El Manifiesto de Ventotene – 1ª Entrada

Título original: Il Manifesto di Ventotene

Traducido por: Tomás Bernardo

manifesto

<—– Prólogo

 

I- LA CRISIS DE LA CIVILIZACIÓN MODERNA

 

La civilización moderna impuso, como fundamento propio, el principio de la libertad, según el cuál el hombre no debía ser un mero instrumento de otros, sino un centro de decisiones autónomas. Con la ley en la mano se fue hilvanando un grandioso proceso histórico en todos los aspectos de la vida social, que hoy en día ya no se está respetando.

 

1) Se afirmó el derecho de todas las naciones a ser organizadas en estados independientes. Cada pueblo individualizado por sus propias características étnicas, geográficas, lingüísticas, históricas y por su propio concepto particular de la vida política debía encontrar el instrumento más apropiado para satisfacer sus propias necesidades del mejor modo posible, independientemente de cualquier intervención exterior. La ideología de la independencia nacional ha sido un poderoso estímulo para el progreso; ya que ayudó a superar el parroquialismo de mente estrecha en sentido de una mayor solidaridad frente a la opresión extranjera. Ello eliminó muchos de los obstáculos que impedían la circulación de gentes y mercancías; extendiendo dentro del territorio de cada nuevo estado, las instituciones y los sistemas más modernos a aquellas poblaciones que hacían permanecido más atrasadas. Sin embargo, también trajo consigo las semillas del imperialismo capitalista que nuestra propia generación ha visto expandirse hasta el punto de formar estados totalitarios y desatar guerras mundiales.

Ya no se sigue considerando que la «nación» sea el producto histórico de la convivencia de los hombres y mujeres, resultado de un largo proceso y de una mayor unidad de costumbres y aspiraciones, que encuentran en el estado la forma más eficaz de organizar la vida colectiva dentro del marco de una sociedad humana. En cambio, hoy en día, se ha convertido en una entidad divina, un organismo, que tiende a considerar solamente su propio desarrollo, sin importarle lo más mínimo el perjuicio que pueda causar en otros. La soberanía absoluta que los estados nacionales, le ha dado a cada país el deseo de imponerse, ya que cada uno se siente amenazado por la fuerza de los otros, y considera como su «espacio vital» un vasto territorio en expansión, en el cuál tenga derecho a moverse libremente y pueda asegurarse los medios de una existencia prácticamente autónoma. Este deseo de dominio de las naciones sólo puede ser aplacado por un país aún más fuerte que las termine invadiendo a su vez.

 

Como consecuencia de todo esto, el Estado pasó de ser protector de la libertad de los ciudadanos a ser señor de unos súbditos que quedaron reducidos a la servidumbre. Actualmente, incluso los tiempos de paz son considerados por los estados como pausas para prepararse a guerras sucesivas e inevitables, predominando la voluntad de la clase militar sobre la sociedad civil en muchos países, haciendo siempre más difícil el funcionamiento de políticas progresistas en la administración del Estado, en el trabajo, en la enseñanza o incluso en la investigación; la cual está dirigida principalmente a incrementar el poderío militar. Las mujeres son consideradas como meras productoras de soldados, y los derechos que van obteniendo son sólo un premio que se da usando los mismos criterios con los que se entregan premios al ganado prolífico en las exposiciones ganaderas. Desde edad temprana, mediante su educación y juegos, se enseña a los niños el manejo de las armas y a odiar a todo aquello que sea extranjero. La libertad individual se reduce prácticamente a nada, ya que todo el mundo es parte de la clase militar y está sujeto constantemente a ser llamado a servir a las fuerzas armadas; las guerras sucesivas obligan a los soldados a abandonar a su familia, su hogar y a sacrificar la vida misma por objetivos en lugares lejanos de los que nadie entiende verdaderamente su valor; en pocos días se destruyen los resultados de años de esfuerzos para aumentar un supuesto bienestar colectivo.

 

Los estados totalitarios fueron aquellos que más coherentemente realizaron la unificación de todas las fuerzas a favor de una mayor concentración y mayor grado de autarquía propia. Estas son las organizaciones que han probado ser las más adecuadas en el clima internacional anterior a las guerras. Basta que una nación dé un paso hacia una política imperialista acentuada, para que otras naciones la sigan, bien por miedo o por mera voluntad de supervivencia.

 

2ª ENTRADA —–>

Apuntes sobre el plan Juncker

Escrito por: Domènec Ruiz Devesa

Por: Alternativas | 05 de diciembre de 2014

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La Comisión Europea ya no habla (solo) de ajuste fiscal en los Estados miembros de la UE, lo que es una buena noticia. Su presidente, el luxemburgués Jean Claude Juncker ha propuesto un plan europeo extraordinario de inversiones públicas y privadas por valor de 315.000 millones de euros [1], adicional al presupuesto comunitario, para el período 2015-2018.

Es un primer paso en el reconocimiento de que la UE tiene que hacer política económica contra-cíclica. Con todo, el presupuesto de la UE no pasa en este momento del 1% del PIB comunitario por año, mientras que el Plan Juncker supone un 2%, pero a repartir en tres anualidades. La capacidad de gasto e inversión sigue estando en manos de los Estados miembros, a los que se les exige rápidos ritmos de ajuste para cumplir con las condiciones del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, relativas a tener un déficit público del 3% del PIB como máximo y una proporción de deuda pública no superior al 60% de esa misma variable. Por tanto, bienvenido sea un plan de estímulo europeo, pero al mismo tiempo hay que ampliar el calendario para cumplir con los objetivos de la estabilidad presupuestaria, así como reclamar que los países con superávit en su balanza de pagos gasten y consuman más.

En lo que respecta a la cuantía del Plan Juncker, lo cierto es que aunque equivale más o menos a dos presupuestos comunitarios, se queda corto para cubrir la brecha de inversión que sufre la UE, estimada en 280.000 millones de euros anuales por el centro de estudios Bruegel [2]. La propuesta de la Comisión alcanzaría a cubrir algo más de la tercera parte del gap en un año (105.000 millones de euros).

En cuanto a la financiación, el Plan Juncker propone crear un nuevo Fondo Europeo para las Inversiones Estratégicas (FEIE), con un capital semilla de 21.000 millones de euros, que vendría una parte de una aportación de capital del Banco Europeo de Inversiones (5.000 millones de euros) y el resto de serían garantías del propio presupuesto de la UE. Con este capital inicial, se propone captar recursos en los mercados financieros a través de emisiones de bonos por valor de 63.000 millones de euros, los cuáles se convertirían en préstamos a pymes y proyectos de infraestructura, energías renovables, investigación e innovación. Por último, la Comisión espera que estos préstamos públicos atraigan capital privado por valor de 252.000 millones de euros, adición que conduce al total de 315.000 millones de euros.

Es muy positivo eso sí que Juncker no haya propuesto crear un nuevo constructo intergubernamental por fuera de los Tratados comunitarios, pues el FEIE estará gestionado por el BEI y a la propia Comisión, aunque los estados podrán realizar aportaciones.

El aspecto más débil de la propuesta es precisamente confiar en que con 21.000 millones de euros de capital público se pueda generar un inversión pública y privada por un montante total de 315 millones de euros. Es por tanto necesario aumentar los recursos públicos, tanto para el alimentar el Plan Juncker, como las propias arcas comunitarias, lo que requiere volver a poner encima de la mesa la discusión sobre los recursos propios de la UE, es decir, aquellos que no derivan de contribuciones directas de los presupuestos de los estados miembros, quiénes ya demostraron en 2013, en el marco de la negociación para el Marco Financiero Plurianual, que no quieren aumentar sus aportaciones.

En este sentido, es digna de tener en cuenta la propuesta de la Iniciativa Ciudadana Europea del New Deal 4 Europe [3] que propone ligar la recaudación del Impuesto sobre las Transacciones Financieras a la financiación del Plan Juncker.

* Domènec Ruiz Devesa es vicepresidente de la Unión de Europeístas y Federalistas de España y miembro del Consejo de Asuntos Europeos de la Fundación Alternativas


«La Creación de las identidades nacionales» de Anne Marie Thiesse

De Thomas Lepeltier

Título original: «La Création des identités nationales» d’Anne-Marie Thiesse

Traducido por Íñigo Cruz

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El origen de las naciones europeas no se remonta a la noche de los tiempos, como nos cuentan sus historias oficiales. Su verdadero nacimiento, o más exactamente, su invención no es anterior al siglo XVIII. Lejos de ser fruto de un largo proceso histórico, nacieron cuando un puñado de hombres declaró que existían y se pusieron a demostrarlo.

La primera etapa consistió en buscar unos ancestros comunes, una población que viviese sobre un mismo territorio y a postular una continuidad histórica hasta la época moderna. A continuación, era necesario encontrar héroes para simbolizar la nación y elegir una lengua nacional. Finalmente, fue necesario establecer monumentos culturales, un folclore, unos emblemas, una mentalidad particular, etc… Una vez inventado este patrimonio “común” e “indivisible”, construido cada vez sobre el mismo modelo, no queda más que hacerlo reverenciar por las poblaciones a las que se dirige; las naciones, fruto de la imaginación y del proselitismo, habían nacido.  Se entiende así porque las referencias a unos grandes ancestros, tales como nuestros ancestros los Galos, una larga historia hecha de esfuerzos, sacrificios y devoción, hacia una vieja herencia a la vez simbólica y material , no crean más que la mitología. Es en todo caso lo que nos recuerda Ann-Marie Thiese en su estimulante libro, que muestra que no es la nación  la que da origen al nacionalismo, sino el nacionalismo quien da origen a la nación.

En 1761, un joven poeta escocés, James Macpherson, publicó un viejo poema épico traducido por él mismo del gaélico, pretendía haberlo recuperado de los habitantes de las Tierras altas de Escocia. El autor habría sido el bardo Ossian, hijo de un héroe epónimo de la epopeya y habría vivido a comienzos de la era cristiana, en la época de los antiguos celtas y sus druidas. El éxito fue inmediato. La crítica se entusiasmó y comparó este largo poema épico  a la Ilíada. Rápidamente las traducciones se extendieron por toda Europa y se reconoce en la épica ossianesca el momento fundacional de una revolución estética y cultural.

Algunos comenzaban a afirmar que la cultura  europea reposaba sobre otros monumentos culturales distintos a aquellos del mundo greco-latino. El clasicismo, fiel heredero y que se extendía por los salones, sobretodo franceses,  se veía abandonado a favor de una estética dirigida hacia las edades “bárbaras” , La Europa del norte y  los chabolas rústicas. Ahora bien, la epopeya de Ossian era una obra maestra que justificaba plenamente el cambio de referencia y Europa encontraba en la persona del viejo bardo un nuevo Homero, un Homero cuya memoria el pueblo escocés había sabido mantener viva. Al mismo tiempo, la cultura popular quedaba rehabilitada, erigida guardiana de las grandes obras del pasado, la cultura sabia y refinada del clasicismo quedaba declarada moribunda.

O bien, es necesario saber que la epopeya de Ossian era un libelo. Algunas críticas, desde su publicación, habían juzgado que el poema épico rescatado por Macpherson había sido, en gran parte, una invención. Estas objeciones no tuvieron prácticamente efecto, la idea del descubrimiento era demasiado seductora. Y además, Macpherson no estaba solo. En Berna, en Zúrich, en Copenhague… se había comenzado a publicar unos fragmentos de viejos poemas o de viejas sagas. Los bardos antiguos tenían, un poco por todo el continente, unos modernos emuladores que publicaban unas epopeyas u odas inspirándose en viejas leyendas. La invención de Macpherson venía tan bien traída en el combate contra la cultura clásica para que estos nuevos caciques del patrimonio europeo dieran crédito a aquellos que denunciaban la ausencia de autenticidad de este poema. Por ello, cuando en 1795, Rusia se vio dotada de una epopeya nacional de tipo ossianesco, la primera de su género en el continente. Las dudas formuladas en cuanto a su autenticidad no fueron, ahí tampoco, escuchadas. La obra, atribuida a un autor desconocido del silgo XII, fue considerada, inmediatamente, de una calidad igual a aquella de la Epopeya de Osssian. Los eslavos tenían de este modo su Ossian, o mejor aún, su Homero.

 

El sector editorial no era el único implicado por este gran movimiento de resurrección del pasado. En las reuniones de artistas encargados  de continuar la tradición de justas oratorias entre bardos, se organizaban cursos medievales. La religión de los druidas, dotada de una mitología y una liturgia evocadora de los megalitos, fue  también “resucitada”.  Se crearon academias de sabiduría.  En París, la Academia celta (1805) se proponía de este modo reconstituir las antigüedades nacionales a partir de los vestigios que se podían aún hoy encontrar en la cultura popular y los idiomas locales. En 1811, es en Suecia donde se creó la Sociedad gótica. Que tenía por misión estudiar las sagas y las crónicas de los antiguos Godos, queriendo reintroducir los usos de los antiguos escandinavos, los miembros se reunían en los bosques para beber hidromiel en cuernos y adoptaban nombres de héroes legendarios.

Esta nueva sensibilidad no se apoya únicamente en el trabajo de los poetas y los coleccionadores. Algunos y particularmente Johann Gottfried, intentarán darle un giro más teórico. La obra filosófica de este último se desplazó hacia una glorificación de la cultura popular. Para dar vida a la cultura, consideraba que en efecto, era necesario inspirarse en los restos de una poesía original, surgida de una época donde la lengua, la poesía y el pueblo eran uno; de ahí la necesidad de recolectar los cantos populares que habían preservado la historia heroica de los ancestros de cada pueblo. Este fantasma de los origines desembocaba naturalmente en el surgimiento de un sentimiento nacional. Herder exhortaba de esta manera a aquellos que tenían por lengua materna el alemán para tomar consciencia que formaban una nación. Y fustigaba el uso del francés por las élites de su país natal por la misma razón, quienes usaban el alemán para dirigirse al servicio. Pero aun siendo un patriota alemán, Herder no era menos universalista ya que afirmaba la igual dignidad de cada nación. Su obra pudo,  de este modo, convertirse rápidamente en una referencia para toda Europa. La idea de una nación que reposaba sobre la lengua y una tradición específica encontraba su justificación. Iba a dar un apoyo a todos aquellos que, después del triunfo de la epopeya de Machpherson, se habían puesto a buscar las glorias pasadas nacionales.

Así, este movimiento, situado bajo el signo de la urgencia por temor a ver desaparecer rápidamente los vestigios del pasado, comenzaba a cambiar de orientación. Inicialmente orientado contra el clasicismo, fue concebido a partir de los primeros años del siglo XIX, como  un proyecto educativo que buscaba unir a toda la población en la conciencia de su destino común. El pueblo, es decir el paisanaje. No era solo un fósil viviente de una tradición ancestral, se convirtió cada vez más, en expresión inamovible del genio nacional. En relación íntima con la tierra, el paisanaje podía servir en adelante, para demostrar que a pesar de todos los cambios observables la nación permanecía idéntica a ella misma. Es por lo que este movimiento de creación de las identidades nacionales, nacido con el desarrollo industrial, expresando a la vez un rechazo por esta modernidad, por exaltación del pasado y del mundo rural y al mismo tiempo permitía, como lo sugiere Ann-Marie Thiesse, esta entrada en la modernidad tranquilizando a una población a través de la afirmación de permanencia de su identidad.

En todo caso, para suministrar a cada nación el conocimiento de su pasado necesario a la consciencia de su unidad, era necesario sumergirse en la historia de toda Europa. El nacionalísimo se inscribía en un cosmopolitismo, al menos para los intelectuales. Este fue, en efecto en una gran emulación internacional que estos últimos suministraron a cada población, todos los elementos que les permitían definirse en tanto que nación. Los dos hermanos Grimm se convirtieron en este plano, una referencia inevitable. Portadores de una proyección patriótica claramente anunciada, llevaron a cabo investigaciones sobre el conjunto del patrimonio europeo. Sus publicaciones sobre el patrimonio germánico (sobre los cuentos populares, la lengua, el derecho, las costumbres y tradiciones) alternando así con sus escritos sobre los patrimonios escandinavos, inglés, finés, español… fueron tomados como modelos por todas las construcciones identitarias.

He aquí, sucintamente desglosado, el contexto cultural en el seno del cual la Europa de las naciones sustituyó a la de los príncipes. Analizándolo con detalle, Ann-Marie Thiesse despliega con elegancia un gran volumen de información para contarnos como poetas, lingüistas, historiadores y también élites políticas se pusieron a trabajar a la par para convencer a vastos y dispares grupos de población que existía un nexo primordial superior a todo lo que les dividía. Así descubre cómo han sido elaboradas las lenguas nacionales cuando la ecuación “una lengua = un pueblo” no tenían nada de evidente vista la diversidad de hablas locales.  Descubrimos como los grandes ancestros han sido reivindicados por ciertas poblaciones a pesar de la ausencia de lazos históricos claramente establecidos (destacan los Dacios con los rumanos y los hunos con los húngaros…) o a pesar de la diversidad de poblaciones reunidas en una misma nación. Así fueron designados los ancestros comunes a los auverginenses y a los normandos, o a los sicilianos y a los piamonteses, por ejemplo. Igualmente descubrimos como a continuación de la epopeya de Macpherson, aparecieron varias epopeyas nacionales marcadas ellas también como provenientes del “abismo de los tiempos”. Descubrimos como las poblaciones paisanas fueron elevadas al estatus de guardianes de las tradiciones ancestrales que ellas  ignoraban muy a menudo y como las nuevas naciones se han inventado todas un folclore. Descubrimos como las vestimentas recientes se han puesto a representar el traje tradicional de ciertas poblaciones (el más célebre el kilt escocés). En fin, se descubre, entre tantas otras cosas, como se  impuso y continúa imponiéndose, por la prensa, la literatura, la escuela el deporte… este sentimiento nacional. Tantas informaciones que invitan a posar una mirada crítica sobre la historia de Europa y sobre el fantasma de la identidad….

 

El Manifiesto de Ventotene – Prólogo

CONOCIENDO UN POCO A ALTIERO SPINELLI Y SU OBRA

Texto de: Simone Corvatta

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Mientras se va consolidando el mito de Spinelli, se queda por lo general desconocido su pensamiento y no plenamente apreciada su contribución teórica y práctica a la unificación europea. A pesar que no hayan sido muchas las personas que han leído las obras de Spinelli, la historia, por vías subterráneas y en parte misteriosas, le han reconocido el sitio que corresponde a los protagonistas del siglo pasado y en particular de la unificación europea”.[1]

 

Este es el análisis que Lucio Levi, presidente del Movimiento Federalista Europeo en Italia, hace de la figura y del pensamiento de Altiero Spienelli. De hecho, aunque poco se conozca su obra, su nombre viene incluido entre aquellos que cuentan como los padres fundadores de la Unión Europea, tanto que en Bruselas, el mismo palacio del hemiciclo del Parlamento Europeo, con un letrero en la entrada, a él viene dedicado.

 

Para introducirnos en su obra más importante “El Manifiesto de Ventotene” vamos a conocer un poco más su vida y aquellas etapas fundamentales que le convirtieron en uno de los hombres más clarividentes del siglo pasado.

 

Spinelli nació en Roma en 1907 y ya adolescente fue influenciado por las ideas socialistas del padre. En 1924, con diecisiete años, se afilió al Partido Comunista Italiano, y pronto asumió el cargo de secretario juvenil, antes de Italia central luego para Italia norte-occidental. A causa del fascismo con dieciocho años entró en la clandestinidad y en 1927 fue detenido en Milán y condenado por el Tribunal especial a dieciséis años de cárcel.

En total expió diez años de cárcel y ocho de confinamiento: dos en la isla de Ponza y finalmente cuatro en la isla de Ventotene. Es aquí donde, en 1941, redactó con Ernesto Rossi el famoso Manifiesto, cuyo título completo es Para una Europa liberal y unida. Proyecto de un manifiesto.

Este documento es el resultado de una larga reflexión teórica y personal que cambió a sí mismo y a su percepción del mundo, como testimonia su autobiografía “Come ho tentato di diventare saggio” escrito en 1984. Este proceso terminó con sus dimisiones del Partido Comunista, de donde venía expulsado en 1937 cuando aún estaba confinado en la isla de Ponza. El motivo fue, como él mismo declaró, el resultado de un “monólogo con la libertad” empezado al cerrarse las puertas de la cárcel a sus espaldas. De hecho ya se había distanciado de Stalin, de los Procesos de Moscó y del comunismo soviético. Su libertad en la crítica al comunismo le llevó inevitablemente a la expulsión, sin por eso perder el empeño a la lucha contra el fascismo, el capitalismo y el imperialismo mundiales.

Fue el encuentro con Ernesto Rossi que le abrió los ojos sobre una nueva manera de hacer política. Recibió de él una importante lección de método:

 

Una vez aceptados como axiomas ciertos ideales de civilización, […] el deber supremo era para Ernesto Rossi la aplicación de la grande regla del pensamiento iluminista que exigía que cada cosa humana que le apareciera de algún modo no conforme con aquellos ideales, fuera llevada delante del tribunal de la razón; si el juicio hubiera sido de condena, se hubiera tenido que proponer algo mejor para corregirla o sustituirla del todo”[2].

 

Y a partir de ese momento esta forma tan sencilla y eficaz haría limpieza de sus viejos pensamiento y le abriría la mente para la elaboración de nuevas ideas y nuevos métodos. Llegó al punto de renunciar al intento de sustituir el capitalismo con el socialismo, reconociendo en los razonamientos del amigo, los servicios insustituible aportados por la economía de mercado, el vínculo lógico no eliminable entre propiedad pública de todos los medios de producción y despotismo político, la inconsistencia lógica de cada forma de sociedad sindicalista, corporativa o de autogestión, que fueran sustitutiva del mercado. Este método le llevó también a decretar la inconsistencia de la Sociedad de Naciones, basada sobre la relación de entidades nacionales y soberanas, entonces antagónicas, que faltaban de una unión de carácter constitucional. En fin, acercándose al federalismo come la posible solución, decidió de alejarse del federalismo ideológico proudhoniano o mazziniano, y coger como modelo el pensamiento “limpio y preciso” de los federalistas ingleses, donde en sus escritos encontró un método eficaz para analizar la situación en que Europa se estaba derribando, y elaborar perspectivas alternativas[3].

 

El Manifiesto de Ventotene es el resultado de un debate entre Spinelli, Rossi y Colorni, con la participación de Ursula Hirschmann (futura mujer de Spinelli) y otros confinados en la isla y pertenecientes a distintas formación política y nacionalidades, reunidos todos en una mensa federalista en la isla de confino; tal como otras de más grupos políticos allí presentes. El manifiesto fue redactado en 1941 y modificado con la entrada en guerra de la Unión Soviética para tener un cuadro político más actualizado.

El modo con que el manifiesto salió clandestinamente de la isla de confino nunca fue aclarado, quedándose relegado un poco en la leyenda, pero entre 1941 y 1943 de alguna forma el manifiesto empezó a circular entre los ambientes clandestinos de Italia. La primera edición impresa es de 1943 después de la constitución del Movimiento federalista europeo el 27-28 agosto del mismo año en Milán. Sin embargo algunos aspectos tratados sobre la reforma de la sociedad italiana ya resultaban superados y poco convincentes, tanto que el mismo Spinelli quiso reescribirlos de principio. Así que el Manifiesto no fue debatido en las reuniones de Milán y por consecuencia no se convirtió en el manifiesto del MFE[4].

La segunda edición fue publicada clandestinamente en 1944 en Roma cuando la ciudad estaba ocupada por los nazis y Spinelli y Rossi viajaban a Suisa para tomar contacto con los demás federalistas de otros países europeos. Lo que podemos leer hoy nosotros es el resultados de muchas revisiones por los mismos autores y sin falta la más completa.

El fin perseguido por Spinelli con el Manifiesto de Ventotene no era algo de arbitrario, sino correspondía a las necesidades de una fase de la historia y pertenecía a las reales posibilidades de nuestro tiempo. Sin embargo el mensaje federalista no hubo mucha repercusión en principio. De hecho, de los más de ochocientos confinados en la isla de Ventotene sólo 5 adhirieron al federalismo europeo.

Como siempre las nuevas ideas no vienen entendidas a la primera y por eso acogidas con indiferencia y hostilidad. Todos pensaban en la reconstrucción de los viejos Estados nacionales según los principios de los respetivos partidos. La mayoría de los confinados se quedaba demasiado vinculada a los principios del viejo pensamiento político, no dispuesta además en aceptar que hubiera alguien a indicarle la vía para recorrer. La misma acogida recibía en el continente, sobre todo por parte del movimiento antifascista aun vinculado a una perspectiva estadocéntrica y no preparado a atribuir como prioritario el objetivo de la unificación europea respecto a las reformas políticas nacionales.[5]

 

A pesar de esto la obra de Spinelli, Rossi e Colorni se revela extremamente innovadora en el campo de la acción política. En el Manifiesto de Ventotene viene desarrollada una teoría de la acción democrática para unificar un conjunto de estados. Las principales orientaciones son[6]:

a)      La necesidad de actualidad de la Federación Europea;

b)      La prioridad estratégica del objetivo de la Federación europea con respecto a la reforma del Estado nacional;

c)       El desplazamiento del centro de la lucha política desde un plan nacional a uno internacional;

d)      La constitución de una fuerza federalista independiente como vehículo de la batalla para la Federación europea;

e)      La asamblea constituyente europea como medio para construir un poder democrático europeo.

 

La inspiración política de Spinelli se basa sobre una idea central que es la de la actualidad de la Federación europea, un objetivo que se ha convertido en posible a partir de la Segunda guerra mundial. Hoy como nunca se queda la actualidad y la exigencia del cumplimiento de este proceso, y sobre todo, son los federalistas lo que pueden llevarlo a cumplimiento, porque ellos, tal como escribía el mismo Spinelli:

 

Los federalistas quieren formar el núcleo de una clase dirigente progresista, que tenga las capacidades revolucionarias de los comunistas, sin tener sus taras. Sus enemigos son las fuerzas reaccionarias que quieren conservar los privilegios de los estados soberanos, de los egoísmos seccionales, de la riqueza parasitaria, es decir el militarismo imperialista, el desorden económico y la explotación de los débiles[7].

 

A nosotros, federalistas de hoy, nos queda el legado de mantener siempre actual el discurso federalista y trabajar para que no se pierda nunca entre las incrustaciones de la historia.

1ª Entrada —–>


[1] Levi Lucio, “Altiero Spinelli, fondatore del movimento per l’unità europea” in Spinelli Altiero – Rossi Ernesto, “Il Manifesto di Ventotene” – Arnoldo Mondadori Editore, Milano 2006; pag. 137-138

[2] Spinelli Alteiro, “Come ho tentato di diventare saggio” – Il Mulino, Bologna 1999; pag. 254

[3] Ibid. pag 307-308

[4] Paolini, E. “Altiero Spinelli. Dalla lotto antifascista alla battaglia per la Federazione europea. 190-1948: documenti e testimonianze” – Il Mulino, Bologna 1996; pag. 329

[5] Levi, Lucio op. Cit. Pag. 155-156

[6] Ibid. pag. 162

[7] Spinelli, Altiero “Politica marxista e politica federalista” in Spinelli Altiero – Rossi Ernesto, “Il Manifesto di Ventotene” – Arnoldo Mondadori Editore, Milano 2006; pag. 133-134

 

La conspiración : la «verdadera» historia de Europa y las croquetas

Estimado Lector, el pasado 28 de diciembre desde Ya semos europeos ¡UE! le hice partícipe de un gran descubrimiento, la conspiración que había dominado la historia europea en los dos últimos siglos ¡Las croquetas! Habían sido protagonistas de la historia europea y usted sin saberlo…

Pero aquí estamos para remediarlo y permítame que comience mi relato en el lejano 1789, en la Francia borbónica (La de los Borbones,  la del Bourbon era otra cosa). Reinaba un tal Luis XVI, de manera no especialmente brillante y poco original (cuando 15 antepasados tuyos se han llamado Luis ¿qué esperas?), la economía no estaba boyante y las cosechas iban de mal en peor. Para colmo, la nobleza en su parra, tal es así que  según los rumores, su señora esposa, la Reina Maria Antonieta, al enterarse que la gente no tenía pan para comer dijo “que coman brioche”… y por lo bajini añadió “y que coman croquetas”. Pero por aquel entonces, estas eran un manjar reservado a unos pocos, lo que aumentó el descontento, ya se sabe, malo pasar hambre y encima si es con recochineo….

El cabreo fue en aumento y un buen día, un 14 de julio, un incauto oficial se dejo el tupper con croquetas en el  trabajo (la Bastilla-prisión se llamaba la oficina) corrió el rumor entre el pueblo de París que había unas croquetas en el fuerte y allí que fueron a asaltarlo (la versión oficial dice que fueron a por armas, munición y liberar unos prisioneros).

La cosa no dejó de degenerar, cual croquetilla al aire en un día soleado y en breve, el Rey estuvo sin trabajo y sin cabeza poco revolucióndespués, a lo que le siguió un baile de las sillas entre los jefes de la revolución, donde abundaron las recetas de cómo gobernar y de cómo preparar las croquetas (la “época del terror” lo llamaron, no por la cantidad de ejecuciones, sino por lo duras que estaban las jo… croquetas de la época) y así continuó  hasta que llegó un corso cuyo destino también estuvo marcado por el mencionado manjar.

Napoleón Bonaparte nacido en Córcega y apodado de pequeño (y de mayor, que alto no era mucho que digamos) como “el croqueta” por sus compadres corsos. Este mote le repateaba profundamente tanto que, de sentirse más corso que todos los demás corsos juntos, decidió sentirse francés (“que las croquetas tienen grandeur  y elegancia” dicen que dijo). Así que el  amigo Napoleón acabo en Paris, repartiendo estopa y revolución por la ciudad y como era bueno en eso, un rato largo, pues fue ascendiendo. Por muy dedicado que estuviera al trabajo, eso no le impidió enamorase, además de si mismo, de una mujer mayor que él, Josefina, por la cual profesaba un amor incondicional, surgido de las croquetas que esta le preparaba (“como las de su mamá”, efectivamente hasta los más grandes tienen debilidades)

Pero su celo por expandir la revolución era una tapadera, el código civil napoleónico escondía al final del mismo un anexo  un recetario de cocina! Y en él, su artículo más valioso era la receta de las croquetas. Este era el arma secreta de Napoleón, venía con toda la intención de extender la dominación croquetera francesa por toda Europa (ver imagen para más señas).

nap y croNo obstante, sus planes chocaron con los irreductibles españoles, quienes ya disponían de su propia receta y buenos somos para esas cosas, “¡a mi no me toques las croquetas! “ fue el grito del 2 de Mayo, lo de defender al Rey Fernando VII (un rey empanado) fue un adorno posterior. Al mismo tiempo, por Europa, aprovecharon el error de Napoleón de irse a comer croquetas a Moscú para ponerlo en su sitio, batalla arriba y abajo, primero en la Isla de Elba, aunque no por mucho tiempo. Napoleón volvió con ánimos y recetas renovadas, pero el asunto le duro 100 días, después de eso, la masa se le quedó incomible (en un lugar llamado Waterloo, cuentan las crónicas).

Con la caída de Napoleón se reunieron los poderes europeos de la época en Viena (por eso del escalope y que invitaba un tal Metternich, que era de allí) donde acabarían compartiendo recetas y repartiéndose el pastel (del postre).

La cosa estuvo algo inestable durante las siguientes décadas, pero sería en los años 1860 que Europa volvió a moverse, los Prusianos, unos tipos un poco agriados por no comer muchas croquetas, decidieron que todos sus primos comían mejor y era hora de unirlos…

Pero eso es otra historia…(continuará)

La UEE, una unión económica de estados en dificultades

De Juuso Järviniemi

Título original: EEU – economic union of currently struggling states

Traducido por Alistair Spearing Ortiz

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La Unión Económica Euroasiática (UEE) nació oficialmente el 1 de enero y actualmente se compone de Rusia, Bielorrusia, Kazajistán y Armenia, que se adhirió el día después de su creación. Kirguistán, que ya era miembro de la Unión Aduanera Euroasiática (UAE) subsumida en la nueva comunidad, tiene previsto entrar en la UEE este mismo año, aunque su adhesión ya se ha pospuesto un par de veces.

Eurasia 2

El principio básico de la UEE se asemeja a la vertiente económica de la Unión Europea y consiste en armonizar las regulaciones comerciales y facilitar los flujos de trabajadores, bienes y servicios. De momento, la UEE no prevé avanzar hacia integración política fuera del ámbito comercial.

Los medios occidentales han señalado varias veces que Rusia representa la mayor parte de la población y el producto interior bruto de la UEE. Las ambiciones expansionistas de Vladímir Putin han despertado sospechas de que la Unión Económica Euroasiática, a menudo conocida simplemente como Unión Euroasiática, podría acabar convirtiéndose en la reencarnación de la Unión Soviética. Una mayor integración política impulsaría el proyecto en esa dirección. Según Eurasia Review, la idea de un Parlamento Euroasiático vino del presidente de la Duma rusa, pero Bielorrusia y Kazajistán, cuyo líder Nursultán Nazarbáyev (el padre del concepto de la Unión Euroasiática) deseaba una unión puramente económica, se han mostrado reacios a aceptarla.

La recesión en la que está sumida Rusia ha afectado la UEE, como no podía ser de otro modo. Incluso sin integración económica, los estados miembros de la Unión dependen en buena medida de Rusia. Bielorrusia, el que más ha sufrido debido al desplome del rublo, ha visto cómo sus  tipos de interés oscilaban a lo loco y sus ciudadanos se apresuraban a cambiar la divisa local por divisas extranjeras, pero Kazajistán, Armenia y Kirguistán tampoco se han librado de las consecuencias. Tal como explica Business Insider, toda esta región está en dificultades —un comienzo poco auspicioso para la Unión.

La Unión Euroasiática ha sido acusada de practicar el proteccionismo al aplicar tasas de aduana en sus fronteras externas. Estos aranceles hacen que sea más lucrativo comerciar con otros miembros de la Unión, pero dificultan el comercio con terceras partes, tal como señala la revista Foreign Policy. Esta política ha sido motivo de críticas al considerarse que sirve para amarrar los estados miembros más pequeños en la órbita rusa, lo que es cierto pero no sorprendente, ya que se trata de un acuerdo internacional. Según el Astana Times, una encuesta llevada a cabo por el Banco Euroasiático de Desarrollo con 14.000 participantes de 11 países de la Comunidad de Estados Independientes en 2013 encontró que entre un 65% y un 73% de los ciudadanos de los tres miembros fundadores estaba a favor de la Unión, así que parece que el público no se oponía a la integración, al menos antes de que las circunstancias cambiaran recientemente.

Hay varias fuentes occidentales que dudan mucho del potencial de la Unión Euroasiática, mientras que los medios rusos, como era de esperar, se muestran optimistas sobre sus beneficios económicos. Facilitar el comercio con Rusia no parece mala idea para los estados que tienen Moscú como principal socio comercial. La pregunta es más bien si tiene sentido estrechar los lazos con una Rusia sumida en crisis económica y dirigida por un presidente con hambre de más poder. En cualquier caso, la unión fundada oficialmente en 2015 no tiene ni leyes comunes ni una moneda única. Aunque en Kazajistán y Bielorrusia hay gente que se ha preocupado por la soberanía, la Unión Euroasiática en su forma actual no es una gran amenaza en este sentido. Según Foreign Policy, el defecto que ha obstaculizado el progreso económico dentro de la Unión es la política de aduanas externas, que ya existía en la UAE.

La adhesión de Ucrania a la UEE, un proyecto ruso que aparentemente fracasó tras el acuerdo de asociación de Kíev con la Unión Europea, habría aportado un contrapeso a la posición dominante de Moscú en la Unión. Ucrania no es la única exrepública soviética que se ha negado a formar parte de la UEE, pero un estado de 45 millones de habitantes habría incrementado sustancialmente la proyección internacional del proyecto euroasiático. Desafortunadamente para Vladímir Putin, la UEE se quedará sin la «joya de la corona». Parece que el proyecto ruso no alcanzará la dimensión que se esperaba, es decir, la adhesión de nuevos miembros. Además de todo esto, también se ha puesto en duda el compromiso político de los estados miembros (actualmente bastante débil debido a los desacuerdos respecto a las restricciones comerciales impuestas a Occidente) y la capacidad de los estados miembros, especialmente Kirguistán, de cumplir los acuerdos —mal augurio para la Unión recién nacida.

Los países de la Unión Euroasiática van a tener un principio de 2015 complicado en términos económicos, pero no es culpa de la Unión. Vistas las acciones que Rusia ha emprendido recientemente y el berenjenal económico en el que se encuentra, es comprensible que los estados miembros más pequeños de la UEE estén preocupados, pero cada nuevo paso hacia una mayor integración deberá darse por separado. Este es el factor principal, ya que en las circunstancias actuales parece difícil que el proyecto pueda avanzar a la siguiente casilla.