El Manifiesto de Ventotene – 1ª Entrada

29 enero, 2015
Por

Título original: Il Manifesto di Ventotene

Traducido por: Tomás Bernardo

manifesto

<—– Prólogo

 

I- LA CRISIS DE LA CIVILIZACIÓN MODERNA

 

La civilización moderna impuso, como fundamento propio, el principio de la libertad, según el cuál el hombre no debía ser un mero instrumento de otros, sino un centro de decisiones autónomas. Con la ley en la mano se fue hilvanando un grandioso proceso histórico en todos los aspectos de la vida social, que hoy en día ya no se está respetando.

 

1) Se afirmó el derecho de todas las naciones a ser organizadas en estados independientes. Cada pueblo individualizado por sus propias características étnicas, geográficas, lingüísticas, históricas y por su propio concepto particular de la vida política debía encontrar el instrumento más apropiado para satisfacer sus propias necesidades del mejor modo posible, independientemente de cualquier intervención exterior. La ideología de la independencia nacional ha sido un poderoso estímulo para el progreso; ya que ayudó a superar el parroquialismo de mente estrecha en sentido de una mayor solidaridad frente a la opresión extranjera. Ello eliminó muchos de los obstáculos que impedían la circulación de gentes y mercancías; extendiendo dentro del territorio de cada nuevo estado, las instituciones y los sistemas más modernos a aquellas poblaciones que hacían permanecido más atrasadas. Sin embargo, también trajo consigo las semillas del imperialismo capitalista que nuestra propia generación ha visto expandirse hasta el punto de formar estados totalitarios y desatar guerras mundiales.

Ya no se sigue considerando que la “nación” sea el producto histórico de la convivencia de los hombres y mujeres, resultado de un largo proceso y de una mayor unidad de costumbres y aspiraciones, que encuentran en el estado la forma más eficaz de organizar la vida colectiva dentro del marco de una sociedad humana. En cambio, hoy en día, se ha convertido en una entidad divina, un organismo, que tiende a considerar solamente su propio desarrollo, sin importarle lo más mínimo el perjuicio que pueda causar en otros. La soberanía absoluta que los estados nacionales, le ha dado a cada país el deseo de imponerse, ya que cada uno se siente amenazado por la fuerza de los otros, y considera como su “espacio vital” un vasto territorio en expansión, en el cuál tenga derecho a moverse libremente y pueda asegurarse los medios de una existencia prácticamente autónoma. Este deseo de dominio de las naciones sólo puede ser aplacado por un país aún más fuerte que las termine invadiendo a su vez.

 

Como consecuencia de todo esto, el Estado pasó de ser protector de la libertad de los ciudadanos a ser señor de unos súbditos que quedaron reducidos a la servidumbre. Actualmente, incluso los tiempos de paz son considerados por los estados como pausas para prepararse a guerras sucesivas e inevitables, predominando la voluntad de la clase militar sobre la sociedad civil en muchos países, haciendo siempre más difícil el funcionamiento de políticas progresistas en la administración del Estado, en el trabajo, en la enseñanza o incluso en la investigación; la cual está dirigida principalmente a incrementar el poderío militar. Las mujeres son consideradas como meras productoras de soldados, y los derechos que van obteniendo son sólo un premio que se da usando los mismos criterios con los que se entregan premios al ganado prolífico en las exposiciones ganaderas. Desde edad temprana, mediante su educación y juegos, se enseña a los niños el manejo de las armas y a odiar a todo aquello que sea extranjero. La libertad individual se reduce prácticamente a nada, ya que todo el mundo es parte de la clase militar y está sujeto constantemente a ser llamado a servir a las fuerzas armadas; las guerras sucesivas obligan a los soldados a abandonar a su familia, su hogar y a sacrificar la vida misma por objetivos en lugares lejanos de los que nadie entiende verdaderamente su valor; en pocos días se destruyen los resultados de años de esfuerzos para aumentar un supuesto bienestar colectivo.

 

Los estados totalitarios fueron aquellos que más coherentemente realizaron la unificación de todas las fuerzas a favor de una mayor concentración y mayor grado de autarquía propia. Estas son las organizaciones que han probado ser las más adecuadas en el clima internacional anterior a las guerras. Basta que una nación dé un paso hacia una política imperialista acentuada, para que otras naciones la sigan, bien por miedo o por mera voluntad de supervivencia.

 

2ª ENTRADA —–>

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