UE y Croquetas….¡la conspiración!

Nueva entrega de Ya semos europeos ¡UE!

Estimado lector :

Alguien dijo una vez que las leyes que se hacen en la Unión (esa cosa llamada directivas, entre otras) son como las croquetas. Si uno pone demasiada harina (o tropezones) al hacer la bechamel, es decir, le pone demasiado elemento común/europeo, nadie se va a poder tragar la croqueta después, vamos que los gobiernos y a veces los ciudadanos, dirán que son incomibles/intragables. Por otro lado, si le ponemos poca harina, la bechamel no tendrá consistencia y la croqueta será un churro, no servirá para nada y tampoco habrá quien se la coma, igualito que intentar hacer algo con 28 al mismo tiempo, sin poner algo de orden y concierto antes a través de una entidad común.

croqueta UEPara colmo, viene el tema del relleno ¿Qué le ponemos? Es decir… ¿de que irá nuestra directiva? Pues como siempre habrá tantos gustos como opiniones, ¿queso?… ¿qué queso? ¿jamón?… ¿por qué no chorizo?… ¿pescado?… ¿bacalao?, ¿merluza? ¿cangrejo?… dando por resultado una croqueta que al final todo el mundo se zampa ¡por supuesto! pues está hecha con el mayor de los cuidados y esmeros, además de con ingredientes de primera calidad (traducido al tema europeo: los que trabajan en Bruselas ni son una panda de vagos ociosos, ni tontos, son unos grandes currantes y gente que se esfuerzan, de veras, por hacerlo lo mejor posible y piensen que tener contentos a 500 millones de personas no es fácil) pero con la que nadie queda totalmente satisfecho, que para algo somos muchos y siempre hubieran preferido otro sabor.

Esta es, pues, la realidad de Europa: un fino manjar, la croqueta, no la directiva, que a todos gusta pero con el que nadie está totalmente contento, esta último iba por las dos ¡PERO! ¡ah! con el tiempo la cosa cambia y uno siempre dice, “¡oye! Pues la croqueta ésta, al final no estaba tan mal”…”¿de qué dices que eran?” y con algo más de tiempo, todos se las zampan encantados, las croquetas, pero también, mira por donde, las directivas y dicen algo así como “olala/ Mein Got/Ma che cosa/ Sto /….”(póngase en el idioma que más guste y bien escrito si puede ser) Pues esto al final no estaba tan mal, fíjate que nos ahorramos unos euros y sale todo más rápido y mejor” que es, a fin de cuentas, es para lo que sirve una directiva.

Ahora me van a disculpar, en los párrafos anteriores usé 5 veces la palabra “directiva”… ¡horror! Van 6, incumpliendo la promesa de no aburrir ni usar palabras feas o jerga comunitaria, vamos, que a estas alturas ya he caído en mi propia trampa varias veces… por esto, a modo de recompensa, les contaré un secreto, un secreto que dura décadas y del que nadie se ha atrevido a hablarles.

Sí, estimados amigos, a estas alturas digo yo que podré llamarles amigos y tutearlos, que si has llegado a este punto y aún aguantas quiere decir que eres gente digna de amistad y ya si te declaras europeísta después de leer “ya semos europeos… ¡UE!” y el resto de artículos de “El Nuevo Federalista” negociaremos una invitación a cañas.

Efectivamente, la Unión Europea nació de una conspiración, una que se alarga en la historia y no tiene nada que ver con: El Opus, Los templarios, las grandes corporaciones, los masones, el Madrid, el Barca, Wall Street, Jordi Hurtado, Invasores alienígenas, invasores guiris-rojo tomate en Torremolinos o pirañas asesinas, etc., ni tampoco la ha escrito Dan Brown.

Resumiendo, el eje de esta conspiración fueron ¡¡¡Las croquetas!!! ¿Alguien lo dudaba a estas alturas? Y lo que es peor, todo comenzó allá por 1800, así que imagínense si es largo, pero de largo que es, me canso de pensarlo, y para no desmerecer el tópico… el resto de la historia se la contaré otro día…

Moción de censura contra Juncker: el fracaso de los soberanistas, ¿el triunfo del juego democrático europeo?

De Thomas Lymes

Título Original: Motion de censure contre Juncker : l’échec des souverainistes, mais la victoire du jeu démocratique européen ?

Traducido por: Pablo Laboreo

 

La moción de censura sujeta al voto de los parlamentarios el pasado Jueves, 27 de noviembre, no supondrá el final de la ‘Comisión Juncker’, apenas tres semanas después de comenzar su mandato. A pesar de las sospechas y dudas que rodean el caso ‘Luxleaks’, Jean-Claude Juncker conserva su amplia coalición en el Parlamento Europeo.

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El denominado caso ‘Luxleaks’, revelado por una red internacional de medios de comunicación, consistiría en acuerdos fiscales entre numerosas multinacionales y el gobierno luxemburgués. Como consecuencia, un grupo de diputados, entre ellos miembros del euroescéptico UKIP británico y el Front National francés, presentó el pasado mes de noviembre una moción de confianza en la sede del Parlamento Europeo. El texto hace hincapié en la evasión fiscal y fraude, que hacen perder cada año miles de millones de euros a los Estados miembros; el papel del Gran Ducado en este fenómeno de «optimización fiscal» es importante. Los promotores de la moción consideran en este sentido inaceptable que un hombre «responsable del desarrollo de potentes dispositivos de evasión fiscal pueda ocupar el cargo de Presidente de la Comisión.»

FN y UKIP “compartiendo cama”

El debate previo al voto de la resolución fue algo tenso. Jean-Claude Juncker, se mostró sorprendido por el hecho de que la moción de censura estuviera dirigida exclusivamente contra su persona cuando normalmente, de presentarse, ésta suele estar dirigida al conjunto del colegio de comisarios. No obstante, muchos diputados han dado todo su apoyo a la nueva Comisión mientras que los responsables de la moción arremetieron contra una “hipocresía europea en el caso ‘Luxleaks’ por parte de la gran coalición que gobierna Europa». Durante las intervenciones de los diferentes partidos políticos, Guy Verhofstadt, líder de los liberales europeos (ALDE) señaló el hecho de que esta resolución finalmente venía a demostrar que el FN y el UKIP estaban jugando el mismo juego a pesar de las apariencias.

Es extraño, en verdad,  ver a los parlamentarios de estos dos movimientos trabajar juntos cuando aún no hace tanto que Nigel Farage proclamaba que «el antisemitismo estaba en el ADN del FN», algo que hizo mucho daño a los frentistas en el momento de la constitución de grupos en el Parlamento Europeo. A pesar del apoyo del grupo Europa de la Libertad y la Democracia directa (EFDD) al que pertenece el UKIP y varios diputados no inscritos, la moción fue rechazada por 461 votos contra 101.

Un elemento importante del juego democrático europeo.

Más allá de preguntarnos sobre la legitimidad o el fundamento de esta moción de censura, debemos alegrarnos de la puesta en uso de esta herramienta de poder otorgada al Parlamento Europeo, también en manos de la mayoría de los parlamentos nacionales. Verdadero instrumento de presión sobre el poder ejecutivo, común en las democracias modernas, permite llevar a cabo un control de éste por los representantes de los ciudadanos. Si bien la moción de censura da la oportunidad al Parlamento de derribar la Comisión correspondiente, ninguna de las presentadas ha llegado jamás a hacerlo, en gran parte debido a la complejidad de su puesta en marcha. Sólo la Comisión Santer, bajo la amenaza de una sanción política tal, prefirió dimitir en 1999, antes de que se hiciera efectiva.

Podemos ya considerar que mediante el uso de un poder tal, los parlamentarios permiten a los ciudadanos tener algún control sobre la acción de la Comisión Europea, tras haber elegido indirectamente a su presidente el pasado mes de Mayo. En un momento en que los euroescépticos y nacionalistas de Europa denuncian ardientemente el déficit democrático de la tecnocracia de Bruselas, resulta irónico que sean ellos mismos los que aporten la prueba de que la democracia, aunque imperfecta, es real en el seno de la construcción europea.

Carta a El País

El pasado 9 de diciembre, El País publicó un artículo de opinión muy interesante: «El Salto Adelante de Europa» que trata, desde una perspectiva pro-europeísta, de la situación actual de Europa subrayando la necesidad de un nuevo empuje hacia un futuro más próspero. Una de las perspectivas resaltada es el muy esperado plan Junker, muy parecido a la propuesta de ICE «New Deal 4 Europe» promocionada por JEF y UEF.

Por lo tanto desde ENF hemos considerado oportuno escribirle una carta de aprecio para cómo ha sido tratado el argumento y para dar a conocer el muy parecido ICE, que necesita de todo el apoyo y el compromiso de cualquier ciudadano que crea en una Europa más próspera y a medida de cada uno.

Crecer juntos

Aquí llevamos integralmente la carta enviada:

«Estimado/a redactor/a,

 Tras la lectura del artículo de opinión “El salto adelante de Europa”, no he podido sino escribirle para expresar mi aprecio y agradecimiento al publicar un artículo sobre Europa que no fuese en clave pesimista o acusadora. Así, en muchos titulares de la prensa actual nos encontramos solo con argumentos de este tipo, de fácil calado en la opinión pública, que no dejan espacio para ese “gran ideal” que Europa representa. Un valioso instrumento o una oportunidad de crecimiento para todos los ciudadanos que forman parte de la Unión Europea.

 Quizás era necesaria la intervención de Papa Francisco en Estrasburgo  para despejar un poco la “impresión de cansancio y envejecimiento” y poner en marcha aquella energía presente en las citadas épocas pasadas, cuando Francia y Alemania eran el motor fecundo de Europa y cuando eran los grandes ideales los que movían a gobiernos y gobernantes (y no al revés, como parece suceder en la actualidad).

 Como cita en el artículo Jean-Marie Colombani, no muchos recuerdan o quieren conocer todas las obras que las instituciones europeas han realizado o financiado a lo largo del tiempo. Y todo esto sin citar a todos aquellos ciudadanos, procedentes de los más variados sectores económicos (la salud, el ambiente, la cultura, la administración pública, etc.), que se han beneficiado directa o indirectamente de ellos.

 Por supuesto que no es oro todo lo que procede de Bruselas, pero ésta es una señal que Europa no está muerta, que aún tiene mucho que ofrecernos y sobre todo que se puede hacer mucho por y para ella, es decir, por y para nosotros.

 A pesar de todas las sombras que esconde el pasado como Primer Ministro del presidente de la Comisión Jean-Claude Juncker,  con su plan de inversión de 300.000 millones de euros que presentará en el programa de trabajo a los diputados y al Consejo Europeo el próximo martes 16 de diciembre ha revitalizado ese espíritu europeísta que tanto se echa en falta. En un momento de crisis como éste, (y no sólo económica), tal plan no es necesario, sino indispensable para retomar el rumbo hacia el crecimiento y el progreso y para recuperar aquella credibilidad y confianzas perdidas. Sin embargo, la labor de reactivar y reanimar la Unión Europea es tarea de todos, no sólo de los políticos de Bruselas, sino todos los ciudadanos que con su presión sobre la opinión pública puede obligar a sus gobiernos a moverse hacia esta dirección.

 Por eso desde asociaciones europeas como JEF España (Jóvenes Europeístas Federalistas) y UEF España (Unión de Europeístas Federalistas) y mediante la recogida de firmas en la Iniciativa Ciudadana Europea, otro instrumento precioso para la democracia en mano de los ciudadanos, se presentan propuestas del mismo rumbo que el plan Juncker.

 New Deal 4 Europe es la Iniciativa Ciudadana Europea promocionada por JEF y UEF, una propuesta de programa de inversión para la producción y la financiación de bienes públicos europeos en temas de energías renovables, investigación e innovación, redes de infraestructuras, agricultura ecológica, preservación del medio ambiente, patrimonio cultural, etc. mediante el establecimiento de un fondo europeo de solidaridad para la creación de nuevos empleos, sobre todo para los jóvenes. Este programa se financiaría mediante un aumento de los recursos propios de la UE a través de una tasa que grave sobre las transacciones financieras, una sobre las emisiones de CO2 y la creación de bonos proyecto, aportando al mismo tiempo una contribución a los problemas relativos respectivamente a las especulaciones financieras, a la contaminación del medio ambiente y a la estabilidad económica de los países miembros.

Hacer de un lugar en el que todo el mundo quiera vivir y nadie se sienta excluido no es tarea imposible, sino un acto de voluntad y compromiso por parte de todos, por eso considero fundamental e imprescindible que la contribución de la prensa en noticias sobre estos temas verse hacia este rumbo.

Simone Corvatta Nerla: redactor jefe de “El Nuevo Federalista”.

 

Premio a JEF Catalunya por su campaña durante las elecciones europeas

El pasado 12 de diciembre JEF Catalunya recogió el 2º Premi Barnajove otorgado por el Consell de la Joventut de Barcelona (CJB) que reconoce los proyectos y actividades desarrolladas por las distintas asociaciones de la ciudad durante el año 2014.

El Jurado del premio, al que concurrían una treintena de proyectos, remarcó la labor realizada por la asociación de promoción del debate, la información y la participación de la juventud en relación a las elecciones europeas celebradas en mayo de 2014.

JEF Catalunya desarrolló durante este año una intensa campaña de actos de debate, vídeos y actividad en las redes sociales y que formó parte de la campaña desarollada por JEF Spain. Asimismo, parte de las actividades se llevaron a cabo en colaboración con la Fundació Ferrer i Guàrdia.

Aquí os dejamos en este enlace la lista de los vídeos lanzados durante la campaña.

 

Witaj, Mr Tusk!

De Dominique Thaury

Título original: Witaj Donald Tusk !

Traducido por: Pablo Laboreo

 

Este pasado lunes 1 de diciembre el belga Herman van Rompuy ha cedido su sillón de presidente del Consejo Europeo, que a partir de ahora ocupará Donald Tusk, ex primer ministro de Polonia. Una buena ocasión para analizar su trayectoria, que ha dado forma a la función de Presidente del Consejo, y la personalidad de su sucesor, Donald Tusk.

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Herman van Rompuy, el hombre del compromiso.

Herman van Rompuy, gran políglota, deja la imagen de un hombre ponderado, sin duda sobrepasado por su papel de presidente del Consejo Europeo. Elegido por sus aptitudes interpersonales y su facilidad, como buen belga, para hacer emerger acuerdos y compromisos, no le ha faltado tacto para conciliar irreconciliables, en particular en el momento de la crisis del euro. Como él mismo afirma, ha solicitado el voto del Consejo Europeo una sola vez en los cientos de decisiones tomadas a lo largo de docenas de encuentros que se celebraron durante sus cinco años de presidencia.

Se ha llevado muy bien con su «camarada» José Manuel Barroso, entonces Presidente de la Comisión. Haciendo todo lo posible por evitar que la Comisión tomara demasiadas iniciativas, el Consejo Europeo acabó convirtiéndose en el «gobierno económico de la Unión «, un deseo que Herman Van Rompuy expresó en 2010.

Curiosa trayectoria hacia el intergubernamentalismo europeo por alguien que, en 2009 frente al grupo Bilderberg, se pronunció a favor de una Europa federal a imagen y semejanza de los Estados Unidos, con posibilidad de crear un impuesto europeo que alimentara el presupuesto europeo.

 

El rol de Donald Tusk, y el papel del Consejo Europeo

Hoy, Donald Tusk toma este sillón. ¿Qué podemos esperar? Hasta ahora, este polaco de tendencia muy liberal no se ha hecho realmente notar a nivel europeo. Como ex Primer Ministro, quiere que su país entre lo más rápido posible en la zona del euro, a pesar de la reticencia de una parte de la población.

A pesar de sus protestadas posturas sobre temas ambientales, ha tenido posiciones bien adelantadas, con sus colegas bálticos, sobre el conflicto de Ucrania, a veces criticando la postura pasiva de Europa y su Alta Representante. De hecho, en el ámbito de la Defensa, es probable que pueda ser, de nuevo, muy emprendedor y, quién sabe, una gran ayuda para Federica Mogherini, Alta Representante de la Unión Europea, favorable a la creación de un auténtica fuerza europea.

Sin embargo, sigue a la cabeza de una organización que a los federalistas europeos no les gusta demasiado, símbolo de lo «intergubernamental» del proyecto europeo: el Consejo Europeo.

Si continua con las mismas ideas que Herman van Rompuy sobre «gobierno económico europeo por el Consejo», es de esperar que Jean-Claude Juncker se haga oír y retome la iniciativa.

El Consejo da a la Unión, tal como se especifica en la actualidad en el TUE (art. 15.1), “los impulsos necesarios para su desarrollo y define las orientaciones y prioridades políticas generales «, mientras que de acuerdo con el artículo 17.1,» la Comisión promueve el interés general de la Unión y toma las medidas adecuadas para este fin «, y por encima de todo, de acuerdo con el artículo 17.6,» el Presidente de la Comisión establece los criterios en los que la Comisión desempeñará sus funciones «. Por lo tanto, una vez hechas las grandes orientaciones por el Consejo europeo, Jean-Claude Juncker no debe dejarse arremeter por Donald Tusk y los jefes de estado. Europa saldrá ganando.

Jean-Claude Juncker, por otro lado, ha jugado hábilmente con la presentación de su plan de estímulo económico de € 315 mil millones antes de la llegada de Donald Tusk, y esto hace presagiar cordiales, pero al mismo tiempo formidables, contiendas entre las dos instituciones. El Parlamento Europeo deberá, si quiere volver a ser una fuerza de propuesta y control como debe ser, apoyar a la Comisión en estas iniciativas, o modificarlas si se considera necesario.

La pareja Parlamento/Comisión debe ser fuerte para no dejarse seducir por las sirenas del Consejo Europeo, si quiere promover, como sugirieron Jean-Claude Juncker, y Martin Schulz, una Europa apetecible para sus pueblos. Los próximos debates, especialmente sobre el presupuesto, primer tema de confrontación entre esta pareja Comisión/Parlamento y el Consejo Europeo en diciembre, nos dejarán entrever algo más sobre las intenciones de unos y los otros.

La isla que volvió del frío

De Alistair Spearing

Groenlandia se retiró de la Comunidad Económica Europea en febrero de 1985. Ahora, casi treinta años más tarde, los desafíos del siglo XXI empujan de nuevo la gélida isla hacia los brazos de Europa.

Groenlandia

Pronto se cumplirán 30 años desde que Groenlandia apostó por abandonar la Comunidad Económica Europea. La campaña del referéndum, dominada por un intenso debate sobre cuotas pesqueras, se saldó con una mayoría de 53% a 47% a favor de retirarse de la Comunidad. Desde entonces, la isla ha ido siguiendo su propio camino en la cima del mundo.

A los euroescépticos les encanta recordar este episodio de la historia europea porque creen que demuestra que un país puede salir de la Unión Europea sin sufrir un descenso muy pronunciado del nivel de vida. En realidad, el único motivo por el que esto es posible es un enorme subsidio de Copenhague, que representa aproximadamente la mitad del gasto público de Groenlandia. Huelga decir que, si el Reino Unido u otro estado miembro abandonara la Unión Europea, no contaría con tan generosa ayuda.

Aun así, gobernar siempre es más fácil cuando se reciben 457 millones de euros al año. A principios de 2013, el entonces premier ministro de Groenlandia, Kuupik Kleist, todavía se felicitaba de lo «buena» que era la vida fuera de la Unión. Según Kleist, el factor clave era que Groenlandia había logrado mantener su acceso al mercado europeo para exportaciones de pescado. Cuando se le preguntó por las demás exportaciones, respondió risueño: «Lo único que exportamos es pescado». Hasta hace poco, tenía toda la razón del mundo: los productos pesqueros han representado tradicionalmente alrededor del 90% de las exportaciones groenlandesas. Sin embargo, el paisaje está cambiando debido a un seísmo económico que está realineando la actividad del país.

Las temperaturas en el Ártico están subiendo lenta pero constantemente a medida que aumenta la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera. Los yacimientos minerales del Ártico, antes considerada una región demasiado inhóspita como para explotarlos, se están volviendo cada día más accesibles. Se trata de un verdadero botín de recursos, desde las tierras raras con las que se fabrican pantallas de ordenador y turbinas eólicas hasta el uranio que alimenta centrales nucleares, pasando por el cerio, el itrio y otros minerales de gran valor económico. Se estima que la isla contiene una décima parte de las reservas mundiales de tierras raras. Y todo esto sin contar los depósitos de rubíes, oro y diamantes o las probablemente cuantiosas reservas de petróleo y gas natural.

Aun así, los groenlandeses se muestran temerosos de los problemas que este boom pueda ocasionar: ¿se protegerá el medio ambiente cómo es debido? ¿Cambiará el estilo de vida del país cuando venga toda esta gente del exterior? ¿Se asegurará el gobierno de que los beneficios de la minería recaigan en toda la comunidad, no solo en las empresas explotadoras? ¿Cambiará Groenlandia su dependencia de Dinamarca por dependencia de las grandes multinacionales mineras? Estos temores son particularmente comprensibles si se tiene en cuenta que Groenlandia es un país de tan solo 57.000 habitantes que carece de los recursos humanos, financieros, técnicos y políticos para administrar la explotación de tan suculentos recursos minerales sin ayuda exterior.

La necesidad de tener un aliado con los medios, los conocimientos y la experiencia necesaria para aprovechar estos recursos de modo apropiado es tan evidente que incluso ha dominado la campaña interna de Siumut, que es el partido más votado de Groenlandia… y hace 30 años estaba luchando con uñas y dientes para salir de la Unión. No es de extrañar este debate interno en Siumut, ya que al fin y al cabo es un reflejo del debate público que ha dominado las dos últimas campañas electorales en la isla y finiquitó el gobierno de Kleist hace un par de años.

Damien Degeorges, investigador de la Universidad de Groenlandia, está convencido de que la generación nacida después de 1985 será más pragmática que sus predecesoras, por lo que no tendrá miedo de estrechar lazos con la Unión Europea si es necesario para proteger sus intereses estratégicos.

Una mayor integración de Groenlandia con la Unión Europea sería beneficiosa para ambas partes. Groenlandia tendría a su disposición todo el savoir-faire de Europa para construir y gestionar las minas, asesoramiento regulatorio y, por supuesto, la ingente cantidad de capital necesario para desarrollar el sector. La Unión, por su lado, necesita una ventana al Ártico, uno de los escenarios donde se decidirá la política del siglo XXI, especialmente desde que el Consejo Ártico rechazara su solicitud de convertirse en observador de pleno derecho de la organización.

Bajo el hielo y las rocas de Groenlandia yacen numerosas oportunidades y amenazas: si predominan estas o aquellas dependerá de los próximos pasos, que deben ser objeto de un debate democrático, exhaustivo y que implique a todos los estamentos de la sociedad groenlandesa. Lo que es seguro es que, en una partida con tanto en juego, el gobierno no puede permitirse el lujo de jugar sin todas las cartas que tiene en mano. Y sobre todo, no debe tener miedo de usar su as en la manga: el retorno de Groenlandia a la Unión Europea.

El Papa Francisco, con Europa y sus ciudadanos

Por: Miguel García Barea

  El pasado martes 25 de noviembre el Papa Francisco visitó las sedes del Parlamento Europeo y del Consejo de Europa en Estrasburgo (Francia). A lo largo de su discurso insistió en los retos sociales, económicos y ecológicos a los que deberán hacer frente las instituciones y la ciudadanía europeas en los próximos años. 

fuente: El Mundo

En calidad de representante de la ciudad del Vaticano (estado  observador dentro de la UE) y tal como hiciera Juan Pablo II en 1988, el sumo pontífice visitó las instituciones continentales en un acto cuidadosamente planificado que incluyó un discurso ante los diputados del Parlamento.

El Pontífice comenzó apelando al espíritu humanista de los padres fundadores de la Unión Europea, que contrasta con el clima de desconfianza y el exceso de burocratización de las actuales instituciones supranacionales europeas. Más adelante, en nombre de la dignidad de la persona humana y su necesidad de transcendencia, criticó el exceso de utilitarismo del sistema actual, que deriva inevitablemente en la soledad, «el gran mal del siglo XXI». Por otro lado, invitó a los señores diputados a que cumplan el mismo logo de la Unión, «unidos en la diversidad» mediante políticas subsidiarias y de solidaridad hacía los más desfavorecidos.

El Papa Francisco también insistió en la necesidad de encontrar políticas que favorezcan el empleo juvenil, que regulen la inmigración(en base a los Derechos Humanos) para evitar que se repitan tragedias como la de Lampedusa(en Octubre de 2013) y que respeten el medioambiente, «la gran obra de la Creación».

Su alocución fue aplaudida por miembros de diversos grupos, desde los democristianos del PPE hasta representantes ecologistas o de la Izquierda Europea como Pablo Iglesias. Poco antes, diputados del mismo grupo habían abandonado la sala en señal protesta por el incumplimiento de la aconfesionalidad por la que se rige el Parlamento.

Fuente: republica.com

Para leer el discurso íntegro del Papa Francisco en el Parlamento Europeo, pincha aquí. 

 

 

 

 

La selección europea- I

¡Hola, Hola a todos!

 

Bienvenidos al Carrusel deportivo de la JEF/UEF. Es tiempo de juego, la temporada acaba de comenzar y hoy tenemos ante nosotros la presentación del equipo del siglo; «che! del millennnnnnio» …y mucho más.

 

futbolvictorthevampirekitty-wallpaper-estadios-de-futbol-q77hflnoPor que sí, estimados lectores, parecía imposible, pero el momento ha llegado, la Unión Europea presenta su selección europea (también conocida como Comisión). Un equipo seleccionado entre la flor y nata de nuestros jugadores comunitarios (políticos) con los que se ha formado la selección que habrá de batirse en las distintas competiciones y ligas en las que juega Europa, por su puesto, como todos llevamos un seleccionador en nuestro interior, tal vez nos habría gustado otra combinación, pero estos son los que hay.

 

En total 27 jugadores de los distintos Estados Miembros y un coach dispuestos a darlo todo en el campo por hacer un «jogo bonito» y, sobretodo,  eficaz. Que guste e ilusione a los ciudadanos europeos para hacerlos volver a los estadios (algunos las llaman urnas) y los reconcilie con su equipo-institución favorito.

De manera general podemos decir que se trata de un equipo equilibrado y dotado de experiencia pero con un toque de juventud, con una edad media de 53 años y donde la más joven tiene 41 otoños y el más veterano 64. Se trata de jugadores con amplia experiencia en otras categorías y ligas: 19 de ellos con experiencia en ligas nacionales (ministros o viceministros), 7 de ellos formaron parte del anterior equipo  y 9 vienen curtidos del torneo europarlamentario, dando un carácter netamente ofensivo (algunos dicen «político») al equipo para abordar sin dilación y con valentía los retos a los que se enfrenta.

No obstante, hay un punto donde el equipo ha quedado desequilibrado y es en la presencia de 19 hombres por 9 mujeres, pese a los esfuerzos del mister, Jean Claude Juncker quien reclamó más mujeres a los Estados Miembros.

Este equipo habrá de competir en los siguientes torneos y ligas:

  1.  Asuntos Internos (Dividida en dos partes -. Área de mejor Regulación, Derechos Fundamentales y Presupuesto de la UE)- en esta competición primará un equipo cohesionado capaz de dar lo mejor de sí mismo de cara a los 500 millones de hinchas europeos que esperan lo mejor y siempre con mayor economía de recursos.
  2.  Liga Mundial de la Energía – hoy en día cualquier club o selección que se precie está obligado a jugar esta liga, no sólo porque en ella se decide el campeón del cambio climático, sino porque su desarrollo influye en la economía del equipo y en otras competiciones como es la copa euro o el mundialito de clubes. 
  3.  Copa del Euro (y Diálogo Social, pues la economía va de la mano de las Políticas Sociales) ambas competiciones coordinarán el calendario y sus partidos, como puente estará la competitividad, la inversión, el trabajo y el crecimiento, sin olvidar el torneo de Mercado único Digital.
  4.  Mundialito de Clubs (también conocida como Política Exterior de la UE) destaca que esta competición habrá que jugarla en su mayor parte en el domicilio de los equipos rivales, pero sin descuidar aquellos partidos que se jueguen en casa.

 

 

En cada competición serán uno jugadores los llamados a tener el protagonismo, no obstante, como buena labor de equipo, al final serán los 27 jugadores y el mister quienes lo deberán conducir hasta la victoria.

A continuación (en este artículo y los que le seguirán) hablaremos en detalle de cada uno de los jugadores que componen nuestra Comisión ¡Perdón! Selección. Su historial, los resultados de sus pruebas físicas (algunos las llaman audiciones ante el Parlamento Europeo) y lo que podemos esperar que aporten al equipo.

 

escena 8El mister – Jean Claude Juncker – 

Ver aquí – para más señas.

 

 

 

Fran Timmerman (gregorious para los amigos)

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País de origen: Holanda

Posición:  Medio campo-organizador – vicepresidente de la comisión para la Mejora de la Legislación, Relaciones Interinstitucionales, Estado de Derecho y Carta de Derechos Fundamentales (más información aquí)

Equipo previo : Timmerman dispone de años de experiencia en las ligas europeas, en su momento fue el asistente del representante holandés en la selección europea, además de jugar a nivel nacional en el gobierno , como Ministro de Comunidades Europeas.

Objetivo en el equipo : su tarea, como buen medio campo-organizador, será la de coordinar a todos los demás jugadores sobre el terreno, encargado de distribuir juego según las indicaciones del mister  y en estrecha colaboración con la defensa central, Kristalina Georgieva, quien habrá de proveerlo de balones (presupuesto).

 

Kristalina Georgieva – país de origen: Bulgaria

Kristalina EU teamPosición :  defensa central – vicepresidenta de la comisión para Presupuesto y Recursos Humanos (más información aquí).

Equipo previo : veterana de la anterior selección donde jugaba en posiciones adelantadas como comisaria de cooperación internacional. Proveniente del Banco Mundial, donde era vicepresidenta, llegó al equipo en sustitución de Jeleva, en pleno mercado de invierno, quien tuvo que abandonar bajo acusaciones de corrupción. Efectivamente, no podía haber nadie con mejor nombre para el puesto.

Objetivos en el equipo: En su rol de encargada del Presupuesto y los RRH, deberá proveer de balones al medio campo y si es necesario a todo el equipo, lo que no es fácil, pues la UE dispone de pocos balones, su presupuesto es del 1% de PIB de todos los países y su gasto equivale al 2% de gasto público total en Europa.

Al mismo tiempo, se pondrá a prueba su inventiva para encontrar nuevas formas de suplir balones (nuevos sistemas de financiación propios de la UE) sin descuidar que ningún país escape su vigilancia y meta un gol por la escuadra, es decir, deje de pagar sus cuotas de financiación.

 

Continuará…

Autor/ i-responsable del artículo : Ya semos europeos ¡UE!

Discurso íntegro del Papa Francisco en el Parlamento Europeo

Señor Presidente, Señoras y Señores Vicepresidentes,
Señoras y Señores Eurodiputados,
Trabajadores en los distintos ámbitos de este hemiciclo,
Queridos amigos

Les agradezco que me hayan invitado a tomar la palabra ante esta institución fundamental de la vida de la Unión Europea, y por la oportunidad que me ofrecen de dirigirme, a través de ustedes, a los más de quinientos millones de ciudadanos de los 28 Estados miembros a quienes representan. Agradezco particularmente a usted, Señor Presidente del Parlamento, las cordiales palabras de bienvenida que me ha dirigido en nombre de todos los miembros de la Asamblea.

Mi visita tiene lugar más de un cuarto de siglo después de la del Papa Juan Pablo II. Muchas cosas han cambiado desde entonces, en Europa y en todo el mundo. No existen los bloques contrapuestos que antes dividían el Continente en dos, y se está cumpliendo lentamente el deseo de que «Europa, dándose soberanamente instituciones libres, pueda un día ampliarse a las dimensiones que le han dado la geografía y aún más la historia».

Junto a una Unión Europea más amplia, existe un mundo más complejo y en rápido movimiento. Un mundo cada vez más interconectado y global, y, por eso, siempre menos «eurocéntrico». Sin embargo, una Unión más amplia, más influyente, parece ir acompañada de la imagen de una Europa un poco envejecida y reducida, que tiende a sentirse menos protagonista en un contexto que la contempla a menudo con distancia, desconfianza y, tal vez, con sospecha.

Al dirigirme hoy a ustedes desde mi vocación de Pastor, deseo enviar a todos los ciudadanos europeos un mensaje de esperanza y de aliento.

Un mensaje de esperanza basado en la confianza de que las dificultades puedan convertirse en fuertes promotoras de unidad, para vencer todos los miedos que Europa – junto a todo el mundo – está atravesando. Esperanza en el Señor, que transforma el mal en bien y la muerte en vida.

Un mensaje de aliento para volver a la firme convicción de los Padres fundadores de la Unión Europea, los cuales deseaban un futuro basado en la capacidad de trabajar juntos para superar las divisiones, favoreciendo la paz y la comunión entre todos los pueblos del Continente. En el centro de este ambicioso proyecto político se encontraba la confianza en el hombre, no tanto como ciudadano o sujeto económico, sino en el hombre como persona dotada de una dignidad trascendente.

Quisiera subrayar, ante todo, el estrecho vínculo que existe entre estas dos palabras: «dignidad» y «trascendente».

La «dignidad» es una palabra clave que ha caracterizado el proceso de recuperación en la segunda postguerra. Nuestra historia reciente se distingue por la indudable centralidad de la promoción de la dignidad humana contra las múltiples violencias y discriminaciones, que no han faltado, tampoco en Europa, a lo largo de los siglos. La percepción de la importancia de los derechos humanos nace precisamente como resultado de un largo camino, hecho también de muchos sufrimientos y sacrificios, que ha contribuido a formar la conciencia del valor de cada persona humana, única e irrepetible. Esta conciencia cultural encuentra su fundamento no sólo en los eventos históricos, sino, sobre todo, en el pensamiento europeo, caracterizado por un rico encuentro, cuyas múltiples y lejanas fuentes provienen de Grecia y Roma, de los ambientes celtas, germánicos y eslavos, y del cristianismo que los marcó profundamente, dando lugar al concepto de «persona».

Hoy, la promoción de los derechos humanos desempeña un papel central en el compromiso de la Unión Europea, con el fin de favorecer la dignidad de la persona, tanto en su seno como en las relaciones con los otros países. Se trata de un compromiso importante y admirable, pues persisten demasiadas situaciones en las que los seres humanos son tratados como objetos, de los cuales se puede programar la concepción, la configuración y la utilidad, y que después pueden ser desechados cuando ya no sirven, por ser débiles, enfermos o ancianos.

Efectivamente, ¿qué dignidad existe cuando falta la posibilidad de expresar libremente el propio pensamiento o de profesar sin constricción la propia fe religiosa? ¿Qué dignidad es posible sin un marco jurídico claro, que limite el dominio de la fuerza y haga prevalecer la ley sobre la tiranía del poder? ¿Qué dignidad puede tener un hombre o una mujer cuando es objeto de todo tipo de discriminación? ¿Qué dignidad podrá encontrar una persona que no tiene qué comer o el mínimo necesario para vivir o, todavía peor, che no tiene el trabajo que le otorga dignidad?

Promover la dignidad de la persona significa reconocer que posee derechos inalienables, de los cuales no puede ser privada arbitrariamente por nadie y, menos aún, en beneficio de intereses económicos.

Es necesario prestar atención para no caer en algunos errores que pueden nacer de una mala comprensión de los derechos humanos y de un paradójico mal uso de los mismos. Existe hoy, en efecto, la tendencia hacia una reivindicación siempre más amplia de los derechos individuales – estoy tentado de decir individualistas –, que esconde una concepción de persona humana desligada de todo contexto social y antropológico, casi como una «mónada» (μονάς), cada vez más insensible a las otras «mónadas» de su alrededor. Parece que el concepto de derecho ya no se asocia al de deber, igualmente esencial y complementario, de modo que se afirman los derechos del individuo sin tener en cuenta que cada ser humano está unido a un contexto social, en el cual sus derechos y deberes están conectados a los de los demás y al bien común de la sociedad misma.

Considero por esto que es vital profundizar hoy en una cultura de los derechos humanos que pueda unir sabiamente la dimensión individual, o mejor, personal, con la del bien común, con ese «todos nosotros» formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social. En efecto, si el derecho de cada uno no está armónicamente ordenado al bien más grande, termina por concebirse sin limitaciones y, consecuentemente, se transforma en fuente de conflictos y de violencias.

Así, hablar de la dignidad trascendente del hombre, significa apelarse a su naturaleza, a su innata capacidad de distinguir el bien del mal, a esa «brújula» inscrita en nuestros corazones y que Dios ha impreso en el universo creado; significa sobre todo mirar al hombre no como un absoluto, sino como un ser relacional. Una de las enfermedades que veo más extendidas hoy en Europa es la soledad, propia de quien no tiene lazo alguno. Se ve particularmente en los ancianos, a menudo abandonados a su destino, como también en los jóvenes sin puntos de referencia y de oportunidades para el futuro; se ve igualmente en los numerosos pobres que pueblan nuestras ciudades y en los ojos perdidos de los inmigrantes que han venido aquí en busca de un futuro mejor.

Esta soledad se ha agudizado por la crisis económica, cuyos efectos perduran todavía con consecuencias dramáticas desde el punto de vista social. Se puede constatar que, en el curso de los últimos años, junto al proceso de ampliación de la Unión Europea, ha ido creciendo la desconfianza de los ciudadanos respecto a instituciones consideradas distantes, dedicadas a establecer reglas que se sienten lejanas de la sensibilidad de cada pueblo, e incluso dañinas. Desde muchas partes se recibe una impresión general de cansancio, de envejecimiento, de una Europa anciana que ya no es fértil ni vivaz. Por lo que los grandes ideales que han inspirado Europa parecen haber perdido fuerza de atracción, en favor de los tecnicismos burocráticos de sus instituciones.

A eso se asocian algunos estilos de vida un tanto egoístas, caracterizados por una opulencia insostenible y a menudo indiferente respecto al mundo circunstante, y sobre todo a los más pobres. Se constata amargamente el predominio de las cuestiones técnicas y económicas en el centro del debate político, en detrimento de una orientación antropológica auténtica. El ser humano corre el riesgo de ser reducido a un mero engranaje de un mecanismo que lo trata como un simple bien de consumo para ser utilizado, de modo que – lamentablemente lo percibimos a menudo –, cuando la vida ya no sirve a dicho mecanismo se la descarta sin tantos reparos, como en el caso de los enfermos, los enfermos terminales, de los ancianos abandonados y sin atenciones, o de los niños asesinados antes de nacer.

Este es el gran equívoco que se produce «cuando prevalece la absolutización de la técnica», que termina por causar «una confusión entre los fines y los medios». Es el resultado inevitable de la « cultura del descarte» y del « consumismo exasperado». Al contrario, afirmar la dignidad de la persona significa reconocer el valor de la vida humana, que se nos da gratuitamente y, por eso, no puede ser objeto de intercambio o de comercio. Ustedes, en su vocación de parlamentarios, están llamados también a una gran misión, aunque pueda parecer inútil: Preocuparse de la fragilidad, de la fragilidad de los pueblos y de las personas. Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y privatista que conduce inexorablemente a la «cultura del descarte». Cuidar de la fragilidad de las personas y de los pueblos significa proteger la memoria y la esperanza; significa hacerse cargo del presente en su situación más marginal y angustiante, y ser capaz de dotarlo de dignidad.

Por lo tanto, ¿cómo devolver la esperanza al futuro, de manera que, partiendo de las jóvenes generaciones, se encuentre la confianza para perseguir el gran ideal de una Europa unida y en paz, creativa y emprendedora, respetuosa de los derechos y consciente de los propios deberes?

Para responder a esta pregunta, permítanme recurrir a una imagen. Uno de los más célebres frescos de Rafael que se encuentra en el Vaticano representa la Escuela de Atenas. En el centro están Platón y Aristóteles. El primero con el dedo apunta hacia lo alto, hacia el mundo de las ideas, podríamos decir hacia el cielo; el segundo tiende la mano hacia delante, hacia el observador, hacia la tierra, la realidad concreta. Me parece una imagen que describe bien a Europa en su historia, hecha de un permanente encuentro entre el cielo y la tierra, donde el cielo indica la apertura a lo trascendente, a Dios, que ha caracterizado desde siempre al hombre europeo, y la tierra representa su capacidad práctica y concreta de afrontar las situaciones y los problemas.

na de las enfermedades que veo más extendidas hoy en Europa es la soledad, propia de quien no tiene lazo alguno. Se ve particularmente en los ancianos, a menudo abandonados a su destino, como también en los jóvenes sin puntos de referencia y de oportunidades para el futuro; se ve igualmente en los numerosos pobres que pueblan nuestras ciudades y en los ojos perdidos de los inmigrantes que han venido aquí en busca de un futuro mejor.

La escuela de Atenas (Rafael)

Precisamente a partir  de la necesidad de una apertura a la trascendencia, deseo afirmar la centralidad de la persona humana, que de otro modo estaría en manos de las modas y poderes del momento. En este sentido, considero fundamental no sólo el patrimonio que el cristianismo ha dejado en el pasado para la formación cultural del continente, sino, sobre todo, la contribución que pretende dar hoy y en el futuro para su crecimiento. Dicha contribución no constituye un peligro para la laicidad de los Estados y para la independencia de las instituciones de la Unión, sino que es un enriquecimiento. Nos lo indican los ideales que la han formado desde el principio, como son: la paz, la subsidiariedad, la solidaridad recíproca y un humanismo centrado sobre el respeto de la dignidad de la persona.

Por ello, quisiera renovar la disponibilidad de la Santa Sede y de la Iglesia Católica, a través de la Comisión de las Conferencias Episcopales Europeas (COMECE), para mantener un diálogo provechoso, abierto y trasparente con las instituciones de la Unión Europea. Estoy igualmente convencido de que una Europa capaz de apreciar las propias raíces religiosas, sabiendo aprovechar su riqueza y potencialidad, puede ser también más fácilmente inmune a tantos extremismos que se expanden en el mundo actual, también por el gran vacío en el ámbito de los ideales, como lo vemos en el así llamado Occidente, porque «es precisamente este olvido de Dios, en lugar de su glorificación, lo que engendra la violencia».

A este respecto, no podemos olvidar aquí las numerosas injusticias y persecuciones que sufren cotidianamente las minorías religiosas, y particularmente cristianas, en diversas partes del mundo. Comunidades y personas que son objeto de crueles violencias: expulsadas de sus propias casas y patrias; vendidas como esclavas; asesinadas, decapitadas, crucificadas y quemadas vivas, bajo el vergonzoso y cómplice silencio de tantos.

El lema de la Unión Europea es Unidad en la diversidad, pero la unidad no significa uniformidad política, económica, cultural, o de pensamiento. En realidad, toda auténtica unidad vive de la riqueza de la diversidad que la compone: como una familia, que está tanto más unida cuanto cada uno de sus miembros puede ser más plenamente sí mismo sin temor. En este sentido, considero que Europa es una familia de pueblos, que podrán sentir cercanas las instituciones de la Unión si estas saben conjugar sabiamente el anhelado ideal de la unidad, con la diversidad propia de cada uno, valorando todas las tradiciones; tomando conciencia de su historia y de sus raíces; liberándose de tantas manipulaciones y fobias. Poner en el centro la persona humana significa sobre todo dejar que muestre libremente el propio rostro y la propia creatividad, sea en el ámbito particular que como pueblo.

Por otra parte, las peculiaridades de cada uno constituyen una auténtica riqueza en la medida en que se ponen al servicio de todos. Es preciso recordar siempre la arquitectura propia de la Unión Europea, construida sobre los principios de solidaridad y subsidiariedad, de modo que prevalezca la ayuda mutua y se pueda caminar, animados por la confianza recíproca.

En esta dinámica de unidad-particularidad, se les plantea también, Señores y Señoras Eurodiputados, la exigencia de hacerse cargo de mantener viva la democracia, la democracia de los pueblos de Europa. No se nos oculta que una concepción uniformadora de la globalidad daña la vitalidad del sistema democrático, debilitando el contraste rico, fecundo y constructivo, de las organizaciones y de los partidos políticos entre sí. De esta manera se corre el riesgo de vivir en el reino de la idea, de la mera palabra, de la imagen, del sofisma… y se termina por confundir la realidad de la democracia con un nuevo nominalismo político. Mantener viva la democracia en Europa exige evitar tantas «maneras globalizantes» de diluir la realidad: los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría.

Mantener viva la realidad de las democracias es un reto de este momento histórico, evitando que su fuerza real – fuerza política expresiva de los pueblos – sea desplazada ante las presiones de intereses multinacionales no universales, que las hacen más débiles y las trasforman en sistemas uniformadores de poder financiero al servicio de imperios desconocidos. Este es un reto que hoy la historia nos ofrece.

Dar esperanza a Europa no significa sólo reconocer la centralidad de la persona humana, sino que implica también favorecer sus cualidades. Se trata por eso de invertir en ella y en todos los ámbitos en los que sus talentos se forman y dan fruto. El primer ámbito es seguramente el de la educación, a partir de la familia, célula fundamental y elemento precioso de toda sociedad. La familia unida, fértil e indisoluble trae consigo los elementos fundamentales para dar esperanza al futuro. Sin esta solidez se acaba construyendo sobre arena, con graves consecuencias sociales. Por otra parte, subrayar la importancia de la familia, no sólo ayuda a dar prospectivas y esperanza a las nuevas generaciones, sino también a los numerosos ancianos, muchas veces obligados a vivir en condiciones de soledad y de abandono porque no existe el calor de un hogar familiar capaz de acompañarles y sostenerles.

Junto a la familia están las instituciones educativas: las escuelas y universidades. La educación no puede limitarse a ofrecer un conjunto de conocimientos técnicos, sino que debe favorecer un proceso más complejo de crecimiento de la persona humana en su totalidad. Los jóvenes de hoy piden poder tener una formación adecuada y completa para mirar al futuro con esperanza, y no con desilusión. Numerosas son las potencialidades creativas de Europa en varios campos de la investigación científica, algunos de los cuales no están explorados todavía completamente. Baste pensar, por ejemplo, en las fuentes alternativas de energía, cuyo desarrollo contribuiría mucho a la defensa del ambiente.

Europa ha estado siempre en primera línea de un loable compromiso en favor de la ecología. En efecto, esta tierra nuestra necesita de continuos cuidados y atenciones, y cada uno tiene una responsabilidad personal en la custodia de la creación, don precioso que Dios ha puesto en las manos de los hombres. Esto significa, por una parte, que la naturaleza está a nuestra disposición, podemos disfrutarla y hacer buen uso de ella; por otra parte, significa que no somos los dueños. Custodios, pero no dueños. Por eso la debemos amar y respetar. «Nosotros en cambio nos guiamos a menudo por la soberbia de dominar, de poseer, de manipular, de explotar; no la “custodiamos”, no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que hay que cuidar». Respetar el ambiente no significa sólo limitarse a evitar estropearlo, sino también utilizarlo para el bien. Pienso sobre todo en el sector agrícola, llamado a dar sustento y alimento al hombre. No se puede tolerar que millones de personas en el mundo mueran de hambre, mientras toneladas de restos de alimentos se desechan cada día de nuestras mesas. Además, el respeto por la naturaleza nos recuerda que el hombre mismo es parte fundamental de ella. Junto a una ecología ambiental, se necesita una ecología humana, hecha del respeto de la persona, que hoy he querido recordar dirigiéndome a ustedes.

El segundo ámbito en el que florecen los talentos de la persona humana es el trabajo. Es hora de favorecer las políticas de empleo, pero es necesario sobre todo volver a dar dignidad al trabajo, garantizando también las condiciones adecuadas para su desarrollo. Esto implica, por un lado, buscar nuevos modos para conjugar la flexibilidad del mercado con la necesaria estabilidad y seguridad de las perspectivas laborales, indispensables para el desarrollo humano de los trabajadores; por otro lado, significa favorecer un adecuado contexto social, que no apunte a la explotación de las personas, sino a garantizar, a través del trabajo, la posibilidad de construir una familia y de educar los hijos.

Es igualmente necesario afrontar juntos la cuestión migratoria. No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio. En las barcazas que llegan cotidianamente a las costas europeas hay hombres y mujeres que necesitan acogida y ayuda. La ausencia de un apoyo recíproco dentro de la Unión Europea corre el riesgo de incentivar soluciones particularistas del problema, que no tienen en cuenta la dignidad humana de los inmigrantes, favoreciendo el trabajo esclavo y continuas tensiones sociales. Europa será capaz de hacer frente a las problemáticas asociadas a la inmigración si es capaz de proponer con claridad su propia identidad cultural y poner en práctica legislaciones adecuadas que sean capaces de tutelar los derechos de los ciudadanos europeos y de garantizar al mismo tiempo la acogida a los inmigrantes; si es capaz de adoptar políticas correctas, valientes y concretas que ayuden a los países de origen en su desarrollo sociopolítico y a la superación de sus conflictos internos – causa principal de este fenómeno –, en lugar de políticas de interés, que aumentan y alimentan estos conflictos. Es necesario actuar sobre las causas y no solamente sobre los efectos.

Inmigrantes llegando a las costas de Lampedusa, en Italia. Fuente: infobae.com

Señor Presidente, Excelencias, Señoras y Señores Diputados:

Ser conscientes de la propia identidad es necesario también para dialogar en modo propositivo con los Estados que han solicitado entrar a formar parte de la Unión en el futuro. Pienso sobre todo en los del área balcánica, para los que el ingreso en la Unión Europea puede responder al ideal de paz en una región que ha sufrido mucho por los conflictos del pasado. Por último, la conciencia de la propia identidad es indispensable en las relaciones con los otros países vecinos, particularmente con aquellos de la cuenca mediterránea, muchos de los cuales sufren a causa de conflictos internos y por la presión del fundamentalismo religioso y del terrorismo internacional.

A ustedes, legisladores, les corresponde la tarea de custodiar y hacer crecer la identidad europea, de modo que los ciudadanos encuentren de nuevo la confianza en las instituciones de la Unión y en el proyecto de paz y de amistad en el que se fundamentan. Sabiendo que «cuanto más se acrecienta el poder del hombre, más amplia es su responsabilidad individual y colectiva». Les exhorto, pues, a trabajar para que Europa redescubra su alma buena.

Un autor anónimo del s. II escribió que «los cristianos representan en el mundo lo que el alma al cuerpo». La función del alma es la de sostener el cuerpo, ser su conciencia y la memoria histórica. Y dos mil años de historia unen a Europa y al cristianismo. Una historia en la que no han faltado conflictos y errores, también pecados, pero siempre animada por el deseo de construir para el bien. Lo vemos en la belleza de nuestras ciudades, y más aún, en la de múltiples obras de caridad y de edificación humana común que constelan el Continente. Esta historia, en gran parte, debe ser todavía escrita. Es nuestro presente y también nuestro futuro. Es nuestra identidad. Europa tiene una gran necesidad de redescubrir su rostro para crecer, según el espíritu de sus Padres fundadores, en la paz y en la concordia, porque ella misma no está todavía libre de conflictos.

Queridos Eurodiputados, ha llegado la hora de construir juntos la Europa que no gire en torno a la economía, sino a la sacralidad de la persona humana, de los valores inalienables; la Europa que abrace con valentía su pasado, y mire con confianza su futuro para vivir plenamente y con esperanza su presente. Ha llegado el momento de abandonar la idea de una Europa atemorizada y replegada sobre sí misma, para suscitar y promover una Europa protagonista, transmisora de ciencia, arte, música, valores humanos y también de fe. La Europa que contempla el cielo y persigue ideales; la Europa que mira y defiende y tutela al hombre; la Europa que camina sobre la tierra segura y firme, precioso punto de referencia para toda la humanidad.

Gracias.

No unimos países, unimos personas, Erasmus- 2ª parte

(Continuación del artículo anterior..)

Pero aún tenemos que aclarar esa referencia a un fermento, a una unión de los hombres de la que hablaba Monnet, algo que también indicábamos no es una meta fácil. Vemos cómo en los últimos años varias han sido las iniciativas para crear una verdadera unidad europea, desde el euro, más allá de su vertiente económica, al malogrado proyecto de constitución europea , pero entre todas ellas una brilla hoy día con luz propia : Erasmus. Siete simples letras  que abren las puertas a la creación de la  verdadera Europa como una sola unidad.

En este momento, a alguno de los presentes le puede surgir la duda que mencionábamos al principio ¿Por qué el Erasmus entre todos los programa de intercambio de estudiantes? ¿Por qué no puede ser cualquier otro? Cierto ¿ Qué es lo que le convierte en algo tan especial al Erasmus?

 

keep-calm-and-enjoy-erasmus-8El Programa Erasmus es un caso singular, ha  ido creciendo, evolucionando y mutando hasta ser el programa de intercambio por excelencia. Para demostrar esto no quiero aburrirles con estadísticas, así que me referiré al día a día de nuestra vidas y les propongo hacer un experimento: si salimos fuera de la sala y  preguntamos a cualquier profesor o estudiante  por los programas de intercambio en el marco europeo, salvo que nos topemos con el coordinador de los mismos, con seguridad nos darán  un nombre por encima de todos. Erasmus. ¿Quién no ha utilizado la expresión “Esto es como el Erasmus pero se diferencia en…” para hablar de otros programa de intercambio? Miremos la prensa: hará 2 semanas que apareció un titular sobre un proyecto de creación  del “Erasmus para iberoamérica” y así otros muchos ejemplos. Está claro que dentro del Programa Erasmus hay una fuerza interna que lo impulsa, no puede ser una casualidad.

 

Otro aspecto importante es que la fuerza que impulsa al Erasmus no acaba de ser entendida por las mismas autoridades que los que la pusieron en marcha ya que no llegan a imaginar en su totalidad en qué consiste la experiencia de ser un estudiante en el extranjero bajo el signo Erasmus. Recientemente, con motivos de la celebración del 20 aniversario de Erasmus en el seno de la comisión, su  presidente (José Manuel Durao Barroso)  declaraba que «Erasmus se ha convertido en algo más que un programa educativo… ,se ha convertido en un fenómeno social y cultural. Es un ejemplo excelente de lo que la coordinación europea puede lograr en el ámbito de la educación,» pero ¿Sólo en el ámbito de la educación? Indudablemente el Presidente Barroso tienen razón aunque desde mi humilde punto de vista se queda corto, no llega a vislumbrar el alcance de esta  experiencia.

 

Desde que se creó el programa Erasmus, la Comisión ha realizado un gran trabajo para evaluar, analizar y cuantificar el Erasmus y sus beneficios… ante todo en su variante económica, y mientras tanto  sólo se dejaba margen a un detalle personal, pero tremendamente significativo  y era la pregunta de ¿Qué había supuesto el Erasmus para el estudiante? A lo cual más del 80% de los participantes, en cada edición del estudio, respondía exactamente lo mismo: “su Erasmus les había abierto la mente”

 

Interesante coincidencia que demuestra que aquellos que han vivido el Erasmus saben que hay experiencias, sentimientos, pensamientos que no pueden reflejarse sobre el papel, por muchas encuestas e informes que publique la comisión, por mucho esfuerzo que se ponga por parte de las miembros de las instituciones , o incluso nuestros padres y hermanos, solo un Erasmus sabe lo que siente un Erasmus y lo más importante, lo que ha vivido.

direccionesNo obstante, esto no ha de verse como algo negativo, como si solo los que hayan sido Erasmus pudieran pertenecer a un club exclusivo, peculiarmente exclusivo añadiría, ya que cuenta con más de 2 millones de socios y va camino de los 3. El Erasmus es una experiencia que transciende al estudiante y lo introduce en una nueva esfera, uno ya no es madrileño ,catalán o andaluz, no es francés, sueco o español, nos damos cuenta que somos EUROPEOS  y que lo que nos une es mucho más que aquello que nos separa. Una vez más, nos encontramos la clarividencia de Jean Monnet cuando nos dejó escrito “Haced Trabajar a los hombres juntos, mostrarles que mas allá de su divergencias o por encima de sus fronteras tienen un interés común.” A fin de cuentas  ¿No es ese el efecto del Erasmus?

Pero seguimos sin ver por qué es el Erasmus y no es otro programa el que consiguen este efecto. Y aquí voy a buscar otra vez ayuda en mi bagaje personal, dentro de esta experiencia vital en la  que se enmarca la labor de las jóvenes estudiantes europeos, quienes agrupados en una miríada de asociaciones de nombres o siglas más o menos pronunciables mantienen un ideal común, resumido en una palabra:  Europa.

Desde mi experiencia, puedo hablar en particular de una de ellas, la Erasmus Student Network o ESN, en la cual gozosamente he colaborado durante varios años, con la que realicé grandes proyectos y hoy con gente y ánimos renovados sigue al pie del cañón ayudando a los Erasmus día a día.

 

esn logoProbablemente su rasgo principal y más característico sea su origen, la  Erasmus Student Network nació en respuesta a una necesidad, la que indicaron un grupo de  los  3000 pioneros del programa ante la comisión, cuando al ser invitados para hablar de su experiencia, allá por 1989, estos coincidieron en indicar, dentro del buen resultado del programa, el mal trago que supuso llegar a la universidad de destino, la sensación inicial de desamparo antes de adaptarse a una cultura y un sistema de vida en algunos casos diametralmente opuestos  a los suyos. Esto era algo que iba más allá de las capacidades de la universidades de acogida. Así que aquel grupo consideró que la única opción era que los antiguos Erasmus ayudasen a los nuevos ayudando a otros Erasmus.

 

Desde entonces, ESN no ha dejado de crecer hasta alcanzar 33 países y casi 250 secciones por todo Europa, ayudando a los Erasmus que llegan a conocer e integrarse en la cultura de su país de acogida y, al mismo tiempo, ampliando su margen de acción hasta convertirse en uno de los movimientos europeos que más apoya la creación de un Espacio Europeo de Enseñanza y todo aquello que fomente la movilidad estudiantil .

 

Ahora bien, ¿Quién mejor que una organización de antiguos Erasmus para entender e intentar definir aquello que lo  hace único? En la búsqueda de este santo grial , hará ya 4 años en la reunión anual en Helsinki, fue cuando  se acuñó un palabra para describir el espíritu Erasmus, lo que se bautizó como el Pallomeri Spirit o simplemente Pallomeri.

 

Pero esta palabra no fue casual, fue tomada prestada del finlandés y su  significado real era “Piscina de bolas de plástico”. Muchos pensarán que no es más que una chiquillada o producto de un exceso de alguna bebida  alcohólica europea, tal vez, pero sin quererlo, la gente de ESN habían  encontrado lo que hace especial al Erasmus y es que en esta palabra  se encierra de un modo simple la razón de su grandeza..

logo_pallomeri Imaginemos que tenemos una pelotita de plástico, con ella podemos jugar un rato,  pero no tardaremos en cansarnos y obviamente con una pelotita nunca podremos  llegar a completar nuestro Pallomeri. Sin embargo, si tenemos una gran cantidad de pelotitas de colores tendremos nuestro Pallomeri y con él una experiencia inolvidable. Esa es la clave.  Cada  estudiante es como una pelotita, no importa dónde lo sitúes, en la UCM, en la Sorbona o en el Politécnico de Helsinki, sólo no es nada. Agrupemos ahora ese estudiante con otros en su misma condición y provenientes de toda Europa, jóvenes con miedos, ideas y deseos comunes (como muchos de los que estáis aquí)  es decir, de todos los colores, y metámoslos en un mismo recipiente llamado Programa Erasmus. Solo así tendremos nuestro Pallomeri, en definitiva, sólo así alcanzaremos  la magia del Erasmus.

La experiencia Erasmus no la hace grande ni su beca, ni su aprendizaje académico como tal, eso se puede conseguir en otros programas, lo que la convierte en algo inolvidable es la gente que la compone, esa es la gran verdad y mérito. Sois vosotros, los Erasmus quienes dais la grandeza a este genial invento, da igual que se llame Erasmus, Séneca, Leonardo, Sócrates, o David Beckam  etc….  Muchos de los aquí presentes pensáis que el Erasmus que llega ahora a su fin no habría sido igual en otro sitio, tenéis razón, pero también  habría sido una experiencia única con otras gentes y otras circunstancias. La realidad es que sois los estudiantes quienes  hacéis realidad el sueño Erasmus, el programa por si solo no vale nada, es un mero vehículo para que los europeos encuentren a otros europeos.

Una verdadera Europa unida  no se hará a golpe de medidas económicas, sino a golpe de sentimientos y experiencias comunes y, hasta el momento, el programa Erasmus ha sido y seguramente seguirá siendo ese vehículo. Hace 60 años, las primeras comunidades europeas se unieron por temor a la guerra, una guerra que sufrieron todos por igual. Tal vez haya llegado el momento de que la fuerza que una a Europa sea el amor hacia ella, un amor que nace y crece a partir de la experiencia Erasmus..

 

No quisiera acabar mi intervención sin recordar una vez más las palabras de Jean monnet cuando hablaba de “La gran revolución europea de nuestra época, la revolución que viene a reemplazar las rivalidades nacionales por una unión de pueblos en la libertad y la diversidad, la revolución que permitirá un nuevo renacimiento de nuestra civilización, esta revolución a comenzado con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero”

Tenía razón, pero han pasado 6 décadas desde entonces  y la unión debe hacer frente a nuevos retos, siendo probablemente el más importante entre ellos:  la necesidad de reimpulsar el espíritu que la hizo posible, Europa necesita una nueva revolución.

Creo firmemente que esa nueva revolución se acerca, lenta pero inexorable y se llama  Erasmus. En 1950 bastaron un puñado de hombres con un mismo sentimiento, con un mismo ideal,  para sentar las bases de lo que hoy es la unión europea. Y yo me pregunto si un puñado hizo todo eso ¿Qué no podrán hacer 3 millones de personas con un mismo sentimiento? Sólo el tiempo lo dirá

 

¡Muchas gracias y Pallomeri a todos!

 

Íñigo Cruz Martínez – expresidente de ESN-UCM, miembro de ESN-Alumni, colaborador de JEF y UEF.