrupción política casi haría pasar a Francia como un país modélico: más de dos mil casos están actualmente bajo investigación judicial con un coste estimado de 40 millones de euros al año por el Estado. Incluso la sacrosanta monarquía se ve afectada por el fenómeno, mientras que los partidos políticos están completamente desacreditados: los españoles le atribuyen una nota de 2 sobre 10 según una encuesta reciente sobre la confianza en la política.

Podemos no solo critica la situación existente, sino que desea iniciar una “revolución democrática” real. El partido tiene una estructura original integrada por los «círculos», una red de asambleas locales o regionales (cultura, deporte, energía, deuda soberana, etc.) distribuidos por todo el País. Este sistema de círculos busca promover la idea de una democracia participativa y parte de su éxito se debe a la retórica. Como ha explicado varias veces el politólogo Íñigo Errejón, se trata de la abolición de la tradicional división izquierda-derecha para resaltar otra división que aúna a «la democracia contra la oligarquía o incluso a la ciudadanía contra la casta». Un enfoque populista y reclamado como tal.

 

Con un programa de izquierdas más que asumido, más con una estrategia alternativa a la división tradicional, nos encontramos con un cóctel que parece funcionar y que en Francia ha inspirado Jean-Luc Mélenchon, que en los últimos meses no se define más como “de Izquierdas» sino “del pueblo».

¿Hacia una deriva presidencialista?

De la misma manera que en Francia se acusa a Mélenchon de ser omnipresente y omnipotente dentro de su partido, cada vez más voces se alzan contra el método Iglesias: de hecho, en la conferencia de noviembre, Iglesias fue confirmado como jefe del partido con más del 88% de los votos. Su concepción «vertical» del partido se consideró una traición a los ideales originales para algunos activistas de Izquierda Anticapitalista (partido asociado con Podemos).

El proyecto de Iglesias respalda la creación de un puesto de Secretario General, junto con un consejo de coordinación integrado por doce personas nombradas por él, y resta importancia a los círculos. La cabeza de Jorge Lago partido siquiera reconoce: «No podemos trabajar de la manera que queremos, porque estamos en un sistema político jerárquico. Debemos hacer malabares para compatibilizar la realidad con el deseo de otra sociedad posible».

Podemos ilustra la conocida paradoja de una parte de la izquierda radical universal, confrontada por unos principios democráticos sólidos por un lado, y la admiración a un líder carismático por otro. Pero estructurándose como un partido político clásico maximizan sus opciones de triunfar en las próximas elecciones generales, que es lo único que interesa a Iglesias y los suyos. Sirva como prueba de que ahora se les tome en serio que el “Pierre Gattaz español”, Juan Rosell, ha pedido recientemente una gran coalición PP-PSOE para frenar su ascenso. Un deseo también formulado por el que fuera Presidente del Gobierno español, Felipe González (1982-1996)el pasado mes de mayo.

¿En qué gasta la Unión Europea? Financiación UE, este gran desconocido…

Escrito por: Simone Corvatta

Muchos acusan Europa de ser una carga inútil para los ciudadanos y que sin ella estaríamos mejor. Sin embargo es imposible no topar en algún lado con su intervención económica tanto que sus subvenciones han entrado de alguna forma en la vida de cada uno de nosotros.   Sólo en 2015, Europa ha gastado 500 mil millones de euro para el desarrollo, la investigación, la cohesión social y las infraestructuras en los estados miembros. Lamentablemente pocos conocen su desarrollo y su historia.

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Cuántas veces, y sobre todo en los últimos tiempos, hemos escuchado que “Europa” es una carga inútil que grava sobre los ciudadanos, reduce la soberanía de sus Estados y limita su desarrollo. Con la crisis que aún está afectando a nuestros países no es difícil indignar la gente con semejante expresión. Pero, ¿es del todo cierta? Porque hay que considerar que durante un tiempo de crisis nacen mitos y leyendas con la misma facilidad que en la edad media, y siempre se busca a los instigadores de la plaga. Pero cuidado, porque con la misma facilidad con que nacen leyendas se queman en las hogueras a brujas presumidas.

Siendo legítimo buscar las causas de los problemas, no nos demoremos sobre lo que se vende fácil y no creamos a quién nos ofrece recetas milagrosas. Muchas veces, para tener un cuadro de la situación más claro, es suficiente darse un paseo para aclarar sus propios pensamientos, sin que nadie, de los que gritan o de los que se nos proponen como nuestros salvadores, nos condicionen el entendimiento y nos estropeen la tarde de ocio.

Pues tanto si decidimos de dar dicho paseo en el centro de nuestra ciudad, como en las periferias o en el campo, es imposible no topar con algún cartel de metal puesto en la fachada de algunos edificios antiguos, pero también modernos, en alguna estructura pública o incluso en la entrada de jardines, parques, senderos, carreteras, puentes etc. Por lo general nos recuerdan cuando ha sido realizada la obra, quién el arquitecto famoso – si hubo –, una breve descripción del lugar – si hace falta –, el símbolo del ayuntamiento o comunidad autónoma a que pertenece y, finalmente, como el código de barras en los productos que compramos y que no le hacemos el más mínimo caso, está un recuadrito azul con adentro un circulo formado por doce estrellitas amarillas. Estamos tan acostumbrado a verlo por todas partes que nunca nos hemos preguntado qué significa exactamente.

Hay que admitir que nadie se preocupó demasiado para enseñárnoslo, y que su significado se remonta a la noches de los tiempos…bueno, tampoco, es suficiente volver hasta hace cincuenta años, más precisamente en 1957. En aquél entonces las cosas eran un poco diferentes, de estos carteles no había ni la sombra, tampoco había quién gritaba contra “Europa”, porque de hecho no había “Europa” .

Sin embargo sí que había una situación bastante peor de la que tenemos nosotros hoy en día. Hace unos años antes los Estados que en aquel año se reunieron en Roma, en lugar de echarse la culpa o insultarse “democráticamente” en un parlamento común como hoy, se tiraban bombas, se aplastaban con tanques y se disparaban nada más verse, incluso si habían sido vecinos o amigos, y todo eso sin preocuparse demasiado si se trataban de niños, viejos o enfermos. Lo que resultó de eso fue un continente entero en escombros y la pérdida de aquel prestigio de que esos Estados soberanos hacían muestra con orgullo a los cuatros vientos.  Pues en Roma, después de París en 1951, tuvieron la posibilidad de mirarse en los ojos otra vez y preguntarse juntos: “¿Y ahora qué hacemos?”.

Por suerte para nosotros, aquél día, los hombres reunidos en Palazzo dei Conservatori en el Campidoglio apostaron por un salida de aquella situación crítica con un crecimiento común, que ponía a lado las antiguas diferencias y se preocupaban de los problemas reales de lo que quedaba de Europa después de la guerra: reconstruirla, y hacerlo juntos para no volver luego a derribarla separados.

Por eso en los artículos 2 y 3 del Tratado de Roma de la CEE, se estipulaba también que tarea fundamental para la Comunidad Europea era aquella de promover un desarrollo armonioso equilibrado y sostenible de las actividades económicas, un elevado nivel de ocupación y de protección social, la mejoría del nivel de calidad de la vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los estados miembros. Como podréis comentar “las charlas valen cero sin respaldo de una acción”. Pues en aquel entonces una de las acciones que nació para conseguir los fines que se fijaron esos señores fue la de poner en común dinero para la creación de un fondo que financiaría obras y proyectos en favor del empleo y de la mejoría de la vida de los ciudadanos reactivando así la gran maquinaria económica de Europa: el Fondo Social Europeo (FSE). De tal manera a partir de 1958 una considerable suma de dinero venía invertida, por aquel entonces la Comunidad Europea, en subvenciones en favor de proyectos que fomentaría el empleo en los estados miembros.

Como cualquiera podría comentar, este fondo es poco cosa con respecto a lo que se necesita, y de hecho actualmente tal fondo cubre sólo un 13,1% del presupuesto de la Unión Europea. Pero claramente esta consideración la hizo alguien más en los años sesenta, tanto que en 1962 se instituía también el Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola (FEOGA) con el objetivo de potenciar la producción y la exportación agrícola y fomentando dicho sector. Actualmente este tipo de financiación hace parte de la Política Agrícola Común (PAC) y cubre el 34% del presupuesto de la Unión Europea.

Pues diréis que esto no llega ni a la mitad del dinero que hemos enviado a “Europa ¿y el resto que la Unión Europa nos quita, como se utiliza? Muy buena observación, tal como quién dice que “financiar sólo el sector agrícola está bien para producir más trigo pero no de solo pan vive el hombre”. Y aquí también alguien nos adelantó en las consideraciones, y en 1972 en París se reunieron todos los jefes de Estado y de gobierno para debatir sobre una política para poder fomentar la cohesión y el desarrollo en una Europa que a poco a poco estaba creciendo y presentaba fuertes desequilibrios regionales. Así en 1975 nació el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER). Este último tiene como objetivo lo de financiar la realización de infraestructuras e inversiones productivas en sectores clave para el empleo y favorecer sobre todo a las empresas en regiones particularmente necesitadas. Este fondo representa actualmente el 33,9% del presupuesto da la UE.

No obstante, y a pesar de todo, Europa para crecer necesitaba claramente más. Así en 1983 se instituyeron los primeros programas de financiación para la investigación y el desarrollo tecnológico, conocido como Programa Marco.  Y este tipo de financiación nació con un carácter distinto respecto a todos los demás: mientras antes para poder acceder a una de estas subvenciones era necesaria la mediación de instituciones nacionales o regionales que gestionaban los fondos, ahora el ciudadano interesado podía empezar a solicitarlos directamente de la Comisión Europea.

Desde entonces los campos de financiación de proyectos se fueron extendiendo a muchos otros sectores como la cultura, la educación, la sanidad, el ambiente, el deporte, la ciudadanía, el turismo, la seguridad, etc., y el presupuesto se renovaba cada cinco años según la respetiva programación que respondía a un estudio sobre los problemas destacados en la UE.

El mundo de la financiación se ha hecho tan complejo y tan ramificado que a partir de 2014 se decidió de agrupar muchos de estos programas de financiación en uno único con el nombre de Programa Horizon 2020 que gestiona el 31% de los fondos concedidos.

Así que, volviendo a nuestro paseo, cada vez que vemos este simbolito de la UE puesto allí de un lado pequeñito y sin molestar, significa que esta “Europa” tan molesta ha puesto el dinero para la realización de la obra que estamos observando.  Y es muy probable que muchos de los festivales en los que participamos, eventos o viajes de estudio de nuestros hermanos, becas de trabajo en el extranjero de nuestros amigos, actividades escolares de nuestros hijos o proyectos empresariales de nuestros padres estén subvencionados por esta Europa tanto incómoda al día de hoy. Y si consideramos que para realizar todo esto la UE emplea sólo el 1% del PIB de todos los estados miembros, imaginémonos que se podría hacer si fuera dotada de un 2% o 3%. ¿Por qué no se hace si es tan buena idea? Bueno, esta es otra historia y cada uno tiene el derecho de preguntárselo a sus políticos nacionales.

El Manifiesto de Ventotene – 3ª Entrada

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3) Contra el dogmatismo autoritario, se afirmó el valor permanente del espíritu crítico: Todo aquello que había sido corroborado debía dar razón de sí de nuevo o desaparecer; ya que las mayores conquistas de nuestra sociedad que se hicieron en este campo fueron debidas a la metodicidad de la actitud imparcial. Pero dicha libertad científica, no resistió a la crisis que hizo surgir a los estados totalitarios. Así nuevos dogmas fueron aceptados como artículos de fe, o fueron aceptados hipócritamente, para terminar estableciéndose en todos los ámbitos de la ciencia.

 

Aunque nadie sepa exactamente que es una raza, y las más elementales nociones de historia enfaticen lo absurdo del término, se exigió a los fisiologistas creer, demostrar y convencer de que uno pertenece a la raza elegida, sólo porque el imperialismo necesita este mito para exaltar en las masas el odio y el orgullo. Los conceptos más evidentes de la ciencia económica, tuvieron que ser presentados como anatemas para dejar a la política autárquica como superior al libre mercado. Está claro que a causa de la interdependencia económica de todas las partes del mundo, el espacio vital necesario para que cada pueblo pueda mantener un nivel de vida correspondiente a la civilización moderna debe considerarse el globo entero; pero entonces se creó una pseudociencia de la geopolítica que quiso demostrar la teoría de los espacios vitales, con la intención de dar cobertura teórica a la voluntad de poder del imperialismo.

 

La historia fue falsificada en sus datos esenciales en interés de la clase gobernante, las bibliotecas y librerías fueron depuradas de todas las obras no consideradas ortodoxas, las sombras del oscurantismo de nuevo amenazaban con acabar con el espíritu humano. La misma ética social de la libertad y de la igualdad fue socavada. No se consideraba ya a los hombres como ciudadanos libres que se sirven del Estado para alcanzar del mejor modo sus fines; sino que entonces fueron servidores del Estado, que estableció cuáles deben ser sus fines, y la voluntad del Estado vino además unida a la voluntad de los que detentan el poder. Los hombres ya eran sujetos de derecho, sino que jerárquicamente dispuestos, estaban obligados a obedecer sin rechistar a autoridades superiores a cuya cabeza se encontraba el líder debidamente divinizado. Así el régimen estamental renació prepotente desde sus mismas cenizas.

 

Esta reaccionaria y totalitaria civilización, después de haber triunfado en una serie de países, finalmente encontró en la Alemania Nazi el poder que estaba buscando para ser capaz de llevarse a cabo hasta las últimas consecuencias. Después de una meticulosa preparación, aprovechándose con audacia y sin escrúpulos de las rivalidades nacionales producidas por el egoísmo estúpido, arrastrando tras de sí a otros Estados vasallos europeos (entre ellos España) y aliándose con Japón, que perseguía fines idénticos en Asia; se lanzó a la empresa de la dominación de su continente. Su victoria significó la definitiva consolidación del totalitarismo en el mundo. Todas sus características fueron exaltadas al máximo, y las fuerzas progresistas fueron condenadas durante mucho tiempo a ser una simple oposición clandestina.

 

La tradicional arrogancia e intransigencia de las clases militares alemanas puede ya darnos una idea de cuál sería el carácter de su dominio después de una guerra victoriosa. Los alemanes, si hubieran vencido, se podrían haber permitido un lustro de generosidad con los demás países europeos, respetando formalmente sus territorios e instituciones políticas, para así poder gobernar satisfaciendo el sentimiento nacionalista y patriótico de aquellos que prefieren los límites de su país y su nacionalidad en lugar de la igualdad de las fuerzas políticas y el contenido efectivo de los organismos del Estado. A pesar de estar camuflada, la realidad sería siempre la misma: Una renovada división de la humanidad entre espartanos e ilotas, entre vencedores y vencidos.

 

Incluso una solución de compromiso entre las dos partes en lucha significaría un paso más para el totalitarismo, puesto que todos los países que escaparon al dominio de Alemania, serían forzados a adoptar sus mismas formas de organización política, para prepararse adecuadamente para la continuación de una posible guerra.

 

La Alemania de Hitler pudo derribar uno a uno a los sistemas menores construyendo fuerzas cada vez más potentes para ganar las trincheras. El gran espíritu combatiente de Gran Bretaña, e incluso en los momentos más críticos, fue la causa que llevó a los alemanes a toparse con la valerosa resistencia del ejército rojo, y dio tiempo a América para movilizar sus recursos productivos. Esta batalla contra el imperialismo alemán estuvo íntimamente ligada con la que el pueblo chino realizó contra el imperio japonés.

 

Inmensas masas de hombres y riquezas se lanzaron contra las potencias totalitarias; cuyos ejércitos entonces alcanzaron su cumbre y no pudo hacer otra cosa más que consumirse progresivamente. Las fuerzas aliadas, sin embargo, superaron su momento de depresión y se encontraron entonces en un momento de ascenso.

 

La guerra en los aliados avivó cada día más la voluntad de liberación en los países sometidos a la violencia y extraviados a causa del golpe recibido; incluso en muchos países del Asia en los que se dieron cuenta de que estaban envueltos en una situación desesperada sólo por satisfacer el ansia de poder de sus gobernantes.

 

El lento proceso, gracias al cual grandes masas de hombres pasivamente se dejaban formar y educar por el nuevo régimen, se paralizó; iniciándose el proceso contrario. En esta inmensa ola que lentamente se levanta, se encuentran todas las fuerzas progresistas; las partes más iluminadas de las clases trabajadoras que no se dejaron seducir por el terror y adulaciones para aspirar a una vida mejor; los elementos más cultivados de las clases intelectuales, ofendidos por la degradación a la que fue sometida la inteligencia; emprendedores que sintiéndose capaces de nuevas iniciativas, querían librarse de los arneses de una burocracia y autarquía nacional que estorbaban cada movimiento que hacían; y todos aquellos que debido a un innato sentido de dignidad, no se sometieron a la humillación de la servidumbre.

 

A todas estas fuerzas se ha confiado la salvación de nuestra civilización.

 

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Navidad de 1914: 100 años de un rayo de esperanza

Escrito por: Álvaro Ibañez Fagoaga

 

Este artículo no es un artículo cualquiera. Desde El Nuevo Federalista pensamos en su momento que sería idóneo escribir un artículo relacionado con las fechas Navideñas. Un artículo que intentase sacar algo en claro dentro de estos momentos tan difíciles. Porque siempre es ardua tarea buscar el optimismo entre las dificultades. Crisis económica, Ébola, euroescepticismo, Charlie Hebdo, Estado Islámico… conceptos como estos aparecen día si y día también entre nuestras conversaciones. Y es precisamente por eso, porque las tragedias no cesan de aparecer, por lo que vemos realmente necesario hacer un artículo como este. Porque desde El Nuevo Federalista, nunca permitiremos que el optimismo camine en soledad.

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100 años se cumplen ya de la injustamente desconocida Tregua de Navidad. Eran tiempos de sangre y dolor, en los que la cruenta Primera Guerra Mundial había llegado para quedarse. Los tiempos en los que la juventud de Europa sangraba y moría en los campos. Tiempos de dolor y sufrimiento. Sin embargo, también fueron tiempos de humanidad y festejo. En aquellas Navidades de hace justamente un siglo, Europa demostró que, incluso en el fragor del combate más implacable, el hombre era capaz de vencer a la muerte, de confraternizar, de ser lo que verdaderamente es, un ser humano. En medio del conflicto que pasó a la historia por la brutalidad y la insensatez de la guerra total, un hecho insólito, inesperado y espontáneo aconteció una de las mayores victorias de la historia de la humanidad. Un triunfo que no dependió de los generales ni de sus armas, sino de la propia condición humana.

Apenas unos meses antes, el terrorífico potencial de la maquinaria bélica europea había comenzado a mostrarse en su rostro más crudo. La era de las ametralladoras, los aviones, y las trincheras había comenzado. La ingenuidad o el desconocimiento inicial hizo creer a las masas que la guerra terminaría pronto, y que, con un poco de suerte, incluso volverían a casa por Navidad. Nadie esperaba una guerra larga y sangrante, y todos estaban absolutamente convencidos de que su bando sería claramente el vencedor. Sin embargo, nada estuvo más lejos de la realidad. Alemania, obsesionada por la guerra en dos frentes, fue la primera en actuar. El conocido como plan Schlieffen aspiraba conquistar París y forzar la rendición francesa en apenas unos meses. Sólo así podrían hacer frente después al imponente ejército ruso. Inicialmente, y pese a la obstinada resistencia belga, los alemanes avanzaban inmisericordemente hacia París. Pronto, el descalabro francés parecía inminente, pero un desesperado contraataque galo a las orillas del Marne consiguió frenar la apabullante envestida germana. París quedaba aún a unos cuantos kilómetros, y la ventaja de la movilidad y la sorpresa se había desvanecido. Aquella guerra, que se avecinaba efímera y transitoria, comenzaba a adquirir cuerpo.

Poco a poco, la tropa comenzó a percatarse de que aquel conflicto llevaría mucho más tiempo del que había alcanzado a imaginar. Las trincheras se extendieron desde el Mar del Norte hasta Suiza, superándose los 1000km de extensión. Millones de hombres se adentraron entonces en aquel infernal mundo subterráneo, en el que incluso asomar la cabeza podía suponer la más segura de las muertes. Aquella “excursión del 14” había terminado por convertirse en un conflicto con empate técnico, en el que sólo una larga y cruenta contienda podría desatascar el atolladero. En aquel preciso momento, se hizo evidente que esta guerra necesitaba de novedosas e innovadoras motivaciones. los soldados necesitaban nuevos alicientes para poder soportar aquella crueldad sin igual. Este fue el momento de la propaganda. La nación debía ser motivada, y los folletos haciendo alusión a explícitas violaciones o a macabras matanzas por parte del enemigo fueron tan sólo una parte de todo el arsenal propagandístico del que se hizo uso durante la guerra. Se debía hacer calar en lo mas hondo de los corazones el miedo y el odio más irracional. Aquello debía ser el motor de esta nueva guerra, en la que todo sentimiento o límite preestablecido parecía desvanecerse a cada día que pasaba.

En este contexto se llegó al mes de Diciembre de 1914. La guerra efímera, desvanecida. El avance, estancado. Y las muertes, pulverizando cualquier marca hasta entonces conocida. La desesperanza comenzaba a calar en lo más hondo de ambos bandos. La Navidad se acercaba cada día más, así como se distanciaba la motivación por el combate. La soldadesca de ambos contendientes comenzó a pensar que no podían ser tan diferentes de aquel contra el que se enfrentaban. Su enemigo también sufría el hambre y el frío, sufría por la muerte de sus compañeros, y, sobretodo, sufría enormemente por pasar las Navidades en aquella fría e inhóspita llanura. Una llanura con olor a muerte y desolación, en la que la estampa navideña brillaba por su ausencia.

Este panorama fue el reinante en aquella Navidad de 1914. Los mandos británicos, sabedores del escaso ímpetu combativo de sus tropas, prohibieron la ingesta de cualquier bebida alcohólica. Sin embargo, no fue así en el bando alemán. Pronto, los británicos se percataron de que un ruido cada vez mayor se acercaba proveniente de las trincheras alemanas. Los alemanes cantaban, y cantaban Noche de Paz. Aquello marcó profundamente a sus antagonistas británicos. Puede que no entendiesen la letra, pero el ritmo era idéntico en todos los países. No sabían exactamente que es lo que decían, pero bastaba con entender lo que ya entendían en ese momento. Y fue aquí donde comenzó el milagro. De pronto, los británicos comenzaron a cantar también Noche de Paz. Y a pesar de que se cantase en diferentes idiomas, el ritmo era el mismo. En el frente de Ypres, Bélgica, británicos y alemanes cantaban conjuntamente aquella canción navideña. Se constató en ambos bandos que nadie quería ya luchar, que esta guerra estaba acabando con cualquier rastro de humanidad. “Esto debía terminar”, pensaban muchos de los soldados , y debía terminar en aquel preciso momento.

Al día siguiente, los británicos asomaron tímidamente sus cabezas por encima de las trincheras. Aquella insensatez solía costarle la cabeza al incauto que lo intentase. Sin embargo, no fueron disparos, sino amigables saludos, lo que recibieron desde el otro lado. Para sorpresa de los británicos, los alemanes ondeaban ostensiblemente sus brazos desde sus trincheras. Espontáneamente, y desoyendo claramente las órdenes de sus mandos, la tropa decidió que aquel día era un día de festejo, un día de confraternización con el enemigo, un día para recordar en los anales de la historia. La soldadesca de ambos bandos se alzó en aquel instante y comenzó a andar hacia la aterradora tierra de nadie. Británicos y alemanes se juntaron en medio de estas tierras, y sin mediar apenas palabra, los apretones de manos y los abrazos se fueron multiplicando. Nadie entendía bien que estaba sucediendo, pero una cosa quedaba ya del todo clara, el día de Navidad de 1914 no habría combates en el frente occidental. Aún y todo, el panorama era absolutamente aterrador. Los combates se habían alargado durante semanas, y en ningún momento se dio pie a poder recoger a los cientos y cientos de muertos que asolaban estas tierras. Sus antiguos compañeros, hinchados y destrozados, se arremolinaban caóticamente por todo el frente. Y fue aquí donde el milagro se amplió más si cabe. Unos y otros comenzaron a dar conjuntamente sepultura a sus muertos. Los británicos, rendían honores a los alemanes caídos. Y los alemanes, hacían lo propio con sus homólogos británicos. Incluso los oficiales comenzaron a empaparse de este peculiar ambiente navideño. El tabaco, la comida, e incluso los cascos comenzaron a intercambiarse. Tal fue la confianza creada, que incluso algunos alemanes prometían dar el casco sólo tras el desfile que tendrían al día siguiente. Y así fue. Porque en Ypres, donde inicialmente se dio esta Tregua de Navidad, esta no se circunscribió tan sólo al propio día 25, sino que llegó a alargarse varios días más. Días de paz en tiempos de guerra, en los que incluso se llegaron a jugar partidos de fútbol.

Fueron tiempos de una Europa verdaderamente valiente. De unos soldados que, a sabiendas de que la confraternización con el enemigo podía llevarles a un tribunal militar, decidieron apostar por la humanidad y la comprensión. Hombres que formaron parte de esa Europa que, cuando es valiente, es capaz de mostrarnos la mejor cara de la humanidad, pero que cuando es cobarde, también es capaz de lo peor. Vivimos ahora en una Europa obsesionada por la idea de todo lo que ha sido, pero que ciertamente parece que ya no es. Una Europa que fue el faro social y cultural del mundo, pero que ve como lentamente estos faros se escapan o disgregan. Nos mostramos cada vez más escépticos respecto a nosotros mismos. Cuando esto no es más que un absoluto error. Y son ejemplos como estos los que deben hacernos recuperar la confianza. El ver que, incluso en la guerra más desoladora que jamás había conocido Europa, la condición humana se negó por un momento a seguir vertiendo sangre. Que ni siquiera con la brutal propaganda se consiguió eliminar del hombre el último rastro de humanidad. Ver que, incluso en momentos de guerra, de sangre y de sufrimiento, Europa era capaz de perdonar, de comprender, y de, en definitiva, demostrar realmente que nuestro faro aún no se había apagado. Aquel día, el ser humano en su conjunto había vencido, y ante eso, no existía ninguna discusión.

 

El Manifiesto de Ventotene – 2ª Entrada

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<—– 1ª Entrada

 

2) Se reconoció el derecho de todos los ciudadanos a participar en la formación de la voluntad del Estado; esta voluntad debería ser la síntesis de las exigencias económicas e ideológicas de toda clase social libremente expresadas. Semejante organización política permitió corregir, o al menos atenuar, muchas de las más estridentes injusticias heredadas de regímenes pasados. Además la libertad de prensa y de asociación, y la progresiva extensión del sufragio, hicieron más difícil la defensa de los viejos privilegios, manteniendo el sistema representativo.

Las clases pobres poco a poco aprendieron a servirse de éstos instrumentos para conquistar los derechos adquiridos por las clases adineradas: Los impuestos sociales sobre las rentas y patrimonios, los impuestos progresivos sobre las mayores fortunas, la exención de rentas mínimas y de los bienes de primera necesidad, la gratuidad de la escuela pública, el aumento en gastos de asistencia y seguridad social, la reforma agraria, el control de las fábricas etc. Amenazaban a las clases privilegiadas en sus fortificadas ciudadelas.

 

Incluso las clases privilegiadas, que consintieron la igualdad de derechos políticos, no pudieron aceptar el hecho de que clases desheredadas tomaran ventaja para intentar conseguir una igualdad de hecho, que habría dado a tales derechos un contenido concreto de libertad efectiva. Al finalizar la Primera Guerra Mundial la amenaza fue muy grave, siendo natural que dichas clases apoyaran y aprobaran calurosamente la instalación de dictaduras que quitaban las armas legales a sus adversarios.

 

Por otra parte, la formación de gigantescos complejos industriales, grupos bancarios y sindicatos que presionaban al gobierno para obtener la política que más apropiadamente respondía a sus intereses, amenazaba con disolver el Estado mismo en pequeñas baronías económicas que lucharían duramente entre sí. Los instrumentos democráticos liberales perdieron su prestigio, por ser las armas que usaron estos grupos para explotar del mejor modo posible a toda la colectividad; de modo que se difundió la convicción de que sólo un estado totalitario que aboliera las libertades populares, podría de alguna manera resolver los conflictos de intereses que las instituciones políticas existentes no lograban controlar.

 

Además los regímenes totalitarios consolidaron su imposición entre las distintas clases sociales en los puntos ya nombrados e impidieron, mediante el control policiaco, toda libertad ciudadana. Además, mediante la violenta eliminación de toda disidencia, consiguieron eliminar toda posibilidad legal de una ulterior corrección del estado de cosas vigentes. Así se aseguró la existencia de la clase enteramente parasitaria de terratenientes, quienes contribuyeron a la productividad social únicamente con el valor de sus títulos; de las clases monopolistas y las sociedades que explotan a los consumidores y volatilizaban el dinero de los pequeños inversores; de los plutócratas que, escondidos entre bastidores, manipulaban a los políticos para dirigir toda la maquinaria del Estado para su exclusivo beneficio, bajo la apariencia de la persecución de los más altos intereses nacionales. Las colosales fortunas de unos pocos se preservaron, así como también la miseria de las grandes masas, excluidas del goce de los frutos de la cultura moderna. Se pasó, en líneas generales, a un régimen económico en el cuál las reservas materiales y la fuerza de trabajo, que debían ser aplicadas para la satisfacción de las necesidades fundamentales de los seres humanos, pasaron a ser utilizadas para la satisfacción de los deseos más fútiles de aquellos capaces de pagar los precios más altos; un régimen económico en el que, con el derecho de sucesión, la potencia del dinero se perpetua en la misma clase, transformándose en un privilegio sin ninguna correspondencia con el valor social de los servicios prestados; y las posibilidades de los proletarios se quedan reducidas a sobrevivir, teniendo que aceptar la explotación por parte de los que les ofrecen cualquier tipo de trabajo.

 

Para mantener a la clase trabajadora inmovilizada y subyugada, los sindicatos fueron transformados de libres organizaciones de lucha, dirigidas por individuos que gozaban de la confianza de los asociados, en órganos de vigilancia policial bajo la dirección de empleados elegidos por el grupo gobernante y responsable sólo ante ellos. Cualquier corrección hecha en este régimen económico, es siempre dictada por las exigencias del militarismo, que se unieron a las ambiciones reaccionarias de las clases privilegiadas para hacer surgir y consolidar los estados totalitarios.

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Elecciones en Grecia ¿Tragedia clásica o épica homérica?

Escrito por: Miguel García Barea

Desde el pasado domingo 23 de Enero la situación política en Grecia ha cambiado. Se han presentados nuevos actores y nuevos retos, tanto en Grecia como en Europa. Muchas las preocupaciones y las posibilidades.  ¿Será una tragedia para Grecia y su economía o el comienzo de un nuevo escenario político?

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El pasado domingo 23 de Enero, el pueblo griego, aquél al que le debemos el sistema democrático, volvió a ejercer su derecho al voto. Y  el oráculo de Delfos de hoy en día (denominado opinión pública) volvió a acertar: la coalición izquierdista Syriza, liderada por Alexis Tsipras, triunfó en las elecciones legislativas con 36,34% de votos y 149 escaños, superando así a Nueva Democracia, partido de centro-derecha del ya expresidente Andonis Samaras, con 27,81 % de votos (76 escaños). La diferencia abismal de escaños se debe al propio sistema griego, que otorga 50 diputados “de regalo” al ganador de las elecciones. En cualquier caso, Syriza se quedó a 2  escaños de la mayoría absoluta, viéndose obligada a buscar un socio para poder gobernar.

Descartados desde el inicio Nueva Democracia (la campaña de Syriza atacaba la mala gestión de éstos y su defensa acérrima de la austeridad) y los neonazis de Amanecer Dorado, 3º partido en número de votos y con la mayoría de su cúpula en la cárcel, los principales candidatos parecían el centrista, liberal y europeísta To Potami, dirigido por el presentador de televisión Starvos Theodorakis, o el Partido Comunista Griego (KKE), del cual se escindió Syriza). Más remota parecía la posibilidad de gobernar con el PASOKk, dirigido por el otrora primer ministro G. Papandreu, dado su reciente historial que tanto lo ha alejado de las políticas socialdemócratas que en teoría defienden.  En cualquier caso, la decisión final de Alexis Tispras sorprendió a propios y extraños; los Griegos Independientes (ANEL), escisión del partido de Samaras y a su derecha en el espectro político, (4,75 % de votos y 13 escaños)  fueron los elegidos para gobernar el país heleno.

 

¿La razón? Como bien apuntó Ettore Livini en el diario italiano La Reppublica, la promesa compartida de renegociar el pago de la deuda que Grecia ha adquirido respecto a Europa. El KKE ya advirtió que no formaría gobierno con Syriza, enrocados en su rol de oposición perpetua y en su rechazo a la UE, y con  To Potami hubiese sido más difícil dar la espalda a la Troika ya que se definen como liberales en Economía. En cualquier caso, existen más diferencias  que semejanzas entre los Griegos Independientes y Syriza, como bien se ha hecho eco en los medios de comunicación. Y si tan extraña decisión pudo causar cuánto menos impresión – o incluso decepción en algunos- la composición del nuevo gobierno volvió a hacerlo. Y no por quienes estaban (por ejemplo, el ministro de economía, Yanis Varufakis, que goza de muy buena popularidad) sino por las que faltaban. Y es que en el nuevo gobierno griego no hay ninguna mujer. Situación que solo se da en Arabia Saudí y Yemen.

Alexis TSIPRAS, europeísmo del sur y la Izquierda.

Alexis Tsipras, nuevo primer ministro griego y uno de los fundadores de Syriza, rompe con la tradicional imagen de líder que se tenía en Grecia y en el resto de Europa. Joven (41 años), se resiste a llevar corbata y se desenvuelve con soltura de cara al público y en las redes sociales. Perfil parecido al de otros líderes izquierdistas como los españoles Pablo Iglesias (Podemos) o Alberto Garzón (Izquierda Unida), quienes han participado en su campaña, o en el no tan joven pero igual de enérgico Jean-Luc Mélenchon, líder del Front de Gauche francés. Y es que la cuestión europea ha estado más que presente en las últimas elecciones griegas.

Los partidos y medios detractores de Syriza advertían de las catastróficas consecuencias que acarrearía la salida del euro, la resistencia a pagar la deuda y la consecuente salida de la UE, todo lo que se produciría con la llegada del partido izquierdista a la presidencia del gobierno griego. Mas lo cierto es que Alexis Tsipras ha repetido en reiteradas ocasiones su deseo de permanecer en la Unión y de mantener la moneda única. De hecho, Tsipras ha firmado  la iniciativa ciudadana New Deal 4 Europe, que aboga por la creación de un plan público de inversión para fomentar el empleo en la Unión Europea. Una tesis, la de la necesidad de un New Deal continental, que también ha defendido su ministro de finanzas Varufakis.

Yanis Varufakis, nuevo ministro de finanzas griego.

Y es que aparte del debate local, en estas elecciones se ha discutido en paralelo un tema igual de importante: la cuestión de la europeidad. Para los simpatizantes de ND y el poder establecido griego, los ajustes presupuestarios y la deuda eran un mal necesario si querían continuar en la Unión, y el no hacerlo, justo lo que proponía Tsipras, significaría su inmediata expulsión, un problema mucho mayor. Para el entorno de Syriza, en cambio, su victoria supone el camino hacia un nuevo europeísmo, más popular y menos institucionalizado, en el cual los países del sur – el eje Grecia-Italia-España, ampliable a Irlanda y Francia – no estarán más a merced de la todopoderosa Alemania. Dos visiones contrapuestas con la Unión Europea como telón de fondo.

Europa y el mundo, a la espera.

La victoria de Syriza no ha producido diversas reacciones entre la comunidad internacional. David Cameron, primer ministro británico, ha advertido de las terribles consecuencias económicas que conllevará el cambio de gobierno en el país heleno (aunque conviene recordar que Reino Unido no forma parte del euro). En España, se establecen paralelismos entre la situación griega y lo que pudiera suceder en las próximas elecciones generales (previstas para octubre de este año) en las que la formación emergente de Podemos podría superar al actual gobierno del Partido Popular. A nadie le extraña que unos y otros hayan vivido la jornada electoral griega y su resultado de manera bien distinta.

Los países gobernados por la Socialdemocracia, como Italia o Francia,  han felicitado a Tsipras dando la bienvenida al nuevo gobierno y mostrando su disposición a “colaborar estrechamente”, mas con cierta prudencia, puesto que el desplome del PASOK, de 33 a 13 diputados, no ha dejado indiferente a nadie.  El primer ministro finlandés, Alexander Stubb, sí que se ha mostrado tajante al afirmar que “el pago de la deuda es innegociable” (Finlandia es uno de los principales acreedores de Grecia) aunque posteriormente ha añadido que se muestran dispuestos a negociar los plazos.

Entre las instituciones europeas prima la cautela. La Comisión y el Parlamento se muestran dispuestos a trabajar conjuntamente con el nuevo gobierno y no desean – ni esperan – una ruptura institucional con sus interlocutores griegos. Así lo han confirmado Margaritis Schinas, griego y portavoz de Jean Claude Juncker, o Martin Schulz, quien cree que la quita de la deuda griega no se producirá de manera unilateral.  Otras superpotencias, como Rusia y China, también han felicitado al nuevo gobierno griego y han deseado una cooperación más estrecha entre los distintos países. Por otro lado, Marine Le Pen, presidenta del ultraderechista y eurófobo Frente Nacional Francés, se ha apuntado el triunfo como propio, calificándolo como una “bofetada democrática” al Euro y a la UE. Cabe recordar que la propia Le Pen se había opuesto con anterioridad a prestar dinero a Grecia, según ella, “porque serían incapaces de devolverlo”.

Quedan abiertos varios interrogantes. ¿Supondrá el gobierno de Syriza una tragedia para Europa y el desmoronamiento de su economía? ¿O se trata de una hazaña épica para alejar  a los mercados y especuladores de un pueblo ahogado por la crisis? No lo sabemos. Pero si hay algo en lo que coinciden agoreros y entusiastas es en el establecimiento de un escenario insólito en el panorama político griego, el cual afectará de una u otra manera al resto de Europa. La función acaba de empezar.