Federalismo fiscal para una nueva Unión Europea – Guido Montani

Artículo traducido por Jorge Tanarro Colodrón
El artículo original está disponible aquí, en la web del Grupo Spinelli.

Esta nota está escrita en vista de la iniciativa del Grupo Spinelli para la reforma constitucional de la Unión Europea.

Problema de Hamilton

Alexander Hamilton fue el primer federalista en enfrentarse en teoría y práctica al problema constitucional de establecer un sistema multinivel de finanzas públicas. En la actualidad podemos reformular el problema de Hamilton sobre la base del texto clásico de Kenneth Wheare: «El principio federal requiere que los gobiernos regionales y generales de un país sean mutuamente independientes dentro de su ámbito, no deben estar unos subordinados a otros sino coordinados entre sí. Ahora bien, si este principio debe funcionar no sólo como una cuestión de derecho estricto sino también en la práctica, se sigue que los gobiernos, tanto generales como regionales, deben tener recursos financieros propios suficientes para llevar a cabo sus funciones exclusivas». Este principio es la piedra angular del federalismo fiscal porque la otra cara del problema de Hamilton es la democracia federal: cada gobierno debe rendir cuentas a sus ciudadanos (o sus representantes en el parlamento) y eso sólo es posible si el presupuesto del gobierno muestra claramente de dónde viene el dinero y cómo se gasta (principios de transparencia financiera).

Ahora planteemos el problema de Hamilton de forma un poco más técnica. En la práctica, en un sistema de varios niveles de gobierno, puede ocurrir que algún gobierno – a nivel federal o a nivel regional / estatal – sea incapaz de tener suficientes ingresos fiscales para financiar sus gastos. En tal caso existe cierto desequilibrio. Hay dos tipos de desequilibrios posibles: un desequilibrio fiscal vertical (VFI – vertical fiscal imbalance) y un desequilibrio fiscal horizontal (HFI – horizontal fiscal imbalance). Si, por ejemplo, el gobierno federal es capaz de recaudar más impuestos que los gobiernos regionales / estatales y los gobiernos regionales / estatales son responsables de más gastos que los ingresos que pueden acumular existe una VFI (este es el caso de las federaciones en las que el federalismo se considera una versión descentralizada del gobierno central porque la mayor parte de la potencia fiscal y la política monetaria se encuentra en el nivel federal). Al mismo tiempo, entre los gobiernos subfederales puede suceder que algunas regiones / estados puedan financiar sus gastos con recursos propios, mientras que otras regiones / estados no son capaces de hacer lo mismo: en este caso hay un HFI.

La experiencia de las federaciones existentes muestra que es muy difícil eliminar estos dos tipos de desequilibrios, sobre todo porque están vinculados entre sí. Consideremos una federación con regiones / estados ricos y pobres. Puede suceder que las regiones / estados federales lleguen a un acuerdo para eliminar la VFI. Pero el acuerdo estará conformado de tal manera que las regiones / estados ricos alcanzarán fácilmente el equilibrio mientras que las regiones / estados pobres se encontrarán con que sus ingresos fiscales no son suficientes para brindar los mismos servicios per cápita que los demás ciudadanos reciben. La lección es que en la práctica, en un sistema multinivel de finanzas públicas alguna forma de transferencia vertical desde el gobierno federal hacia las regiones / estados así como alguna forma de transferencia horizontal de regiones / estados ricos a pobres es inevitable.

Sin embargo, estas transferencias de ingresos entre los gobiernos debe ser concebida como una medida transitoria con vistas a alcanzar el estado ideal sin desequilibrios fiscales representado por Wheare. La transferencia de fondos entre los gobiernos es una política transitoria para evitar graves problemas sociales, económicos y políticos, que pondrían en peligro la cohesión de la unión federal. Por lo general, las transferencias de fondos son causa de disputas y quejas. Las políticas de cohesión son necesarias sólo para lograr una unión más perfecta, donde cada gobierno pueda ser plenamente responsable de la utilización de los impuestos pagados por los ciudadanos y por la cantidad y calidad de los servicios que presta.

El problema fiscal europeo

Si tenemos en cuenta el problema del VFI podemos decir que todas las federaciones existentes adolecen de un exceso de centralización: transferencias fiscales del gobierno federal al gobierno de la región / estado son necesarias para que puedan prestar los servicios y bienes públicos requeridos por sus ciudadanos. Los gobiernos subfederales están sometidos a una brecha fiscal. La situación actual de la Unión Europea es exactamente la contraria: hay una brecha fiscal europea y un exceso de descentralización de los ingresos y gastos al nivel nacional. Consideremos la propuesta de la Comisión para el próximo marco financiero plurianual (MFF) 2014-2020, Un presupuesto para Europa 2020. Según la Comisión, el presupuesto de la Unión (1% del PIB) debe ofrecer «programas que puedan generar resultados que los Estados miembros no puedan ofrecer por su cuenta». Pero si tenemos en cuenta el programa crucial «Conectando Europa», la Comisión señala que el monto total de la inversión podría ser de hasta 2 billones: sin embargo, el presupuesto de la Unión provee fondos para menos de la mitad de esta cantidad. Además, la Comisión admite que el 85% de los recursos propios europeos provienen de los presupuestos nacionales. Parece por lo tanto que el gobierno europeo no es independiente sino que está subordinado a los gobiernos nacionales.

El déficit fiscal europeo es una de las facetas del déficit democrático europeo. Es imposible deshacerse del primero sin deshacerse del segundo y viceversa. Esto significa que para superar el déficit fiscal europeo es necesaria una batalla política específica. El déficit fiscal no es una novedad: ha estallado durante las dos últimas décadas, pero el Parlamento Europeo y los partidos europeos lo asumen como destino desafortunado. Incluso el reciente informe sobre las deficiencias del presupuesto de la Unión de Haug, Lamassoure y Verhofstadt, Europe for Growth, trata abiertamente el problema de los recursos propios pero pospone el debate crucial sobre la dimensión del presupuesto de la Unión. La Unión tendrá un presupuesto federal sólo si los partidos europeos y sus líderes son capaces de convencer a los ciudadanos de que algunos bienes públicos (un crecimiento equilibrado, el pleno empleo, una economía verde, seguridad) pueden ser proporcionados por el gobierno federal a un costo menor de lo que pagan por los mismos (o la ilusión de estos bienes públicos) a su gobierno nacional. Un sistema fiscal federal, sin desequilibrios, puede reducir la carga fiscal media de los ciudadanos.

Consciente de que una verdadera reforma federal de la Unión no puede resultar sólo de unos cuantos artículos en un nuevo tratado, una enmienda adecuada al tratado eliminaría los principales obstáculos a un aumento sustancial de los recursos propios europeos. Un presupuesto federal europeo no puede ser sino el resultado de la lucha de los partidos políticos europeos y los ciudadanos europeos por un futuro mejor.

Guido Montani es vice-Presidente de la UEF y profesor de Economía Política Internacional (Universidad de Pavia).

La elección para Reino Unido es una Europa federal

Artículo traducido por Jorge Tanarro Colodrón
El artículo original está disponible aquí, en la web de la UEF.

En respuesta al discurso del primer ministro británico, el Miembro del Parlamento Europeo (MEP) Andrew Duff ha dicho:

«Que vaya a haber un referéndum en Reino Unido no es una sorpresa. Desde 2011, los referendos de la UE han estado arraigados en la frágil constitución de Gran Bretaña.”

«Tampoco es nueva la agenda. La Convención constitucional no puede comenzar hasta la primavera de 2015. A la Convención le seguirá una conferencia intergubernamental. A continuación, se iniciarán los procesos de ratificación nacionales en toda la UE. En varios países se celebrarán referendos. Todos tienen que estar de acuerdo.”

«Lo que importa es la naturaleza de la solución de consenso alcanzada en las negociaciones. El problema británico sólo constituirá una parte relativamente pequeña de esa negociación.”

«El objetivo principal de la Convención será la creación de un gobierno económico federal de una unión fiscal. Será acerca de ese tratado federal sobre el que el pueblo del Reino Unido votará, no sobre la situación actual.”

«La UE que saldrá de la crisis actual será una UE mucho más integrada. Esto proporciona a los partidos políticos británicos la oportunidad de apoyar una Europa democrática, fuerte y unida que proporcione estabilidad y la prosperidad en casa; y liderazgo para la paz y la justicia en el mundo.”

«El señor Cameron tendrá ahora que aprender cómo funciona la Unión Europea. Sobre todo si quiere redefinir las leyes de la UE ya que necesitará el apoyo de los Miembros del Parlamento Europeo (MEPs). Hasta ahora su actitud ante el Parlamento Europeo ha estado marcada más por desprecio que por respeto.”

«Por último, el primer ministro también está profundamente engañado si cree que un referéndum resolverá el debate europeo para siempre. No lo hará. »

FIN

CONTACTO DE PRENSA
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NOTA DEL EDITOR
La Unión de Europeos Federalistas (UEF), es un movimiento político supranacional fundado en 1947 dedicado a unir Europa en líneas federales. El Miembro del Parlamento Europeo (MEP) Andrew Duff es el presidente de la Unión de Europeos Federalistas (UEF) y portavoz de Asuntos Constitucionales de la Alianza de Liberales y Demócratas de Europa (ALDE). Es co-presidente del Intergrupo Federalista Spinelli del Parlamento Europeo.

Crónica de un cosmopolita – Le Nouvel Observateur

Artículo traducido por Jorge Tanarro Colodrón
El artículo original está disponible aquí, en la web del Grupo Spinelli.

Soy de los que consideran justificado el Nobel de la Paz entregado el lunes 10 de diciembre a la Unión Europea. Sé que varios ganadores anteriores como Lech Walesa y Desmond Tutu, se mostraron escépticos. Pero hay que ser un poco amnésico para olvidar lo que la construcción europea ha conseguido en los últimos sesenta años. Nunca antes se había visto tal proyecto de reconciliación, tal esfuerzo de comprensión mutua entre pueblos que fueron enemigos. El concepto político en torno al cual se ideó el proyecto europeo de la década de 1950 fue el establecimiento mediante el derecho de una paz duradera y una zona de prosperidad compartida, más allá de las fronteras de la antigua nación-estado que la guerra había desacreditado. Imaginada por la resistencia anti-totalitaria y forjada en el corazón de los campos de concentración por sus presos, merece seguro ser celebrada, aunque la Unión Europea se enfrente hoy a grandes dificultades.

Pero no se trata de decir que el edificio está libre de defectos ¡Como la ceremonia en Oslo! Lo tocaré rápidamente por encima, un poco anticuada y con animaciones sucesivas que dieron al conjunto un aire de Eurovisión de los años 1970. En revancha, podemos permitirnos el enfado por la decisión de enviar como representantes de la Unión sólo a los Presidentes del Consejo, la Comisión y el Parlamento Europeo ¡Podría haber sido un grupo mucho más simbólico! Por ejemplo, personalidades que hayan contribuido a la construcción de Europa en un momento crucial de la misma, como Jacques Delors o Simone Veil, Helmut Kohl o Helmut Schmidt – por mencionar sólo a unos pocos. O un grupo de ciudadanos de todas las edades que representaran a los 27 estados de la Unión… En un caso, habríamos tenido en escena encarnaciones vivientes de la aventura europea, tal como sucedió en las últimas décadas, en el otro, la Europa de los ciudadanos a la que cada uno aspira. En este caso, hemos dado una representación de Europa tecnocrática e institucional, y hay que reconocer que no había motivos para albergar alguna otra esperanza.

Lo peor del trío Van Rompuy-Barroso-Schulz ¡es que encima una de las cabezas había sido amputada para la ocasión! Bueno, más bien una lengua ya que sólo se les permitió hablar a los dos primeros. Martin Schulz, Presidente del Parlamento Europeo, se subió a la tribuna sólo para hacer bulto ¡Es difícil imaginar cómo el carácter inacabado y todavía inmaduro de la democracia europea podría haber resultado más obvio! ya que precisamente la única institución elegida democráticamente por sufragio universal y en el ámbito federal de la Unión, se ha visto privada de la palabra. Lo más preocupante de este gesto simbólico es que resulta profundamente contradictorio con lo que justifica el Nobel de la Paz… Paradójicamente, esta recompensa y el cómo ha sido recibida por nuestras queridas instituciones ha permitido poner en evidencia que todavía queda mucho por hacer. Europa es Nobel de la Paz, pero todavía no ha conseguido asumir la Paz social y todavía menos el bienestar social. Europa es esencialmente democrática, pero no ha conseguido funcionar de forma plenamente democrática. Produce políticas – buenas o malas – pero se niega a pensarse y encarnarse en un objeto político verdadero. Esta es una de sus mayores debilidades… Al final, este premio no es sólo un triunfo, sino también un recado del comité Nobel. Un recado que pide tan solo fidelidad a los valores fundacionales y a la plena realización del proyecto del que la Unión Europea es portadora.

Europa para un futuro próspero y federal

Artículo traducido por Jorge Tanarro Colodrón
El artículo original está disponible aquí, en la web del Grupo Spinelli.

Por Andrew Duff – Le Monde des lecteurs 04/01/2013

En respuesta a la crónica «Et pourtant, elle bouge!» (Le Monde, 20/12/2012) de Arnaud Leparmentier, Andrew Duff, eurodiputado, presidente de la Unión de Federalistas Europeos (UEF) y portavoz del grupo ALDE en el Parlamento Europeo para asuntos constitucionales, ofrece algunas reflexiones en vocación federal sobre el papel de Europa de cara a un futuro cercano.

Siempre nos equivocamos por tener razón demasiado pronto… no importa.

Siempre nos equivocamos por tener razón demasiado pronto. No tomamos la cita prestada de Galileo, sino de Edgar Faure, antiguo Presidente del Consejo – a pesar de que la hubiera sostenido también seguro el primero. Además, con nuestra modestia habitual, decimos sin miedo que también la sostenemos hoy los federalistas europeos.

No, no pedíamos al Consejo Europeo de diciembre una «gran noche federal» y sin embargo, sí, el Consejo Europeo decepcionó. ¿Qué pasó entonces el 14 de diciembre en Bruselas? Los Jefes de Estado y de Gobierno se reunieron para una foto de familia, y el Consejo adoptó las conclusiones que oficialmente  establecen, por tercera vez consecutiva, un acuerdo acerca de la necesidad de una unión bancaria. Nada nuevo realmente, ya que los Consejos de junio y octubre lo habían hecho antes, y el Parlamento Europeo también… en 2010, pero en aquel momento nuestros dirigentes hicieron oídos sordos.

Pero no nos perdamos en la caricatura. La unión bancaria está en camino, por fortuna, las negociaciones con el Parlamento Europeo van a poder comenzar.

Lo que podemos criticar con todo derecho es que los Jefes de Estado y de Gobierno se han regalado dos años de reposo intelectual en lo referente al futuro democrático de Europa. Los federalistas no demandaban que el debate institucional sobre este futuro tuviera lugar «inmediatamente, ahora.» No. Sin embargo, lo que pedimos es que, tal como había prometido la canciller Angela Merkel en septiembre, el Consejo de diciembre se comprometiese a iniciar un proceso constitucional para Europa ante la necesidad de una Convención en primavera de 2015 para la revisión de los tratados. ¿Por qué?

Porque hace falta recuperar la confianza. La confianza de los mercados, eso de lo que tratan nuestros líderes sin éxito, ya que siguen creciendo las tasas de interés de los préstamos para Portugal, Italia y Grecia. Y también y sobre todo, la de los ciudadanos – el simple hecho de que tenemos que sentarnos a escribir para defender a Europa demuestra la desconfianza de los ciudadanos. Si el Consejo hubiera incluido entre sus conclusiones, la promesa de una revisión de los Tratados y la apertura de una convención en 2015, entonces habría sido posible.

En primer lugar, los mercados financieros verían que cuando hablamos de unión bancaria, de disciplina fiscal, de reducción del déficit, de solidaridad y de herramientas para el crecimiento, estamos siendo serios y decididos ya que estaríamos listos para embarcarnos en el delicado y peligroso ejercicio de revisión de los tratados. Con una Convención se acabaría el tiempo de soluciones rápidas, a corto plazo, nos apuntaríamos al largo plazo. En segundo lugar, los ciudadanos se habrían expresado, y por tanto, comprometerse a la apertura de los tratados en 2015, después de las elecciones europeas de 2014, sería dar a los redactores del tratado resultante el mandato popular que tanto se echó de menos en la llamada primera Convención, que dio a luz al proyecto fallido de Constitución Europea.

Las elecciones europeas son víctimas del desencanto de los ciudadanos porque, ante sus ojos, no cuentan realmente ya que los partidos nacionales tradicionales cuya esfera de influencia es nacional por definición, no las saben aprovechar y promover. No dan lugar a ninguna mayoría, ni indican una dirección para Europa que un líder haya promovido durante una campaña electoral. Y este último punto es crucial. ¿Quién debería ser el responsable? ¿Qué propuesta es la mejor? ¡Votemos y veamos! Estos son los fundamentos de la democracia.

Vincular las elecciones europeas a la elección del futuro Presidente de la Comisión como indica el Tratado de Lisboa y vincular estas elecciones con el futuro de Europa promoviendo una Convención Constitucional, sería convertir este momento de democracia europea en un éxito.

¿Entienden esto los Jefes de Estado y de Gobierno? Nos atrevemos a creerlo. ¿Están dispuestos a ver cómo se recortan sus poderes? De esto estamos menos convencidos, ya que una unión patituerta proporciona la coartada perfecta para cuando todo vaya mal y además atreverse a practicar la democracia europea, es arriesgarse a que los ciudadanos europeos le cojan el gusto.

¿Se impone Europa contra el pueblo? Se impone, eso es seguro, porque en una economía globalizada y en un mundo en reajuste, es la escala de acción adecuada y los europeos lo saben. François Hollande que tiene todos los resortes del poder en la mano (la Asamblea, el Senado, las regiones y una oposición hecha trizas) no puede imponerse a Mittal, para evitar que el número de desempleados siga creciendo o para dar un futuro a la industria francesa ¿Sorprendente? En realidad no. Después de esta presidencia con las manos libres, para los que todavía creen que el Estado-Nación es el nivel de intervención adecuado, el despertar va a ser duro. Así que, o involucramos a los ciudadanos en el proceso o les dejamos en la cuneta con la esperanza de que la economía se recupere por si sola, ya que algunos creen que la crisis ha terminado.

Involucrar a los ciudadanos significa aceptar que el debate sobre el futuro de Europa se haga público mediante una Convención abierta y no permanezca cerrado en un cónclave del Consejo Europeo, pero también que este debate se lleve a cabo por los líderes europeos que sean elegidos de entre los candidatos propuestos por los partidos políticos europeos, esos animales desconocidos por infrautilizados y que son el eslabón perdido del sistema actual.

¿Qué introduciríamos nosotros en los tratados? Esencialmente, un gobierno responsable para el euro, y ya no más «gobernanza» de la zona euro, suave y escurridizo término que se utiliza un poco por debilidad y mucho por pereza cuando no se sabe muy bien quién hace qué y por qué. Un gobierno económico europeo es esencialmente un ministro de finanzas del euro a la cabeza de un Tesoro europeo encargado de la gestión de la deuda europea, un verdadero responsable del euro a nivel político para que el Banco Central Europeo (BCE) tenga un interlocutor, para que los ciudadanos tengan a alguien a quien recurrir y para que Europa y su moneda tengan un futuro por fin asegurado.

Jean Monnet y Robert Schuman en 1951 con su Declaración, Altiero Spinelli con su proyecto de Tratado en 1984, todos vieron un porvenir federal y próspero para Europa. Y, poco a poco, Europa se federaliza por vocación, tal vez, por necesidad, sobre todo. Así que siempre nos equivocamos por tener razón demasiado pronto, una pena, nosotros continuaremos. Esperamos que los europeos del mañana, los frutos de la democracia post-nacional, nos mirarán, mirarán a sus antepasados preguntándose «¿pero cómo no pudieron ver lo obvio frente a sus propias narices?». Galileo, si nos escuchas, Europa y sus federalistas están de todo corazón contigo.